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Facundo Cabral: A lo mejor me reencarno y a la vuelta seré un comediante

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Entre­vista de Javier Ceriani

 

Facundo Cabral

En el otoño del 2008, era la pro­duc­tora gene­ral de show matu­tino de Miami ‘Zona Cero’ en Radio Romance, con­du­cido por mi que­rido Javier Ceriani, cuando llegó a la cabina Facundo Cabral, ves­tido con ropa de jeans, un bas­tón que lo ayu­daba a cami­nar y un asis­tente que le indi­caba por dónde por­que ya no veía bien y menos a esa hora de la mañana.

 

Tenía la humil­dad de los gran­des, el humor de los sabios y la tran­qui­li­dad de los pro­fe­tas. No pidió gran­des excen­tri­ci­da­des, solo un café que con mucho amor le hizo nues­tra asis­tente y su com­pa­triota Sarita y agua para la gran y extensa charla que se venía en camino. Aun­que estaba pau­tado solo para dos blo­ques, fue tanto su éxito y el público estaba tan ani­mado que se quedó hasta final del show.

Escribí cada una de las pre­gunta, que le hizo Javier Ceriani, con lágri­mas en los ojos, por­que escu­charlo era emo­cio­nante, una ense­ñanza, un canto a la vida, hasta cuando habló de la muerte, de su muerte.

En el día que deci­dió ‘trans­for­marse en la tota­li­dad’, como le decía él a su muerte, en exclu­siva, aquí podrás leer esa mara­vi­llosa y extensa entre­vista en donde habló de la vida, el amor, el sexo, Dios, su madre, el odio a su padre y hasta el mundo sin él.

Facundo habla de su muerte:

“Es la con­ti­nua­ción de la vida, no hay muerte, hay mudanza. Yo can­taba hace mucho: ‘La muerte ven­ce­dora tra­baja noche y día para el eterno triunfo de la eterna vida’… Es una con­ti­nui­dad, dejás el esque­leto que se enferma, el cere­bro que siem­pre pre­gunta y vol­vés a ser parte del alma uni­ver­sal, te trans­for­mas en la tota­li­dad, eso es la muerte. A lo mejor reen­carno y a la vuelta seré un come­diante como Anto­nio Gasa­lla, un car­pin­tero como Don Mar­cos o seré labra­dor… siem­pre es exci­tante la vida”.

Vivir mien­tras estás vivo:

“Al cajón no te lle­vas nada, a la edad mía me encuen­tro a seño­res que me dicen ‘Cabral, si yo hubiera hecho las cosas que que­ría’… Eso es inso­por­ta­ble, tenés que hacer la vida que que­rés a cada momento, por­que si vos no te res­pe­tás qué le das al otro… ¿Cómo puedo darte res­peto si yo no me res­peto, cómo pido jus­ti­cia si no soy justo con­migo?… ‘Ama­ras al pró­jimo como a ti mismo, muchos serán los lla­ma­dos y pocos los ele­gi­dos’, dice Dios. El nos eli­gió a todos y pocos eli­gie­ron ser feli­ces y siguen que­riendo sufrir y tra­ba­jar en lo odiado para con­su­mir lo que no se cree, una socie­dad que es des­di­chada al pedo”.

Su encuen­tro con la Madre Teresa de Cal­cuta y la felicidad:

“La Madre Teresa decía que yo no era un artista, era un tes­ti­mo­nio de la vida, de la feli­ci­dad que puede ser si te ani­más a seguir el sueño ahora. Si tenés miedo vas a ser un valle de lágri­mas, iras de com­pro­miso en com­pro­miso, de matri­mo­nio en matri­mo­nio, de con­flicto en con­flicto y yo decidí vivir. Desde muy pequeño supe por mi madre, aun en la mise­ria más abso­luta, que cuando uno nace es para vivir y vivir quiere decir seguir tu corazón”.

Dios y el sexo:

“Dios inventó el sexo por­que él es diver­tido sino no sería­mos 6 mil millo­nes. Dios está emba­ra­zando cons­tan­te­mente el uni­verso, con gala­xias, soles. Yo no pude sepa­rar jamás el sexo de la ale­gría y de la fe, por­que es lo mismo. No hablo de la pro­mis­cui­dad. Tenés que tener un res­peto ele­men­tal. La vida es exci­tante y yo vivo exci­tado, una can­ción es un intento, es un acer­ca­miento a alguien. El amor es valen­tía, el pre­jui­cio, el miedo es la anti­vida, es una apa­ri­ción de la muerte en tu vida”.

