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Cartas Inmortales

Cartas desde la dictadura de Rodolfo Walsh

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Rodolfo Walsh, escritor y periodista argentino en los tiempos de la Dictadura Militar del Gral. Jorge Rafael Videla entregó este documento para denunciar públicamente las atrocidades del Régimen. Un año antes su hija Victoria tuvo que recurrir al suicidio al verse rodeada después de un enfrentamiento con el Ejército. De este hecho nace la “Carta a mis Amigos” escrito por Walsh.

El 25 de marzo de 1977 un pelotón emboscó a Rodolfo Walsh en las calles de Buenos Aires con el objetivo de aprehenderlo vivo. Walsh se resistió y fue herido de muerte. Su cuerpo nunca apareció. El día anterior había escrito lo que sería su última palabra pública: la Carta Abierta a la Junta Militar.

Se cuenta que el ex oficial Weber contaba orgulloso: “Lo bajamos a Walsh. El hijo de puta se parapetó detrás de un árbol y se defendía con una 22. Lo cagamos a tiros y no se caía el hijo de puta”

Estas cartas forman parte de esa historia y toman relevancia ahora que en el Perú se esta debatiendo el tema sobre si el general Francisco Morales Bermúdez, asociado a la Dictadura de Argentina debe ser juzgado en ese país.

Carta a mis Amigos
Por Rodolfo Walsh

29 de diciembre de 1976

Hoy se cumplen tres meses de la muerte de mi hija, María Victoria, después de un combate con las fuerzas del Ejército. Sé que la mayoría de aquellos que la conocieron la lloraron. Otros, que han sido mis amigos o me han conocido de lejos, hubieran querido hacerme llegar una voz de consuelo. Me dirijo a ellos para agradecerles pero también para explicarles cómo murió Vicki y por qué murió.

El comunicado del Ejercito que publicaron los diarios no difiere demasiado, en esta oportunidad, de los hechos. Efectivamente, Vicki era Oficial 2º de la Organización Montoneros, responsable de la Prensa Sindical, y su nombre de guerra era Hilda. Efectivamente estaba reunida ese día con cuatro miembros de la Secretaría Política que combatieron y murieron con ella.

La forma en que ingresó en Montoneros no la conozco en detalle. A la edad de 22 años, edad de su probable ingreso, se distinguía por decisiones firmes y claras. Por esa época empezó a trabajar en el Diario “La Opinión” y en un tiempo muy breve se convirtió en periodista. El periodismo no le interesaba. Sus compañeros la eligieron delegada sindical. Como tal debió enfrentar en un conflicto difícil al director del diario, Jacobo Timerman, a quien despreciaba profundamente. El conflicto se perdió y cuando Timerman empezó a denunciar como guerrilleros a sus propios periodistas, ella pidió licencia y no volvió más.

Fue a militar a una villa miseria. Era su primer contacto con la pobreza extrema en cuyo nombre combatía. Salió de esa experiencia convertida a un ascetismo que impresionaba. Su marido, Emiliano Costa, fué detenido a principios de 1975 y no lo vio más. La hija de ambos nació poco después. EL último año de mi hija fue muy duro. El sentido del deber la llevó a relegar toda gratificación individual, a empeñarse mucho más allá de sus fuerzas físicas. Como tantos muchachos que repentinamente se volvieron adultos, anduvo a los saltos, huyendo de casa en casa. No se quejaba, sólo su sonrisa se volvía un poco más desvaída. En las últimas semanas varios de sus compañeros fueron muertos: no pudo detenerse a llorarlos. La embargaba una terrible urgencia por crear medios de comunicación en el frente sindical que era su responsabilidad.

Nos veíamos una vez por semana; cada quince días. Eran entrevistas cortas, caminando por la calle, quizás diez minutos en el banco de una plaza. Hacíamos planes para vivir juntos, para tener una casa donde hablar, recordar, estar juntos en silencio. Presentíamos, sin embargo, que eso no iba a ocurrir, que uno de esos fugaces encuentros iba a ser el último, y nos despedimos simulando valor, consolándonos de la anticipada pérdida.

Mi hija estaba dispuesta a no entregarse con vida. Era una decisión madurada, razonada. Conocía, por infinidad de testimonios, el trato que dispensan los militares y marinos a quienes tienen la desgracia de caer prisioneros: el despellejamiento en vida, la mutilación de miembros, la tortura sin límite en el tiempo ni en el método, que procura al mismo tiempo la degradación moral, la delación. Sabía perfectamente que en una guerra de esas características, el pecado no era hablar, sino caer. Llevaba siempre encima la pastilla de cianuro -la misma con la que se mató nuestro amigo Paco Urondo-, con la que tantos otros han obtenido una última victoria sobre la barbarie.

El 28 de septiembre, cuando entró en la casa de la calle Corro, cumplía 26 años. Llevaba en sus brazos a su hija porque en último momento no encontró con quién dejarla. Se acostó con ella, en camisón. Usaba unos absurdos camisones largos que siempre le quedaban grandes.

A las siete del 29 la despertaron los altavoces del Ejército, los primeros tiros. Siguiendo el plan de defensa acordado, subió a la terraza con el secretario político Molina, mientras Coronel, Salame y Beltrán respondían al fuego desde la planta baja. He visto la escena con sus ojos: la terraza sobre las casas bajas, el cielo amaneciendo, y el cerco. El cerco de 150 hombres, los FAP emplazados, el tanque. Me ha llegado el testimonio de uno de esos hombres, un conscripto: “El combate duró más de una hora y media. Un hombre y una muchacha tiraban desde arriba, nos llamó la atención porque cada vez que tiraban una ráfaga y nosotros nos zambullíamos, ella se reía.”

He tratado de entender esa risa. La metralleta era una Halcón y mi hija nunca había tirado con ella, aunque conociera su manejo, por las clases de instrucción. Las cosas nuevas, sorprendentes, siempre la hicieron reír. Sin duda era nuevo y sorprendente para ella que ante una simple pulsación del dedo brotara una ráfaga y que ante esa ráfaga 150 hombres se zambulleran sobre los adoquines, empezando por el coronel Roualdes, jefe del operativo.

A los camiones y el tanque se sumó un helicóptero que giraba alrededor de la terraza, contenido por el fuego.

“De pronto -dice el soldado- hubo un silencio. La muchacha dejó la metralleta, se asomó de pie sobre el parapeto y abrió los brazos. Dejamos de tirar sin que nadie lo ordenara y pudimos verla bien. Era flaquita, tenía el pelo corto y estaba en camisón. Empezó a hablarnos en voz alta pero muy tranquila. No recuerdo todo lo que dijo. Pero recuerdo la última frase, en realidad no me deja dormir. -Ustedes no nos matan -dijo-, nosotros elegimos morir. Entonces ella y el hombre se llevaron una pistola a la sien y se mataron enfrente de todos nosotros.”

Abajo ya no había resistencia. El coronel abrió la puerta y tiró una granada. Después entraron los oficiales. Encontraron una nena de algo más de un año, sentadita en una cama, y cinco cadáveres.

En el tiempo transcurrido he reflexionado sobre esa muerte. Me he preguntado si mi hija, si todos los que mueren como ella, tenían otro camino. La respuesta brota desde lo más profundo de mi corazón y quiero que mis amigos la conozcan. Vicki pudo elegir otros caminos que eran distintos sin ser deshonrosos, pero el que eligió era el más justo, el más generoso, el más razonado. Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida. No vivió para ella, vivió para otros, y esos otros son millones. Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy quien renace de ella.

Esto es lo que quería decirle a mis amigos y lo que desearían que ellos transmitieran a otros por los medios que su bondad les dicte.

 

 

 Carta Abierta (Resumida) de Rodolfo Walsh a la Junta Militar:

Buenos Aires, 24 de marzo de 1977

1. La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.

El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes y lo que omiten son calamidades.

El 24 de marzo de 1976 derrocaron ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por elecciones convocadas para nueve meses más tarde. En esa perspectiva lo que ustedes liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes continuaron y agravaron.

Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único significado posible de ese “ser nacional” que ustedes invocan tan a menudo.

Invirtiendo ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivtas, explotan al pueblo y disgregan la Nación. Una política semejante sólo puede imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha conocido la sociedad argentina.

2. Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra desnuda de ese terror.

Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y el fusilamiento sin juicio.1
Más de siete mil recursos de hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno secuestrados.

De este modo han despojado ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda un ley que fue respetada aún en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.
La falta de límite en el tiempo ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no dispusieron los antiguos verdugos. El potro, el torno, el despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparecen en los testimonios junto con la picana y el “submarino”, el soplete de las actualizaciones contemporáneas.2
Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.

3. La negativa de esa Junta a publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.

Extremistas que panfletean el campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.

Setenta fusilados tras la bomba en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela forman parte de 1.200 ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las fuerzas a su mando no tuvieron muertos.

Depositarios de una culpa colectiva abolida en las normas civilizadas de justicia,incapaces de influir en la política que dicta los hechos por los cuales son represaliados, muchos de esos rehenes son delegados sindicales, intelectuales, familiares de guerrilleros, opositores no armados, simples sospechosos a los que se mata para equilibrar la balanza de las bajas según la doctrina extranjera de “cuenta-cadáveres” que usaron los SS en los países ocupados y los invasores en Vietnam.

El remate de guerrilleros heridos o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y sólo 10 ó 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3 de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23 muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.3

Más de cien procesados han sido igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y Ios partidos de que aún los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la conveniencia didáctica o el humor del momento.

Así ha ganado sus laureles el general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, antes del 24 de marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas aplicaciones de la ley de fuga ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor.

4. El asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de 1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército que manda el general Suárez Masson, revela que estos episodios no son desbordes de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de Gobierno.

4. Entre mil quinientas y tres mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto provocado entre sus propias fuerzas.

Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, “con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles” según su autopsia.

Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron.

Treinta y cuatro cadáveres en Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de 1976, ocho en San Telmo el 4 de julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del 20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en Lomas de Zamora.

En esos enunciados se agota la ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega, capaces dc atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde los transportes de la Primera Brigada Aérea 7, sin que se enteren el general Videla, el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre “violencias de distintos signos” ni el árbitro justo entre “dos terrorismos”, sino la fuente misma del terror que ha perdido el rumbo y sólo puede balbucear el discurso de la muerte.

