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Controversias

Cartas desde la dictadura de Rodolfo Walsh

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Rodolfo Walsh, escritor y periodista argentino en los tiempos de la Dictadura Militar del Gral. Jorge Rafael Videla entregó este documento para denunciar públicamente las atrocidades del Régimen. Un año antes su hija Victoria tuvo que recurrir al suicidio al verse rodeada después de un enfrentamiento con el Ejército. De este hecho nace la “Carta a mis Amigos” escrito por Walsh.

El 25 de marzo de 1977 un pelotón emboscó a Rodolfo Walsh en las calles de Buenos Aires con el objetivo de aprehenderlo vivo. Walsh se resistió y fue herido de muerte. Su cuerpo nunca apareció. El día anterior había escrito lo que sería su última palabra pública: la Carta Abierta a la Junta Militar.

Se cuenta que el ex oficial Weber contaba orgulloso: “Lo bajamos a Walsh. El hijo de puta se parapetó detrás de un árbol y se defendía con una 22. Lo cagamos a tiros y no se caía el hijo de puta”

Estas cartas forman parte de esa historia y toman relevancia ahora que en el Perú se esta debatiendo el tema sobre si el general Francisco Morales Bermúdez, asociado a la Dictadura de Argentina debe ser juzgado en ese país.

Carta a mis Amigos
Por Rodolfo Walsh

29 de diciembre de 1976

Hoy se cumplen tres meses de la muerte de mi hija, María Victoria, después de un combate con las fuerzas del Ejército. Sé que la mayoría de aquellos que la conocieron la lloraron. Otros, que han sido mis amigos o me han conocido de lejos, hubieran querido hacerme llegar una voz de consuelo. Me dirijo a ellos para agradecerles pero también para explicarles cómo murió Vicki y por qué murió.

El comunicado del Ejercito que publicaron los diarios no difiere demasiado, en esta oportunidad, de los hechos. Efectivamente, Vicki era Oficial 2º de la Organización Montoneros, responsable de la Prensa Sindical, y su nombre de guerra era Hilda. Efectivamente estaba reunida ese día con cuatro miembros de la Secretaría Política que combatieron y murieron con ella.

La forma en que ingresó en Montoneros no la conozco en detalle. A la edad de 22 años, edad de su probable ingreso, se distinguía por decisiones firmes y claras. Por esa época empezó a trabajar en el Diario “La Opinión” y en un tiempo muy breve se convirtió en periodista. El periodismo no le interesaba. Sus compañeros la eligieron delegada sindical. Como tal debió enfrentar en un conflicto difícil al director del diario, Jacobo Timerman, a quien despreciaba profundamente. El conflicto se perdió y cuando Timerman empezó a denunciar como guerrilleros a sus propios periodistas, ella pidió licencia y no volvió más.

Fue a militar a una villa miseria. Era su primer contacto con la pobreza extrema en cuyo nombre combatía. Salió de esa experiencia convertida a un ascetismo que impresionaba. Su marido, Emiliano Costa, fué detenido a principios de 1975 y no lo vio más. La hija de ambos nació poco después. EL último año de mi hija fue muy duro. El sentido del deber la llevó a relegar toda gratificación individual, a empeñarse mucho más allá de sus fuerzas físicas. Como tantos muchachos que repentinamente se volvieron adultos, anduvo a los saltos, huyendo de casa en casa. No se quejaba, sólo su sonrisa se volvía un poco más desvaída. En las últimas semanas varios de sus compañeros fueron muertos: no pudo detenerse a llorarlos. La embargaba una terrible urgencia por crear medios de comunicación en el frente sindical que era su responsabilidad.

Nos veíamos una vez por semana; cada quince días. Eran entrevistas cortas, caminando por la calle, quizás diez minutos en el banco de una plaza. Hacíamos planes para vivir juntos, para tener una casa donde hablar, recordar, estar juntos en silencio. Presentíamos, sin embargo, que eso no iba a ocurrir, que uno de esos fugaces encuentros iba a ser el último, y nos despedimos simulando valor, consolándonos de la anticipada pérdida.

Mi hija estaba dispuesta a no entregarse con vida. Era una decisión madurada, razonada. Conocía, por infinidad de testimonios, el trato que dispensan los militares y marinos a quienes tienen la desgracia de caer prisioneros: el despellejamiento en vida, la mutilación de miembros, la tortura sin límite en el tiempo ni en el método, que procura al mismo tiempo la degradación moral, la delación. Sabía perfectamente que en una guerra de esas características, el pecado no era hablar, sino caer. Llevaba siempre encima la pastilla de cianuro -la misma con la que se mató nuestro amigo Paco Urondo-, con la que tantos otros han obtenido una última victoria sobre la barbarie.

El 28 de septiembre, cuando entró en la casa de la calle Corro, cumplía 26 años. Llevaba en sus brazos a su hija porque en último momento no encontró con quién dejarla. Se acostó con ella, en camisón. Usaba unos absurdos camisones largos que siempre le quedaban grandes.

A las siete del 29 la despertaron los altavoces del Ejército, los primeros tiros. Siguiendo el plan de defensa acordado, subió a la terraza con el secretario político Molina, mientras Coronel, Salame y Beltrán respondían al fuego desde la planta baja. He visto la escena con sus ojos: la terraza sobre las casas bajas, el cielo amaneciendo, y el cerco. El cerco de 150 hombres, los FAP emplazados, el tanque. Me ha llegado el testimonio de uno de esos hombres, un conscripto: “El combate duró más de una hora y media. Un hombre y una muchacha tiraban desde arriba, nos llamó la atención porque cada vez que tiraban una ráfaga y nosotros nos zambullíamos, ella se reía.”

He tratado de entender esa risa. La metralleta era una Halcón y mi hija nunca había tirado con ella, aunque conociera su manejo, por las clases de instrucción. Las cosas nuevas, sorprendentes, siempre la hicieron reír. Sin duda era nuevo y sorprendente para ella que ante una simple pulsación del dedo brotara una ráfaga y que ante esa ráfaga 150 hombres se zambulleran sobre los adoquines, empezando por el coronel Roualdes, jefe del operativo.

A los camiones y el tanque se sumó un helicóptero que giraba alrededor de la terraza, contenido por el fuego.

“De pronto -dice el soldado- hubo un silencio. La muchacha dejó la metralleta, se asomó de pie sobre el parapeto y abrió los brazos. Dejamos de tirar sin que nadie lo ordenara y pudimos verla bien. Era flaquita, tenía el pelo corto y estaba en camisón. Empezó a hablarnos en voz alta pero muy tranquila. No recuerdo todo lo que dijo. Pero recuerdo la última frase, en realidad no me deja dormir. -Ustedes no nos matan -dijo-, nosotros elegimos morir. Entonces ella y el hombre se llevaron una pistola a la sien y se mataron enfrente de todos nosotros.”

Abajo ya no había resistencia. El coronel abrió la puerta y tiró una granada. Después entraron los oficiales. Encontraron una nena de algo más de un año, sentadita en una cama, y cinco cadáveres.

En el tiempo transcurrido he reflexionado sobre esa muerte. Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, tenían otro camino. La respuesta brota desde lo más profundo de mi corazón y quiero que mis amigos la conozcan. Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado. Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida. No vivió para ella, vivió para otros, y esos otros son millones. Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy quien renace de ella.

Esto es lo que quería decirle a mis amigos y lo que desearían que ellos transmitieran a otros por los medios que su bondad les dicte.

 

 

 Carta Abierta (Resumida) de Rodolfo Walsh a la Junta Militar:

Buenos Aires, 24 de marzo de 1977

1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.

El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.

El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.

Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese “ser nacional” que ustedes invocan tan a menudo.

Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivtas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.

2. Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.

Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.1
Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.

De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda un ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.
La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el “submarino”, el soplete de las actualizaciones contemporáneas.2
Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.

3. La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.

Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.

Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.

Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia,incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de “cuenta-cadáveres” que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.

El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.3

Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y Ios partidos de que aún los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento.

Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor.

4. El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Masson, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.

4. Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas.

Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, “con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles” según su autopsia.

Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron.

Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.

En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces dc atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea 7, sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre “violencias de distintos signos” ni el árbitro justo entre “dos terrorismos”, sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.

La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruíz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Boliva y Uruguay.

La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.
Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de “Prensa Libre” Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.

A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: “La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal”.10

5. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.

En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar11, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.
Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisioncs internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%12 prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.

Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la “racionalización”.

Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subtérráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo , el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.

Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar “el país”, han sido ustedes más afortutunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.

Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.
6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.

Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: “Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos”.14
El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el “festín de los corruptos”.

Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideologia que amenaza al ser nacional.

Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán dcsaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.

Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.

Rodolfo Walsh. – C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.

La nave de los locos ‘Stultifera Navis’

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La Stultifera Navis de viaje al País de los Tontos. Grabado en madera de 1549.

La figura del loco es importante en el siglo XV: es amenazador y ridículo, muestra la sinrazón del mundo y la pequeñez humana, recuerda el tema de la muerte, muestra a los humanos una alegoría de su final seguro. La demencia es una señal de que el final del mundo está cerca. El loco, en esta época, está vinculado a un saber oscuro.

Esta concepción va cambiando con el tiempo. En el mundo literario, la locura sirve de sátira moral: la presunción (el loco se da atributos que no posee), el castigo (la sinrazón le sobreviene por los excesos de la pasión), la verdad por la doble mentira… Se la empieza a considerar irónicamente, como un mundo de ilusiones, como una figura conocida y menos temible.

Poco a poco cambia el antiguo panorama amenazador del loco, su fluir un la barca incontrolada. El espacio del Hospital es crucial en este cambio; el loco es ya retenido entre las cosas y el mundo, y encerrado, a comienzos del siglo XVII. La experiencia clásica de la locura se está forjando. La locura está entre nosotros, dócil y visible.

Por María Velasco
Un loco tocado de la maldición del cielo
canta humillado en una esquina.
Sus canciones hablan de ángeles y cosas
que cuestan la vida al ojo humano.
La vida se pudre a sus pies como una rosa
y ya cerca de la tumba, pasa junto a él
una princesa.
(Leopoldo María Panero)

La nave de los locos es el navío donde se transportaba en la antigüedad a posesos y desequilibrados rumbo al exilio. Como Foucault explica en su Historia de la locura en la época clásica, no todos los locos eran expulsados, sólo aquellos particularmente extraños, particularmente molestos. Entregados al mar, “esa gran incertidumbre exterior de todo”, se convertían en “prisioneros en medio de la más libre y abierta de las rutas”.

También en el arte existe un barco ebrio, siempre naufragado, que dejó los umbrales de la razón y permanece ajeno al sistema, los museos y las academias, la crítica y el mercado. Sus tripulantes, cada uno con su mitología individual, han saltado por encima de la ratio de su tiempo, por eso se les llama locos (“nunca hay locura más que por referencia a una razón”, dice Foucault). Se trata de insensatos que, para escándalo de los cartesianos, se imaginan “ser muletas o tener un cuerpo de vidrio” e insultan a la comunidad artística con obras imposibles como “círculos cuadrados”. Con el tiempo, en algunos casos, Historia o Vanguardias los absuelven y mudan su camisa de fuerza por la toga deslucida del genio maldito, si bien serán siempre objeto de censura por haber aplastado a su paso las flores inocentes de la razón.

En la historia de la locura el encierro desplaza al embargo. Cerraduras, candados, barras de hierro… Todo es inútil para contener al genio. El artista enajenado sigue creando desde el aislamiento, la habitación sin vistas del hospital psiquiátrico. Para muchos de ellos el acto artístico tiene el rango de una evacuación corporal, una eyaculación necesaria; si no hubiesen sido artistas, serían asesinos.

Antonin Artaud es el ejemplo perfecto. Gérard Durzoi cuenta que cuando el doctor Toulouse lo vio por primera vez intuyó que se trataba de un ser excepcional, de esa raza que produce a los Baudelaire, los Nerval o los Nietzsche… “Este hombre está en la cuerda floja, a punto de desplomarse pese a su genio. ¿Se podrá evitar?”

Artaud nació el 4 de septiembre de 1896, en Marsella. Sufrió crisis nerviosas desde la infancia que fueron in crescendo. Se sabe que hizo uso del opio y el laúdano a fin de calmar su dolor. Escritor y dibujante, actor y guionista ocasional para el cine, fue ante todo un hombre de teatro. Pasó por largos periplos de internamiento y fue víctima directa de un conjunto de atrocidades en nombre de la ciencia, tales como el electro-choque. A intervalos, se relacionó con el grupo surrealista; como ellos, deseaba una “desvalorización general de los valores, la depreciación del espíritu, la desmineralización de la evidencia, una confusión absoluta y renovada de las lenguas, la desnivelación del pensamiento…” (G. Durzoi). No obstante, Artaud se reconoció a sí mismo “demasiado surrealista” para embarcarse en la “nave surrealista”; claro, la suya era la nave de los locos (en palabras de André Breton, Artaud se había pasado “al otro lado”).

“De lo que se me acusa, y por lo que llevo ocho años internado (…), es de haber intentado encontrar la materia fundamental del alma y devolverla en fluidos sustanciales (…) y no admito que un poeta como yo haya estado encerrado en un asilo de alienados por haber querido realizar en la vida su poesía” (Antonin Artaud)

Desde una demencia que se define “revolucionaria a perpetuidad”, Artaud protesta, rostro gesticulante, contra la razón castradora, el juicio de Dios, la práctica psiquiátrica (“porque hace del individuo otro del que debería ser”) y la elaboración intelectual y/o lingüística que no tiene su raíz en el dolor, que no tiene su raíz en el cuerpo. Su causa conlleva pervertir el lenguaje o secretar, supurar, uno nuevo que retorne al grito. Toma así el relevo de Lautréamont, otro tripulante en la nave de los locos, que da lugar a la primera crisis importante del verbo. En relación a esto, Roy Porter, en su Breve historia de la locura, relata la anécdota de un interno que en un asilo de lunáticos detuvo a los inspectores que hacían la visita de oficio y se quejó de que le habían quitado su lenguaje. Artaud, por su parte, se niega a pensar con la lengua que otros han pensado antes (para él); “todo lenguaje verdadero –llega a decir- es incomprensible”. Las papillas silábicas de sus últimos poemas son, como los garabatos de Strindberg (muchos le conocen como literato, pero no como antecesor del arte abstracto), la caligrafía del “razonamiento que la razón proscribe”. No obstante, el proceso de heroificación por el que, a veces, el poeta terminal se hace con el título nobiliario de “príncipe de las tormentas”, no ha dejado de lado al desgraciado de Artaud, sino todo lo contrario. Foucault confirma que esta figura ha pasado a “pertenecer al suelo de nuestra lengua y no a su quebrantamiento”; su correlato en el mundo pictórico es Van Gogh. Cuando Artaud conoció su obra, en 1947, se solidarizó; sintió, afirma Durzoi, que “el pintor había vivido una aventura y una lucha exactamente análogas”.

En un texto brillante, Van Gogh, le suicidé de la societé, describió sus pinturas como una “especie de música de órgano”, de “fuegos de artificio”, “una sempiterna e intempestiva transmutación”.

Se puede hablar de la buena salud mental de Van Gogh que, durante toda su vida, sólo se ha cocido una mano y no ha hecho otra cosa, por lo demás, que cortarse una vez la oreja izquierda”. (Antonin Artaud)
Después de lo de la oreja, el loco del pelo rojo fue internado en el manicomio de Sain-Rémy, donde se le permitió pintar. Su arte nunca revistió las características consideradas como propias del “art brut”, apelativo de Dubuffet para el arte “a salvo de la cultura” (algunos psiquiatras señalaron la distorsión, la repetición, el absurdo, la obscenidad y el simbolismo cualidades inherentes a las pinturas de los locos… Claro que, por esta norma, expresionistas, surrealistas y todo el pelotón de artistas de vanguardia sufrirían males neurológicos). Mucho antes de su internamiento, Van Gogh, consciente de su situación, se confesaba por carta…

“Me consideran un hombre excéntrico y desagradable y, sin embargo, hay en mí una especie de música serena y pura”. (Van Gogh)

El artista puso fin a su vida con un tiro en el pecho, como es sabido de todos, sin haber vendido nunca ni un solo cuadro. Según Artaud, él no se mató, la sociedad lo hizo: se lo comió, para saciar su decoro.