La reali­dad en su vida:

“No miro noti­cie­ros por­que no me apor­tan nada, mi vida no es ese avión que se cayó, ni el pre­si­dente que cam­bia­ron. Leo el perió­dico y me dice que hay un aten­tado en Nica­ra­gua… ¿y qué puedo hacer yo por eso?… Lle­narte la cabeza de malas noti­cias es hacerte un per­de­dor. Yo esquivo y vivo con la gente que quiero vivir. Estoy de novio con­migo, por eso tengo tanto amor, sem­bré mucho amor. Las cosas que te dice la gente, un ciego que se te acerca y te dice que ve cuando te escu­cha. Una señora que me mues­tra a su hijo y me dice que le puso mi nom­bre por­que iba camino a abor­tar y escu­chando mi música, dijo ‘Cómo le iba a hacer per­der esta fiesta a mi hijo’… esa es la reali­dad que quiero”.

Su rela­ción don Dios:

“En el esce­na­rio siento que cada can­ción que canto es un men­saje que te manda el Padre, la ins­pi­ra­ción de mi vida. El haberme deci­dido a vivir es una pro­vo­ca­ción del maes­tro, de Jesús, siem­pre siento cuando canto una can­ción que es un men­saje que te manda él o el padre que te dice: ‘Oye, te amo. Anímate a ser feliz por­que el amor es valen­tía y contá con­migo’. Un día el mundo va a estar diri­gido por los artis­tas por­que no que­re­mos poder sobre los demás, sino com­par­tir la fiesta contigo”.

Las muje­res en su vida:

“Tengo 5 con­ti­nen­tes de expe­rien­cias de muje­res mara­vi­llo­sas. Por las muje­res los hom­bres levan­tan puen­tes, ciudades…No uso via­gra, si esa mujer no es sufi­ciente, yo no soy el hom­bre. Hay tan­tas mane­ras de que­dar bien con ellas, a veces no hace falta ni pasar por la cama. El hom­bre va apre­su­ra­da­mente y quiere con­se­guir todo en un acto inme­diato, las muje­res te ense­ñan la espera, el juego, la sen­sua­li­dad que es donde esta la poe­sía. Yo gozo con ami­gas tomando un café, cami­nando un ratito de la mano, a mi edad he apren­dido a dis­fru­tar de ellas en cada acto”.

Facundo y la censura:

“Yo nací cen­su­rado, mi madre decía ‘Vos sos cen­su­rado a priori por las dudas’. La gente le tiene miedo a mi liber­tad y les molesta. Hay gente que daría cual­quier cosa por­que des­apa­rezca de este pla­neta. Lo bueno es que cuando tenés ver­da­dero con­tacto con las per­so­nas esa liber­tad es con­ta­giosa. Los pode­ro­sos siem­pre se eno­ja­ron con­migo, ade­más la ‘facha’ mía ayuda, pien­san este tipo debe ser un comu­nista que se debe estar que­jando del dolar, nada más lejos de mi, el Comu­nismo es una por­ción muy pequeña que le ha hecho mucho daño al mundo”.

Su rela­ción con el dinero y los lujos:

“A mi mamá cuando cum­plió 70 años le pre­gun­ta­ron qué era lo mejor que saco de la vida y dijo: ‘Que es mejor vivir bien, que vivir mal’… ¿Yo voy a ofen­der a Dios, Rey del Uni­verso, viviendo mal?… No le hago mal a nadie, es mas si le doy muchas cosas a la gente, por qué no vivir bien, yo no me voy a per­der ir a una buena playa, ni un buen hotel, ni una buena mesa. He cre­cido seguro que soy un hijo directo de Dios, soy un prín­cipe, yo no tengo nada mate­rial, por­que quiero estar liviano por eso no tengo ni tar­je­tas de cré­dito ni nada que me ate. Gozo las cosas donde están y sigo, la mujer que gozo y sigo, la flor que veo y sigo, nunca la cortaría”.

La Liber­tad:

“Hay un poeta argen­tino que dice: ‘Vaya con la dife­ren­cia, yo preso y ellos some­ti­dos’… Preso es el que te encie­rra. La liber­tad es algo inte­rior, no te la puede qui­tar nadie, menos un hom­bre. Esta­mos ben­dí­ta­mente con­de­na­dos a la liber­tad. Yo no se lo que es com­pro­miso, obli­ga­ción y deber, por­que las cosas se hacen por amor. Mi madre decía: ‘Si que­rés una for­mula segura para la feli­ci­dad, escu­cha el cora­zón antes que a la cabeza. La cabeza es un asis­tente, el cora­zón te lleva y aun­que los demás pien­sen que te equi­vo­caste, si te lleva el cora­zón hiciste lo correcto”.