La misma continuidad histórica liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruíz y decenas de asilados en quienes se ha querido asesinar la posibilidad de procesos democráticos en Chile, Boliva y Uruguay.

La segura participación en esos crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal, conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional que no han de agotarse siquiera cuando se esclarezcan el papel de esa agencia y de altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.
Este cuadro de exterminio no excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de altos jefes de la Marina, o del periodista de “Prensa Libre” Horacio Novillo apuñalado y calcinado, después que ese diario denunció las conexiones del ministro Martínez de Hoz con monopolios internacionales.

A la luz de estos episodios cobra su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus jefes: “La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se realiza más allá del bien y del mal”.10

5. Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.

En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar11, resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.
Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisioncs internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9%12 prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.

Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la “racionalización”.

Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subtérráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo , el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.

Tampoco en las metas abstractas de la economía, a las que suelen llamar “el país”, han sido ustedes más afortutunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3%, una deuda exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9%, una baja del 13% en la inversión externa constituyen también marcas mundiales, raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.

Mientras todas las funciones creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de dólares que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a partir de febrero en un 120%, prueban que no hay congelación ni desocupación en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más rápido que el dólar.
6. Dictada por el Fondo Monetario Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile, a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta sólo reconoce como beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la Esso, las automotrices, la U.S.Steel, la Siemens, al que están ligados personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.

Un aumento del 722% en los precios de la producción animal en 1976 define la magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente Celedonio Pereda: “Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos”.14
El espectáculo de una Bolsa de Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que venía a acabar con el “festín de los corruptos”.

Desnacionalizando bancos se ponen el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación en la Argentina. Frente al conjunto de esos hechos cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideologia que amenaza al ser nacional.

Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán dcsaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.

Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.

Rodolfo Walsh. – C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.

Extracto de una entrevista a Hitler

EN POR

 

“…lle­gué a la con­clu­sión de que una cam­paña con­tra los judíos sería tan popu­lar como exitosa…”

Adolf Hitler junto a Fran­cisco Franco

Podría­mos decir que este hom­bre que nació como un ser humano y que des­pués trans­mutó en un Mons­truo encarna todos los horro­res de nues­tra historia.

Horro­res fun­da­men­ta­dos que vie­nen de los recuer­dos de un holo­causto que puso de rodi­llas a una parte del mundo y que en nom­bre de una polí­tica demen­cial ordenó ase­si­nar a miles, a millo­nes de judíos.

El Füh­rer –como le decían sus cama­ra­das– no estaba loco; tenía la sufi­ciente capa­ci­dad men­tal para pla­near lo que sería “su lucha”; una segunda gue­rra mun­dial donde él esta­ría a la cabeza.

El tiempo no podrá olvi­dar sus abe­rran­tes actos y cuando la huma­ni­dad ter­mine eva­po­rán­dose en un final sin pro­nós­ti­cos, el Füh­rer Adolfo Hitler seguirá reinando en ese mundo de oscu­ri­da­des y peca­dos infinitos.

¿Por qué eli­gió a los judíos como obje­tivo de su bru­tal cam­paña de terror? En el extracto de esta entre­vista nos trata de expo­ner sus indig­nan­tes razones:

“Es claro y está pro­bado en la prác­tica y por los hechos de todas las revo­lu­cio­nes que luchan por idea­les, por mejo­ras de cual­quier tipo que debe estar com­ple­men­tado por una lucha sobre alguna clase social o casta.

Mi obje­tivo es crear tur­bu­len­cia revo­lu­cio­na­ria de pri­mera clase, sin impor­tar los méto­dos y medios que deba usar en el pro­ceso. Revo­lu­cio­nes ante­rio­res estu­vie­ron diri­gi­das sobre los cam­pe­si­nos, la nobleza, el clé­rigo o dinas­tías y su red de mili­cias feu­da­les, pero en nin­gún caso la revo­lu­ción triunfó sin la pre­sen­cia de la vara lumi­nosa que puede con­du­cir y cana­li­zar el odio de las masas.

Con esto en mente, exploré los even­tos revo­lu­cio­na­rios de la his­to­ria y me pre­gunté con­tra qué ele­mento racial en Ale­ma­nia podía des­tar mi pro­pa­ganda de odio con la mayor pro­ba­bi­li­dad de éxito. Tenía que encon­trar a la víc­tíma ade­cuada, una con­tra la cual la lucha ten­dría sen­tido en el sen­tido material.

Le puedo ase­gu­rar que exa­miné toda posi­ble y pen­sa­ble solu­ción a este pro­blema y, sope­sando todo fac­tor ima­gi­na­ble, lle­gué a la con­clu­sión de que una cam­paña con­tra los judíos sería tan popu­lar como exitosa.

Hay pocos ale­ma­nes que no hayan estado enoja­dos por la actua­ción de los judíos o, en su defecto, que hayan sufrido pér­di­das a tra­vés de ellos de un modo u otro.

Des­pro­por­cio­na­da­mente a su pequeño número, repre­sen­tan una inmensa parte de la riqueza nacio­nal ale­mana, lo que puede fácil­mente usarse pro­ve­cho­sa­mente para el estado y el público gene­ral, como podrían las per­te­nen­cias de los monas­te­rios, los arzo­bis­pos y la nobleza.

Una vez que el odio y la bata­lla con­tra los judíos sea real­mente fomen­tada, su resis­ten­cia nece­sa­ria­mente se des­mo­ro­nará en el menor tiempo posi­ble. Están total­mente inde­fen­sos y nadie se levan­tará para protegerlos”

Tra­du­cido de: http://www.nizkor.org/hweb/people/h/hitler-adolf/hitler-1922.html

Cartas sucias y eróticas de James Joyce a su amada Nora Barnacle

EN POR

 

“Escribe las pala­bras inde­cen­tes con gran­des letras y subrá­ya­las y bésa­las y res­trié­ga­te­las un momento por tu dulce…”

James Joyce y Nora Barnacle

Las lla­ma­das car­tas eró­ti­cas, car­tas sexua­les, car­tas roba­das dibu­jan a un James Joyce apa­sio­nado, lleno de las­ci­via y con­de­nando al ero­tismo de su mujer.

En Dublín Nora Bar­na­cle cono­ció a James Joyce, el 10 de junio de 1904 y le dio una cita en la calle Merrion Square, No. 1, frente a la casa del Sr. William Wilde. Nora no llegó; reci­bió del poeta una nota avi­sán­dole que él sí había lle­gado y que la había con­fun­dido momen­tá­nea­mente con otra seño­rita de igual apa­rien­cia, pero que lamen­ta­ble­mente no era ella. Se vol­vie­ron a ver unas noches des­pués, el 16 de junio, fecha de tal impor­tan­cia para Joyce, que hizo que su novela Uli­ses trans­cu­rriera ínte­gra­mente en la men­cio­nada fecha: 16 de junio de 1904.

Joyce tenía rela­cio­nes fre­cuen­tes con pros­ti­tu­tas y había adqui­rido cierta luju­ria y agre­siva sexua­li­dad, cosa que no carac­te­rizó el inicio del romance con Nora. A pesar de que ambos eran pasio­na­les y hasta muy esca­to­ló­gi­ca­mente explí­ci­tos en las car­tas que se envia­ban, y si bien es cierto que en su pri­mer encuen­tro Nora abrió la bra­gueta de Joyce y le aca­ri­ció hasta «hacerme hom­bre», Joyce y Nora no con­su­ma­ron una rela­ción sexual en esos días que se conocieron.

La prensa sen­sa­cio­na­lista nunca logrará emu­lar a los edi­to­res de las car­tas escri­tas por las plu­mas finas, ladro­nes de correo, fis­go­nes, perros que escul­can buzo­nes con la lupa de los doc­tos. Entre las car­tas céle­bres las amo­ro­sas son un capí­tulo intere­sante, pero las sexua­les son el sueño de todo voyeur, car­tas que se leen mojando los dedos entre página y página.

Joyce es el pri­mero de nues­tros corres­pon­sa­les rojos, sin hoz ni mar­ti­llo, escribe a Nora Ber­na­cle, su mujer sin ben­di­ción. Son las car­tas de un hom­bre de veinte siete años, un hom­bre con la exci­ta­ción sufi­ciente para escri­birle a su que­rida de treinta, anclada en Trieste: “Estoy todo el día exci­tado. El amor es un mal­dito fas­ti­dio, sobre todo cuando tam­bién está unido a la lujuria”.

Una de las car­tas de 1909, donde Joyce llama a Nora cari­ño­sa­mente “putita de ojos sal­va­jes”, fue subas­tada en el 2004 por Sotheby’s por más de 240.000 libras, lo que da una idea de la cali­dad de la escri­tura y la des­ti­na­ta­ria. Tres car­tas de Joyce en rabo­deají que sir­ven para acom­pa­ñar el epi­so­dio de rufia­nes de la Torre Mar­telo que apa­re­ció en nues­tro pri­mer número.

A Nora Bar­na­cle Joyce

22 Noviem­bre 1909

44 Fon­te­noy Street, Dublín.

Que­ri­dí­sima: tu tele­grama se encon­traba en su cora­zón aque­lla noche. Cuando te escribí aque­llas últi­mas car­tas, era presa de abso­luta deses­pe­ra­ción. Pen­saba que había per­dido tu amor y tu estima… como bien mere­cía. Tu carta de esta mañana es muy cari­ñosa, pero estoy espe­rando la carta que pro­ba­ble­mente escri­bi­rías des­pués de enviar el tele­grama.

Toda­vía no me atrevo, que­rida, a mos­trarme fami­liar con­tigo, hasta que no vuel­vas a darme per­miso. Tengo la sen­sa­ción de que no debo hacerlo, a pesar de que tu carta está escrita en tu anti­guo tono fami­liar y pícaro. Me refiero a cuando hablas de lo que harás, si te desobe­desco con res­pecto a cierta cuestión.

