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Nobel Mario Vargas Llosa

Gabriela Polit Dueñas: Carta a Julia Urquidi

EN POR

Querida Julia,

Al enterarme de que su sobrino y ex marido Mario Vargas Llosa recibió el Premio Nobel de literatura, no pude sino acordarme de usted. Disculpe la torpe ocurrencia, pero es que al juzgar por las confesiones en la ficción y en la autobiografía de su sobrino, o mejor dicho, de su ex, ya que el prefijo destaca una relación terminada, usted ocupó un lugar muy importante en la vida literaria de Mario. Por eso pienso que es la persona con quien puedo compartir mis inquietudes.

Julia, mal que le pese, su ex es uno de los mejores narradores latinoamericanos de los últimos tiempos. Para quienes hemos leído su obra con algún orden cronológico, conocemos que su mejor literatura empieza en los ’60 y termina en el ’93. También sabemos las dos que desde que incursionó en la vida política profesional, cuando decidió postularse a la presidencia de su país, su vuelo fue como el de Icaro. Su esposa Patricia se lo advirtió. Pero los hombres, Julia, y usted sabe eso muy bien, tienen una selectiva deficiencia auditiva. El dijo que haría política por una razón moral. Patricia sabiamente tradujo la grandilocuente frase de Mario en términos más simples: “Fue la aventura… de escribir, en la vida real, la gran novela”. No es invento mío, Julia, el mismo Mario lo escribe en la página 46 de su autobiografía.

Como yo, imagino que usted reconoce que en los libros escritos hasta el ’93, su literatura se destaca por mostrar de manera incisiva, con gran prosa e inteligentes tramas, las relaciones de poder entre el oficial del ejército y la prostituta; entre el hombre rico y su amante chofer de origen afro; entre la chola de clase media y el burócrata ambicioso; contando la vida cotidiana de la política. También explora la relación de amor entre un joven promesa y su tía, la de odio entre el hijo y el padre. Estas historias, Julia, son tan universales como profundamente peruanas. A ese Perú clasista, mestizo, racista, machista, quizá nadie lo narró tan bien.

Pero la experiencia política de su ex resultó antiliteraria en un sentido muy borgeano. Borges decía que la realidad imita a la literatura. Pero Mario no tuvo esa suerte. El, que había incursionado con minucia en la mente de personajes tan arraigados en la realidad de su país, no supo hacer suyos los votos de la gente. La literatura le hizo un quite cuando le dio la victoria política a un contrincante que hablaba peruano con acento extranjero y sabía tanto del Perú como su ex de ingeniería. Ese paradójico fracaso político, sin embargo, acercó a nuestro Icaro al Sol y al calor de su llamas se perdió el mejor fuego de su ficción.

El pez en el agua parece ser el umbral entre sus grandes obras y las demás. El pez es la historia de su vida pública, la de político fracasado que justifica su pérdida en el relato autobiográfico y la de quien cuenta su genealogía como escritor. Comienza a los 10 años cuando el padre aparece para reclamar el lugar junto a la madre, obligando al pobre Mario a vivir el complejo de Edipo al revés. Quizá por eso es que su ex tiene tanta aversión al psicoanálisis. Ha vivido contra la corriente de una teoría cuyo flujo es uno de los más caudalosos de la cultura moderna. ¿Se deberá a eso su terca manía de narrar el poder?

En El pez Mario nos cuenta que de la mano dura del padre se hizo hombre y, desafiando su mirada homofóbica que veía en la pasión por las letras el indefectible afeminamiento de su hijo, se hizo escritor. Disculpe la intromisión. Pero a pesar de que él se empeña en ver así ese paso enorme que le significó desobedecer al padre y escribir, yo siempre percibí en ese gran paso su mano, Julia. Debe ser porque en este mundo todavía son los hombres los que ponen los pies y las mujeres las manos.

La valentía para confrontar a Ernesto, ese padre abusivo y maltratador, tenía que venir de una prueba contundente de hombría. Y esa prueba fue usted, querida. Sin usted, Mario jamás hubiera sido escritor. En ese universo autoritario y violento del padre, viniendo de ese micromundo tan chauvinista como el colegio militar, no creo que el joven Mario se hubiera atrevido a ningún desafío si no tenía a su lado una hembra que simbólicamente le probara la hombría. Y usted, Julia, además de encantadora e inteligente, le llevaba trece años de experiencia a ese muchacho. ¡Por supuesto que lo llevó de la mano!