Van Gogh y Artaud, pero también Rimbaud, Lautréamont, Blake, Baudelaire, Strindberg, Nietzsche y muchos más… Quizá no estuviesen locos. De sí mismo, afirma Leopoldo María Panero: “seré un monstruo, pero no estoy loco”. Monstruos, todos ellos también, por su propia excelencia; porque conocen verdades insoportables que la sociedad no quiere escuchar; porque rechazan el pensamiento medio y se arrojan a lo extremo, o porque una revelación extraordinaria ha resquebrajado su condición humana. Esta revelación, con todos sus “engranajes” de horror, nunca antes se mostró tan vívida como en los textos de Ryunosuke Akutagawa. El escritor japonés había visto morir a su madre loca cuando sólo era un niño. Después de notar las primeras paranoias y los primeros síntomas de esquizofrenia, creyéndose en posesión de una terrible herencia, se suicidó.

Su relato Engranajes es la descripción minutada de una lenta agonía bajo la drogaína de la locura, o del pánico a ella: pasillos de hotel que se transforman en pasillos de prisión; uniformes de color; el infierno de Dante; engranajes que simulan seres humanos, seres humanos que simulan engranajes; el Alegato de un loco; retratos con sonrisa sardónica; “la vida es mas infernal que el infierno mismo”; la humillación; esperar la calma “como un anciano que espera la muerte después del largo sufrimiento de una enfermedad”; insomnio; medicación; un cuento interruptus, como un coito; “si las drogas no te curan, puede que lo haga el cristianismo”; whisky; una carta en mil pedazos; “es natural en el hijo de un loco”; Dostoyevsky, sólo una distracción… “¿Sabes de alguna enfermedad de los aviones?”

Ya no tengo fuerzas para seguir escribiendo. Es inexpresablemente doloroso vivir en este estado mental. ¿No hay nadie que venga y me estrangule en silencio mientras duermo? (Ryunosuke Akutagawa)

Hasta aquí esta travesía con la nave de los locos, hasta aquí este viaje fáustico (Fausto, no consiguiendo saciar su apetito existencial con los saberes fundados, el humanismo, volvió sus ojos al esoterismo, a la magia, a lo irracional). Sí, queda pendiente arrojar por la borda los cadáveres de la razón. No se trata de hacer una apología de la locura, sino de dinamitar el pensamiento ordinario… Un día no muy lejano, no sabremos distinguir bien lo que ha podido ser la locura. A día de hoy, siguiendo la consigna de Lessing, quien no pierda la cabeza es porque no la tiene.


Bibliografía
Akutagawa, R. Vida de un loco. Emece Editores.
Durozoi. G. Artaud, la enajenación y la locura. Guadarrama.
Foucault. M. Historia de la locura en la época clásica (2 volúmenes). Fondo de cultura económica.
Porter. R. Breve historia de la locura. Fondo de cultura económica.

No confíes en nadie menor de 30

EN POR

Richard Bernstein
International Herald Tribune

NUEVA YORK.- Facebook es el sitio web de redes sociales que afirma tener más de 150 millones de usuarios activos. Recientemente me convertí en uno de esos 150 millones, así que ahora puedo ver las “actualizaciones” que mis amigos cuelgan en el espacio ofrecido en la parte superior de cada perfil y que plantea la pregunta: “¿qué estás haciendo en este momento?”

Es interesante que nadie escriba: “Estoy viendo mi página de Facebook”. Escriben, en cambio, cosas tales como “desarmando el arbolito de Navidad”, o “deseando que ya fuera mayo”, o diciendo si no es formidable que Mickey Rourke le haya agradecido a su perro en su discurso de aceptación del Globo de Oro.

Ahora bien, me alegra decir que aquellos que me han hecho el honor de aceptar ser mis amigos de Facebook son personas de grandes logros que no necesitan que yo les dé lecciones acerca de cómo invertir su tiempo. Sin embargo, me resulta un poco extraño que tantos de ellos se tomen el tiempo de anunciar a su círculo social hechos cotidianos casi siempre sin importancia, algo que impulsó a un crítico de las comunicaciones electrónicas a expresar este comentario: “Lo mejor de Internet es que le permite a todo el mundo tener opinión y un lugar donde expresarla”, dijo Mark Bauerlein, profesor de inglés en la Universidad Emory de Atlanta, durante una reciente conversación telefónica. “Lo malo es que también le da un lugar a cualquiera que tenga una opinión. Pero uno de los signos de madurez es darse cuenta de que el 99 por ciento de las cosas que nos ocurren cada día no tienen ninguna importancia en absoluto para los demás.”

Bauerlein es autor de un nuevo libro: The Dumbest Generation: How the Digital Age Stupefies Young Americans and Jeopardizes Our future (Or, Don´t Trust Anyone under 30) (La generación más idiota: cómo la era digital estupidiza a los jóvenes estadounidenses y pone en riesgo nuestro futuro. O no confíes en nadie menor de 30) y, tal como lo indica ese largo subtítulo, la preocupación no está referida a personas entre los 30 y los 60 años que se toman unos minutos de sus atareados días para escribir grafitos en las blancas paredes del ciberespacio.

La preocupación de Bauerlein está referida a los adolescentes, estudiantes de secundaria y de la universidad que, según argumenta, pasan tanto tiempo dedicados a actividades electrónicas digitales que están perdiendo la capacidad de quedarse tranquilamente sentados en una habitación, solos, leyendo un libro.

“Estamos a punto de entregar nuestro país a una generación que no lee gran cosa y que tampoco piensa demasiado”, dijo durante una charla en el Manhattan Institute.

Siempre han existido críticos sociales que se lamentan de las carencias de la generación más joven, y Bauerlein, quien tiene tanto sentido del humor como de la perspectiva, está más que dispuesto a reconocer que podría parecer “otro tipo viejo que se queja de los jóvenes”.

Salto exponencial

Por cierto, admite que los jóvenes siempre han hablado por teléfono, mirado televisión y permanecido durante horas en la pizzería antes que dedicarse a leer los papeles federales o Moby Dick , y una consecuencia de eso es que el conocimiento cívico e histórico jamás ha alcanzado niveles muy altos en los EE.UU.

Pero Bauerlein alega que la era digital marca un salto exponencial respecto de los días en que las principales distracciones eran la televisión y el teléfono, por más preocupantes que puedan haber sido, y ser aún, para padres y educadores.

“La tendencia a agruparse con sus pares y no con los adultos es vieja, pero lo que han hecho las redes digitales es darles todo un nuevo arsenal para lograr ese propósito”, dijo Bauerlein. “Antes era habitual que, a las 18, los chicos volvieran a casa y la vida social terminara. Y, cuando se iban a su cuarto, no había allí BlackBerry ni consola de videojuegos ni Facebook.”

Una encuesta realizada por la Asociación Nacional de Juntas Escolares indica que un gran número de estudiantes pasan alrededor de nueve horas semanales dedicados a la actividad social en Internet y otras diez horas viendo televisión. Otras encuestas revelan que la mayoría de los estudiantes secundarios dedican apenas una hora o menos por día a hacer tareas por escrito.

Y lo más importante, arguye Bauerlein, es que la tecnología digital ha borrado los límites del tiempo y del espacio. La vida social prosigue constantemente, incluso cuando su hijo adolescente está durmiendo. Así, aunque antes los padres podían mandar a su cuarto a los hijos adolescentes, ahora, como lo expresa Bauerlein, “su cuarto es el centro de acción. No hay más espacio privado”.

Uno de los puntos salvadores de este sombrío cuadro es que formar parte de esta red social implica leer y escribir, por lo que debería tener algún valor educativo, ¿no es cierto? Pero no es así, según Bauerlein. Los mensajes de texto no implican la redacción de párrafos elegantes y coherentes en los que se sostengan argumentaciones o se presenten pruebas. Simplemente, son otra manera en que los chicos se contagian de malos hábitos.

¿Las cosas verdaderamente están tan mal como lo indica el subtítulo de Bauerlein, o su argumentación -tal como ha escrito uno de sus críticos en Los Angeles Times – es “exagerada”? No lo sé, pero sin duda si los chicos están desperdiciando mucho tiempo en actividades digitales frívolas, sus padres no están ofreciéndoles un ejemplo brillante. Tal como lo expresó uno de los asistentes a la charla del Manhattan Institute, hay mucha gente adulta que tiene su BlackBerry en la falda mientras almuerza.

Y también es cierto que Facebook y otros sitios de redes sociales fueron creados para gente joven -especialmente en las universidades, como medio para que los estudiantes nuevos pudieran presentarse a la comunidad-, pero han sido adoptados por los adultos para hacer exactamente eso mismo a lo que sus hijos dedican demasiado tiempo.

Yo no he aprovechado la opción “qué estás haciendo en este momento” de Facebook, para que mis amigos puedan estar al tanto de todos mis movimientos y pensamientos. Pero una vez que termine esta columna y la cuelguen en iht.com, pueden estar seguros de que la pondré en mi página de Facebook para que todos mis amigos puedan verla.

Traducción de Muladar News

Fuente:  NYTimes

Navidad: Un historia tergiversada en el tiempo

EN POR

Simpáticos y diestros publicistas, sicólogos y sociólogos coinciden en atacar el talón de Aquiles de los humanos respecto a su personalidad.

Entonces, una vez instaladas estas fechas artificiales, aquel que no siga la rutina y las reglas impuestas, presenta, obviamente según sus cánones, ciertas “perturbaciones o trastornos emocionales o sociales” (por darle un nombre a falta de algo más acertado que se me ocurra)

El método es muy sencillo.

Te Quiero. Plus Regalo. Igual a: Realmente Te Quiero. Por lo tanto; TQ + R = RTQ

Pero, la ecuación capitalista se torna oscura, triste y miserable si falta el segundo elemento en la suma de sus sumas.

Te Quiero. No Regalo. Igual a: Realmente No Te quiero. Por lo tanto; TQ + NR = RNTQ.

Es así como encontramos el día de la madre, del padre, de los enamorados, del amigo, y si se pudiera, del periquito. El fin último de la treta neoliberal consiste en generar alegría sucedánea, la cual ojalá termine en fiesta celebración, jarana, vacilón, barahúnda que concluya en más compras y más ventas.

Fechas históricas tergiversadas, y adiestradas en pos de la compra y venta de cualquier cosa que genere ingresos. Así, el día Internacional de la Mujer, significa inequívocamente el ofrecimiento de bombones, flores y tarjetas a las féminas.

La muerte del Che Guevara significa el aumento de venta de remeras, poleras, camisetas, pulseras y afiches.

El día de los muertos significa el aumento en la venta de flores, dulces, velas, limonadas, cafés, recorridos en taxis, buses y etcéteras.

La semana santa significa el aumento en el consumo de mariscos y reservaciones de hoteles.

La pascua significa el aumento de huevos y de huevones por doquier.

El que no le regala algo a la mamá el día de la madre, mejor que se exilie. Será catalogado como avaro, miserable, rata, tacaño, cicatero, egoísta.

El día del amigo, sino regala nada a nadie, significa que no tiene amigos, sino regala una tarjetita el día de San Valentín obviamente, no lo quiere ni el diablo.

Todo es comprar, comprar y comprar. Y no sólo eso. El Regalo tampoco puede ser muy barato, de lo que se desprende otra ecuación capitalista.

Te Quiero. Plus regalo Caro = Realmente te quiero, por lo tanto TQ + RC = RTQ

Te quiero. Plus Regalo Barato = Realmente No Te quiero, por lo tanto…

(Hay más variantes, pero las matemáticas y estadísticas me la pelan)

Entonces, después de estar todo un año probando a través de regalos que realmente queremos de verdad a los demás, viene la prueba final, la de verdad, la madre de todas las compras.

La navidad. Fecha que es la prueba de fuego a todos los miserables que se hicieron los locos, los a-sistema, los anarquistas, comunistas y anti-consumistas durante todo el año. Aquí se ven los valientes, los duros, los machos, los recios. Las amazonas, las vikingas, las valkirias, las Quintralas.

Cuando noviembre está por terminar, ciertas vitrinas, ciertos escaparates, ciertas tiendas colocan ciertos adornos navideños, y una angustia se apodera de nosotros.

La idea es reemplazar el pesebre por una multi-tienda o un mall del consumismo enfermizo.

Uno mira los regalos y se dice. Ya se viene la Navidad. Ya está aquí. Y repasa mentalmente a aquellos que tiene que imperiosamente que regalarles algo. Revisa psíquicamente cómo fue la navidad pasada. Saca cuentas en forma rápida. Y en forma rápida las cuentas lo sacan a uno de quicio.

A ver…

Los padres, los 7 hermanos, los hijos, la novia, el novio, los papás del novi@, mi compadre, la mujer de mi compadre, mi abuelita, abuelito, mi jefe, mi colegas en la oficina, mis compañeros de estudios, los del partido, los del sindicato, los de la “orga” mi vecino, mi tío, mi primo, mi prima….

Uno a esas alturas desea ser huérfano o mejor que eso, eremita, misántropo o ermitaño.

Y no queda más que empezar a priorizar.

Afortunadamente, gracias a la Ocurrencia de Sir Henry Cole, que en 1843 le encargó a un amigo que le dibujara un motivo navideño en un pliego, el cual después sería copiado y reproducido en cierta cantidad, es que tenemos las famosas postales de navidad.

Y uno compra de esas de 4x mil y ya tiene cuatro problemas menos, aunque a uno lo cataloguen de miserable.

Todo el mundo comprando, todo el mundo buscando, vitrineando, calculando.

Y en el cuarto secreto de nuestros íntimos deseos pedimos que no nos regalen nada, y si lo hacen que no sea nada caro o muy oneroso, para que no sean tan vergonzoso nuestro humilde regalo. Un par de medias contra un computador portátil.

Y ante la duda, uno sufre, se urge y muge para sus adentros. Y termina comprando igual, lo que sea, pero no va a llegar con las manos peladas. No va a estar parado o sentado ahí cuando se abran los regalos y se den cuenta que él o ella no le compró ni un set de jabones, champú o calcetines a nadie. Es ahí cuando las convicciones flaquean. Cuando uno tiene que poner cuero de chancho o de marrano. Cuando uno tendría que decir; No me hago parte de ese juego consumista y descarado. Con cara de herido y defraudado (Aunque murmuren a sus espaldas, carajo el miserable cagao´) (Y uno se vaya escondido a su cuarto a disfrutar de los regalos que le han obsequiado)

Navidad, se supone que vendría siendo el “nacimiento” de Jesús. Y la cultura occidental dominante cristiana ortodoxa roma apostólica ecuménica adorna, orna, forma, fomenta y esparce el mítico acontecimiento de una manera bastante “especial” por decir lo menos.

El asunto es que el nacimiento del pequeñín, sea de la manera que sea o fue, poco a poco se fue retorciendo cada vez más. Entonces, según las mediciones sociales, y culturales en la actualidad, el hecho de que Jesús haya nacido en un miserable establo y no en una clínica privada, lo convierten o convertirían en un perdedor.

A nadie le interesa mucho cuestionar el hecho histórico ni sus múltiples contradicciones, descarados machismos y otras engañifas varias.

A grosso modo, nadie sabe cuando nació Jesús a ciencia cierta, según el relato bíblico habría nacido en septiembre, pero debido a problemas administrativos de la iglesia, ésta, se vino a poner de acuerdo recién por allá en el siglo IV. Además, ciertas iglesias no aceptaron el cambio del calendario juliano al calendario gregoriano, lo que resultó, en que para unos el nacimiento de Jesús fue el 25 de diciembre y para otros el 7 de enero.

Estos grupos de cristianos no aceptaron la reforma del calendario ordenada por el papa Gregorio XIII en 1583, que se adoptó en Occidente y, por extensión, en todo el mundo, y se rigen por el calendario juliano, establecido por Julio César 45 años antes de Cristo.