Voy a aven­tu­rarme a decir sólo una cosa. Dices que quie­res que mi her­mana te lleve ropa inte­rior. No, que­rida, por favor. No me gusta que nadie, ni siquiera una mujer o una niña, vea cosas que te per­te­ne­cen. Me gus­ta­ría que fue­ras más cui­da­dosa y no deja­ses cier­tas ropas tuyas por ahí, quiero decir cuando aca­ban de lle­gar de la lavan­de­ría. Oh, me gus­ta­ría que man­tu­vie­ras todas esas cosas ocul­tas, ocul­tas, ocul­tas. Me gus­ta­ría que tuvie­ses gran can­ti­dad de ropa inte­rior de todas cla­ses, de todo tipo de colo­res deli­ca­dos, guar­dada, plan­chada y perfumada.

¡Qué terri­ble es estar lejos de ti! ¿Has acep­tado de nuevo en tu cora­zón a tu pobre amante? Voy a estar impa­ciente por tu carta y, sin embargo, te agra­dezco tu cari­ñoso tele­grama.

No me pidas que te escriba una carta larga ahora, que­ri­dí­sima. Lo que he escrito me ha entris­te­cido un poco. Estoy can­sado de enviarte pala­bras. Nues­tros labios pega­dos, nues­tros bra­zos entre­la­za­dos, nues­tros ojos des­fa­lle­ciendo en el triste gozo de la pose­sión me com­pla­ce­rían más.

Per­do­name que­ri­dí­sima. Tenía inten­ción de mos­trarme más reser­vado. Y, sin embargo, debo año­rarte y año­rarte y añorarte.

JIM

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A Nora Ber­na­cle Joyce

2 de diciem­bre de 1909

44 Fon­te­noy Street, Dublín.

Que­rida mía, qui­zás debo comen­zar pidién­dote per­dón por la increí­ble carta que te escribí ano­che. Mien­tras la escri­bía tu carta repo­saba junto a mí, y mis ojos esta­ban fijos, como aún ahora lo están, en cierta pala­bra escrita en ella. Hay algo de obs­ceno y las­civo en el aspecto mismo de las car­tas. Tam­bién su sonido es como el acto mismo, breve, bru­tal, irre­sis­ti­ble y diabólico.

Que­rida, no te ofen­das por lo que escribo. Me agra­de­ces el her­moso nom­bre que te di. ¡Sí, que­rida, “mi her­mosa flor sil­ves­tre de los setos” es un lindo nom­bre¡ ¡Mi flor azul oscuro, empa­pada por la llu­via¡ Como ves, tengo toda­vía algo de poeta. Tam­bién te rega­lare un her­moso libro: es el regalo del poeta para la mujer que ama. Pero, a su lado y den­tro de este amor espi­ri­tual que siento por ti, hay tam­bién una bes­tia sal­vaje que explora cada parte secreta y ver­gon­zosa de él, cada uno de sus actos y olo­res. Mi amor por ti me per­mite rogar al espí­ritu de la belleza eterna y a la ter­nura que se refleja en tus ojos o derri­barte debajo de mí, sobre tus sua­ves senos, y tomarte por atrás, como un cerdo que monta una puerca, glo­ri­fi­cado en la sin­cera peste que asciende de tu tra­sero, glo­ri­fi­cado en la des­cu­bierta ver­güenza de tu ves­tido vuelto hacia arriba y en tus bra­gas blan­cas de mucha­cha y en la con­fu­sión de tus meji­llas son­ro­sa­das y tu cabe­llo revuelto.

Esto me per­mite esta­llar en lagri­mas de pie­dad y amor por ti a causa del sonido de algún acorde o caden­cia musi­cal o acos­tarme con la cabeza en los pies, rabo con rabo, sin­tiendo tus dedos aca­ri­ciar y cos­qui­llear mis tes­tícu­los o sen­tirte fro­tar tu tra­sero con­tra mí y tus labios ardien­tes chu­par mi polla mien­tras mi cabeza se abre paso entre tus rolli­zos mus­los y mis manos atraen la aco­ji­nada curva de tus nal­gas y mi len­gua lame voraz­mente tu sexo rojo y espeso. He pen­sado en ti casi hasta el des­fa­lle­ci­miento al oír mi voz can­tando o mur­mu­rando para tu alma la tris­teza, la pasión y el mis­te­rio de la vida y al mismo tiempo he pen­sado en ti hacién­dome ges­tos sucios con los labios y con la len­gua, pro­vo­cán­dome con rui­dos y cari­cias obs­ce­nas y haciendo delante de mí el más sucio y ver­gon­zoso acto del cuerpo. ¿Te acuer­das del día en que te alzaste la ropa y me dejaste acos­tarme debajo de ti para ver cómo lo hacías? Des­pués que­daste aver­gon­zada hasta para mirarme a los ojos.

¡Eres mía, que­rida, eres mía¡ Te amo. Todo lo que escribí arriba es un solo momento o dos de bru­tal locura. La última gota de semen ha sido inyec­tada con difi­cul­tad en tu sexo antes que todo ter­mine y mi ver­da­dero amor hacia ti, el amor de mis ver­sos, el amor de mis ojos, por tus extra­ña­mente ten­ta­do­res ojos llega soplando sobre mi alma como un viento de aro­mas. Mi verga esta toda­vía tiesa, caliente y estre­me­cida tras la última, bru­tal enves­tida que te ha dado cuando se oye levan­tarse un himno tenue, de pia­doso y tierno culto en tu honor, desde los oscu­ros claus­tros de mi cora­zón.

Nora, mi fiel que­rida, mi pícara cole­giala de ojos dul­ces, sé mí puta, mí amante, todo lo que quie­ras (¡mí pequeña pajera amante! ¡mí putita picha­dora!) eres siem­pre mi her­mosa flor sil­ves­tre de los setos, mi flor azul oscuro empa­pada por la lluvia.

JIM

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A Nora Bar­na­cle Joyce

3 de diciem­bre de 1909

44 Fon­te­noy Street, Dublín.

Mi que­rida niñita de las mon­jas: hay algún estre­lla muy cerca de la tie­rra, pues sigo presa de un ata­que de deseo febril y ani­mal. Hoy a menudo me dete­nía brus­ca­mente en la calle con una excla­ma­ción, siem­pre que pen­saba en las car­tas que te escribí ano­che y ante­no­che. Deben haber pare­cido horri­bles a la fría luz del día. Tal vez te haya des­agra­dado su gro­se­ría. Sé que eres una per­sona mucho más fina que tu extraño amante y, aun­que fuiste tu misma, tu, niñita calen­tona, la que escri­bió pri­mero para decirme que esta­bas impa­ciente por­que te culiara, aún así supongo que la sal­vaje sucie­dad y obs­ce­ni­dad de mi res­puesta ha supe­rado todos los lími­tes del recato. Cuando he reci­bido tu carta urgente esta mañana y he visto lo cari­ñosa que eres con tu des­pre­cia­ble Jim, me he sen­tido aver­gon­zado de lo que escribí. Sin embargo, ahora la noche, la secreta y peca­mi­nosa noche, ha caído de nuevo sobre el mundo y vuelvo a estar solo escri­bién­dote y tu carta vuelve a estar ple­gada delante de mí sobre la mesa. No me pidas que me vaya a la cama, que­rida. Déjame escri­birte, querida.

Como sabes que­ri­dí­sima, nunca uso pala­bras obs­ce­nas al hablar. Nunca me has oído, ¿ver­dad?, pro­nun­ciar una pala­bra impro­pia delante otras per­so­nas. Cuando los hom­bres de aquí cuen­tan delante de mí his­to­rias sucias o las­ci­vas, ape­nas son­río. Y, sin embargo, tu sabes con­ver­tirme en una bes­tia. Fuiste tu misma, tu, quien me des­li­zaste la mano den­tro de los pan­ta­lo­nes y me apar­taste sua­ve­mente la camisa y me tocaste la pinga con tus lar­gos y cos­qui­llean­tes dedos y poco a poco la cogiste entera, gorda y tiesa como estaba, con la mano y me hiciste una paja des­pa­cio hasta que me vine entre tus dedos, sin dejar de incli­narte sobre mí, ni de mirarme con tus ojos tran­qui­los y de santa. Tam­bién fue­ron tus labios los pri­me­ros que pro­nun­cia­ron una pala­bra obs­cena. Recuerdo muy bien aque­lla noche en la cama en Pola. Can­sada de yacer debajo de un hom­bre, una noche te ras­gaste el cami­són con vio­len­cia y te subiste encima para cabal­garme des­nuda. Te metiste la pinga en el coño y empe­zaste a cabal­garme para arriba y para abajo. Tal vez yo no estu­viera sufi­cien­te­mente arre­cho, pues recuerdo que te incli­naste hacia mi cara y mur­mu­raste con ter­nura: “¡Fuck me, dar­ling!”

Nora que­rida, me moría todo el día por hacerte uno o dos pre­gun­tas. Per­mí­te­melo, que­rida, pues yo te he con­tado todo lo que he hecho en mi vida; así, que puedo pre­gun­tarte, a mi vez. No sé si las con­tes­ta­rás. Cuándo esa per­sona cuyo cora­zón deseo vehe­men­te­mente dete­ner con el tiro de un revól­ver te metió la mano o las manos bajo las fal­das, ¿se limitó a hacerte cos­qui­llas por fuera o te metió el dedo o los dedos? Si lo hizo, ¿subie­ron lo sufi­ciente como para tocar ese gallito que tie­nes en el extremo del coño? ¿Te tocó por detrás? ¿Estuvo hacién­dote cos­qui­llas mucho tiempo y te viniste? ¿Te pidió que lo toca­ras y lo hiciste? Sino lo tocaste, ¿se vino sobre ti y lo sentiste?

Otras pre­gunta, Nora. Sé que fui el pri­mer hom­bre que te folló, pero, ¿te mas­turbó un hom­bre alguna vez? ¿Lo hizo alguna vez aquel mucha­cho que te gus­taba? Dímelo ahora, Nora, res­ponde a la ver­dad con la ver­dad y a la sin­ce­ri­dad con la sin­ce­ri­dad. Cuando esta­bas con él de noche en la oscu­ri­dad de noche, ¿no des­abro­cha­ron nunca, nunca, tus dedos sus pan­ta­lo­nes ni se des­li­za­ron den­tro como rato­nes? ¿Le hiciste una paja alguna vez, que­rida, dime la ver­dad, a él o a cual­quier otro? ¿No sen­tiste nunca, nunca, nunca la pinga de un hom­bre o de un mucha­cho en tus dedos hasta que me des­abro­chaste el pan­ta­lón a mí? Si no estás ofen­dida, no temas decirme la ver­dad. Que­rida, que­rida esta noche tengo un deseo tan sal­vaje de tu cuerpo que, si estu­vie­ras aquí a mi lado y aún cuando me dije­ras con tus pro­pios labios que la mitad de los pata­nes peli­rro­jos de la región de Gal­way te echa­ron un polvo antes que yo, aún así corre­ría hasta ti muerto de deseo.