Facundo y su madre:

“Nadie, incluso mi padre que se fue antes que yo naciera, que­ría que yo viniera al mundo. Mi madre antes de morir , a los 78 años, me dijo algo que yo sos­pe­chaba: ‘Te quiero con­fe­sar algo, yo fui la única que quiso que nacie­ras y estoy feliz de haberlo deci­dido, sola­mente mi cora­zón te dio la bien­ve­nida y me ale­gro de haber estado en con­tra de todos por­que te pare­ces al hijo que yo que­ría tener’”.

Facundo y su padre:

“Mi padre agoto el odio en mi, lo odie pro­fun­da­mente, había dejado sola a mi madre con siete hijos en un desierto inso­por­ta­ble. Murie­ron cua­tro de ham­bre y frío en ese tiempo. Sobre­vi­vi­mos de mila­gro tres por­que una vez me enfrente a Perón y Evita (pre­si­dente de Argen­tina y su esposa) y le pedí tra­bajo, yo tenía 9 años. Pero un día mi madre, que nunca habló mal de él, me dijo: ‘Vos que cami­nas tanto te vas a encon­trar un día con tu padre, no come­tas el error de juz­garlo, recordá el man­da­miento ‘Hon­ra­rás al padre y la madre’ y recordá que el hom­bre que ten­gas ade­lante fue quien más amo, ama y amara a tu madre, enton­ces dale un abrazo y las gra­cias por­que por él estás en este mundo’… Cuando tenía 46 años, salgo de can­tar en un tea­tro de Mar del Plata (costa argen­tina) y está mi padre en el hall, lo conocí ense­guida por­que era igual a la foto que siem­pre tenia mi madre pero con el pelo blanco y nos dimos un gran abrazo… Ese día me liberé, dije: ‘Mi Dios que mara­vi­lloso vivir sin odio’, me costó años per­do­nar y pude hacerlo en un segundo cuando lo tuve en frente y me sentí tan bien. Vivir sin enemi­gos es extra­or­di­na­rio, Dios le encargó a tu padre y madre traerte a este mundo, cómo vas a vivir en pleito, hoy te quiero decir a vos que estás peleado con tu padre o tu madre que corras a bus­car­los, los per­do­nes y te pier­das en un abrazo, la vida es mara­vi­llosa no la des­pe­di­cies”.

La muerte también se parece a esto…

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…Cuando fue ven­cida la resis­ten­cia de las espo­sas y madres; de una sola voz; que­brada por la emo­ción, comenzó a des­ga­rrar, como nunca lo he vuelto a oír las des­con­so­la­das y tala­dran­tes notas del Cocha Coy­llor…
( *) Cesar Pérez Arauco

Cocha Coy­llor

Res­ponso a los muer­tos en la voz que­brada de un can­tor de las altu­ras hela­das del Cerro de Pasco –  Perú.

Nota: Mi inex­pe­rien­cia frente a la cámara no puede adver­tir que el viento frío se entro­meta por un ins­tante y se mez­cle con el sonido del acordeón.

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(*) Escri­tor y Maes­tro Pas­queño
“La Con­quista del Pozuzo”

Facundo Cabral: anécdotas, pensamientos y maravillosa vida

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El can­tante argen­tino Facundo Cabral fue ase­si­nado hoy en Gua­te­mala.
Obituario

El ase­si­nato del can­tau­tor argen­tino Facundo Cabral en Gua­te­mala fue una noti­cia que tomo a todos por sor­presa, gran defen­sor de la paz y que nos deja un legado inol­vi­da­ble de fe hacia la vida.

Pen­sa­mien­tos:

“ Cada mañana es una buena noti­cia, cada niño que nace es una buena noti­cia, cada hom­bre justo es una buena noti­cia, cada can­tor es una buena noti­cia, por­que cada can­tor, es un sol­dado menos.…“ Cuando me mar­ché de mi casa, niño aún, tenía siete años, mi madre me acom­pañó a la esta­ción, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el pri­mero fue darte la vida y, el segundo, la liber­tad para vivirla.”

 


“El ahi­jado”

El poeta indio Tagore, que bau­ti­zara “mahatma”, es decir, alma grande, a Ghandi, decía que cuando el hom­bre tra­baja, Dios lo res­peta, más cuando el hom­bre canta Dios lo ama.

Mi madre poco antes de morir, me dijo: muero con­tenta por­que cada vez te pare­ces más a lo que cantas.