Las iglesias más poderosas instauraron el 25 de Diciembre como fecha “verdadera”.

Corporaciones coníferas…Forestales del mal.

Como cresta, corolario, pináculo y pico del machismo escondido, el árbol de navidad es el símbolo fálico por excelencia.

Llamativas bolitas colgando del árbol, debajo de las bolitas cientos de regalos pequeños, (que podrían ser millones) y en la punta una estrella blanca, ojalá grande y de color albo, ¿adornada con abundante nieve?

Entre más grande, (el árbol) será mejor visto, mejor catalogado. Dime de qué porte es tú arbolito y te diré… En fin…

¿Queda clarito? (Yo no puedo ser el único enfermo).

¿Lucecitas, lentejuelas, guirnaldas, adornos, realces? Es un pavo real buscando el apareamiento comercial, lléname de caricias convertidas en regalos…Más, más y más.

Tres tristes tigres

Debido a que los tres reyes vagos, que no eran tal, sino magos, pero que fueron hechos reyes de apurón, ya que la iglesia no podía hacerle propaganda a unos herejes interesados en ciencias astronómicas se fundamentó el hecho de ofrecer algún presente aquella noche.

También se dice que fueron 5 reyes, siete y hasta doce. Pero debido a la carga cabalística del número tres, se acordó dejar ese guarismo bíblico como mejor elemento de difusión.

Cabe destacar que si Jesús naciera el día hoy, tendrían bastantes serios problemas esos reyes magos en entrar a la ciudad de Belén. El trato humillante y degradante, más la confiscación de los regalos por parte de la policía de Israel a cualquiera que pise Palestina sería un aditivo navideño de un tinte muy espiritual.

En algunos países son esos mismos tres reyes magos los que llevan los regalos a los niños.

Dependiendo del comportamiento de esos chavales se sabrá si merecen regalos o no.

Menciono niños, por si a alguien se le olvida ese insignificante detalle, ya que la navidad ha pasado a ser de todos, no sólo de los niños.

Antes que los tres reyes magos, la figura maestra, el personaje estrella es, el nunca más bien visto, ponderado, alabado, instalado y apernado en el techo de nuestras cabeza; Papá Noel, Santa Claus, el Viejito pascuero, Santa y todo el almanaque de alias que usa en distintos países y regiones para realizar sus fechorías.

El icono rojo del consumismo y no del comunismo, para no caer en confucionismo, ha sido inyectado, e imbuido una y otra vez de las mil maneras posibles a la humanidad.

Sucintamente, es un abuelo de rojo que viviría en el polo norte, aunque sea originario de Turquía, gordo, bondadosa larga barba blanca (la antítesis de los Talibanes) que viste un abrigador traje rojo, adosado con finas pieles de la mejor textura posiblemente confeccionada por algún modisto italiano.

Vestimenta que se transforma en vía crucis en lugares como; Cancún, El cairo, el desierto de Atacama, Quito y otras ciudades con tiempo atmosférico tipo Marte.

Después tenemos distintos tipos de vigilantes, entre los cuales cabe destacar según su capacidad de ventas en sus respectivas localidades; Carbonilla, El Tío de Nadal, Olentzero, la bruja Befana entre muchos, muchos otros más.

Observadores, celadores anuales que se encargarán de supervisar que los pimpollos se comporten como está establecido y no trasgredan las reglas impuestas.

Como sea, el asunto radica en el poder totalitario de estos personajes que ejercen cierto control durante el año sobre los más desposeídos.

Siendo, mayoritariamente los padres, los que usan estas reglas mitos para medir y evaluar el comportamiento de sus seres queridos, pero basados sobre sus propios principios sin contraparte o defensa de la parte evaluada.

Navidad, esperada y ansiada celosamente por millones. El espíritu navideño se posa tranquilamente sobre los hogares y es tan tranquilo el espíritu, que cierto ardor, y exasperación inunda a los comensales.

Entonces, ansiosamente se espera que la cena de navidad termine de una maldita vez y largarse a una fiesta, disco, parranda, concierto, asalto, brillo, movida, juerga. (Obviamente que para celebrar el nacimiento del niño Jesús)

Los más afortunados habrán hecho reservaciones anticipadas en algún lujoso restaurante o retiro especial, para gente especial. O cenarán a la luz de ciertas velas románticas con vista al mar, al bosque, los lagos y todo aquello que lleve paz interior.

Otros, llenos de espíritu navideño pasarán su “noche buena” en algún hotel o motel haciéndose regalos recíprocos y empapándose de navidad.

Los buenos deseos afloran por doquier, las buenas vibras, los sentimientos de buena voluntad.

Intenciones que quedan en eso. Sólo intenciones. Mientras la mitad de la humanidad se muere de hambre, la otra come despacio para que el ruido de las bocas no atraiga ciertas moscas.

Moscas que son niños devorados por moscas, moscas inservibles que no tienen una casa donde vivir o morir.

Quizás, ¡Navidad para todos o para Nadie! De algo podría servir.

Día Internacional del Consumismo. Nos hemos reunido esta tarde o noche, en el planeta tierra para honrar, venerar y adorar al hijo, espíritu santo y padre de las grandes trasnacionales.

Navidad, el único día del año en que todo el mundo se vuelve cristiano. El único requisito para tener la gracia de Dios es comprar algo.

Como fenómeno social, la navidad es digna de un estudio serio (como este) y tratar de develar y desenmascarar el andamiaje bursátil que se esconde detrás de ella.

Expresiones como; una navidad pobre, sin regalos, sin comida, es alabada y bien vista ante los ojos del señor. Olvidándonos adrede algunos, que ese tipo de situaciones injustas e indignas es precisamente porque ciertos “señores” se encargan de explotar, usufructuar a los más necesitados con sueldos de hambre por ejemplo.

El Capitalismo, la empresa privada y la sarta de mercaderes errantes, fijos y ambulantes son de temer. Cuando no pueden vencer cierto tipo de acontecimientos o los tergiversan o los corrompen hasta los propios cimientos.

Así como vamos, La Muerte del Guerrillero Heroico significará única y exclusivamente regalos con su cara mítica en algún costado.

La navidad como tal no existe, y si existe debería ser basada en nuestros propios valores, en consonancia leal con ellos. No ser otro borrego más de los consumidores.

Feliz navidad y próspero (económicamente hablando) Año Nuevo.

Andrés Navideño Bianque.

 

Fuente: El Ciudadano
Imagen: TituFruti

Theodore Kaczynski: moralidad y revolución

EN POR

Theodore Kaczynski (Unabomber), aquel loco anarquista que odiaba la tecnología y sus progresos y enviaba explosivos a las universidades manteniendo en jaque al FBI extraemos un texto para su consideración:

(Traducción del artículo “Morality and Revolution” publicado en “Green Anarchist” No., 60-61)

“La moralidad, la culpa y el miedo a la condenación actúan como policías en nuestras mentes, destruyendo nuestra espontaneidad, nuestro carácter salvaje, nuestra capacidad para vivir nuestras vidas plenamente… Intento actuar según mis antojos, mis impulsos espontáneos, sin importarme lo que otros piensen de mí… No quiero restricciones en mi vida; quiero que todas las posibilidades queden abiertas… Esto significa destruir toda moralidad”. Feral Faun en “Los policías en nuestras cabezas: algunos pensamientos sobre la anarquía y la moralidad (“The cops in our heads: some thoughts on anarchy and morality) publicado en “La Búsqueda de lo Espiritual” (The Quest for the Spiritual).

Es verdad que el concepto de moralidad, tal y como suele ser entendido convencionalmente, es una de las más importantes herramientas que el sistema utiliza para controlarnos, y que debemos liberarnos de él.

Pero supón que un día tienes mal humor. Ves a una anciana inofensiva pero muy fea; su aspecto te irrita y tus “impulsos espontáneos” te llevan a derribarla y patearle la cara.
O supón que sientes “algo especial” por las niñas pequeñas, así que tus “impulsos espontáneos” te conducen a coger a una niña de cuatro años, arrancarle la ropa y violarla mientras grita de terror.
Me gustaría suponer que no hay ningún anarquista leyendo esto a quien no le disgusten este tipo de actos, o que no intentara evitarlos si viese que están siendo llevados a cabo. ¿Es esto una mera consecuencia del condicionamiento moral que la sociedad nos impone?

Yo afirmo que no. Defiendo que existe una especie de “moralidad” (nótense las comillas) natural, o una especie de concepción de la conducta correcta que actúa como una trama común a casi todas las culturas y tiende a aparecer en ellas de un modo u otro, aunque frecuentemente puede verse suplantada o modificada por fuerzas específicas de cada cultura en particular. Puede ser que esta concepción de lo que es correcto esté biológicamente programada. Sea como sea, puede ser resumida en los seis principios siguientes:

1.- No perjudicar a nadie que no te haya perjudicado a ti, ni te haya amenazado con hacerlo.
2.- Principio de autodefensa y revancha: Puedes perjudicar a otros para anticiparte al perjuicio con que ellos te amenazan, o en respuesta a un perjuicio que ellos ya te han causado.
3.- Un buen acto merece otro: Si alguien te ha hecho un favor, deberías desear hacerle un favor comparable cuando lo necesite.
4.- Los fuertes han de mostrar consideración por los débiles.
5.- No mentir.
6.- Mantente fiel a cualquier promesa o compromiso que hagas.

Voy a dar un par de ejemplos de las formas en que los Seis Principios a menudo son sustituidos por tendencias culturales. Entre los Navajo, tradicionalmente, se consideraba “moralmente aceptable” usar el engaño cuando comerciaban con cualquiera que no fuese miembro de su tribu. Aunque esto contraviene los principios 1, 5 y 6. Y en nuestra sociedad mucha gente rechazará el principio de revancha: debido a la necesidad imperiosa de la sociedad industrial de mantener el orden social y al potencial desestabilizador que los actos de venganza personal tienen sobre el mismo, somos entrenados para reprimir nuestros impulsos negativos y dejar cualquier forma seria de revancha (llamada “Justicia”) en manos del aparato judicial.

A pesar de estos ejemplos, yo mantengo que los Seis Principios tienden a la universalidad. Pero, se acepte o no que los Seis Principios son hasta cierto punto universales, no creo equivocarme si asumo que casi todos los lectores estarán de acuerdo con estos principios (con la probable excepción del principio de revancha), de un modo u otro. Por consiguiente los Seis Principios pueden servir como base para la presente discusión.

Yo sostengo que los Seis Principios no deberían ser respetados como código moral, por las siguientes razones:

– Primero: Estos principios son tan vagos y pueden ser interpretados de un modo tan diverso que no habrá manera de ponerse de acuerdo a la hora de aplicarlos en casos concretos. Por ejemplo, si Pedro insiste en poner el volumen de su radio tan alto que impide dormir a Juan, y Juan debido a ello destroza la radio de Pedro, ¿es la actuación de Juan un perjuicio infligido a Pedro sin causa alguna, o es un acto de legítima defensa de Juan frente al perjuicio que Pedro le está ocasionando? En esta cuestión es poco probable que Pedro y Juan se pongan de acuerdo. (Sin embargo, también hay límites a la hora de interpretar los Seis Principios. Imagino que sería difícil encontrar a alguien, en cualquier cultura, que interpretase estos principios de tal modo que justificase la brutalidad con las ancianas o la violación de niñas de cuatro años).

– Segundo: La mayoría de la gente estará de acuerdo en que a veces es “moralmente” justificable hacer excepciones a los Seis Principios. Si tu amigo ha destruido equipamiento de tala perteneciente a una gran empresa maderera, y la policía viene preguntándote quien lo hizo, cualquier verdadero eco-anarquista estará de acuerdo en que es justificable que mientas y digas: “no lo sé”.

– Tercero: Los Seis Principios no han sido, por lo general, tomados como si poseyesen la firmeza y rigidez de las verdaderas leyes morales. La gente a menudo viola los Seis Principios, incluso cuando no hay justificación “moral” para hacerlo. Es más, como ya he dicho, los códigos morales de ciertas sociedades con frecuencia entran en conflicto y pasan por encima de esos Seis Principios. Más que leyes, estos principios son sólo una especie de guía, una expresión de nuestros más nobles impulsos que nos llevan a evitar hacer ciertas cosas de las que luego podamos arrepentirnos.

– Cuarto: Considero que el término “moralidad” debería ser utilizado sólo para designar códigos de conducta socialmente impuestos que son específicos de ciertas sociedades, o subculturas. Ya que los Seis Principios, de una u otra forma, tienden a ser universales e incluso bien podrían venir programados biológicamente, no deberían ser denominados moralidad.

Asumiendo que la mayoría de los anarquistas aceptarán estos Seis Principios, lo que el anarquista (o, al menos, el anarquista del tipo individualista) hace es reclamar el derecho a interpretar estos principios por sí mismo en cualquier situación concreta en la que se vea involucrado y a decidir por sí mismo cuándo hacer excepciones a estos principios, en lugar de permitir a cualquier autoridad tomar decisiones por él.

De todos modos, cuando las personas interpretan los Seis Principios por sí mismas, aparecen los conflictos porque los diferentes individuos interpretan los principios de maneras diferentes.

Por esta razón, entre otras, prácticamente todas las sociedades han desarrollado reglas que restringen la conducta de un modo más preciso que lo que lo hacen los Seis Principios. En otras palabras, siempre que un grupo de personas estén juntas por un periodo de tiempo largo, será casi inevitable que se desarrolle cierto grado de moralidad. Sólo los ermitaños son completamente libres.

Esto no es un intento de desprestigiar la idea de anarquía. Aún cuando no exista ninguna sociedad perfectamente libre de moralidad, sigue habiendo una gran diferencia entre una sociedad en la cual la carga de la moralidad sea ligera y otra en la que sea pesada. Los pigmeos de las pluviselvas africanas, según los describe Colin Turnbull en sus libros “The Forest People” (“La Gente de la Selva”) y “Wayward Servants: The Two Worlds of the African Pigmies” (“Sirvientes Díscolos: Los Dos Mundos de los Pigmeos Africanos”) son una muestra de una sociedad que no anda lejos del ideal anarquista. Sus reglas son pocas y flexibles y permiten en gran medida la libertad personal (y aún así, a pesar de no tener policías, juzgados ni cárceles, su tasa de homicidios es virtualmente cero, según Turnbull).

Por el contrario, en las sociedades tecnológicamente avanzadas la mecánica social es compleja y rígida, y sólo puede funcionar cuando el comportamiento humano está altamente regulado. En consecuencia, tales sociedades requieren un sistema de leyes y moralidad mucho más restrictivo (Para los propósitos de este artículo no necesitamos distinguir entre ley y moralidad. Consideramos simplemente la ley como un tipo particular de moralidad, lo cual no es del todo descabellado ya que en nuestra sociedad se considera de forma generalizada que es inmoral saltarse la ley). La gente chapada a la antigua se suele quejar de la falta de moral en la sociedad moderna, y es verdad que en ciertos aspectos nuestra sociedad está relativamente libre de la moralidad. Pero yo más bien afirmaría que la relajación de la moralidad que se da en nuestra sociedad en cosas como el sexo, el arte, la literatura, la vestimenta, la religión, etc., es en gran medida una reacción frente a la severa opresión que genera el control del comportamiento humano en otros ámbitos prácticos de la vida. El arte, la literatura y cosas similares son una válvula de escape para impulsos de rebeldía que podrían ser peligrosos si tomasen una dirección más práctica, y así, formas de satisfacción hedonistas como la exagerada indulgencia en lo referente al sexo o la alimentación, o los modernos entretenimientos intensamente estimulantes, ayudan a la gente a olvidar la pérdida de su libertad.

Sea como sea, está claro que en cualquier sociedad cierto grado de moralidad cumple funciones prácticas. Una de esas funciones es la de prevenir conflictos o hacer posible la resolución de los mismos sin recurrir a la violencia (según Elizabeth Marshall Thomas en su libro “The Harmless People”-“La Gente Inovensiva”-, los bosquimanos de Sudáfrica consideran como una forma de propiedad privada el derecho a recolectar comida en determinadas áreas de la sabana, y respetan estrictamente esos derechos de propiedad. Es fácil ver cómo tales reglas pueden prevenir conflictos en relación con el uso de los recursos alimenticios).