Dios Todo­po­de­roso, ¿qué clase de len­guaje es este que estoy escri­biendo a mi orgu­llosa reina de ojos azu­les? ¿Se negará a con­tes­tar a mis gro­se­ras e insul­tan­tes pre­gun­tas? Sé que me arriesgo mucho al escri­bir así, pero, si me ama, sen­tirá que estoy loco de deseo y que debo con­tarle todo.

Cielo, con­tés­tame. Aun cundo me entere de que tu tam­bién habías pecado, tal vez me sen­ti­ría toda­vía más unido a ti. De todos modos, te amo. Te he escrito y dicho cosas que mi orgu­llo nunca me per­mi­ti­ría decir de nuevo a nin­guna mujer.

Mi que­rida Nora, estoy jadeando de ansia por reci­bir tus res­pues­tas a estas sucias car­tas mías. Te escribo a las cla­ras, por­que ahora siento que puedo cum­plir mi pala­bra con­tigo. No te enfa­des, que­rida, que­rida, Nora, mi flo­re­ci­lla sil­ves­tre de los setos. Amo tu cuerpo, lo añora, sueño con él.

Háblenme que­ri­dos labios que he besado con lágri­mas. Si estas por­que­rías que he escrito te ofen­den, hazme recu­pe­rar el jui­cio otra vez con un lati­gazo, como has hecho antes. ¡Qué Dios me ayude!

Te amo Nora, y parece que tam­bién esto es parte de mi amor. ¡Per­dó­name! ¡Perdóname!

JIM

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Mi Dulce y pícara putita, aquí te mando otro billete para que te com­pres cal­zo­nes o medias o ligas. Com­pra cal­zo­nes de puta, amor, y no dejes de rociar­los con un per­fume agra­da­ble y tam­bién des­co­lo­rea­los un poquito por detrás.

Pare­ces inquieta por saber que aco­gida dí a tu carta, que, según dices, es peor que la mia. ¿Cómo que es peor que la mía, amor ? Sí, es peor en una o dos cosas. Me refiero a la parte en que dice lo que vas a hecer con la len­gua (no me refiero a chu­par­mela) y a esa encan­ta­dora pala­bra que escri­bes con tan gran­des letras y sub­ra­yas, bri­bon­zuela. Es emo­cio­nante oír esa pala­bra ( y una o dos más que no has escrito) En los labios de una mucha­cha. Pero me gus­ta­ría que habla­ras de ti y no de mi. Escrí­beme una carta muy larga, llena de esas otras cosas, sobre ti, que­rida. Ahora ya sabes como ponerme arre­cho. Cuen­tame hasta las cosas más míni­mas sobre ti, con tal de que sean obse­nas y secre­tas y sucias. No escri­bas más. Qué todas las fra­ses estén lle­nas de pala­bras y soniods inde­cen­tes e impú­di­cos. Es encan­ta­dor oir­los e incluso ver­los en el papel, pero los más inde­cen­tes son los más bellos. Las dos par­tes de tu cuerpo que hacen cosas sucias son las más deli­cio­sas para mi. Pre­fiero tu culo, que­rida, a tus tetas por­que hace esa cosa sucia. Amo tu coño no tanto por que sea la parte que jodo cuanto por­que hace otra cosa sucia. Podría que­darme tum­bado todo el día mirando la pala­bra divina que escri­biste y lo que dijiste que harías con la len­gua. Me gus­ta­ría poder oír tus labios sol­tando entre chis­po­rro­teos esas pala­bras celes­tia­les, exci­tan­tes, sucias, ver tu cuerpo soni­dos y rui­dos inde­cen­tes, sen­tir tu cuerpo retor­cien­dose debajo de mi, oír y oler los sucios y sono­ros pedos de niñas haciendo pop pop al salir de tu bonito culo de niña des­nudo y follar, follar, follar y follar el coño me mi pícara y arre­cha putita eternamente.

Ahora estoy con­tento, por­que mi putita me dice que le dé por el culo y que la folle por la boca y quiere des­abro­charme y sacarme el cim­bel y chu­parlo como un pezón. Más cosas y más inde­cen­tes que estas quiere hacer, mi pequeña y des­nuda folla­dora, mi pícara y ser­peante pequeña culia­dora, mi dulce e inde­cente pedorrita.

Bue­nas noches, putita mía, voy a tum­barme y a cas­car­mela hasta que me venga. Escribe más cosas y más inde­cen­tes, que­rida. Hasta cos­qui­llas en el mon­don­guito, mie­tras escri­bes para que te haga decir cosas cada vez peo­res. Escribe las pala­bras inde­cen­tes con gran­des letras y subrá­ya­las y bésa­las y res­trié­ga­te­las un momento por tu dulce y caliente coño, que­rida, y tam­bién leván­tate las fal­das un momento y res­trié­ga­te­las por tu que­rido culito pedorro. Has más cosas así, si quie­res, y des­pués envíame la carta, mi que­rida putita de culo marrón.

JIM


Car­tas Sucias de Joyce

Epí­logo

La des­pe­dida de una de las tan­tas car­tas sucias, de las car­tas celo­sas y dis­pa­ra­ta­das que solo cabrían en un buzón bien rojo, ser­virá de epi­logo para los fis­go­nes de la corres­pon­den­cia entre Jim y Nora. Una página fechada el 15 de diciem­bre de 1909, vís­pe­ras de la novena de agui­nal­dos en la cató­lica Dublín. Con esto que­dan cla­ras las dul­ces fati­gas del amante y corres­pon­sal, el can­san­cio de los amo­res lejanos.

« (…) Que­rida, acabo de venirme en los pan­ta­lo­nes, por lo que he que­dado para el arras­tre. No puedo ir hasta la ofi­cina de correos a pesar de que tengo tres car­tas por echar.

¡A la cama…a la cama !

¡Bue­nas noches, Nora mía!

Gabriela Polit Dueñas: Carta a Julia Urquidi

EN POR

Querida Julia,

Al enterarme de que su sobrino y ex marido Mario Vargas Llosa recibió el Premio Nobel de literatura, no pude sino acordarme de usted. Disculpe la torpe ocurrencia, pero es que al juzgar por las confesiones en la ficción y en la autobiografía de su sobrino, o mejor dicho, de su ex, ya que el prefijo destaca una relación terminada, usted ocupó un lugar muy importante en la vida literaria de Mario. Por eso pienso que es la persona con quien puedo compartir mis inquietudes.

Julia, mal que le pese, su ex es uno de los mejores narradores latinoamericanos de los últimos tiempos. Para quienes hemos leído su obra con algún orden cronológico, conocemos que su mejor literatura empieza en los ’60 y termina en el ’93. También sabemos las dos que desde que incursionó en la vida política profesional, cuando decidió postularse a la presidencia de su país, su vuelo fue como el de Icaro. Su esposa Patricia se lo advirtió. Pero los hombres, Julia, y usted sabe eso muy bien, tienen una selectiva deficiencia auditiva. El dijo que haría política por una razón moral. Patricia sabiamente tradujo la grandilocuente frase de Mario en términos más simples: “Fue la aventura… de escribir, en la vida real, la gran novela”. No es invento mío, Julia, el mismo Mario lo escribe en la página 46 de su autobiografía.

Como yo, imagino que usted reconoce que en los libros escritos hasta el ’93, su literatura se destaca por mostrar de manera incisiva, con gran prosa e inteligentes tramas, las relaciones de poder entre el oficial del ejército y la prostituta; entre el hombre rico y su amante chofer de origen afro; entre la chola de clase media y el burócrata ambicioso; contando la vida cotidiana de la política. También explora la relación de amor entre un joven promesa y su tía, la de odio entre el hijo y el padre. Estas historias, Julia, son tan universales como profundamente peruanas. A ese Perú clasista, mestizo, racista, machista, quizá nadie lo narró tan bien.

Pero la experiencia política de su ex resultó antiliteraria en un sentido muy borgeano. Borges decía que la realidad imita a la literatura. Pero Mario no tuvo esa suerte. El, que había incursionado con minucia en la mente de personajes tan arraigados en la realidad de su país, no supo hacer suyos los votos de la gente. La literatura le hizo un quite cuando le dio la victoria política a un contrincante que hablaba peruano con acento extranjero y sabía tanto del Perú como su ex de ingeniería. Ese paradójico fracaso político, sin embargo, acercó a nuestro Icaro al Sol y al calor de su llamas se perdió el mejor fuego de su ficción.

El pez en el agua parece ser el umbral entre sus grandes obras y las demás. El pez es la historia de su vida pública, la de político fracasado que justifica su pérdida en el relato autobiográfico y la de quien cuenta su genealogía como escritor. Comienza a los 10 años cuando el padre aparece para reclamar el lugar junto a la madre, obligando al pobre Mario a vivir el complejo de Edipo al revés. Quizá por eso es que su ex tiene tanta aversión al psicoanálisis. Ha vivido contra la corriente de una teoría cuyo flujo es uno de los más caudalosos de la cultura moderna. ¿Se deberá a eso su terca manía de narrar el poder?

En El pez Mario nos cuenta que de la mano dura del padre se hizo hombre y, desafiando su mirada homofóbica que veía en la pasión por las letras el indefectible afeminamiento de su hijo, se hizo escritor. Disculpe la intromisión. Pero a pesar de que él se empeña en ver así ese paso enorme que le significó desobedecer al padre y escribir, yo siempre percibí en ese gran paso su mano, Julia. Debe ser porque en este mundo todavía son los hombres los que ponen los pies y las mujeres las manos.