Juan Fran­cisco, mi ahi­jado, dice, a sus dos años de edad, que soy artista por­que canto, y que canto para podercom­prarle cho­co­la­tes, que es lo más razo­na­ble que escu­ché sobre mi oficio.

Bor­ges

Cuando le pre­gunté a Bor­ges por­qué no había libros suyos en su biblio­teca, me dijo: por­que sigo teniendo el hábito de la buena lectura.

Cuando le pre­gunte qué le había pare­cido Arreola, que aca­baba de visi­tarlo, me dijo: es un ver­da­dero caba­llero, me dejó dos o tres silencios.

Cuando le pre­gunté por Cien años de sole­dad, que le habían leído, me dijo: los pri­me­ros cin­cuenta años son memorables…

Al verme asom­brado por su pre­sen­cia en mi con­cierto, Ray Brad­bury me dijo: me asom­bra que se asom­bre de encon­trar un Brad­bury viniendo de un país que tiene un Bor­ges que es asombroso.

La Madre Teresa de Calcuta

Pre­gunté a la Madre Teresa en Cal­cuta: ¿cuándo des­cansa? y me dijo: Des­canso en el amor. Le pre­gunté: ¿cuál es el lugar del hom­bre? y me dijo: Donde sus her­ma­nos lo nece­si­tan. Le dije: nunca la escu­che hablar de polí­tica, y me dijo: Yo no puedo darme el lujo de la polí­tica, una sola vez me detuve 5 minu­tos a escu­char un poli­tico, y en esos 5 minu­tos se me murió un vie­je­cito en Cal­cuta.
Cada vez que yo entraba a la casa de la Madre Teresa, sen­tía que Dios recién había salido.

Una señora, impre­sio­nada por verla bañar a un leproso, le dijo: yo no baña­ría a un leproso ni por un millón de dola­res, a lo que Teresa con­testó: Yo tam­poco por­que a un leproso solo se lo puede bañar por amor.

El viejo Tarahu­mara, el cam­pe­sino chino

Pre­gunté a un viejo Tarahu­mara por­qué no usa­ban armas para defen­derse de los cua­tre­ros, y me dijo: Si las armas fue­sen nece­sa­rias, habría­mos nacido con ellas.

Me dijo un cam­pe­sino chino: Si quie­res ser felíz un día embo­rra­chate, si quie­res ser felíz una semana cásate, si quie­res ser felíz toda la vida se jardinero.

El maes­tro Rubinstein

En el Campo di Fiore, en el tras­te­vere romano lo encon­tré, dán­dole miga­jas a las palo­mas. Le pre­gunté: ¿Usted es el que yo creo? y me dijo: Yo soy el que tú quie­ras. Le pre­gunté: ¿Usted es el maes­tro? Y me dijo: No, maes­tro es el que te puso delante de mi y a mi delante de ti. Yo soy Art­hur Rubinstein.

El regalo de la libertad

Cuando me fuí de mi casa, niño aún, mi madre me acom­pañó a la esta­ción, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el pri­mero fue darte la vida, el segundo la liber­tad para vivirla.

La ora­ción dilecta de mi madre decía: Señor, te pido per­dón por mis peca­dos, ante todo por haber pere­gri­nado a tus muchos san­tua­rios, olvi­dando que estás pre­sente en todas par­tes. En segundo lugar, te pido per­dón por haber implo­rado tan­tas veces tu ayuda, olvi­dando que mi bie­nes­tar te preo­cupa más a ti que a mi. Y por último te pido per­dón por estar aquí pidién­dote que me per­do­nes, cuando mi cora­zón sabe que mis peca­dos son per­do­na­dos antes que los cometa, ¡ tanta es tú mise­ri­cor­dia amado Señor!.

La mayo­ría es buena gente

Alguna vez me pre­guntó mi madre: ¿cuándo vas a dejar de pelear para comen­zar a vivir?, ¡por­que no se pue­den hacer las dos cosas a la vez!.
Mi madre creía que que el día del Jui­cio Final el Señor no nos juz­gará uno por uno –ardua tarea– sino el pro­me­dio, y si juzga el pro­me­dio esta­mos sal­va­dos por­que la mayo­ría es buena gente.
El bien es mayo­ría, pero no se nota por­que es silen­cioso –una bomba hace más ruido que una cari­cia, pero por cada bomba que des­truye, hay millo­nes de cari­cias que cons­tru­yen la vida-.
Diría mi madre: Si los malos supie­ran qué buen nego­cio es ser bueno, serían bue­nos aun­que sea por negocio.