Ya que los anarquistas dan un gran valor a la libertad personal, presumiblemente querrán mantener la moralidad en su mínima expresión, incluso aunque esto les suponga ciertas desventajas en lo referente a la seguridad personal o a la consecución de ciertos beneficios prácticos. No es mi propósito tratar de establecer aquí dónde establecer el punto de equilibrio entre la libertad y las ventajas prácticas de la moralidad, pero quiero llamar la atención sobre un punto que con frecuencia es pasado por alto: los beneficios prácticos o materiales de la moralidad a menudo son contrarrestados por el coste psicológico que ocasiona reprimir nuestros impulsos “inmorales”. Entre los moralistas es común un concepto de “progreso” según el cual se supone que la raza humana se hace cada vez más moral. Cada vez más impulsos “inmorales” han sido y son suprimidos y reemplazados por un comportamiento “civilizado”. Para esta gente la moralidad parece ser un fin en sí misma. No parecen preguntarse nunca por qué los seres humanos debemos volvernos cada vez más morales. ¿Qué nos proporciona la moralidad? Si el fin de la moralidad es algo así como el bienestar humano, entonces una moralidad cada vez más minuciosa e intensiva sólo puede ser contraproducente, ya que es un hecho que el coste psicológico de suprimir impulsos “inmorales” llegará, en cierto momento, a ser mayor que cualquiera de las ventajas aportadas por la moralidad (si es que no lo es ya). De hecho, está claro que cualquiera que sea la excusa que inventen, el motivo real de los moralistas es satisfacer cierta necesidad psicológica que tienen de imponer su moralidad a otra gente. Tienden hacia la moralidad para mejorar el conjunto de la raza humana.

Esta moralidad agresiva no tiene nada que ver con los Seis Principios del comportamiento correcto. En realidad es incompatible con ellos. Al tratar de imponer su moralidad a otra gente, bien sea a la fuerza o bien mediante propaganda y educación, los moralistas están ocasionando un perjuicio a gente que no les ha causado ningún perjuicio a ellos (ni tampoco ha amenazado con causárselo), contraviniendo el primero de los Seis Principios. Pensemos, por ejemplo, en los misioneros del siglo XIX que hacían sentirse culpables por sus prácticas sexuales a la gente primitiva, o en los modernos izquierdistas que quieren que todos llevemos una dieta vegana.

La moralidad a menudo también es antagónica con los Seis Principios de otras maneras. Por poner sólo unos pocos casos:

La moralidad de la sociedad moderna nos dice que hay que evitar el suicidio, si es necesario interviniendo por la fuerza. Esto no siempre es una violación de los Seis Principios. En algunos casos una persona puede verse empujada al suicidio por cierta melancolía temporal que pronto se le pasará, y, por tanto, si impides que se mate te lo agradecerá después. Pero hay otros casos en los que una persona tiene buenas razones para suicidarse – para escapar a un sufrimiento prolongado, por ejemplo, o porque en ciertas situaciones la muerte ser la única alternativa compatible con la dignidad individual. Bajo estas circunstancias, impedir que una persona cometa suicidio puede ser extremadamente cruel y una violación del primer principio de lo que es correcto (compárese esto con la actitud hacia el suicidio de algunos esquimales, tal y como los describe Giotran de Poncins en su libro “Kabloona”).[2]

En nuestra sociedad la propiedad privada no es lo mismo que lo que es para los bosquimanos –un mero instrumento para evitar conflictos acerca del uso de los recursos-. Por contra, aquí es un instrumento mediante el cual ciertas personas u organizaciones se arrogan el control sobre inmensas cantidades de recursos que usan para ejercer el poder sobre otra gente. Con esto violan el primero y cuarto de los principios de lo que es correcto. Al exigirnos que respetemos la propiedad, la moralidad de nuestra sociedad ayuda a perpetuar un sistema que está claramente en conflicto con los Seis Principios.

Se espera que los militares maten o se abstengan de matar siguiendo ciega y obedientemente las órdenes del gobierno, se espera que los policías y jueces encarcelen o liberen a personas obedeciendo mecánicamente la ley. Se consideraría algo “contrario a la ética” e “irresponsable” que los soldados, los jueces o los policías actuasen según su propia noción de lo que es correcto en lugar de hacerlo de acuerdo con las reglas del sistema. Un juez moral y “responsable” enviará a un hombre a prisión si la ley le dice que lo haga, incluso si el hombre es inocente según los Seis Principios.

Apelar a la moralidad a menudo sirve como tapadera para ocultar lo que de otro modo estaría claro que es una imposición de la propia voluntad sobre otra gente. Así, si una persona dice: Voy a impedirte cometer un aborto (o practicar el sexo, o comer carne, o cualquier otra cosa) por el mero hecho de que me resulta personalmente ofensivo que lo hagas”, este intento de imponer su voluntad sería visto como una muestra de arrogancia y sería considerado injustificado. Pero si dice tener una base moral para lo que hace y te dice: “Voy a impedirte abortar porque es inmoral”, entonces su intento de imponer su voluntad parece adquirir cierta legitimidad, o al menos tiende a ser más respetado que si no apela a la moral.

La gente que está fuertemente apegada a la moralidad de su propia sociedad a menudo no presta ninguna atención a los principios de la conducta correcta. El profundamente moral y cristiano hombre de negocios John D. Rockefeller utilizó métodos deshonestos para conseguir el éxito, según su admirador Allan Nevins admite en la biografía del magnate. Hoy, es casi inevitable en cualquier empresa financiera a gran escala joder a otra gente de un modo u otro. La distorsión voluntaria de la verdad, lo suficientemente grave como para aproximarse mucho a la mentira, es en la práctica considerada como un comportamiento aceptable entre los políticos y periodistas, a pesar de que muchos de ellos indudablemente, se consideran a sí mismos personas morales.

Tengo frente a mí un folleto de propaganda enviado por una revista llamada “The National Interest” (“El Interés Nacional”).
En él leo lo siguiente:

“En tus manos está la responsabilidad de defender nuestros intereses nacionales en el extranjero y conseguir apoyo para ellos en casa.

Tú no eres ningún ingenuo, ni mucho menos. Crees que, para bien o para mal, la política internacional exige, esencialmente, el uso de la fuerza –o sea que como Thomas Hobbes dijo, cuando no hay acuerdo entre estados, siempre pintan bastos.”[3]

Esto es una defensa descarada del comportamiento maquiavélico [4] en lo referente a asuntos internacionales. A pesar de que es casi seguro que la gente responsable de este folleto que acabo de citar son firmes defensores de la moralidad convencional dentro de los Estados Unidos. Considero que para esta gente la moralidad convencional sirve como “sustituto” de los Seis Principios. Al identificarse con la moralidad convencional obtienen un sentido artificial de la virtud que les permite desdeñar los principios de la conducta correcta sin sentir malestar alguno.

Otra forma en la cual la moralidad de una sociedad es antagónica respecto a los Seis Principios es el hecho de que a menudo sirve como excusa para el maltrato y la explotación de personas que han violado el código moral o las leyes de esa sociedad. En los Estados Unidos, los políticos promocionan sus carreras “siendo duros con el crimen” y defendiendo la imposición de fuertes condenas a aquellos que se hayan saltado la ley. Los fiscales con frecuencia buscan ventajas personales siendo todo lo duros que la ley les permite con los acusados. Esto además satisface ciertos impulsos sádicos y autoritarios del público en general y apacigua el miedo que las clases privilegiadas tienen al desorden social. Todo esto tiene poco que ver con los Seis Principios de la conducta correcta. Muchos de los “criminales” condenados a fuertes penas –por ejemplo, por poseer marihuana- no han violado en modo alguno los Seis Principios. Pero incluso si los condenados han violado los Seis Principios las duras condenas que soportan no vienen motivadas por ningún sentido de lo que es correcto, ni siquiera de la moralidad, sino por las ambiciones personales de políticos y jueces o por los apetitos sádicos y punitivos del público. La moralidad es una mera excusa.

En resumen, cualquiera que observe honestamente la sociedad moderna verá que, a causa de todo este énfasis en la moralidad, ésta en realidad cumple los principios de la conducta correcta de un modo muy pobre. En realidad bastante menos de lo que lo hacen muchas sociedades primitivas.

Salvo algunas excepciones, el principal propósito de la moralidad en la sociedad moderna es facilitar el funcionamiento del sistema tecnoindustrial. Funciona así: Nuestra concepción tanto de lo que es correcto como de la moralidad está fuertemente influenciada por el interés propio. Por ejemplo, yo creo sincera y profundamente que es perfectamente correcto, para mí, destruir el equipamiento de cualquiera que esté talando el bosque. Y uno de los motivos por lo que lo creo así es que la perpetuación de la existencia del bosque permite la satisfacción de mis necesidades personales. Si yo no tuviese una relación personal con el bosque puede que lo viese de otro modo. De forma similar, la mayoría de la gente rica probablemente crean sinceramente que las leyes que protegen su propiedad son correctas y morales; y que las leyes que restringen los modos en que ellos pueden usar su propiedad son incorrectas. No hay duda de que, a pesar de lo sinceros que puedan ser, estos sentimientos están motivados en gran medida por el interés propio.

La gente que ocupan posiciones de poder en el sistema tienen interés en promover la seguridad y la expansión del mismo. Cuando esta gente percibe que ciertas ideas morales refuerzan el sistema o lo hacen más seguro, entonces, bien sea por intereses propios abiertamente reconocidos, bien porque sus sentimientos morales están influidos inconscientemente por el interés propio, ejercen presión sobre los medios de comunicación y sobre los educadores para promover esas ideas morales. Así, las exigencias de respeto hacia la propiedad, y de un comportamiento ordenado, dócil, respetuoso con las reglas, cooperante… se han convertido en valores morales en nuestra sociedad (a pesar de que esas exigencias pueden entrar en conflicto con los principios de lo que es correcto) porque son necesarias para el funcionamiento del sistema. De modo similar, la armonía e igualdad entre las distintas razas y grupos étnicos es un valor moral de nuestra sociedad ya que los conflictos interraciales e interétnicos entorpecen el funcionamiento del sistema. El trato equitativo para todas las razas y grupos étnicos puede ser también un deber según los principios de lo que es correcto, pero no es por esta razón por lo que es un valor moral en nuestra sociedad. Si es un valor moral en nuestra sociedad es porque es bueno para el sistema tecnoindustrial. Las restricciones tradicionales en lo referente al comportamiento sexual se han suavizado, porque la gente que tiene poder ha visto que estas restricciones no son necesarias para el funcionamiento del sistema y que seguir manteniéndolas provoca tensiones y conflictos que son perjudiciales para el mismo.

Particularmente instructivo es el caso de la prohibición moral de la violencia en nuestra sociedad. (Por “violencia” entiendo los ataques físicos hacia seres humanos o la aplicación de fuerza física contra seres humanos). Hace varios siglos, la violencia no era considerada inmoral, en sí misma, en la sociedad europea. De hecho, bajo determinadas condiciones, era admirada. La clase social más prestigiosa era la nobleza, que precisamente por aquel entonces era una casta guerrera. Incluso en los albores de la Revolución Industrial la violencia no era considerada el mayor de los males, y se creía que ciertos otros valores –como, por ejemplo, la libertad personal- eran más importantes que evitar la violencia. En Estados Unidos[5], ya bien entrado el siglo XIX, las actitudes públicas de la policía eran negativas, y se tendía a mantener las fuerzas policiales en estado de precariedad e ineficiencia ya que eran consideradas una amenaza para la libertad. La gente prefería ocuparse ellos mismos de su propia defensa y aceptar así un alto grado de violencia en la sociedad antes que arriesgarse a perder su libertad personal.

Desde entonces, las actitudes hacia la violencia han cambiado profundamente. Hoy en día los medios de información, los centros de enseñanza y todos aquellos comprometidos con el sistema nos lavan el cerebro para que creamos que la violencia es algo que, por encima de cualquier otra cosa, jamás debemos cometer. (Por supuesto, cuando al sistema le resulta conveniente usar la violencia –por medio de la policía o del ejército- para obtener sus propios fines, siempre pueden encontrarse excusas para justificarlo).

A veces se afirma que esta moderna actitud hacia la violencia es el resultado de la influencia apaciguadora del cristianismo, pero esta afirmación es absurda. El periodo a lo largo del cual el cristianismo fue más poderoso en Europa, la Edad Media, fue una época especialmente violenta. Ha sido durante la Revolución Industrial y sus consiguientes cambios tecnológicos cuando las actitudes hacia la violencia se han visto alteradas, y precisamente durante este mismo intervalo de tiempo la influencia del cristianismo se ha visto marcadamente debilitada. Está claro que no ha sido el cristianismo el que ha cambiado las actitudes hacia la violencia.

Es necesario para el funcionamiento de la sociedad industrial moderna que la gente coopere con ella de un modo rígido, como si fueran máquinas, obedeciendo reglas, siguiendo órdenes y horarios, llevando a cabo procesos preestablecidos. Por consiguiente el sistema requiere, sobre todo, docilidad en los seres humanos y orden en la sociedad. De todos los comportamientos humanos, la violencia es el más dañino para el orden social y de ahí que sea el más peligroso para el sistema. A medida que la Revolución Industrial progresaba, las clases poderosas, percibiendo que la violencia era cada vez más contraria a sus intereses, cambiaron su actitud hacia la misma. Y debido a que su influencia era predominante a la hora de determinar lo que era publicado en la prensa y enseñado en las escuelas, gradualmente fueron transformando la actitud de la sociedad entera, así que hoy la mayoría de la gente de clase media, e incluso la mayoría de quienes se consideran a sí mismos rebeles contrarios al sistema, creen que la violencia es el mayor de los pecados. Creen que su oposición a la violencia es la expresión de la toma de una decisión moral por su parte, y en cierto sentido lo es, pero esa decisión está basada en una moralidad que ha sido diseñada para servir a los intereses del sistema y que ha sido inculcada por la propaganda. En realidad, sencillamente, esta gente sufre un lavado de cerebro.

Unabomber, matematico estudioso de un coeficiente intelectual de 167 terminó condenado a una cuádruple cadena perpetua  en una prisión de máxima seguridad, acabando de esa manera con una cadena de atentados que duraron 18 años y le convirtieron en el criminal más perseguido de America del Norte.

La Ultima Melodía de la Modelo Anorexica

EN POR

MARTA GUZMÁN / París
Tengo fin, tengo hambre. En francés, las dos frases suenan igual: J’ai fin. Con este juego de palabras, el suizo Vincent Bigler tituló una canción cuyo videoclip iba a protagonizar Isabelle Caro. Pero también serviría para resumir los 28 años de vida de la modelo francesa, conocida por su polémica campaña anti-anorexia junto a Oliviero Toscani, que retrató su cuerpo esquelético en 2007.

Pero Isabelle no llegó al rodaje. La maldita Ana —así llaman las adolescentes a la anorexia— le segó la vida el 17 de noviembre, aunque su muerte no se filtró hasta unas semanas después. Fue entonces cuando los versos de Bigler adquirieron un tinte siniestro: «El único hambre es el de tu destino / Que se traga, culpable, el peso de las heridas / Que te guía eternamente para no tener hambre nunca más».

Además de protagonizar infinitas iniciativas contra la anorexia, Isabelle también relató su lucha contra este mal en su blog, cuya última entrada se registró el 14 de septiembre. En este espacio, la modelo recopiló sus fotos de vacaciones, las imágenes de sus trabajos y los consejos a otras chicas que sufrían el mismo trastorno alimentario. Pero, sobre todo, volcó unas reflexiones personales que hoy sirven para trazar el retrato de una chica consumida por la inseguridad: «Soy un pequeño copo de nieve, invisible en plena canícula, que lucha, lucha por vivir pese a los años de sufrimiento pasados».