La valentía para confrontar a Ernesto, ese padre abusivo y maltratador, tenía que venir de una prueba contundente de hombría. Y esa prueba fue usted, querida. Sin usted, Mario jamás hubiera sido escritor. En ese universo autoritario y violento del padre, viniendo de ese micromundo tan chauvinista como el colegio militar, no creo que el joven Mario se hubiera atrevido a ningún desafío si no tenía a su lado una hembra que simbólicamente le probara la hombría. Y usted, Julia, además de encantadora e inteligente, le llevaba trece años de experiencia a ese muchacho. ¡Por supuesto que lo llevó de la mano!

Quizás eso también explica esa obsesión con prostíbulos, con la búsqueda de experiencias sexuales que avalen a sus personajes como hombres y los acrediten como agentes de la política, del Estado, de ejército. La frustración con la política quizá se condense mejor en ese amor homosexual de Cayo Bermúdez con su chofer. Sólo desde ese universo homofóbico y machista desde el que narra Mario puede servir la homosexualidad para representar el mundo abyecto de la política. Por supuesto, sé que en términos de su ex la definición sería la contraria: representar la frustración política con el acto abyecto de la homosexualidad. Disculpe, Julia, que lleve las reflexiones del Premio Nobel al campo de la sexualidad y el género. Pero usted más que yo debe reconocer que no es un capricho mío, sino que por el contrario, es su propio sobrino quien se sirvió de las diferencias entre los géneros para narrar magistralmente el poder.

Pocos personajes me hicieron reír tanto como Pantaleón, Mario comprendió que el poder, la autoridad, la sexualidad y el deseo son indispensables para reír. Y no me va a decir, Julia, que la sensualidad de los encuentros de Panta con Olga Arellano tienen algo en común con el erotismo de manual con el que su ex experimenta en Los cuadernos de Don Rigoberto. A eso me refiero cuando le digo que Mario hizo buena literatura hasta el ’93. No quiero repasar los títulos de las obras que ha publicado desde entonces, aunque unas fueron mejor logradas que otras. Quizá la suspicacia para narrar el Santo Domingo de Trujillo resultó persuasiva para muchos, o la vida de Flora Tristán. Pero convengamos que su Niña Mala viajando por el mundo es más una novela de folletín. Lo cierto es, Julia, que son estas novelas y el Mario de los últimos veinte años, lo que me impulsa a escribirle esta carta.

El premio regresa a esta esquina de la lengua después de veinte años. En 1990 lo recibió Octavio Paz, en el ’89 Camilo José Cela, pero a mí el Nobel de Mario me recordó a Gabriel García Márquez. Quizá porque los dos pertenecieron al mismo campo literario que puso a las letras latinoamericanas en un radar de consumo más amplio. Quizá también por la mezquina idea de que finalmente a Mario le llega el momento de revancha. Y aquí va a tener que perdonarme, Julia, por la imprudencia, pero ¡qué diferencia, querida! No hablo de la calidad narrativa, porque para serle honesta, y aunque a los suecos les suene a sacrilegio, los premios no reconocen solamente calidad. Si así fuera, tardaríamos años elaborando reclamos de imperdonables olvidos y extremas generosidades. Así que dejemos eso de la neutralidad de lado.

La diferencia de la que hablo, querida Julia, es la de los tiempos que corren. Cuando le dieron el premio a García Márquez en 1982, todavía teníamos fe. Celebramos la celebración de Macondo porque sentíamos la necesidad de que terminaran los regímenes autoritarios, porque aunque habíamos dejado de creer en Cuba, Nicaragua nos había nacido; porque la violencia que azotó a Macondo venía de verdugos identificables, y porque creíamos que el tiempo de esos verdugos llegaría pronto a su fin. El premio fue una señal de que esa fe tenía sentido. Sí, Julia, sé que usted me dirá que al describir así la celebración del premio confieso ser una hereje en el sagrado territorio literario, y lo admito. Es la malsana tendencia a idealizar el pasado, pero le confieso, Julia, que en esos años hasta creía en la ecuánime objetividad de los jurados y la sabia neutralidad de la Academia.

Ahora son otros tiempos. Ya no tengo la misma fe y, para serle honesta, mi reacción cuando escuché que su ex recibía el premio que él tanto ha codiciado, fue de perplejidad. Me alegré, sí, pero no por las razones que nos dan los periódicos, los críticos literarios, las instituciones, esos discursos del reconocimiento a la lengua castellana; del tributo a la gran narrativa latinoamericana, o específicamente a la peruana. No. Todas esas colectividades a las que se pertenece o no no hacen que se pueda sentir el premio como propio. Lo que hace que un premio sea compartido son lo ideales. Por eso es que este Nobel es de Mario Vargas Llosa y de nadie más. Y si hubo alegría en mí, fue por él.

Julia, el mundo ideal de su ex, sobre el que escribe con asiduidad en El País, y para el que reclama la expansión de libres mercados, la privatización de los servicios, criticando las acciones de los estados, es muy distinto al mundo al que yo aspiro. El celebra la expansión económica de Perú sin reconocer los enormes costos sociales, sin mirar los escombros de una memoria resquebrajada ni la herida traumática en la gente por tanta muerte impune que dejó la guerra contra el terrorismo. En ese mundo de Mario, querida Julia, los premios sólo pueden ser individuales. Ese es el motivo que no me permite celebrar con euforia a su Escribidor. Créame que reconozco en usted el tesón, y en Mario el trabajo prolífico y sesudo, digno de muchas distinciones. Pero para que yo pueda celebrar ese premio como he celebrado otros, tendría que sentirlo un poco mío, y no puedo.

Supuse, querida Julia, que a usted, por razones distintas, le pasaba lo mismo y por eso decidí escribirle. Usted, como ex esposa de Mario, yo como su lectora, tenemos en este momento algo en común. Pero ya la he abrumado bastante. Le pido disculpas si en algo la ofendo, o si he sido imprudente. Le he escrito con la vehemencia de quien necesita compartir inquietudes. Si en algún momento decido brindar por Mario y por ese galardón que ha recibido, pensaré en usted, Julia, en esa mano de mujer sabia que lo ayudó a convertirse en el gran escritor que es.

Con profunda admiración,

Gabriela Polit Dueñas

* Universidad de Texas, Austin

Carta abierta de Hugo Blanco a Mario Vargas Llosa

EN POR

 

El líder cam­pe­sino no se calla nada y se enfrenta al Pre­mio Nobel

Noviem­bre del 2010

Señor MarioVar­gas Llosa:

El pre­mio Nóbel otor­gado a usted repre­senta un golpe más del neo­li­be­ra­lismo a las pobla­cio­nes indí­ge­nas, ya que difí­cil­mente podrá encon­trarse mayor enemigo de ellas que su persona.

Son dia­rios los gol­pes del sis­tema mun­dial gober­nado por las gran­des empre­sas mul­ti­na­cio­na­les con­tra dichas pobla­cio­nes, con­sis­tente en la depre­da­ción de la natu­ra­leza en sus zonas de vida, lo que sig­ni­fica la muerte para ellas.

Líder cam­pe­sino Hugo Blanco

El ata­que es múl­ti­ple, solo men­ciono algu­nos ejem­plos: La implan­ta­ción de minas a cielo abierto, que roban el agua de la agri­cul­tura y la enve­ne­nan, matando vege­ta­les, peces, suelo y seres huma­nos. La extrac­ción de hidro­car­bu­ros con pare­ci­dos efec­tos. La ins­ta­la­ción de fuen­tes hidro­eléc­tri­cas para la mine­ría, que roban el agua de la agri­cul­tura y pro­vo­can inun­da­cio­nes. La tala de la selva para extrac­ción de madera, para ins­ta­la­cio­nes gana­de­ras o para plan­ta­cio­nes de bio­com­bus­ti­bles, lo que debido a las inten­sas llu­vias de la zona pro­voca la deser­ti­fi­ca­ción. La agroin­dus­tria que debido al mono­cul­tivo y al uso inten­sivo de agro­quí­mi­cos, mata la tie­rra cul­ti­va­ble. El calen­ta­miento glo­bal pro­vo­cado por la emi­sión de gases de efecto inver­na­dero que asola con inun­da­cio­nes y des­li­za­mien­tos de cerros, mata arro­yos, dis­mi­nuye el volu­men de los ríos, diluye gla­cia­res, sumerge islas; pro­voca vera­nos muy calien­tes e invier­nos muy fríos.

Estos ata­ques no son sólo con­tra los pue­blos indí­ge­nas, sino con­tra toda la huma­ni­dad, pues todos vivi­mos de lo que la natu­ra­leza nos brinda; lo que sucede es que son las pobla­cio­nes indí­ge­nas las direc­ta­mente afec­ta­das por él y por eso son las pri­me­ras en reac­cio­nar, ofren­dando su vida ante la bru­tal arre­me­tida del sis­tema, lo que los con­vierte en héroes de la humanidad.

Usted, en más de una oca­sión ha defen­dido a las empre­sas depre­da­do­ras con­tra las pobla­cio­nes indígenas.

Vea­mos sólo dos ejemplos:

Medio Ambiente

El 5 de junio del 2009, día mun­dial de la defensa del medio ambiente fue esco­gido por el gobierno de Alan Gar­cía para masa­crar a trai­ción a más de 200 indí­ge­nas (no 10 que es la cifra ofi­cial repe­tida por usted) que defen­dían la selva ama­zó­nica, el pul­món del mundo.

Esta masa­cre, el encar­ce­la­miento y pro­ce­sa­miento de nume­ro­sas víc­ti­mas del ata­que, fue­ron res­pon­di­das con mul­ti­tu­di­na­rias pro­tes­tas en la capi­tal peruana y otras ciu­da­des, se levan­ta­ron voces de pro­testa en diver­sos luga­res del mundo (natu­ral­mente usted no estuvo entre quie­nes pro­tes­ta­ron), los her­ma­nos ama­zó­ni­cos no se rin­die­ron, había un pode­roso avance de los habi­tan­tes de la selva cen­tral hacia Lima.

Frente a eso, el gobierno se vio obli­gado a retro­ce­der y se dero­ga­ron dos de los más fero­ces Decre­tos Ley de depre­da­ción (que ade­más eran ile­ga­les pues van en con­tra del dere­cho a con­sulta de los pue­blos indí­ge­nas por cual­quier cosa que tenga que ver con su terri­to­rio, reco­no­cido por el con­ve­nio 169 de la OIT, que es ley peruana de carác­ter cons­ti­tu­cio­nal apro­bada por el Congreso).

