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Carta de Mario Vargas Llosa a Julia Urquidi

EN POR

Paris, 7 de junio de 1964

Querida Julia:

Estoy en Paris desde ayer; anoche leí varias veces tus cartas y esta mañana, antes de sentarme a la máquina para escribirte estas líneas, volví a leerlas y a sentir la misma sensación de amargura, de pesar. En Lima, vi la carta que le enviaste a Patricia por intermedio de Bertha; es una bella carta, llena de generosidad y nobleza, que me avergonzó pues yo temía encontrar en ellas palabras de rencor. Créeme que me duele profundamente haber actuado contigo esta vez de manera destemplada y brutal. No soy ciego ni ingrato, Julia, y sé muy bien todo lo que te debo. Dudo que otra mujer hubiera soportado tanto tiempo y con tanta abnegación mis neurosis y mi egoísmo. Sé también, y lo diré siempre, que si, a diferencia de mis amigos, no traicioné mi vocación y soy hoy día un escritor, se debe a ti en gran parte, ya que nunca trataste de apartarme de la literatura y, al contrario, me ayudaste siempre a ser fiel a ella, sabiendo lo que eso sólo me traería a mí y a ti, en cambio, la estrechez material, una vida mediocre. Hubiera dado cualquier cosa por separarme de ti de buena manera, explicándolo todo, rogándote que comprendieras. Pero tú sabes tan bien como yo, Julia, que eso hubiera significado un drama terrible. Te juro que no te hago reproches, sé de sobra que el único que los merece soy yo. Pero recuerda ese clima de violencia, de tensión, en el que hemos vivido todos estos años. Yo debí decírtelo desde un comienzo y ha sido un error imperdonable de mi parte disimular, mentir, negar lo que dentro de mí era la evidencia misma. Creía que así sufrirías menos y no fue así; al contrario, el infierno que llevaba dentro te lo he hecho vivir a ti, que no tenias ninguna culpa. Yo sé muy bien, Julia, que tus celos ytu amargura todo este tiempo se justifican ampliamente.

No como creías -ame creerás esta vez diere Julia?- porque yo te engañase cada vez que volvías la espalda, como hacen todos los buenos maridos respetables una vez transcurrida la luna de miel. Yo no soy bueno ni respetable yen nueve años de matrimonio no he practicado nunca cierta sólidas costumbres burguesas. No sé, y probablemente no sabré nunca, lo que es tener una amante y la única vez que traté de engañarte, por snobismo adolescente, con una puta elegante del hotel Napoleón, la experiencia fue tan lamentable que se me enciende la cara al recordarlo. No debo haber superado ciertos prejuicios burgueses todavía cuando me avergüenza un poco todavía decirte que en nueve años, y con esa lastimosa excepción, nunca he hecho el amor fuera del matrimonio, aunque no lo creas (pero ahora deberías creerme). Nunca toqué un cabello a Pilar, de quien jamás estuve enamorado, y supongo que no has imaginado que he violado a Patricia. Como dices en una de tus cartas, en el dominio sentimental aún sigo en los quince años. Dicho esto, y perdóname que te hiera de nuevo, es cierto y justo que tuvieras razón para acusarme de ser frío contigo, injusto y a veces cruel. No quiero hacerte daño, Negrita, por lo que más quieras perdóname, pero tú sabes lo que es el amor, y cómo lo avasalla todo y destruye los propósitos y las convicciones como un gran ventarrón. He vivido todos estos años con el corazón devorado por el recuerdo de Patricia, sufriendo mucho yo también y esto puede explicarte muchas cosas. No deberia hablarte de ella, pero tus cartas me han partido el alma y creo que, aunque tarde, es preferible la sinceridad. Es probable que haya mucho de cierto en estos sombríos augurios que aparecen en tu carta del día 27; yo me conozco bastante bien y sé que no puedo hacer feliz a nadie. Pero no voy a renunciar a ese amor, a pesar las y que conozco tanto como tú. Has hecho mal en pensar que podía valerme de malas artes y procedimientos sórdidos para obtener el divorcio. Lo último que se me podía ocurrir es acusarte de algo ante un tribunal y me ha apenado que me amenazaras con mostrar cartas “comprometedoras”: El único que está comprometido en esto soy yo,querida Julia, y no me atemoriza en absoluto que sepa todo el mundo que quiero a Patricia. Te pedi que evitaras revelárselo a tus papás, por ellos y no por mí. Pero desde luego que no es un escándalo familiar lo que pueda asustarme, mucho menos modificar mis sentimientos. No quiero hacerte la infamia de imaginar que pudieras intentar algo contra Patricia, sobre todo después de leer la bella, hermosa carta que le escribiste. Ella no tiene la culpa de que la quiera, ¿no es cierto?, y mucho menos que yo te haya hecho sufrir. Me dices que ahora necesitas un tiempo de reflexión de seis meses para decidir si consientes el divorcio. Está bien, Julia.Te sientes lastimada ahora, y con razón. incluso si, como puede ocurrir, pasado ese plazo me dijeras que necesitas otro más largo, no podría sentir ningún rencor hacia ti. No voy a intentar conseguir el divorcio si tú te opones a él, a pesar de lo que esto significa. Tienes todo el derecho de impedir que me case con Patricia, y después de todo con esto tal vez le harías un buen servicio a tu sobrina, pero no puedo creer que esta actitud te sea dictada por un deseo de compensación por el daño que te he causado. Menos todavía que creas que después de un tiempo volveré a la razón. A mí también me cuesta hablarte de problemas materiales, pero es urgente, indispensable. Tienes que estar sin un centavo y yo sé muy bien que la situación de tu familia es dificil y que ellos no podrán ayudarte. Por este mismo correo le escribo a Carlos Barral diciéndole que te envie todo lo que hay y pueda haber en el futuro de derechos de “La ciudad y los perros’: Es algo que te corresponde en legítima justicia y no tienes derecho a rechazarlo. Yo no tengo ahora nada de plata, sino te mandaría algo para ayudarte a hacerfrente a algunas necesidades menudas. Pero en Barcelona debe haber en mi cuenta unas cien mil pesetas yeso te puede servir durante algún tiempo. (re finando copia de la carta). La próxima semana te despacharé las maletas. ¿Cómo debo hacer para enviarte el pic-up y los discos y las otras cosas de Bretaña y Holanda? Todo es tuyo y te lo mandaré de todos modos.

Mario.

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