Isabelle Caro vio corroerse sus esperanzas por la anorexia durante más de la mitad de su vida. En 2006, el mal la hizo caer en coma, con 25 kilos esparcidos en su 165 centímetros de estatura. Pero en los últimos meses, sus íntimos la veían mucho mejor. De ahí que les sorprendiera tanto su muerte, que pasó desapercibida hasta que un amigo informó en Facebook a los seguidores que le preguntaban por qué había dejado de actualizar su blog. «Había estado hospitalizada durante 15 días debido a una neumonía y últimamente estaba muy cansada, pero no sé exactamente de qué murió», explicó Bigler.

Su vídeo junto al cantante suizo iba a sumarse a la larga lista de sus testimonios que inició en 2008 con un libro autobiográfico, La niña que no quería engordar. Este septiembre, la presentación de su edición de bolsillo fue su última aparición pública. En el libro, la modelo relató su calvario desde los cuatro años, cuando su madre enfermó de depresión y la mantuvo aislada del mundo, sin ni tan siquiera ir al colegio. Las pocas veces que Isabelle salía de casa tenía que ir completamente tapada, para que no respirara aire contaminado. El drama de su anorexia empezó a los 12 años, con la llegada de la pubertad.

MENSAJE DE OPTIMISMO
Isabelle quemó sus energías en tratar de abandonar este infiermo. Además de la campaña de Toscani, protagonizó numerosos reportajes contra la anorexia, emitidos en canales de televisión de todo el mundo. El último lo realizó en septiembre, en París, junto a la estadounidense Jessica Simpson. La letra de «J’ai fin» profundizaba en este mensaje de optimismo ante las dificultades. «Voy a gritarlo a todo el mundo / Que siempre podemos tragarlo todo / Llenar tus piernas de canciones / Alimentar tu alma de ilusiones / No quedarte en esa perdición».

Vincent Bigler vio en Isabel la encarnación de la frustrante lucha contra la anorexia. Ella era una mujer que simbolizaba mejor que nadie el tándem anorexia-muerte con el que jugaba el título de su pieza. Lo que no sabía cuando le encargó que interpretara los 16 versos de la canción ante las cámaras es que, a la vez, le estaba entregando una suerte de epitafio avant la lettre. «Una rosa, una mujer bonita convertida en flor / Tan sola y, sin embargo, ella misma / La mujer que sobrevive llorando / Negándose a creer en ella».

 

Epitafio anticipado
«Una rosa, una mujer bonita convertida en flor.
Tan sola y, sin embargo, ella misma.
La mujer que sobrevive llorando.
Negándose a creer en ella.
Háblame de amor y yo te hablaré de muerte.
Háblame de equivocaciones y yo te
seguiré hablando siempre.
Háblame de ti y yo te hablaré de
emociones.

Tú te meces en lo que te anuncia.
El único hambre es el de tu destino.
Que se traga, culpable, el peso de
las heridas.
Que te guía eternamente para
no tener hambre nunca más.
Voy a gritarlo a todo el mundo.
Que siempre podemos tragarlo todo.
Llenar tus piernas de canciones.
Alimentar tu alma de ilusiones.
No quedarte en esa perdición».

___________
Fuente:  CRONICA N° 437

Profetas como Steve Jobs condenan a la humanidad a la más cruel de las esclavitudes

EN POR

Res­pecto de lo que se cree del CEO gurú Ste­ven Jobs, muchos de sus inven­tos han calado en el incon­ciente colec­tivo de la huma­ni­dad solo para retra­sar un poco más su inte­li­gen­cia, para hacerlo más super­fi­cial y menos activo hasta dis­traerlo del pen­sa­miento natu­ral y des­bor­darlo al con­su­mismo sal­vaje . No digo que esto nece­sa­ria­mente sea nega­tivo, cada uno es libre y tiene dere­cho de ele­gir su medio de entre­te­ni­miento, pero los que enten­de­mos un poco más de temas infor­má­ti­cos tene­mos con­cien­cia de que sus inven­tos de corta dura­ción, sus con­tri­bu­cio­nes tec­no­ló­gi­cas iban de acuerdo a sus férreos intere­ses económicos.

Jobs tenía la faci­li­dad de ir de empresa en empresa inno­vando el apa­rato que ayer había­mos adqui­rido, hasta dejarlo eco­nó­mi­ca­mente super­ren­ta­ble. Por supuesto que su muerte no deten­drá sus inven­tos crea­dos para hacer­nos más idiotas.

Al res­pecto un com­pleto y arrie­gado artículo extra­ido de La Haine de Car­los de Urabá:

Pro­fe­tas como Steve Jobs con­de­nan a la huma­ni­dad a la más cruel de las esclavitudes

Por culpa del mal tiempo tuve que espe­rar más de cinco horas la salida de mi vuelo a Madrid en el aero­puerto de Gua­rul­hos en Sao Paulo. Algo que he detes­tado siem­pre son esas salas ates­ta­das de pasa­je­ros som­no­lien­tos y abu­rri­dos que aguar­dan una lla­mada para embar­car. Enton­ces resig­nado a mi suerte me puse a pasear por la ter­mi­na­les de vue­los inter­na­cio­na­les. El aero­puerto de Gua­rul­hos es gigan­tesco y la gente viene y va apre­su­rada por los lar­gos pasi­llos empu­jando los carri­tos car­ga­dos de male­tas. Al obser­var el pano­rama durante algu­nos minu­tos me quedé total­mente per­plejo. pero, ¿qué es esto? los pasa­je­ros sen­ta­dos en las amplias salas como si fue­ran galli­nas pico­tea­ban ham­brien­tos el pienso vir­tual en sus compu­tado­res per­so­na­les, en su telé­fo­nos per­so­na­les, en su tableta iPod personal.

Claro, la clave de éxito es man­te­ner ocu­pada la mente y lle­nar el vacío que nos acon­goja. Los indi­vi­duos sin pes­ta­ñear con las pupi­las dila­ta­das ensi­mis­ma­dos nave­ga­ban en un reali­dad para­lela, por otros mun­dos qui­zás más atrac­ti­vos y emo­cio­nan­tes que este. Sus ros­tros no expre­sa­ban nin­gún sen­ti­miento ni ale­gría ni de tris­teza, nadie te saluda, no existe la comu­ni­ca­ción ni ver­bal ni cor­po­ral ni nada por el estilo, cada quien engor­dando su ego con­cen­tra­dos en sus mas­tur­ba­cio­nes men­ta­les. Silen­cio, por favor, que hay res­pe­tar pri­va­ci­dad de las coba­yas. Incluso algu­nos faná­ti­cos mane­ja­ban tres telé­fo­nos móvi­les; el del tra­bajo, el de la fami­lia y el de la amante. En el colmo de la gula varias pan­ta­llas gigan­tes de tele­vi­sión tras­mi­tían un variado menú vía saté­lite. Si supie­ran que yo ape­nas cargo en mi male­tín un lápiz y una libreta ¡que ver­güenza! ¿Qué dirán de mi? que soy un inadap­tado, un ser prehis­tó­rico de la edad de pie­dra. Cuando te pre­sen­tas a alguien ya no te pre­gun­tan por tu nom­bre sino cuál es el número de tu telé­fono móvil, cuál es tu email o si per­te­ne­ces a Face­book o a Mys­pace. Esa es tu identidad.

Todos los indi­vi­duos cor­ta­dos con la misma tijera y ves­ti­dos con los mis­mos tra­jes, la misma cor­bata, los mis­mos zapa­tos, comiendo lo mis­mos sand­wi­ches y ham­bur­gue­sas. Una exi­tosa clo­na­ción que envi­dia­rían los crea­do­res del la oveja Dolly. No con­ten­tos los pla­ni­fi­ca­do­res o gran­des her­ma­nos con­du­cen al redil por los pasi­llos hasta los esta­blos del duty free, las cafe­te­rías o res­tau­ran­tes. El bom­bar­deo de pro­pa­ganda no cesa ni un ins­tante: com­pra este, com­pra el otro; hoy esta­mos de reba­jas, ¡apro­ve­cha pen­dejo! más telé­fo­nos inte­li­gen­tes, PC mági­cos, cáma­ras foto­grá­fi­cas de alta defi­ni­ción, el último grito de la moda, per­fu­mes, des­odo­ran­tes, trago fino, whisky, vodka, tabaco. ¡Y yo con unos cuan­tos dóla­res mano­sea­dos en los bol­si­llos que no me alcan­zan ni para un perrito caliente!

Lo que más me impactó fue el com­por­ta­miento feme­nino. Que ale­gría se les marca en el ros­tro a ellas cuando des­cuel­gan sus telé­fo­nos móvi­les y vani­do­sas con­tes­tan ali­sán­dose el pelo. “¡Hello! ¡Hello! My dar­ling. Fine, thanks” –por­que en esta secta sólo se habla en inglés– Las urra­cas par­lan­chi­nas pue­den pasarse horas y horas de chá­chara. ¿qué estu­pi­de­ces habla­rán ? –no quiero ni saberlo. Con razón las gran­des mul­ti­na­cio­na­les de tele­fo­nía móvil dupli­can o tri­pli­can cada año sus ganan­cias. La psi­co­lo­gía feme­nina ha sido estu­diada a con­cien­cia por los exper­tos en un afán por des­ve­lar sus pun­tos fla­cos. Para la mujer – igual para los hombres-es fun­da­men­tal verse refle­jada en el espejo de Nar­ciso; el espe­jito mágico ante el que maqui­llarse, pei­narse, sen­tirse atrac­ti­vas, desea­das y reci­bir esos piro­pos ciber­né­ti­cos que les sublime el super ego. Te amo, te quiero –les susu­rra el androide con voz aca­ra­me­lada– pes­ta­ñea un cora­zon­cito en la pan­ta­lla HD del compu­tador, del telé­fono móvil o del iPod 4S y ellas sus­pi­ran exta­sia­das. Esto vale más que extraer millo­nes de barri­les de petróleo.

Me fui al baño a ori­nar y ¡adi­vi­nen lo que me encon­tré en el retrete! a un japo­nes jugando al poker en su tableta iPod !no puede ser! todo esto supe­raba cual­quier pelí­cula de cien­cia fic­ción. Vaya mierda en lo que ha con­ver­tido al mundo nues­tra civi­li­za­ción super­in­dus­tria­li­zada. Se me revol­vie­ron las tri­pas, que­ría salir corriendo y esca­par a algún paraíso per­dido. Pero, ¿adónde? tan sólo tenía un billete para ir a Madrid donde el guión de la come­dia se repite al pie de la letra.

El espí­ritu comu­ni­ta­rio y tri­bal que es uno de los ras­gos carac­te­rís­ti­cos del ser humano inexo­ra­ble­mente se extin­gue. Los autis­tas cual esta­tuas de pie­dra con el culo ator­ni­llado a los asien­tos siguen des­ci­frando los jero­glí­fi­cos en sus compu­tado­res. Otros enchu­fa­dos a sus auri­cu­la­res y micró­fo­nos ultra­sen­si­bles hablan con las pare­des en un des­qui­ciado soli­lo­quio. La pala­bra carece de valor, el con­ver­sar, el inter­cam­biar ideas y opi­nio­nes es una debi­li­dad humana caduca y retró­grada. Para estos autó­ma­tas no existe otro len­guaje que el de los íconos, las imá­ge­nes reto­ca­das en pho­tos­hop, los códi­gos y nue­vos géne­ros dis­cur­si­vos donde se uti­li­zan los emo­ti­co­nes que dan expre­sión facial y ges­tual a la per­so­na­li­dad virtual.

A los pocos días de regre­sar a mi casa los noti­cie­ros tras­mi­tie­ron una noti­cia urgente: Steve Jobs, el super­hé­roe ciber­né­tico, ha muerto. ¡oh, una tra­ge­dia griega de dimen­sio­nes pla­ne­ta­rias! Los chi­nos llo­ran, los indios llo­ran, los negros llo­ran, los cara­pá­li­das llo­ran. Tre­mendo bata­cazo para sus incon­di­cio­na­les. Se murió el mago de los ton­tos y todos sus deu­dos repar­ti­dos por los cinco con­ti­nen­tes se sien­ten unos pobres huer­fa­ni­tos. Claro, Steve era un ejem­plo a seguir, un triun­fa­dor nato salido de la nada. Un empre­sa­rio frío y cal­cu­la­dor que revo­lu­cionó el mundo de la infor­má­tica junto Billy Gates y demás lum­bre­ras del Sili­con Valley.

Los titu­la­res de la prensa son más que elo­cuen­tes: « Murió Steve Jobs, el Leo­nardo da Vinci del siglo XXI » « Duelo por el genio inno­va­dor » « Adiós al gurú de la era ciber­né­tica » Este meque­trefe, que amasó una for­tuna astro­nó­mica ven­diendo pienso vir­tual a las coba­yas, no es más que un burdo ladrón que nos roba el tesoro más pre­ciado: el tiempo. Aun­que nos cueste acep­tarlo somos efí­me­ros y nos pasa­mos horas, días, años, déca­das rela­cio­nán­do­nos por entero con las maqui­ni­tas y arti­lu­gios infor­má­ti­cos. Uno de sus lemas pre­fe­ri­dos es « si quie­res pue­des volar sólo hace falta volun­tad » Papá Steve estoy abu­rrido ¿qué hago? Las mari­po­si­tas revo­lo­tean alre­de­dor de una luce­sita, dan­zan exta­sia­das dis­fru­tando de los orgas­mos múl­ti­ples marca Apple o Micro­soft. « Gra­cias a Jobs soy más inte­li­gente » « mi Mac es inmor­tal » « Soy pobre pero voy a aho­rrar para com­prarme un Mac » Ni siquiera los niños se sal­van de la peste digi­tal pues desde muy tem­prana edad domi­nan los orde­na­do­res, el inter­net, el chat o los telé­fo­nos móvi­les, adic­tos a los jue­gue­ci­tos de Atari, al brea­ckout, la Play Sta­tion, el Nin­tendo. La buena crianza de los cacho­rros es vital para ase­gu­rar la super­vi­ven­cia de la especie.

Apple no ha inven­tado nin­gún soft­ware ni nin­gún hard­ware sino que ha pira­teado o com­prado las paten­tes. Ipod ya exis­tía con el nom­bre de Mp3 pero el diseño del objeto es el que marca la dife­ren­cia. Los inge­nie­ros de Apple diri­gi­dos por Jobs le da un toque espe­cial, un diseño sen­sual y una esté­tica mini­ma­lista a cada uno de sus pro­duc­tos. Cuando los aca­ri­cia­mos son ter­sos y sua­ves y nos pro­voca un impulso irre­fre­na­ble poseer­los. El secreto está en esti­mu­lar el sen­tido del tacto, el de la vista y del oído; que suene la musi­quita celes­tial, que titi­len las luce­si­tas en la pan­ta­lla HD y la yema de los dedos con un « one touch » nos con­duzca al país de las maravillas.

Los con­su­mi­do­res del mundo espe­ra­ban ansio­sos nove­da­des que Jobs les tenía reser­va­das. El sumo pon­tí­fice en el altar mayor pre­sen­taba los nue­vos pro­duc­tos Apple en medio mon­taje inter­ga­lác­tico de rayos láser y fue­gos arti­fi­cia­les. Los fie­les aplau­dían his­té­ri­cos al hijo de Dios ¡hosana hosana! ya ha caído el ben­dito maná del cielo: el iPod, el Mac­Book, el Nano, el Mac­book Air, el Shuf­fle, el iPhone, el iPhad. más LSD, más opio, más cocaína. Steve Jobs esta­ble­ció una depen­den­cia afec­tiva con sus clien­tes que lo con­si­de­ra­ban el guía, el padre o el maestro.

Hoy la tec­no­lo­gía se erige como el único Dios ver­da­dero. De nada valen las abs­trac­cio­nes mís­ti­cas o espe­cu­la­cio­nes meta­fí­si­cas. El mate­ria­lismo ha ganado la bata­lla. Las máqui­nas, la robó­tica y la inte­li­gen­cia arti­fi­cial nos hacen la vida más sen­ci­lla pues nos libe­ran de los tra­ba­jos más pesa­dos y nos brinda más tiempo de ocio. Tiempo que pasa­mos atra­pa­dos en esa tela­raña del Inter­net, en el Twit­ter, el chat, la tele­fo­nía móvil o la tele­vi­sión digital.