Hector Lavoe: El Cantante

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La salsa como se aprecia ahora la descubrí años después, pero entre tantos buenos cantantes me impacto uno; quizás no por su timbre de voz y menos aún por su precaria forma de bailar  (lo hacia deberás mal), sino más bien por el sentimiento que le impregnaba a sus ritmos, porque en muchas de sus letras identifique mi vida o la vida de los desprotegidos o de aquellos que ríen mientras su alma desfallece.

Héctor Pérez Martínez, “Héctor Lavoe”, no solo fue un cantante, fue –y és- “El Cantante de los Cantantes”, la voz mayor que te arranca suspiros y dolencias sobre la pista de baile, el hombre que vivió deprisa, porque quizá entendía que la muerte ya le andaba arañando el alma, el grosero y tardón, sonero de todas las calles,  la verdadera y única voz de Puerto Rico.

Lavoe odiaba el merengue por su carácter de improvisación musical; creo que si ahora escuchara reggaetón, se volvería a enterrar de tristeza.

El se fue  de este mundo en 1993 victima de una enfermedad que ya no vale la pena mencionar. A nosotros los que gozamos de su arte, solo nos queda decirle muchas gracias por tu talento “Loco”.

En palabras mayores de su entrañable amigo Willie Colón, este fue Héctor Lavoe:

El jíbaro de Machuelito, cerca de la cantera de Ponce. El espíritu de Borinquen y los barrios pobres de toda América. El aguacate de 90 libras que llegó a los nuevayores para fajarse con los bravos. Aquel muchacho que aplicó los cantos de Gardel, Felipe Pirela, Ramito, Odilio, con los rosarios de la cruz agregándole la malicia de Cheo y Maelo, dándole una voz a ese vacío de desolación enajenada que los de banda acá no podíamos cruzar. Héctor Juan Pérez fue ese puente entre el pasado y el futuro de nuestra cultura popular. Héctor Juan Pérez se transformó en una persona llamada Héctor Lavoe para poder cumplir una misión que poco a poco se convirtió de un crucero de placer a un desafío contra viento y marea.

Graduado en la Universidad del Refraneo con altos honores. Miembro del Gran Circulo de los Soneros, poeta de la calle, maleante honorario, héroe y mártir de las guerras cuchifriteras donde batalló valientemente por muchísimos años. Los ‘capitanes de la Mandinga’ lo respetaban. Por eso lo bautizaron ‘El Cantante de Los Cantantes’. Los ‘beginers’ le temían. Cuando se trataba de labia, Héctor Lavoe era bravo. En cuestiones de negocio, amor y amistad, no lo era. El pueblo fue cómplice de esta tragedia. Héctor le podía mentar la madre a todo el mundo y el público se reía. Lo malcriaron.

La historia de Héctor Lavoe está llena de traiciones y desengaños. El jibarito ‘good lookin’ que volvía a todas las mamis locas, quería también ser un malote de barrio. Con el tiempo, los ‘regalitos’ de sus ‘amigos’ del traqueteo se convirtieron en gruesas y pesadas cadenas. Este fallo repercutió en una serie fatal que al final nos llevó a ese muchacho que le cantó al Todopoderoso con todo su corazón.

También fue traicionado por el mundo del negocio; disqueros que siguen viviendo como jeques sauditas, vendiendo sus discos y revendiéndolos en CD sin pagar derechos de difusión, mientras Lavoe quedó lánguido en su pobreza; promotores que le ofrecían migajas para poder vender boletos a sus espectáculos donde exhibían a ‘El Cantante de los Cantantes’ en su agonía; impostores tratando de reclamar la carrera y la memoria de Héctor Lavoe como propiedad personal; la comunidad legal latina también le dio la espalda cuando reclamamos de su ayuda para defenderlo contra la explotación; y yo, que también lo traicionó al no tener el valor de verlo en esa condición.

La vida valía más que el dolor para Héctor y, al descubrir esto, se le acercaron los tiburones de agua sucia como si estuviera sangrando. Dios sabe que aquellos que se han ganado la vida devorando a otros y viviendo solamente por el billete tendrán pocos que les lloren y menos que los recuerden en sus rezos.

Pionero, maestro, compañero, hoy América Latina llora por ti. Héroe de la gente pobre, víctima de las amenazas que estan acabando con nuestro pueblo. Mártir de la salsa, el monstruo que ayudaste a crear.

Perdónanos Héctor.

Willie Colón.

1. Momento glorioso en la vida de Héctor Lavoe

2. Último  concierto para luego convertirse en leyenda.

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