¿Cuál fue la acti­tud de usted? Al con­tra­rio de la mayo­ría del pue­blo peruano, lamentó la dero­ga­to­ria, escri­bió “Vic­to­ria Pírrica”, mani­fes­tando que futu­ros gobier­nos perua­nos no osa­rán “vol­ver a meter la mano en la Ama­zo­nía para alen­tar la inver­sión pri­vada y el desa­rro­llo eco­nó­mico de esta región”, “los sata­ni­za­dos decre­tos esta­ban en el fondo bas­tante bien orien­ta­dos. Per­se­guían una nece­si­dad impe­riosa: atraer inver­sión pri­vada y tec­no­lo­gía de punta hacia una región que tiene gran­des reser­vas de gas, petró­leo y muchos mine­ra­les….” “A esto aca­ban de renun­ciar de manera sui­cida las comu­ni­da­des ama­zó­ni­cas que siguie­ron las con­sig­nas retró­gra­das de Alberto Pizango”. Fue al revés, ha sido Pizango quien obe­de­ció las con­sig­nas dadas por la pobla­ción ama­zó­nica, un estilo de demo­cra­cia que jamás enten­derá usted, “demó­crata” Var­gas Llosa.

Usted usa el mismo len­guaje que la gran prensa en manos de las empre­sas mul­ti­na­cio­na­les depredadoras.


El ver­ti­ca­lismo anti­de­mo­crá­tico y egoísta de las gran­des empre­sas mul­ti­na­cio­na­les a lo que usted no sé por qué llama “demo­cra­cia”, tiene cada vez menos admiradores.

Ade­más se lanza con­tra “las estú­pi­das men­ti­ras según las cua­les aque­llos decre­tos for­ma­ban parte del Tra­tado de Libre Comer­cio fir­mado entre el Perú y Esta­dos Uni­dos”. Esas “estú­pi­das men­ti­ras” están en los preám­bu­los de los decre­tos y fue­ron pre­go­na­das por la minis­tra Mer­ce­des Araoz.

No se detiene ahí, con­si­de­rando a los habi­tan­tes ama­zó­ni­cos retar­da­dos men­ta­les, no con­cibe que la resis­ten­cia pueda haber sido pen­sada por ellos, dice que fue­ron ins­ti­ga­dos por Hugo Chá­vez y Evo Morales.

No des­per­di­cia la opor­tu­ni­dad para ensal­zar a los dos gobier­nos más retró­gra­dos y ase­si­nos de indí­ge­nas de Suda­mé­rica: Perú y Colombia.

Orga­ni­za­ción colec­tiva democrática

Semi­na­rio Las ame­na­zas de la Demo­cra­cia en Amé­rica Latina: Terro­rismo, Debi­li­dad del Estado de Dere­chos y Neo­po­pu­lismo, evento rea­li­zado en Bogotá (tenía que ser Colom­bia) durante los días 19 y 22 de noviem­bre del 2009

Sus pala­bras:

“El desa­rro­llo y la civi­li­za­ción son incom­pa­ti­bles con cier­tos fenó­me­nos socia­les y el prin­ci­pal de ellos es el colec­ti­vismo. Nin­guna socie­dad colec­ti­vista o impreg­nada con esa cul­tura es una socie­dad que desa­rro­lla, moder­niza y alcanza la civi­li­za­ción… El socia­lismo, el nazismo y el fas­cismo son los fenó­me­nos colec­ti­vis­tas del pasado. Hoy se expresa mediante el nacio­na­lismo y los inte­gris­mos reli­gio­sos. El fenó­meno está bro­tando en Amé­rica Latina de una manera muy sinuosa y revis­tién­dose con unos ropa­jes que no pare­cen ofen­si­vos sino pres­ti­gio­sos… En Perú está bro­tando con dos o tres her­ma­ni­tos que en nom­bre de esa iden­ti­dad colec­tiva, la iden­ti­dad indí­gena, autóc­tona, genuina, la de la ver­da­dera perua­ni­dad, ha lan­zado una cam­paña que cuando uno la exa­mina racio­nal­mente parece que fuera tonta, casi cómica, pero que toca un cen­tro neu­ro­ló­gico lla­mado el espí­ritu de la tribu, que nunca des­pa­rece incluso en socie­da­des que han avan­zado más en el camino de la civi­li­za­ción… El indi­ge­nismo de los años 20 que pare­cía haberse reza­gado es hoy en día lo que está detrás de fenó­me­nos como el señor Evo Mora­les en Boli­via. En Ecua­dor hemos visto ope­rando y ade­más creando un ver­da­dero des­or­den polí­tico y social. El indi­ge­nismo en Ecua­dor, Perú y Boli­via está pro­vo­cando un ver­da­dero des­or­den polí­tico y social, y por eso hay que com­ba­tirlo… De Ecua­dor sé muy poco lo que está suce­diendo ahora… Si que­re­mos alcan­zar el desa­rro­llo y ele­gir la civi­li­za­ción y la mora­li­dad, tene­mos que com­ba­tir resuel­ta­mente esos bro­tes de colec­ti­vismo… Creo que en el movi­miento indí­gena hay un ele­mento pro­fun­da­mente per­tur­ba­dor que apela a los bajos ins­tin­tos, a los peo­res ins­tin­tos del indi­vi­duo como la des­con­fianza hacia el otro, al que es dis­tinto. Enton­ces se encie­rran en sí mismos”.

Usted entiende clara y correc­ta­mente que la comu­ni­dad indí­gena es la herra­mienta fun­da­men­tal para la defensa de la Madre Tie­rra. Por eso el sis­tema diri­gido por las empre­sas depre­da­do­ras mul­ti­na­cio­na­les com­prende que el ata­que a la natu­ra­leza debe ir acom­pa­ñado del ata­que a la comu­ni­dad indí­gena. Donde hay indí­ge­nas, en cual­quier con­ti­nente, hay comu­ni­dad indí­gena, orga­nismo ver­da­de­ra­mente demo­crá­tico donde manda la colec­ti­vi­dad, no el indi­vi­duo, como en la socie­dad “demo­crá­tica” actual, donde man­dan los intere­ses de las gran­des empresas.

Esa real demo­cra­cia se mani­fiesta en el acuerdo de accio­nes de pro­testa colec­ti­vas, en ple­bis­ci­tos como los de Tam­bo­grande, Aya­baca, Huan­ca­bamba e Islay en el Perú, Andal­galá en Argen­tina, donde más del 90% mani­fiesta demo­crá­ti­ca­mente “Vida sí, mina no”. Es a esa demo­cra­cia a la que tiene terror el sis­tema, por eso Fuji­mori en el Perú y Sali­nas en México casi simul­tá­nea­mente die­ron leyes con­tra la comu­ni­dad indí­gena, por eso de los Decre­tos Ley de Alan Gar­cía algu­nos van con­tra la natu­ra­leza y otros con­tra la comu­ni­dad indí­gena. Por eso usted habla con horror del “espí­ritu de tribu”, de “la col­mena”, “el hor­mi­guero”, com­pren­diendo que la fuerza del movi­miento indí­gena para defen­der la natu­ra­leza con­tra la depre­da­ción del gran capi­tal es la comu­ni­dad indígena.

Ese “des­or­den polí­tico y social” es la rup­tura del “orden” que nece­si­tan las com­pa­ñías depre­da­do­ras para aso­lar la natu­ra­leza con sus accio­nes hacia el “pro­greso”, que es por una parte el pro­greso de sus ingre­sos millo­na­rios y por otra el camino a la extin­ción de la espe­cie humana..

Usted ataca el colec­ti­vismo en nom­bre de la defensa del indi­vi­duo. El colec­ti­vismo no niega la indi­vi­dua­li­dad, que debe ser res­pe­tada. La indi­vi­dua­li­dad es aplas­tada por el fun­da­men­ta­lismo mer­can­til que implanta la “moda” obli­gando a todos a aca­tarla (McDonald’s, Coca Cola), los menos some­ti­dos a este aplas­ta­miento son los indí­ge­nas, entre los que cada pue­blo se viste diferente.

Es la socie­dad que usted defiende la que aplasta la indi­vi­dua­li­dad y exalta el indi­vi­dua­lismo que es el egoísmo supremo. La cul­tura colec­ti­vista es la de la soli­da­ri­dad humana, al con­tra­rio que la que usted defiende, extre­ma­da­mente egoísta. El mejor ejem­plo de esto es que las gran­des empre­sas mul­ti­na­cio­na­les están diri­gi­das por per­so­nas que saben que con la des­bo­cada emi­sión de gases de inver­na­dero están con­du­ciendo a la extin­ción de la espe­cie humana, pero ya no les importa sus nie­tos ni sus hijos, sino cum­plir con el sagrado man­da­miento neo­li­be­ral, ganar la mayor can­ti­dad de dinero posi­ble en el menor tiempo posible.

La con­dena que usted hace a la demo­cra­cia indí­gena ha sido sufi­cien­te­mente bien repli­cada por Sara­mago:

“Que alguien haya podido decir que el movi­miento indí­gena es un peli­gro para la demo­cra­cia me parece algo increí­ble. Cómo de una cabeza inte­li­gente puede salir una afir­ma­ción tan mons­truosa como esa”.

Para res­pon­der “a quien diga que el movi­miento indí­gena en Amé­rica es el enemigo más grande de la demo­cra­cia” “yo lo que les pro­pongo a voso­tros indí­ge­nas de esta Amé­rica, es que os con­vir­táis en heral­dos de la demo­cra­cia. Si voso­tros levan­táis la ban­dera de la demo­cra­cia, tal vez los demás aprendamos”.

La comu­ni­dad indí­gena, sin darle ese nom­bre, hace tiempo que está levan­tando la ban­dera de la autén­tica demo­cra­cia, ade­más la está lle­vando a nive­les supe­rio­res, con la comu­ni­dad de comu­ni­da­des en el Cauca, Colom­bia, en las islas Kuna de Panamá, y en mayor grado en la zona zapa­tista de Chia­pas, donde desde hace 16 años gobier­nan los indí­ge­nas mediante las “Jun­tas de Buen Gobierno” que son rota­ti­vas, cuyos miem­bros pue­den ser revo­ca­dos en cual­quier momento y no ganan ni un cen­tavo (como en las comu­ni­da­des indí­ge­nas) por ejer­cer esa fun­ción Por eso no es casual que usted haya escrito “La Otra Cara del Paraíso” desatando una cata­rata de calum­nias con­tra esos indí­ge­nas, com­prende muy bien el peli­gro que para las gran­des empre­sas sig­ni­fica su ejem­plo a los otros pueblos.