El estado poli­cial al ser­vi­cio de la demo­cra­cia gra­cias a los ade­lan­tos tec­no­ló­gi­cos con­tro­lan nues­tras vidas. Los agen­tes de « inte­li­gen­cia » son capa­ces de inda­gar y escru­tar lo más pro­fundo de nues­tro ser; cada correo, cada lla­mada tele­fó­nica, las cuen­tas ban­ca­rias, nues­tros vicios y debi­li­da­des. Todos esta­mos bajo sos­pe­cha. Los perros sabue­sos hus­mean ras­treando nues­tras hue­llas, nos tie­nen ficha­dos, nos obser­van con sus saté­li­tes y las cáma­ras de segu­ri­dad. Nues­tro his­to­rial está escrito con letras mayús­cu­las en los archi­vos infor­ma­ti­za­dos de la cen­tral de datos. The big brot­her wat­ching you

La infor­ma­ción es poder. las gran­des mul­ti­na­cio­na­les de EEUU, Europa o el Japón mono­po­li­zan el sec­tor de las comu­ni­ca­cio­nes e impo­nen la dic­ta­dura tec­no­ló­gica. Ellos son los due­ños de los paten­tes y los dere­chos de tras­mi­sión, ellos son los patro­nes de la aldea glo­bal y noso­tros los sier­vos que aca­ta­mos las órde­nes. No se lucha por una socie­dad más justa y equi­ta­tiva sino por eter­ni­zar el impe­rio capi­ta­lista a nivel planetario.

¿Quién se atreve a cri­ti­car la socie­dad del bie­nes­tar? no pode­mos que­dar­nos rele­ga­dos a un pasado caver­na­rio pues per­te­ne­ce­mos a la civi­li­za­ción del futuro. Los avan­ces cien­tí­fi­cos nos hacen más inte­li­gen­tes y más com­pe­ti­ti­vos al aumen­tar la capa­ci­dad de alma­ce­na­miento de nues­tra mente. De esta forma somos capa­ces de con­tras­tar los datos, abrir infi­ni­dad de docu­men­tos y archi­vos que engran­de­cen nues­tra memo­ria indi­vi­dual y colec­tiva. Las per­so­nas tras­fie­ren toda su memo­ria vital a un disco duro donde los chips micro­pro­ce­sa­do­res son una exten­sión más de nues­tro cerebro.

El cere­bro de los homí­ni­dos supe­rio­res es muy malea­ble. Hay razo­nes neu­ro­psi­co­ló­gi­cas que demues­tran la vul­ne­ra­bi­li­dad de la mente humana y lo deli­cada que es la con­quista de nues­tra auto­no­mía y liber­tad personal.

El impe­ria­lismo no con­tento con con­quis­tar la tie­rra, la luna o marte ahora quiere domi­nar nues­tro sub­cons­ciente, lobo­ti­zar nues­tro cere­bro y poseer hasta nues­tra alma. Igual que hacen los bru­jos en los ritua­les de vudú o magia negra, somos los muñe­qui­tos a los que les cla­van alfi­le­res mani­pu­lando nues­tra capa­ci­dad de dis­cer­nir y tomar decisiones.

La gente se cree impor­tante cuando opri­men una tecla y ¡hágase la luz y la luz fue hecha! se enciende el tele­vi­sor, la compu­tadora o el telé­fono móvil, sale el sol y de repente una voz ange­li­cal anun­cia que nos han man­dado un email, que hemos reci­bido SMS, que alguien nos está twi­teando o cha­teando y nos sen­ti­mos feli­ces pues no estoy solo, luego existo. Ese simio que lle­va­mos den­tro se merece un cacahuete.

La era digi­tal ha supuesto una de las fases más alie­nan­tes de evo­lu­ción humana. La depen­den­cia tec­no­ló­gica es bru­tal y des­pia­dada hasta el punto que tene­mos que des­ti­nar buena parte de nues­tros ingre­sos a pagar las fac­tu­ras del telé­fono, inter­net y demás ser­vi­cios tele­má­ti­cos.. Sen­ten­cia­dos a tra­ba­jar más horas extras, a pedir un cré­dito o ven­derle el alma al dia­blo si que­re­mos seguir chu­pando de la teta de la madre: una nueva pan­ta­lla gigante de tele­vi­sión extra­plana y de plasma Lsd Thos­hiba full HD 4 Hdmi, un compu­tador de la última gene­ra­ción el desk­top board Intel DX58SO 7 extreme edi­tion de 32 nm con pura poten­cia de pro­ce­sa­miento, la tableta iPod con una pan­ta­lla sen­si­ble al tacto y una capa­ci­dad de memo­ria flash de 64 gigby­tes mucho más íntima y efi­ciente que cual­quier PC o el telé­fono android Sam­sung Galaxy Mini que cuenta con GPS, WiFi y Blue­tooth. En este juego de las apa­rien­cias es nece­sa­rio demos­trar el esta­tus social al que per­te­ne­ces y ya han sur­gido dis­tin­tas cas­tas como: la chica Nokia, el chico Sam­sumg, el niñato Bla­ck­Be­rry, la niñata Sony Erics­son, el eje­cu­tivo Goo­gle o Ama­zon. Si mi vecino lo com­pró ¿ por qué yo no?

En nues­tro pla­neta toda­vía exis­ten pue­blos y etnias que per­ma­ne­cen en un esta­dio pri­mi­tivo y arte­sa­nal; indí­ge­nas, cam­pe­si­nos, cuyo medio de super­vi­ven­cia es el tra­bajo de la tie­rra. Ha lle­gado la hora de redi­mir a esa gran huma­ni­dad mar­gi­nada de la gran baca­nal capi­ta­lista. Todos esos parias hay que inte­grar­los en el sis­tema para que gene­ren rédi­tos y ganan­cias a las com­pa­ñías trans­na­cio­na­les. La pri­mera etapa ha sido la con­quista tele­vi­siva, el siguiente paso dotar­los de equi­pos infor­má­ti­cos obso­le­tos, popu­la­ri­zar el inter­net en las salas públi­cas o envi­ciar­los a los telé­fo­nos móvi­les de bajo coste. Lo prio­ri­ta­rio en los pla­nes de edu­ca­ción o alfa­be­ti­za­ción es cimen­tar el mito de la tecnología.

La revo­lu­ción digi­tal es una arma de doble filo ya que se con­vierte en la alter­na­tiva más efec­tiva a los gran­des mono­po­lios de la infor­ma­ción. Aflo­ran miles y miles de pági­nas webs inde­pen­dien­tes, la prensa on line, las radios libres, la lite­ra­tura, el arte, el vídeo, los docu­men­ta­les y pelí­cu­las under­ground. El cibe­res­pa­cio es el sitio ideal para publi­car todas esas obras y crea­cio­nes que de otra manera per­ma­ne­ce­rían en el ano­ni­mato. La con­tra­in­for­ma­ción es el reto. Pero lamen­ta­ble­mente pre­va­lece la idio­tez mediá­tica, la más gro­tesca zafie­dad, la char­la­ta­ne­ría barata, la pro­pa­ganda o el comer­cio más des­afo­rado. No somos per­so­nas sino con­su­mi­do­res y los con­su­mi­do­res pre­fie­ren enaje­narse con los temas más tri­via­les, el chis­mo­rreo, los jue­gui­tos on line, los pro­gra­mas o la por­no­gra­fía que cul­ti­var el inte­lecto y tomar conciencia.

La filo­so­fía racio­na­lista y el pen­sa­miento car­te­siano domi­nan la socie­dad con­tem­po­rá­nea. Los poe­tas y los román­ti­cos ya pue­den sui­ci­darse. Es nece­sa­rio adap­tar­nos al signo de los tiem­pos y pre­fe­ri­mos com­par­tir nues­tro tiempo libre con los jugue­tes tec­no­ló­gi­cos antes que con la fami­lia o los ami­gos. Esta­mos ansio­sos por devo­rar el pienso vir­tual y ¡straw­be­rry fields fore­ver! mi compu­tador, mi telé­fono, mi tableta, mi tele­vi­sor extra­plano es lo prio­ri­ta­rio. El modelo indi­vi­dua­lista y el ego­cen­trista va incre­men­tán­dose a pasos agigantados.

Ven­der, ven­der y ven­der más pro­duc­tos Apple, Micro­soft, Intel, Goo­gle e inun­dar el mer­cado con más telé­fo­nos móvi­les Nokia, Sam­sumg, Sony Smartp­hone. La oferta se queda corta y la demanda obliga a dupli­car la pro­duc­ción. Las mul­ti­na­cio­na­les para aho­rrar cos­tes y aumen­tar las ganan­cias fabri­can sus artícu­los en China o en la India explo­tando la mano de obra barata. Mate­rias pri­mas como el col­tan que es una mez­cla de mine­ra­les impres­cin­di­ble para la fabri­ca­ción de con­den­sa­do­res de los com­po­nen­tes digi­ta­les, ha ser­vido para finan­ciar a varios ban­dos en la segunda gue­rra del Congo, un con­flicto que ha pro­vo­cado más de 5.000.000 de muer­tos. Cuando los compu­tado­res, los telé­fo­nos, las tele­vi­sio­nes, los elec­tro­do­més­ti­cos en gene­ral se ave­rían o pasan de moda toda esa basura y esa cha­ta­rra muy con­ta­mi­nante crea un grave pro­blema ambien­tal en los paí­ses desa­rro­lla­dos. No hay mejor solu­ción que expor­tarla a Ghana, Kenia, Nige­ria, China o la India donde millo­nes de parias de se encar­ga­rán del pro­ceso de reci­clado. Esta tam­bién puede con­si­de­rarse parte de la « ayuda huma­ni­ta­ria » y no hay más que agra­de­cer a los « ami­tos blan­cos » su buen corazón.

Apple cie­rra su ejer­ci­cio del 2011 con un bene­fi­cio neto de 25 920 millo­nes de dóla­res. Una cifra record pero que no colma sus expec­ta­ti­vas. Steve Jobs, que se sabía mori­bundo, dejó bien tra­zado en su tes­ta­mento los pla­nes pre­vis­tos para los pró­xi­mos años. Aun­que físi­ca­mente haya des­a­pa­re­cido ahora comienza una vida vir­tual que lo pro­yecta a la inmor­ta­li­dad. Los pro­duc­tos digi­ta­les ya son con­si­de­ra­dos artícu­los de pri­mera nece­si­dad igual que el pan, el agua o la leche. La fina­li­dad es que estén pre­sen­tes en cada puesto de tra­bajo, en cada escuela, en la uni­ver­si­dad, en el hogar y hasta en la sopa. La alie­na­ción impe­rial y sus cade­nas invi­si­bles cum­ple a la per­fec­ción con su obje­tivo glo­ba­li­za­dor, sus leyes fas­cis­tas no tie­nen otro pro­pó­sito que en el nom­bre de la « liber­tad y la demo­cra­cia » escla­vi­zar a la gran humanidad.

Mar Muerto

La Haine

 

Extracto de una entrevista a Hitler

EN POR

 

“…lle­gué a la con­clu­sión de que una cam­paña con­tra los judíos sería tan popu­lar como exitosa…”

Adolf Hitler junto a Fran­cisco Franco

Podría­mos decir que este hom­bre que nació como un ser humano y que des­pués trans­mutó en un Mons­truo encarna todos los horro­res de nues­tra historia.

Horro­res fun­da­men­ta­dos que vie­nen de los recuer­dos de un holo­causto que puso de rodi­llas a una parte del mundo y que en nom­bre de una polí­tica demen­cial ordenó ase­si­nar a miles, a millo­nes de judíos.

El Füh­rer –como le decían sus cama­ra­das– no estaba loco; tenía la sufi­ciente capa­ci­dad men­tal para pla­near lo que sería “su lucha”; una segunda gue­rra mun­dial donde él esta­ría a la cabeza.

El tiempo no podrá olvi­dar sus abe­rran­tes actos y cuando la huma­ni­dad ter­mine eva­po­rán­dose en un final sin pro­nós­ti­cos, el Füh­rer Adolfo Hitler seguirá reinando en ese mundo de oscu­ri­da­des y peca­dos infinitos.

¿Por qué eli­gió a los judíos como obje­tivo de su bru­tal cam­paña de terror? En el extracto de esta entre­vista nos trata de expo­ner sus indig­nan­tes razones:

“Es claro y está pro­bado en la prác­tica y por los hechos de todas las revo­lu­cio­nes que luchan por idea­les, por mejo­ras de cual­quier tipo que debe estar com­ple­men­tado por una lucha sobre alguna clase social o casta.

Mi obje­tivo es crear tur­bu­len­cia revo­lu­cio­na­ria de pri­mera clase, sin impor­tar los méto­dos y medios que deba usar en el pro­ceso. Revo­lu­cio­nes ante­rio­res estu­vie­ron diri­gi­das sobre los cam­pe­si­nos, la nobleza, el clé­rigo o dinas­tías y su red de mili­cias feu­da­les, pero en nin­gún caso la revo­lu­ción triunfó sin la pre­sen­cia de la vara lumi­nosa que puede con­du­cir y cana­li­zar el odio de las masas.

Con esto en mente, exploré los even­tos revo­lu­cio­na­rios de la his­to­ria y me pre­gunté con­tra qué ele­mento racial en Ale­ma­nia podía des­tar mi pro­pa­ganda de odio con la mayor pro­ba­bi­li­dad de éxito. Tenía que encon­trar a la víc­tíma ade­cuada, una con­tra la cual la lucha ten­dría sen­tido en el sen­tido material.

Le puedo ase­gu­rar que exa­miné toda posi­ble y pen­sa­ble solu­ción a este pro­blema y, sope­sando todo fac­tor ima­gi­na­ble, lle­gué a la con­clu­sión de que una cam­paña con­tra los judíos sería tan popu­lar como exitosa.

Hay pocos ale­ma­nes que no hayan estado enoja­dos por la actua­ción de los judíos o, en su defecto, que hayan sufrido pér­di­das a tra­vés de ellos de un modo u otro.

Des­pro­por­cio­na­da­mente a su pequeño número, repre­sen­tan una inmensa parte de la riqueza nacio­nal ale­mana, lo que puede fácil­mente usarse pro­ve­cho­sa­mente para el estado y el público gene­ral, como podrían las per­te­nen­cias de los monas­te­rios, los arzo­bis­pos y la nobleza.

Una vez que el odio y la bata­lla con­tra los judíos sea real­mente fomen­tada, su resis­ten­cia nece­sa­ria­mente se des­mo­ro­nará en el menor tiempo posi­ble. Están total­mente inde­fen­sos y nadie se levan­tará para protegerlos”

Tra­du­cido de: http://www.nizkor.org/hweb/people/h/hitler-adolf/hitler-1922.html

Cartas sucias y eróticas de James Joyce a su amada Nora Barnacle

EN POR

 

“Escribe las pala­bras inde­cen­tes con gran­des letras y subrá­ya­las y bésa­las y res­trié­ga­te­las un momento por tu dulce…”

James Joyce y Nora Barnacle

Las lla­ma­das car­tas eró­ti­cas, car­tas sexua­les, car­tas roba­das dibu­jan a un James Joyce apa­sio­nado, lleno de las­ci­via y con­de­nando al ero­tismo de su mujer.

En Dublín Nora Bar­na­cle cono­ció a James Joyce, el 10 de junio de 1904 y le dio una cita en la calle Merrion Square, No. 1, frente a la casa del Sr. William Wilde. Nora no llegó; reci­bió del poeta una nota avi­sán­dole que él sí había lle­gado y que la había con­fun­dido momen­tá­nea­mente con otra seño­rita de igual apa­rien­cia, pero que lamen­ta­ble­mente no era ella. Se vol­vie­ron a ver unas noches des­pués, el 16 de junio, fecha de tal impor­tan­cia para Joyce, que hizo que su novela Uli­ses trans­cu­rriera ínte­gra­mente en la men­cio­nada fecha: 16 de junio de 1904.

