Cartas de Oscar Wilde a Lord Alfred Douglas

EN POR

Oscar Wilde (1851-1900) es un dramaturgo, narrador, poeta y ensayista irlandés. Vivió casi toda su vida en Londres. donde pu­blicó la mayoría de sus textos y presentó sus obras de teatro: gracias a estas obtuvo inmediatamente prestigio y popularidad. Entre las obras que adquirieron más relevancia pueden mencionarse la novela “El Retrato de Dorian Gray”; y sus dramas “La importancia de llamarse Ernesto y El abanico de Lady Winderinere.

Wilde no solo es conocido por su labor literaria, sino por la pu­blicidad que tomaron ciertos hechos de su vida privada. Fue amante de Lord Alfred Douglas (“Bosie”); en 1895, el padre de éste de­nunció al escritor -en esa epoca, las prácticas homosexuales esta­ban penalizadas-, quien terminó en lo cárcel. Una torpe defensa judicial agravó la situación. Wilde estuvo preso dos años, al cabo de los cuales abandonó Inglaterra.

Las cartas que seleccionamos está escrita, en pleno proceso y al salir de este, por Wilde a Bosie, quien, previendo conflictos y alentado por, el propio Oscar, habia abandonado Inglaterra.

Lunes noche Prisión de Holloway (29 de abril de 1895)

Mi más querido muchacho,

Esta carta es para garantizarte mi inmortal, mi eterno amor. Mañana todo habrá concluido. Si prisión y deshonor son mi destino, piensa que mi amor por ti y esta idea, esta aún más divina fe, de que me amas recíprocamente, me sostendrán en mi desgracia y me harán capaz, es­pero, de soportar mi aflicción con más paciencia. Puesto que la espe­ranza, o mejor aún la certeza, de encontrarte de nuevo en alguna parte es la meta y el estímulo de mi vida presente. ¡ah!, debo continuar vi­viendo en este mundo precisamente por eso.

El querido *** vino a verme hoy. Le he dado varios mensajes para ti. Me dijo algo que me tranquilizó: que a mi madre nunca le faltará de nada. Yo me he encargado siempre de su mantenimiento, y pensar que pudiera padecer privaciones me habría hecho muy desgraciado. En cuanto a ti (gentil muchacho con un corazón como el de Cristo), en cuanto a ti, tan pronto como hayas hecho lo que tengas que hacer, te ruego vayas a Italia y recobres la calma, y escribas esos deliciosos poemas que haces con tan rara perfección. No le expongas solo a In­glaterra por ninguna razón, sea la que fuere. Si un dia, en Corfú o en alguna isla encantada, hay una casita en la que podamos vivir juntos, ¡oh!, la vida seria más dulce de lo que nunca ha sido. Tu amor ha abierto las alas y es firme, tu amor viene a mí atravesando los barrotes de mi prisión y me conforta, tu amor es la luz de todas mis horas. Los que no saben lo que es el amor, escribirán, lo sé, si el hado nos es adverso, que yo he ejercido una mala influencia en tu vida. Si eso dicen, escri­birás o podrás decir a tu vez, que no es asi. Nuestro amor siempre ha sido hermoso y noble, y si yo he sido el blanco de una terrible trage­dia, ello ha ocurrido porque la naturaleza de nuestro amor no ha sido entendida. En tu carta de esta mañana me decías algo que me ha dado valor. Necesito recordarlo. Escribías que era mi deber contigo y con­migo mismo vivir a despecho de todo. Pienso que es verdad. Lo inten­taré y lo conseguiré. Te ruego que tengas siempre informado a Mr. Hynphereys de tus movimientos, pues así cuando el venga podrá con­tarme lo que estas haciendo. Parece que a los abogados se les permite ver a los presos con bastante frecuencia. De este modo podré comuni­carme contigo.