Las pala­bras de usted en el semi­na­rio tam­bién fue­ron refu­ta­das por diri­gen­tes indígenas.

Leo­ni­das Iza, pre­si­dente de la Con­fe­de­ra­ción de Nacio­na­li­da­des Indí­ge­nas del Ecua­dor: (CONAIE):

Var­gas Losa está pen­sando en el siglo ante­rior y cree que los indí­ge­nas tene­mos que con­ti­nuar mar­gi­na­dos. Si hay ham­bre, pobreza, iniqui­dad, no pode­mos estar tran­qui­los”. “Si la demo­cra­cia sig­ni­fica igual­dad y equi­dad, noso­tros per­se­gui­mos jus­ta­mente una ver­da­dera democracia”.

Luis Macas, fun­da­dor de la CONAIE:

Var­gas Llosa apoya un poder exclu­yente, seme­jante al que pro­pone el pre­si­dente esta­dou­ni­dense George Bush, con un mundo uni­po­lar. Los indí­ge­nas en cam­bio pro­po­ne­mos otro tipo de poder, que es el “ushay”, en kichua, que es per­fec­cio­nar las con­di­cio­nes de vida, la capa­ci­dad de desa­rro­llar­nos colec­ti­va­mente, desde el aporte de los dis­tin­tos espacios”.

El dipu­tado Ricardo Ulcuango:

“¿Civi­li­za­ción es dejar que tres o cua­tro lucren con el nego­cio del gas en Boli­via, con las pri­va­ti­za­cio­nes en Perú o con el petró­leo del Ecua­dor; es con­ta­mi­nar la natu­ra­leza hasta dejarla seca o ven­der el agua de los ríos al que pague mejor?”

Hum­berto Cho­lango de ECUARUNARI, la orga­ni­za­ción más grande de la CONAIE que agrupa a los indí­ge­nas de la sie­rra: Son pos­tu­ras como esa “las que no dejan avan­zar en la con­so­li­da­ción de una Lati­noa­mé­rica más demo­crá­tica, más tole­rante, más par­ti­ci­pa­tiva, y más inte­grada, reco­no­ciendo la diver­si­dad de cada país con todos los acto­res que cons­tru­yen este continente”.

Como se ve, ellos tie­nen un con­cepto dife­rente de la liber­tad y la demo­cra­cia que usted, que opina: “El com­bate por la liber­tad nos obliga a tomar par­tido resuel­ta­mente, sin sub­ter­fu­gios, por las socie­da­des abier­tas y demo­crá­ti­cas del mundo libre cuyo lide­razgo ejer­cen los Esta­dos Unidos”.

Racismo

Usted goza de un intenso racismo.

Se nota cuando reco­mienda a los indí­ge­nas que para superarse aban­do­nen su cultura.

Basta leer su novela “Lituma en los Andes”, un libro con­tra los “serra­nos” (en el Perú cos­teño hay un racismo regio­na­lista con­tra los indí­ge­nas iden­ti­fi­ca­dos regio­nal­mente como habi­tan­tes de la sie­rra).

Cuando el cabo cos­teño le dice al guar­dia serrano que “merece ser cos­teño”, éste le agra­dece. La cul­mi­na­ción de la novela es la cons­ta­ta­ción de que el cani­ba­lismo es un ritual serrano. Yo soy serrano y en toda mi exis­ten­cia no he visto nada seme­jante. Lo que sí veo es lo que dije más arriba, que la cul­tura que usted defiende está lle­vando al exter­mi­nio de la huma­ni­dad, no se la come, sim­ple­mente la está matando.

En mi libro “Noso­tros los Indios” dedico un capí­tulo (“La cul­tura india y el neo­li­be­ra­lismo” – José María Argue­das y MarioVar­gas Llosa) a la defensa de mi “tayta” José María con­tra los ata­ques suyos en su libro “La Uto­pía Arcaica”. No voy a repe­tir acá lo dicho allí, sólo men­ciono la pre­sen­ta­ción hecha para la segunda edición:

“Este artículo fue escrito en marzo de 1999. De enton­ces a ahora se ha desa­rro­llado una oleada de movi­mien­tos indí­ge­nas en el con­ti­nente y una desas­trosa cri­sis del neo­li­be­ra­lismo. Esto demues­tra que “la uto­pía arcaica” no es el “indi­ge­nismo de José María Argue­das” sino el bie­na­mado neo­li­be­ra­lismo de Var­gas Llosa, del cual con­ti­núa siendo uno de sus gurúes.”

Uchu­ra­qay

En enero del 83 fue­ron ase­si­na­dos 8 perio­dis­tas en la comu­ni­dad de Uchu­ra­qay, Ayacucho.

El gobierno repre­sor que entregó el poder polí­tico del depar­ta­mento al geno­cida gene­ral Cle­mente Noel (fui sus­pen­dido por 120 días de la Cámara de Dipu­tados por haber dicho esto y haberme negado a reti­rar ese cali­fi­ca­tivo), nom­bró una comi­sión pre­si­dida por usted para encu­brir la res­pon­sa­bi­li­dad del ejér­cito en el cri­men. Usted cum­plió per­fec­ta­mente ese come­tido, cul­pando a los comu­ne­ros en forma colec­tiva por las muer­tes, des­de­ñando infor­mes de antro­pó­lo­gos, juris­tas, lin­güis­tas y psicoanalistas.

La Comi­sión por la Ver­dad y Recon­ci­lia­ción y otras orga­ni­za­cio­nes de defensa de los dere­chos huma­nos denun­cian que usted se limitó a reco­ger los tes­ti­mo­nios y prue­bas que die­ron los mili­ta­res impli­ca­dos en el cri­men, las que natu­ral­mente excul­pa­ban al ejér­cito, eli­mi­nando el resto. Apli­cando el racismo mani­fes­tado en “Lituma en los Andes” dijo que habían sido los comu­ne­ros quie­nes mata­ron a los perio­dis­tas y pia­do­sa­mente afirmó que “todos éramos cul­pa­bles” por no “civilizarlos”.

Dicen que pasado un tiempo un tri­bu­nal encon­tró prue­bas de la impli­can­cia mili­tar, y que usted mani­festó que su con­clu­sión la había hecho por el “bien de la democracia”.

Men­ciono esto por­que hay quie­nes pre­sen­tan a usted como “defen­sor de los Dere­chos Humanos”.

Los fami­lia­res de los perio­dis­tas muer­tos sien­ten asco por usted debido a su labor de encu­bri­dor de geno­ci­das como Noel.

Con­clu­sión

Afor­tu­na­da­mente los pue­blos indí­ge­nas del mundo ins­pi­ran cada vez mayor res­peto de otros sec­to­res de la pobla­ción mun­dial por estar a la van­guar­dia de la defensa de la natu­ra­leza en favor de toda la huma­ni­dad y por prac­ti­car la ver­da­dera demo­cra­cia soli­da­ria en sus orga­ni­za­cio­nes, mos­trando el único camino posi­ble para ase­gu­rar la super­vi­ven­cia de la espe­cie: Que sea toda la socie­dad quien se gobierne a sí misma y sea la que deter­mine qué ins­ta­la­cio­nes indus­tria­les pue­den con­ti­nuar exis­tiendo sin poner en riesgo la super­vi­ven­cia de la especie.

Esto he podido cons­ta­tarlo en la gira que hice por Europa últi­ma­mente hablando pre­ci­sa­mente de ese tema.

El ver­ti­ca­lismo anti­de­mo­crá­tico y egoísta de las gran­des empre­sas mul­ti­na­cio­na­les a lo que usted no sé por qué llama “demo­cra­cia”, tiene cada vez menos admiradores.

No me extraña que usted haya reci­bido el Pre­mio Nobel, Tam­bién Obama reci­bió el pre­mio Nobel de la Paz por impul­sar la gue­rra de Afganistán.

Pienso que Alfred Nobel, quien se sen­tía cul­pa­ble por su res­pon­sa­bi­li­dad como empre­sa­rio enri­que­cido a tra­vés de la pro­duc­ción de dina­mita usada por la mine­ría y la gue­rra, no esta­ría satis­fe­cho con los dos premiados.

Hugo Blanco

Vease pasaje de Var­gas Llosa Un peán a la revolución

Carta de Mario Vargas Llosa a Julia Urquidi

EN POR

Paris, 7 de junio de 1964

Querida Julia:

Estoy en Paris desde ayer; anoche leí varias veces tus cartas y esta mañana, antes de sentarme a la máquina para escribirte estas líneas, volví a leerlas y a sentir la misma sensación de amargura, de pesar. En Lima, vi la carta que le enviaste a Patricia por intermedio de Bertha; es una bella carta, llena de generosidad y nobleza, que me avergonzó pues yo temía encontrar en ellas palabras de rencor. Créeme que me duele profundamente haber actuado contigo esta vez de manera destemplada y brutal. No soy ciego ni ingrato, Julia, y sé muy bien todo lo que te debo. Dudo que otra mujer hubiera soportado tanto tiempo y con tanta abnegación mis neurosis y mi egoísmo. Sé también, y lo diré siempre, que si, a diferencia de mis amigos, no traicioné mi vocación y soy hoy día un escritor, se debe a ti en gran parte, ya que nunca trataste de apartarme de la literatura y, al contrario, me ayudaste siempre a ser fiel a ella, sabiendo lo que eso sólo me traería a mí y a ti, en cambio, la estrechez material, una vida mediocre. Hubiera dado cualquier cosa por separarme de ti de buena manera, explicándolo todo, rogándote que comprendieras. Pero tú sabes tan bien como yo, Julia, que eso hubiera significado un drama terrible. Te juro que no te hago reproches, sé de sobra que el único que los merece soy yo. Pero recuerda ese clima de violencia, de tensión, en el que hemos vivido todos estos años. Yo debí decírtelo desde un comienzo y ha sido un error imperdonable de mi parte disimular, mentir, negar lo que dentro de mí era la evidencia misma. Creía que así sufrirías menos y no fue así; al contrario, el infierno que llevaba dentro te lo he hecho vivir a ti, que no tenias ninguna culpa. Yo sé muy bien, Julia, que tus celos ytu amargura todo este tiempo se justifican ampliamente.