Joyce tenía rela­cio­nes fre­cuen­tes con pros­ti­tu­tas y había adqui­rido cierta luju­ria y agre­siva sexua­li­dad, cosa que no carac­te­rizó el inicio del romance con Nora. A pesar de que ambos eran pasio­na­les y hasta muy esca­to­ló­gi­ca­mente explí­ci­tos en las car­tas que se envia­ban, y si bien es cierto que en su pri­mer encuen­tro Nora abrió la bra­gueta de Joyce y le aca­ri­ció hasta «hacerme hom­bre», Joyce y Nora no con­su­ma­ron una rela­ción sexual en esos días que se conocieron.

La prensa sen­sa­cio­na­lista nunca logrará emu­lar a los edi­to­res de las car­tas escri­tas por las plu­mas finas, ladro­nes de correo, fis­go­nes, perros que escul­can buzo­nes con la lupa de los doc­tos. Entre las car­tas céle­bres las amo­ro­sas son un capí­tulo intere­sante, pero las sexua­les son el sueño de todo voyeur, car­tas que se leen mojando los dedos entre página y página.

Joyce es el pri­mero de nues­tros corres­pon­sa­les rojos, sin hoz ni mar­ti­llo, escribe a Nora Ber­na­cle, su mujer sin ben­di­ción. Son las car­tas de un hom­bre de veinte siete años, un hom­bre con la exci­ta­ción sufi­ciente para escri­birle a su que­rida de treinta, anclada en Trieste: “Estoy todo el día exci­tado. El amor es un mal­dito fas­ti­dio, sobre todo cuando tam­bién está unido a la lujuria”.

Una de las car­tas de 1909, donde Joyce llama a Nora cari­ño­sa­mente “putita de ojos sal­va­jes”, fue subas­tada en el 2004 por Sotheby’s por más de 240.000 libras, lo que da una idea de la cali­dad de la escri­tura y la des­ti­na­ta­ria. Tres car­tas de Joyce en rabo­deají que sir­ven para acom­pa­ñar el epi­so­dio de rufia­nes de la Torre Mar­telo que apa­re­ció en nues­tro pri­mer número.

A Nora Bar­na­cle Joyce

22 Noviem­bre 1909

44 Fon­te­noy Street, Dublín.

Que­ri­dí­sima: tu tele­grama se encon­traba en su cora­zón aque­lla noche. Cuando te escribí aque­llas últi­mas car­tas, era presa de abso­luta deses­pe­ra­ción. Pen­saba que había per­dido tu amor y tu estima… como bien mere­cía. Tu carta de esta mañana es muy cari­ñosa, pero estoy espe­rando la carta que pro­ba­ble­mente escri­bi­rías des­pués de enviar el tele­grama.

Toda­vía no me atrevo, que­rida, a mos­trarme fami­liar con­tigo, hasta que no vuel­vas a darme per­miso. Tengo la sen­sa­ción de que no debo hacerlo, a pesar de que tu carta está escrita en tu anti­guo tono fami­liar y pícaro. Me refiero a cuando hablas de lo que harás, si te desobe­desco con res­pecto a cierta cuestión.

Voy a aven­tu­rarme a decir sólo una cosa. Dices que quie­res que mi her­mana te lleve ropa inte­rior. No, que­rida, por favor. No me gusta que nadie, ni siquiera una mujer o una niña, vea cosas que te per­te­ne­cen. Me gus­ta­ría que fue­ras más cui­da­dosa y no deja­ses cier­tas ropas tuyas por ahí, quiero decir cuando aca­ban de lle­gar de la lavan­de­ría. Oh, me gus­ta­ría que man­tu­vie­ras todas esas cosas ocul­tas, ocul­tas, ocul­tas. Me gus­ta­ría que tuvie­ses gran can­ti­dad de ropa inte­rior de todas cla­ses, de todo tipo de colo­res deli­ca­dos, guar­dada, plan­chada y perfumada.

¡Qué terri­ble es estar lejos de ti! ¿Has acep­tado de nuevo en tu cora­zón a tu pobre amante? Voy a estar impa­ciente por tu carta y, sin embargo, te agra­dezco tu cari­ñoso tele­grama.

No me pidas que te escriba una carta larga ahora, que­ri­dí­sima. Lo que he escrito me ha entris­te­cido un poco. Estoy can­sado de enviarte pala­bras. Nues­tros labios pega­dos, nues­tros bra­zos entre­la­za­dos, nues­tros ojos des­fa­lle­ciendo en el triste gozo de la pose­sión me com­pla­ce­rían más.

Per­do­name que­ri­dí­sima. Tenía inten­ción de mos­trarme más reser­vado. Y, sin embargo, debo año­rarte y año­rarte y añorarte.

JIM

.

A Nora Ber­na­cle Joyce

2 de diciem­bre de 1909

44 Fon­te­noy Street, Dublín.

Que­rida mía, qui­zás debo comen­zar pidién­dote per­dón por la increí­ble carta que te escribí ano­che. Mien­tras la escri­bía tu carta repo­saba junto a mí, y mis ojos esta­ban fijos, como aún ahora lo están, en cierta pala­bra escrita en ella. Hay algo de obs­ceno y las­civo en el aspecto mismo de las car­tas. Tam­bién su sonido es como el acto mismo, breve, bru­tal, irre­sis­ti­ble y diabólico.

Que­rida, no te ofen­das por lo que escribo. Me agra­de­ces el her­moso nom­bre que te di. ¡Sí, que­rida, “mi her­mosa flor sil­ves­tre de los setos” es un lindo nom­bre¡ ¡Mi flor azul oscuro, empa­pada por la llu­via¡ Como ves, tengo toda­vía algo de poeta. Tam­bién te rega­lare un her­moso libro: es el regalo del poeta para la mujer que ama. Pero, a su lado y den­tro de este amor espi­ri­tual que siento por ti, hay tam­bién una bes­tia sal­vaje que explora cada parte secreta y ver­gon­zosa de él, cada uno de sus actos y olo­res. Mi amor por ti me per­mite rogar al espí­ritu de la belleza eterna y a la ter­nura que se refleja en tus ojos o derri­barte debajo de mí, sobre tus sua­ves senos, y tomarte por atrás, como un cerdo que monta una puerca, glo­ri­fi­cado en la sin­cera peste que asciende de tu tra­sero, glo­ri­fi­cado en la des­cu­bierta ver­güenza de tu ves­tido vuelto hacia arriba y en tus bra­gas blan­cas de mucha­cha y en la con­fu­sión de tus meji­llas son­ro­sa­das y tu cabe­llo revuelto.

Esto me per­mite esta­llar en lagri­mas de pie­dad y amor por ti a causa del sonido de algún acorde o caden­cia musi­cal o acos­tarme con la cabeza en los pies, rabo con rabo, sin­tiendo tus dedos aca­ri­ciar y cos­qui­llear mis tes­tícu­los o sen­tirte fro­tar tu tra­sero con­tra mí y tus labios ardien­tes chu­par mi polla mien­tras mi cabeza se abre paso entre tus rolli­zos mus­los y mis manos atraen la aco­ji­nada curva de tus nal­gas y mi len­gua lame voraz­mente tu sexo rojo y espeso. He pen­sado en ti casi hasta el des­fa­lle­ci­miento al oír mi voz can­tando o mur­mu­rando para tu alma la tris­teza, la pasión y el mis­te­rio de la vida y al mismo tiempo he pen­sado en ti hacién­dome ges­tos sucios con los labios y con la len­gua, pro­vo­cán­dome con rui­dos y cari­cias obs­ce­nas y haciendo delante de mí el más sucio y ver­gon­zoso acto del cuerpo. ¿Te acuer­das del día en que te alzaste la ropa y me dejaste acos­tarme debajo de ti para ver cómo lo hacías? Des­pués que­daste aver­gon­zada hasta para mirarme a los ojos.

¡Eres mía, que­rida, eres mía¡ Te amo. Todo lo que escribí arriba es un solo momento o dos de bru­tal locura. La última gota de semen ha sido inyec­tada con difi­cul­tad en tu sexo antes que todo ter­mine y mi ver­da­dero amor hacia ti, el amor de mis ver­sos, el amor de mis ojos, por tus extra­ña­mente ten­ta­do­res ojos llega soplando sobre mi alma como un viento de aro­mas. Mi verga esta toda­vía tiesa, caliente y estre­me­cida tras la última, bru­tal enves­tida que te ha dado cuando se oye levan­tarse un himno tenue, de pia­doso y tierno culto en tu honor, desde los oscu­ros claus­tros de mi cora­zón.

Nora, mi fiel que­rida, mi pícara cole­giala de ojos dul­ces, sé mí puta, mí amante, todo lo que quie­ras (¡mí pequeña pajera amante! ¡mí putita picha­dora!) eres siem­pre mi her­mosa flor sil­ves­tre de los setos, mi flor azul oscuro empa­pada por la lluvia.

JIM

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A Nora Bar­na­cle Joyce

3 de diciem­bre de 1909

44 Fon­te­noy Street, Dublín.

Mi que­rida niñita de las mon­jas: hay algún estre­lla muy cerca de la tie­rra, pues sigo presa de un ata­que de deseo febril y ani­mal. Hoy a menudo me dete­nía brus­ca­mente en la calle con una excla­ma­ción, siem­pre que pen­saba en las car­tas que te escribí ano­che y ante­no­che. Deben haber pare­cido horri­bles a la fría luz del día. Tal vez te haya des­agra­dado su gro­se­ría. Sé que eres una per­sona mucho más fina que tu extraño amante y, aun­que fuiste tu misma, tu, niñita calen­tona, la que escri­bió pri­mero para decirme que esta­bas impa­ciente por­que te culiara, aún así supongo que la sal­vaje sucie­dad y obs­ce­ni­dad de mi res­puesta ha supe­rado todos los lími­tes del recato. Cuando he reci­bido tu carta urgente esta mañana y he visto lo cari­ñosa que eres con tu des­pre­cia­ble Jim, me he sen­tido aver­gon­zado de lo que escribí. Sin embargo, ahora la noche, la secreta y peca­mi­nosa noche, ha caído de nuevo sobre el mundo y vuelvo a estar solo escri­bién­dote y tu carta vuelve a estar ple­gada delante de mí sobre la mesa. No me pidas que me vaya a la cama, que­rida. Déjame escri­birte, querida.

Como sabes que­ri­dí­sima, nunca uso pala­bras obs­ce­nas al hablar. Nunca me has oído, ¿ver­dad?, pro­nun­ciar una pala­bra impro­pia delante otras per­so­nas. Cuando los hom­bres de aquí cuen­tan delante de mí his­to­rias sucias o las­ci­vas, ape­nas son­río. Y, sin embargo, tu sabes con­ver­tirme en una bes­tia. Fuiste tu misma, tu, quien me des­li­zaste la mano den­tro de los pan­ta­lo­nes y me apar­taste sua­ve­mente la camisa y me tocaste la pinga con tus lar­gos y cos­qui­llean­tes dedos y poco a poco la cogiste entera, gorda y tiesa como estaba, con la mano y me hiciste una paja des­pa­cio hasta que me vine entre tus dedos, sin dejar de incli­narte sobre mí, ni de mirarme con tus ojos tran­qui­los y de santa. Tam­bién fue­ron tus labios los pri­me­ros que pro­nun­cia­ron una pala­bra obs­cena. Recuerdo muy bien aque­lla noche en la cama en Pola. Can­sada de yacer debajo de un hom­bre, una noche te ras­gaste el cami­són con vio­len­cia y te subiste encima para cabal­garme des­nuda. Te metiste la pinga en el coño y empe­zaste a cabal­garme para arriba y para abajo. Tal vez yo no estu­viera sufi­cien­te­mente arre­cho, pues recuerdo que te incli­naste hacia mi cara y mur­mu­raste con ter­nura: “¡Fuck me, dar­ling!”

Nora que­rida, me moría todo el día por hacerte uno o dos pre­gun­tas. Per­mí­te­melo, que­rida, pues yo te he con­tado todo lo que he hecho en mi vida; así, que puedo pre­gun­tarte, a mi vez. No sé si las con­tes­ta­rás. Cuándo esa per­sona cuyo cora­zón deseo vehe­men­te­mente dete­ner con el tiro de un revól­ver te metió la mano o las manos bajo las fal­das, ¿se limitó a hacerte cos­qui­llas por fuera o te metió el dedo o los dedos? Si lo hizo, ¿subie­ron lo sufi­ciente como para tocar ese gallito que tie­nes en el extremo del coño? ¿Te tocó por detrás? ¿Estuvo hacién­dote cos­qui­llas mucho tiempo y te viniste? ¿Te pidió que lo toca­ras y lo hiciste? Sino lo tocaste, ¿se vino sobre ti y lo sentiste?

Otras pre­gunta, Nora. Sé que fui el pri­mer hom­bre que te folló, pero, ¿te mas­turbó un hom­bre alguna vez? ¿Lo hizo alguna vez aquel mucha­cho que te gus­taba? Dímelo ahora, Nora, res­ponde a la ver­dad con la ver­dad y a la sin­ce­ri­dad con la sin­ce­ri­dad. Cuando esta­bas con él de noche en la oscu­ri­dad de noche, ¿no des­abro­cha­ron nunca, nunca, tus dedos sus pan­ta­lo­nes ni se des­li­za­ron den­tro como rato­nes? ¿Le hiciste una paja alguna vez, que­rida, dime la ver­dad, a él o a cual­quier otro? ¿No sen­tiste nunca, nunca, nunca la pinga de un hom­bre o de un mucha­cho en tus dedos hasta que me des­abro­chaste el pan­ta­lón a mí? Si no estás ofen­dida, no temas decirme la ver­dad. Que­rida, que­rida esta noche tengo un deseo tan sal­vaje de tu cuerpo que, si estu­vie­ras aquí a mi lado y aún cuando me dije­ras con tus pro­pios labios que la mitad de los pata­nes peli­rro­jos de la región de Gal­way te echa­ron un polvo antes que yo, aún así corre­ría hasta ti muerto de deseo.

Dios Todo­po­de­roso, ¿qué clase de len­guaje es este que estoy escri­biendo a mi orgu­llosa reina de ojos azu­les? ¿Se negará a con­tes­tar a mis gro­se­ras e insul­tan­tes pre­gun­tas? Sé que me arriesgo mucho al escri­bir así, pero, si me ama, sen­tirá que estoy loco de deseo y que debo con­tarle todo.

Cielo, con­tés­tame. Aun cundo me entere de que tu tam­bién habías pecado, tal vez me sen­ti­ría toda­vía más unido a ti. De todos modos, te amo. Te he escrito y dicho cosas que mi orgu­llo nunca me per­mi­ti­ría decir de nuevo a nin­guna mujer.

Mi que­rida Nora, estoy jadeando de ansia por reci­bir tus res­pues­tas a estas sucias car­tas mías. Te escribo a las cla­ras, por­que ahora siento que puedo cum­plir mi pala­bra con­tigo. No te enfa­des, que­rida, que­rida, Nora, mi flo­re­ci­lla sil­ves­tre de los setos. Amo tu cuerpo, lo añora, sueño con él.

Háblenme que­ri­dos labios que he besado con lágri­mas. Si estas por­que­rías que he escrito te ofen­den, hazme recu­pe­rar el jui­cio otra vez con un lati­gazo, como has hecho antes. ¡Qué Dios me ayude!

Te amo Nora, y parece que tam­bién esto es parte de mi amor. ¡Per­dó­name! ¡Perdóname!

JIM

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Mi Dulce y pícara putita, aquí te mando otro billete para que te com­pres cal­zo­nes o medias o ligas. Com­pra cal­zo­nes de puta, amor, y no dejes de rociar­los con un per­fume agra­da­ble y tam­bién des­co­lo­rea­los un poquito por detrás.