¡Estoy tan feliz de que te hayas ido! Sé lo que ha debido costarle. Hubiera sido una agonía para mí saber que estabas en lnglaterra cuan­do tu nombre era mencionado en el tribunal. Espero que tengas ejem­plares de lodos mis libros. Todo lo Mío Se ha vendido. Alargo hacia lucra mis manos buseándote. ¡Ojalá viva para tocar tu pelo y tus manos! Sé que tu amor cuidará de mi vida. Si muriera. deseo que vivas una amable y tranquila existencia en algún lugar, con flores, cuadros, libros y mucho trabajo. Intenta que sepa de ti pronto. Te estoy escri­biendo esta carta en medio de gran sufrimiento; todo un largo día en el tribunal me ha agotado. Queridísimo muchacho, el más dulce entre todos los jóvenes, el más amado y el más amable. ¡Oh!; Espérame! ;Espérame! Soy, como siempre desde el día en que nos encontramos, devotamente tuyo y con inmortal amor.

Oscar


Vuelve a escribir una conmovedora carta a su “niño”, ensalzando su amor inmortal:

20 mayo de 1895

Niño mío,

Hoy aguardamos los veredictos, (…) mi dulce rosa, mi delicada flor, mi lirio de los lirios, será a buen seguro en la prisión donde tendré que probar el poder del amor. Veré si puedo convertir en dulces las aguas amargas con la intensidad del amor que te tengo. Hubo momentos en los que pensé que hubiera sido más sabio separarnos. ¡Ah, momentos de debilidad y de locura! Veo ahora que ello habría mutilado mi vida, arruinado mi arte, roto lo acodes musicales que forman un alma perfecta. Aunque cubierto de fango, te enalteceré, te llamaré desde los más profundos abismos. En mi soledad estarás conmigo.

Te quiero, te quiero, mi corazón es una rosa a la que tu amor ha hecho florecer, mi vida es un desierto aventado por la brisa deliciosa de tu aliento, cuyos refrescantes manantiales son tus ojos; las huellas de tus pequeños pies forman para mí valles de sombra, el aroma de tu pelo es cual mirra, y donde quiera que vayas exhalas el perfume del árbol de la casia.
Quiéreme siempre, quiéreme siempre. Has sido el supremo, el perfecto amor de mi vida; no podrá haber ningún otro (…)

Al cabo de dos años, Wilde salió de la carcel, traicionado, abandonado y sacrificado. Lord Alfred llamó de nuevo a su puerta. Wilde no se dejó tentar, pero como él explicó a su amigo Harris, estaba demasiado solo, demasiado triste y desvalido, cómo iba a renunciar a la llamada del amor. Así que terminó cediendo a las súplicas de Bosie y se reunieron en Rouen.

16 de junio ¿Año?

Mi querido muchacho,

Estoy trastornado con la idea de que no recibes mis cartas, porque esté mal el correo o algo parecido. Me figuro que todo es absurdo, pero tus tres últimas cartas fechadas el 10, 11 y 12 (y considerando que estamos a 16) no responden a lo que te pregunto, en especial a lo tocante a nuestro encuentro.
Te había pedido que vinieras el sábado. Tengo un traje de baño para ti (…)

La última carta dirigida a Douglas que se conserva, la escribió en un café, el Suisse, de Dieppe, lugar donde solía acudir a pasar las horas muertas, solo.

31 de agosto de 1897

Recibí tu carta hace media hora, y te mando ya unas líneas para decirte que sé que mi sola esperanza de volver a hacer una hermosa labor en arte es estar contigo. (…)

Están todos furiosos porque he vuelto a ti, pero no nos comprenden. Sé que sólo contigo podré hacer algo. Rehaz para mí mi vida arruinada, y nuestra amistad y amor tendrán así un significado diferente para el mundo.

Hubiera deseado que al encontrarnos en Rouen, no hubiéramos vuelto a separarnos. Hay ahora anchos abismos de espacio y tiempo entre nosotros. Pero nos amamos mudamente, buenas noches, querido.

Siempre tuyo,

Oscar

En septiembre de ese año viajaron juntos a Nápoles, pero nada de lo dicho y prometido por Douglas se cumplió. Cuando Wilde se quedó sin dinero, el frívolo e incorregible lord le abandonó. Esta segunda traición fue el golpe de gracia: ya no se volvería a reponer.

En: Wilde, Oscar. Cartas a Lord Alfred Douglas (Traducción. prólogo y notas Luis Antonio de Villena. España. 1987.)

1 Comment

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*