No como creías -ame creerás esta vez diere Julia?- porque yo te engañase cada vez que volvías la espalda, como hacen todos los buenos maridos respetables una vez transcurrida la luna de miel. Yo no soy bueno ni respetable yen nueve años de matrimonio no he practicado nunca cierta sólidas costumbres burguesas. No sé, y probablemente no sabré nunca, lo que es tener una amante y la única vez que traté de engañarte, por snobismo adolescente, con una puta elegante del hotel Napoleón, la experiencia fue tan lamentable que se me enciende la cara al recordarlo. No debo haber superado ciertos prejuicios burgueses todavía cuando me avergüenza un poco todavía decirte que en nueve años, y con esa lastimosa excepción, nunca he hecho el amor fuera del matrimonio, aunque no lo creas (pero ahora deberías creerme). Nunca toqué un cabello a Pilar, de quien jamás estuve enamorado, y supongo que no has imaginado que he violado a Patricia. Como dices en una de tus cartas, en el dominio sentimental aún sigo en los quince años. Dicho esto, y perdóname que te hiera de nuevo, es cierto y justo que tuvieras razón para acusarme de ser frío contigo, injusto y a veces cruel. No quiero hacerte daño, Negrita, por lo que más quieras perdóname, pero tú sabes lo que es el amor, y cómo lo avasalla todo y destruye los propósitos y las convicciones como un gran ventarrón. He vivido todos estos años con el corazón devorado por el recuerdo de Patricia, sufriendo mucho yo también y esto puede explicarte muchas cosas. No deberia hablarte de ella, pero tus cartas me han partido el alma y creo que, aunque tarde, es preferible la sinceridad. Es probable que haya mucho de cierto en estos sombríos augurios que aparecen en tu carta del día 27; yo me conozco bastante bien y sé que no puedo hacer feliz a nadie. Pero no voy a renunciar a ese amor, a pesar las y que conozco tanto como tú. Has hecho mal en pensar que podía valerme de malas artes y procedimientos sórdidos para obtener el divorcio. Lo último que se me podía ocurrir es acusarte de algo ante un tribunal y me ha apenado que me amenazaras con mostrar cartas “comprometedoras”: El único que está comprometido en esto soy yo,querida Julia, y no me atemoriza en absoluto que sepa todo el mundo que quiero a Patricia. Te pedi que evitaras revelárselo a tus papás, por ellos y no por mí. Pero desde luego que no es un escándalo familiar lo que pueda asustarme, mucho menos modificar mis sentimientos. No quiero hacerte la infamia de imaginar que pudieras intentar algo contra Patricia, sobre todo después de leer la bella, hermosa carta que le escribiste. Ella no tiene la culpa de que la quiera, ¿no es cierto?, y mucho menos que yo te haya hecho sufrir. Me dices que ahora necesitas un tiempo de reflexión de seis meses para decidir si consientes el divorcio. Está bien, Julia.Te sientes lastimada ahora, y con razón. incluso si, como puede ocurrir, pasado ese plazo me dijeras que necesitas otro más largo, no podría sentir ningún rencor hacia ti. No voy a intentar conseguir el divorcio si tú te opones a él, a pesar de lo que esto significa. Tienes todo el derecho de impedir que me case con Patricia, y después de todo con esto tal vez le harías un buen servicio a tu sobrina, pero no puedo creer que esta actitud te sea dictada por un deseo de compensación por el daño que te he causado. Menos todavía que creas que después de un tiempo volveré a la razón. A mí también me cuesta hablarte de problemas materiales, pero es urgente, indispensable. Tienes que estar sin un centavo y yo sé muy bien que la situación de tu familia es dificil y que ellos no podrán ayudarte. Por este mismo correo le escribo a Carlos Barral diciéndole que te envie todo lo que hay y pueda haber en el futuro de derechos de “La ciudad y los perros’: Es algo que te corresponde en legítima justicia y no tienes derecho a rechazarlo. Yo no tengo ahora nada de plata, sino te mandaría algo para ayudarte a hacerfrente a algunas necesidades menudas. Pero en Barcelona debe haber en mi cuenta unas cien mil pesetas yeso te puede servir durante algún tiempo. (re finando copia de la carta). La próxima semana te despacharé las maletas. ¿Cómo debo hacer para enviarte el pic-up y los discos y las otras cosas de Bretaña y Holanda? Todo es tuyo y te lo mandaré de todos modos.

Mario.

Carta de Maria Elena Moyano

EN POR
María Elena Moyano ex teniente alcalde de Villa El Salvador, militante de Izquierda Unida y presidenta de la Federación Popular de Mujeres del distrito, durante un acto público en 1992. Fuente: Yuyanapaq

 

La presente Carta fue publicada el 17 de Febrero. de 1991 y esta escrita por nuestra heroína Maria Elena Moyano en el Diario la República. En el podemos advertir las primeras intenciones de los movimientos terroristas de querer infiltrarse dentro de los movimientos sociales y grupos vecinales. Maria Elena denuncia las campañas de desprestigio que caen sobre ella y las constantes amenazas de muerte que no la amilanaron y la hicieron más fuerte. De esta forma Maria Elena firma su sentencia pera entrar en la historia del Perú como nuestra Madre Coraje:

Con suma indignación he recogido un volante que anda circulando, de un tal MCD que reivindica al PCP Sendero Luminoso, manifestando una serie de calumnias hacia mi persona, y me veo, frente a lo denunciado, en la necesidad urgente de aclarar:

1. Me acusan de estar aliada con el gobierno y las fuerzas armadas. Ustedes son testigos que siendo dirigente muy joven y como presidenta de la Federación de Mujeres de Villa El Salvador, siempre deslindé y luché con los gobiernos de turno que oprimen al pueblo. Además, denuncié las. violaciones a los derechos humanos, el genocidio en los penales y el rastrillaje de grupos paramilitares. Ha sido la Federación bajo mi dirección la única organización que en Villa El Salvador salió a las calles a protestar, con miles de mujeres con ollas vacías, frente a la política del Fujishock de Cambio 90.

2. Me acusan de pretender formar rondas urbanas en coalición con las fuerzas armadas. Ustedes, que me conocen en 20 años de historia de Villa El Salvador, jamás podrían creer eso. No estoy de acuerdo con la intromisión del Ejército, jamás lo estaré. Es la historia de Villa El Salvador que ha implementado desde su fundación las rondas vecinales autónomas para enfrentar a la delincuencia y la drogadicción.

3. Me acusan de robar al pueblo. Ustedes saben que desde la edad de 15 años trabajé como animadora de educación inicial, alfabetizadora, promotora de salud, todo este trabajo por cinco años en forma voluntaria; así lo demuestran las madres que enseñé a leer y escribir; niños hoy jóvenes a quienes enseñé educación inicial. Ustedes me vieron durante muchos años desde la construcción de la Federación de Mujeres caminando por los arenales de Villa El Salvador, construyendo y formando sus sólidas bases. Mi práctica es una práctica de entrega y sacrificio, sin recibir nada a cambio.

Aclaro: frente al dinero de Canadá, si dicen que tienen mil ojos, cómo es que no pueden ver los cuatro centros de acopio construidos con su implementación interior. Véanlos. Además, debo decirles que jamás administré, ni como persona ni como dirigente, este dinero, que fue administrado por la propia institución.

Frente al dinero del Isis, si dicen que tienen mil oídos, por qué no escuchan las asambleas de centrales de comedores, donde la comisión responsable de la administración de este dinero informó detalladamente de la distribución del dinero en capital de trabajo para los cuatro centros de acopio de la Federación, la compra de un generador y una balanza gigante. Será la Federación quien ratifique esta información.

4. Frente a lo de las cajas de leche, jamás en mi historia dirigencial repartí víveres o leche, porque mi cargo como presidenta así lo requería. Siempre existieron comisiones, como la de abastecimiento, que compra con el comité distrital y vende a los comedores con su propio dinero. La Federación con pruebas lo aclarará.

5. Frente al impuesto a los comerciantes, si tienen mil oídos sabrán del clamor del pueblo porque se fiscalice e imponga sanciones a algunos comerciantes. Esto lo organizan las inspectoras femeninas populares, pero el dinero recabado pasa a los fondos del municipio, que luego va al servicio del pueblo.

6. Me acusan que yo dinamité el Centro de Acopio y que ellos no fueron. Veamos mi práctica: desde la fundación de la Federación, ayudé a la formación de sus bases sólidas y fuertes. Mi práctica es de construir, y desde los doce años ayudé a las madres a levantar locales comunales, postas médicas, plantar árboles, etc.

Siendo joven, formé grupos juveniles Hijos del Pueblo, Renovación, y ayudé a la conformación del Comité de Lucha de Animadoras de Educación Inicial, del cual fui presidenta. Siendo madre, formé clubes de mujeres y de madres, cientos de comités de vaso de leche; siendo presidenta, ayudé a la construcción de todos los locales que hoy tiene la Federación, centros de acopio y la Casa de la Mujer.

Lo que construí con mis propias manos jamás lo podría destruir. Entonces, no basta el discurso radical, ni la calumnia. Los hechos son los que demuestran.

Agradezco la solidaridad de las mujeres organizadas, de la juventud salvadoreña, de mis vecinos que me vieron crecer en estos 20 años de historia de Villa El Salvador que apuestan a la vida.

Finalmente, vecinos, la revolución es afirmación a la vida, a la dignidad individual y colectiva. Es ética nueva. La revolución no es muerte, ni imposición, ni sometimiento, ni fanatismo. La revolución es vida nueva, es luchar por una sociedad justa, digna y solidaria al lado de las organizaciones creadas por nuestro pueblo, respetando su democracia interna y gestando los nuevos gérmenes del poder del nuevo Perú. Seguiré al lado de mi pueblo, de las mujeres, jóvenes y niños.

Seguiré luchando por la paz con justicia social.

Viva la Vida.

María Elena Moyano.


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