Pare­ces inquieta por saber que aco­gida dí a tu carta, que, según dices, es peor que la mia. ¿Cómo que es peor que la mía, amor ? Sí, es peor en una o dos cosas. Me refiero a la parte en que dice lo que vas a hecer con la len­gua (no me refiero a chu­par­mela) y a esa encan­ta­dora pala­bra que escri­bes con tan gran­des letras y sub­ra­yas, bri­bon­zuela. Es emo­cio­nante oír esa pala­bra ( y una o dos más que no has escrito) En los labios de una mucha­cha. Pero me gus­ta­ría que habla­ras de ti y no de mi. Escrí­beme una carta muy larga, llena de esas otras cosas, sobre ti, que­rida. Ahora ya sabes como ponerme arre­cho. Cuen­tame hasta las cosas más míni­mas sobre ti, con tal de que sean obse­nas y secre­tas y sucias. No escri­bas más. Qué todas las fra­ses estén lle­nas de pala­bras y soniods inde­cen­tes e impú­di­cos. Es encan­ta­dor oir­los e incluso ver­los en el papel, pero los más inde­cen­tes son los más bellos. Las dos par­tes de tu cuerpo que hacen cosas sucias son las más deli­cio­sas para mi. Pre­fiero tu culo, que­rida, a tus tetas por­que hace esa cosa sucia. Amo tu coño no tanto por que sea la parte que jodo cuanto por­que hace otra cosa sucia. Podría que­darme tum­bado todo el día mirando la pala­bra divina que escri­biste y lo que dijiste que harías con la len­gua. Me gus­ta­ría poder oír tus labios sol­tando entre chis­po­rro­teos esas pala­bras celes­tia­les, exci­tan­tes, sucias, ver tu cuerpo soni­dos y rui­dos inde­cen­tes, sen­tir tu cuerpo retor­cien­dose debajo de mi, oír y oler los sucios y sono­ros pedos de niñas haciendo pop pop al salir de tu bonito culo de niña des­nudo y follar, follar, follar y follar el coño me mi pícara y arre­cha putita eternamente.

Ahora estoy con­tento, por­que mi putita me dice que le dé por el culo y que la folle por la boca y quiere des­abro­charme y sacarme el cim­bel y chu­parlo como un pezón. Más cosas y más inde­cen­tes que estas quiere hacer, mi pequeña y des­nuda folla­dora, mi pícara y ser­peante pequeña culia­dora, mi dulce e inde­cente pedorrita.

Bue­nas noches, putita mía, voy a tum­barme y a cas­car­mela hasta que me venga. Escribe más cosas y más inde­cen­tes, que­rida. Hasta cos­qui­llas en el mon­don­guito, mie­tras escri­bes para que te haga decir cosas cada vez peo­res. Escribe las pala­bras inde­cen­tes con gran­des letras y subrá­ya­las y bésa­las y res­trié­ga­te­las un momento por tu dulce y caliente coño, que­rida, y tam­bién leván­tate las fal­das un momento y res­trié­ga­te­las por tu que­rido culito pedorro. Has más cosas así, si quie­res, y des­pués envíame la carta, mi que­rida putita de culo marrón.

JIM


Car­tas Sucias de Joyce

Epí­logo

La des­pe­dida de una de las tan­tas car­tas sucias, de las car­tas celo­sas y dis­pa­ra­ta­das que solo cabrían en un buzón bien rojo, ser­virá de epi­logo para los fis­go­nes de la corres­pon­den­cia entre Jim y Nora. Una página fechada el 15 de diciem­bre de 1909, vís­pe­ras de la novena de agui­nal­dos en la cató­lica Dublín. Con esto que­dan cla­ras las dul­ces fati­gas del amante y corres­pon­sal, el can­san­cio de los amo­res lejanos.

« (…) Que­rida, acabo de venirme en los pan­ta­lo­nes, por lo que he que­dado para el arras­tre. No puedo ir hasta la ofi­cina de correos a pesar de que tengo tres car­tas por echar.

¡A la cama…a la cama !

¡Bue­nas noches, Nora mía!

Daniel Estulin: “La CIA montó Wikileaks para cerrar el acceso libre a internet”

EN POR

El Ex agente de la KGB siem­bra dudas inquie­tan­tes sobre las ver­da­de­ras inten­cio­nes de la orga­ni­za­ción de Julian Assange

Daniel Estu­lin visi­tando a Fidel Castro

El ex-agente de la KGB con­tra el espio­naje Daniel Estu­lin autor del libro “Club Bil­de­berg y su gobierno mun­dial” des­mota la orga­ni­za­ción Wiki­leaks en su último libro. Según declara Estu­lin en esta intere­sante entre­vista, la orga­ni­za­ción no es una crea­ción de Julian Assange, sino de la CIA. Nada menos.

Entre­vista de Albert Guasch

– ¿Usted no se fía de nada?

– Vengo del mundo del espio­naje y, efec­ti­va­mente, no me fío de nada de este mundo. Por una razón sen­ci­lla: sé que todo es men­tira. Mire, yo estuve como agente tres años y medio en África. Nues­tro tra­bajo con­sis­tía en lim­piar las aldeas de las mafias que tra­fi­ca­ban con dia­man­tes de san­gre. Un día, en 1995, está­ba­mos en medio de la nada, en un bar de mierda que tenía tele­vi­sión por saté­lite. Ahí había gente de la CIA y de Hez­bolá cenando jun­tos, y apa­re­ció por tele­vi­sión Bill Clin­ton, el pre­si­dente de EEUU de enton­ces, y dijo: “A los terro­ris­tas les vamos a per­se­guir hasta el fin del mundo”. Y todos empe­za­mos a reír­nos. Y pensé: esta es la esen­cia de este mundo abso­lu­ta­mente caótico.

– ¿Nada es lo que parece?

– La gente en sus casas no se cree que exis­tan cier­tas cosas por­que no están en las por­ta­das de los dia­rios, aun­que debe­rían estarlo. Y no lo están por­que los medios de comu­ni­ca­ción for­man parte de la élite mun­dial. El tipo que escribe para el New York Times tiene un jefe, el cual tiene otro jefe que le paga, y por encima de este hay un con­sejo de admi­nis­tra­ción. Y este con­sejo tra­baja para una junta de accio­nis­tas. Y en la junta de accio­nis­tas del New York Times hay empre­sas de arma­mento, gran­des ban­cos como Chase Man­hat­tan, JP Mor­gan, gran­des empre­sas far­ma­céu­ti­cas¿ ¿Cómo va a publi­car el New York Times en su por­tada que el Gobierno de EEUU se encuen­tra en Afga­nis­tán para ase­gu­rarse que la droga llega a Washing­ton? Nadie se atreve a publi­car que la droga es el lubri­cante de la eco­no­mía mun­dial. Vamos a ver, esta­mos de acuerdo en que la OTAN ocupa el 97% de Afga­nis­tán, ¿ver­dad? Y resulta que este año ese país ha tenido la mayor cose­cha de su his­to­ria de droga. ¿Cómo puede ser que nadie rela­cione eso? Los que nos lle­va­mos bien con nues­tro cere­bro, enten­de­mos que eso no es una coincidencia.

– Siga­mos com­pro­bando su grado de incre­du­li­dad. ¿No cree que Bin Laden fue cap­tu­rado y arro­jado al mar?

– ¡Por favor! Todo el mundo de un cierto nivel sabe que no fue así. Bin Laden lleva muerto desde el 2001. Le mató un cán­cer. ¿A quién mata­ron hace unos meses? Ni idea. En el 2001 es la última vez que se vio y escu­chó de ver­dad a Bin Laden.

El Gobierno de Sue­cia y el rey del país han per­mi­tido, durante años, que el Gobierno de EEUU espíe a los ciu­da­da­nos sue­cos mediante tec­no­lo­gía de la empresa Ericsson…”

– ¿De quién se fía usted?

– Ni de mismo me fío. Y lo digo en serio. Cuando estuve en el ser­vi­cio de con­tra­es­pio­naje aprendí que a par­tir de unos pro­ce­sos de hip­no­sis pue­den con­fi­gu­rarte muchos labe­rin­tos en la cabeza y llega un momento en que no sabes si lo que estás con­tando es ver­dad o es mentira.

– ¿Y no tiene dudas de que Assange tra­baja para la CIA?

– Ojo, Assange no tra­baja para la CIA de forma cons­ciente. La belleza de la ope­ra­ción es que él no sabe que efec­ti­va­mente tra­baja para ellos.

– Explí­quese. ¿Qué cree que es Wiki­leaks?

– La CIA montó Wiki­leaks con el pri­mor­dial obje­tivo de cerrar el acceso libre a inter­net. Es muy fácil hacerlo. De hecho, el Gobierno de EEUU tiene redac­tada desde el 2009 una ley de Acto Patrió­tica Ciber­né­tico. Solo nece­sita una razón para darle al botón off.

– ¿En qué se basa?

Wiki­leaks nunca tuvo como obje­tivo sacar a la luz infor­ma­ción con­fi­den­cial. Por­que real­mente, de valor, no ha sacado nada.

– ¿Ni el vídeo en que se veía a sol­da­dos de EEUU matar a civi­les en Irak desde un heli­cóp­tero?

 

– Ese sí. Pero fíjese. ¿Cómo se pre­senta en socie­dad Wiki­leaks? Con ese vídeo, escan­da­li­zando a la socie­dad. Por eso hizo falta sacar eso a la luz. Ahora bien: nin­gún docu­mento de los miles que ha divul­gado tiene cali­fi­ca­ción top secret. ¿Qué hay de valor en Afga­nis­tán? Las dro­gas. Pues bien, de los 200.000 pági­nas de infor­ma­ción que salie­ron de ese país solo hay una que hable de las dro­gas. ¿Cómo dia­blos se entiende eso? Ade­más, Wiki­leaks sirve a otro propósito.

Des­mon­tando Wiki­leaks (Planeta)

– ¿A Cuál?

– Atar a los ser­vi­cios de espio­naje de todo el mundo. Si sacas 40.000 docu­men­tos fal­sos, por­que hay muchos fal­sos entre unos cuan­tos de cier­tos, todos tie­nen que dedi­carse a ave­ri­guar qué es ori­gi­nal y qué no.

– ¿Assange es un títere de la CIA?

– Lo conozco desde hace años. Su padras­tro le intro­dujo de niño a un club de culto que diri­gía una aus­tra­liana lla­mada Anne Hamilton-Byrne. La infor­ma­ción sobre este culto está cerrada a cal y canto por el Gobierno aus­tra­liano por­que es una tapa­dera de la CIA. No quie­ren que nadie empiece a inda­gar sobre sus pro­gra­mas de con­trol men­tal a tra­vés de trau­mas indu­ci­dos a los niños. A Assange y otros cha­va­les como él, uti­li­zando LSD, les metían en salas oscu­ras, creando des­ór­de­nes de per­so­na­li­dad múl­ti­ples. Fíjese en la mirada de este hom­bre, vacua, sin expre­sión alguna… No exa­gero. Los que veni­mos del mundo del espio­naje sabe­mos de qué hablamos.

– ¿Y qué dice del sol­dado Brad­ley Man­ning, encar­ce­lado en EEUU?

– Hay la impre­sión que este cha­val logró entrar en un banco ultra­pro­te­gido de Fort Knoxx con la llave de su casa. Y eso es impo­si­ble. ¿Estoy diciendo que él cons­pi­raba con la CIA? No. Man­ning se creía que era un lince, cuando en reali­dad alguien le dejó la puerta abierta, con­tro­lando lo que le dejaba sacar.

– ¿Y por qué está Assange en la cár­cel?

– Buena pre­gunta. ¿Por qué cree?

– Pre­fiero que me sorprenda.

– Los únicos docu­men­tos de valor son cua­tro o cinco folios aco­jo­nan­tes que bási­ca­mente demues­tran que el Gobierno de Sue­cia y el rey del país han per­mi­tido, durante años, que el Gobierno de EEUU espíe a los ciu­da­da­nos sue­cos mediante tec­no­lo­gía de la empresa Erics­son. Si esto sale a la luz, es un escán­dalo y se cae el Gobierno y la monar­quía sueca. Por eso lo que quie­ren es tapar la boca a Assange acu­sán­dolo de vio­la­ción de dos chi­cas que tie­nen cone­xio­nes con la CIA y con la resis­ten­cia cubana.

– ¿Qué pasará con él?

– Los van a tener un tiempo ence­rrado, habrá un jui­cio y lo deja­rán libre, por­que no ha hecho nada malo. Y res­pecto al con­cepto de Wiki­leaks ya está muerto. Es un cadá­ver flo­tante en el mar cibernético.

– ¿Y no tra­ba­jará usted para la CIA y su misión es ensu­ciar con este libro la ima­gen de Wiki­leaks?

 

– Sí, y cual­quier día alguien escribe un libro titu­lado Des­mon­tando a Daniel Estu­lin. Puedo demos­trar que tra­bajo, digo tra­ba­jaba, para una agen­cia de con­tra­es­pio­naje. Per­dón, no es un des­liz freu­diano. Aun­que es cierto que un exa­gente nunca está libre del todo, como el exal­cóho­lico, y puede vol­ver a caer. Pero ahora estoy fuera y no cuento cosas secretas.

– Sabrá que muchos le con­si­de­ran un hábil inven­tor de teo­rías conspirativas…

– Jajaja. Lo que cuento es muy fácil de enten­der. Pero hay gente que tiene una pésima rela­ción con su cerebro.

Un vídeo que grá­fica los pro­ce­di­mien­tos de las super­po­ten­cias para encon­trarle solu­cio­nes a los pro­ble­mas crea­dos por ellos mismos.

1 de Abril del 2009

Ley de Cyber­se­gu­ri­dad da pode­res sin pre­ce­den­tes al Gobierno sobre la Inter­net (EE.UU.)

http://www.cdt.org/headlines/1196

Ley de cyber­se­gu­rir­dad intro­du­cida hoy al Senado le daría al gobierno extra­or­di­na­rios pode­res sobre sec­to­res pri­va­dos de ser­vi­cios de Inter­net, apli­ca­cio­nes y soft­ware. El Cyber­se­cu­rity Act del 2009, por ejem­plo, podría darle al pre­si­dente un poder ili­mi­tado para cerrar el trá­fico de Inter­net en emer­gen­cias o des­co­nec­tar sis­tema de infra­es­truc­tu­ras crí­ti­cas o redes en sue­los de segu­ri­dad nacio­nal. La ley le garan­ti­za­ría al Com­merce Depart­ment la habi­li­dad de anu­lar cual­quier ley de pri­va­ci­dad para acce­der a cual­quier infor­ma­cion rela­cio­nada al uso de inter­net en cone­xión con un nuevo rol en seguir ame­na­zas de ciber­se­gu­ri­dad. La ley, intro­du­cida por el Sena­dor John Rocke­fe­ller y Olym­pia Snowe, tam­bien le daría al gobierno con­trol sin pre­ce­dente sobre soft­ware de compu­tado­res y ser­vi­cios de inter­net, ame­na­zando la inno­va­ción, liber­tad y pri­va­ci­dad. El pre­si­dente de CDT y CEO Les­lie Harris men­ciona, el 01 de abril,” La ame­naza de cyber­se­gu­ri­dad es real, pero tal dras­tica inter­ven­ción fede­ral en la comu­ni­ca­cion, tec­no­lo­gía y redes pri­va­das daña­ría tanto a la segu­ri­dad como a la pri­va­ci­dad“

Para des­car­gar: Cyber­se­cu­rity Act of 2009 [PDF] April 01, 2009

Bill Crea­ting a White House Cyber­se­cu­rity Advi­sor [PDF] April 01, 2009

20 de Marzo del 2009

Sena­dor Jay Rocke­fe­ller, en el con­greso de los Esta­dos Uni­dos, hace el lla­mado de ter­mi­nar con la inter­net, que “no debió de haber exis­tido”, que es un “peli­gro para la seguridad”.

No todo es lo que parece y dudar de las infor­ma­cio­nes como meca­nismo defen­sivo nos hará libres ante la reali­dad que los medios nos imponen…

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