Quizás eso también explica esa obsesión con prostíbulos, con la búsqueda de experiencias sexuales que avalen a sus personajes como hombres y los acrediten como agentes de la política, del Estado, de ejército. La frustración con la política quizá se condense mejor en ese amor homosexual de Cayo Bermúdez con su chofer. Sólo desde ese universo homofóbico y machista desde el que narra Mario puede servir la homosexualidad para representar el mundo abyecto de la política. Por supuesto, sé que en términos de su ex la definición sería la contraria: representar la frustración política con el acto abyecto de la homosexualidad. Disculpe, Julia, que lleve las reflexiones del Premio Nobel al campo de la sexualidad y el género. Pero usted más que yo debe reconocer que no es un capricho mío, sino que por el contrario, es su propio sobrino quien se sirvió de las diferencias entre los géneros para narrar magistralmente el poder.

Pocos personajes me hicieron reír tanto como Pantaleón, Mario comprendió que el poder, la autoridad, la sexualidad y el deseo son indispensables para reír. Y no me va a decir, Julia, que la sensualidad de los encuentros de Panta con Olga Arellano tienen algo en común con el erotismo de manual con el que su ex experimenta en Los cuadernos de Don Rigoberto. A eso me refiero cuando le digo que Mario hizo buena literatura hasta el ’93. No quiero repasar los títulos de las obras que ha publicado desde entonces, aunque unas fueron mejor logradas que otras. Quizá la suspicacia para narrar el Santo Domingo de Trujillo resultó persuasiva para muchos, o la vida de Flora Tristán. Pero convengamos que su Niña Mala viajando por el mundo es más una novela de folletín. Lo cierto es, Julia, que son estas novelas y el Mario de los últimos veinte años, lo que me impulsa a escribirle esta carta.

El premio regresa a esta esquina de la lengua después de veinte años. En 1990 lo recibió Octavio Paz, en el ’89 Camilo José Cela, pero a mí el Nobel de Mario me recordó a Gabriel García Márquez. Quizá porque los dos pertenecieron al mismo campo literario que puso a las letras latinoamericanas en un radar de consumo más amplio. Quizá también por la mezquina idea de que finalmente a Mario le llega el momento de revancha. Y aquí va a tener que perdonarme, Julia, por la imprudencia, pero ¡qué diferencia, querida! No hablo de la calidad narrativa, porque para serle honesta, y aunque a los suecos les suene a sacrilegio, los premios no reconocen solamente calidad. Si así fuera, tardaríamos años elaborando reclamos de imperdonables olvidos y extremas generosidades. Así que dejemos eso de la neutralidad de lado.

La diferencia de la que hablo, querida Julia, es la de los tiempos que corren. Cuando le dieron el premio a García Márquez en 1982, todavía teníamos fe. Celebramos la celebración de Macondo porque sentíamos la necesidad de que terminaran los regímenes autoritarios, porque aunque habíamos dejado de creer en Cuba, Nicaragua nos había nacido; porque la violencia que azotó a Macondo venía de verdugos identificables, y porque creíamos que el tiempo de esos verdugos llegaría pronto a su fin. El premio fue una señal de que esa fe tenía sentido. Sí, Julia, sé que usted me dirá que al describir así la celebración del premio confieso ser una hereje en el sagrado territorio literario, y lo admito. Es la malsana tendencia a idealizar el pasado, pero le confieso, Julia, que en esos años hasta creía en la ecuánime objetividad de los jurados y la sabia neutralidad de la Academia.

Ahora son otros tiempos. Ya no tengo la misma fe y, para serle honesta, mi reacción cuando escuché que su ex recibía el premio que él tanto ha codiciado, fue de perplejidad. Me alegré, sí, pero no por las razones que nos dan los periódicos, los críticos literarios, las instituciones, esos discursos del reconocimiento a la lengua castellana; del tributo a la gran narrativa latinoamericana, o específicamente a la peruana. No. Todas esas colectividades a las que se pertenece o no no hacen que se pueda sentir el premio como propio. Lo que hace que un premio sea compartido son lo ideales. Por eso es que este Nobel es de Mario Vargas Llosa y de nadie más. Y si hubo alegría en mí, fue por él.

Julia, el mundo ideal de su ex, sobre el que escribe con asiduidad en El País, y para el que reclama la expansión de libres mercados, la privatización de los servicios, criticando las acciones de los estados, es muy distinto al mundo al que yo aspiro. El celebra la expansión económica de Perú sin reconocer los enormes costos sociales, sin mirar los escombros de una memoria resquebrajada ni la herida traumática en la gente por tanta muerte impune que dejó la guerra contra el terrorismo. En ese mundo de Mario, querida Julia, los premios sólo pueden ser individuales. Ese es el motivo que no me permite celebrar con euforia a su Escribidor. Créame que reconozco en usted el tesón, y en Mario el trabajo prolífico y sesudo, digno de muchas distinciones. Pero para que yo pueda celebrar ese premio como he celebrado otros, tendría que sentirlo un poco mío, y no puedo.

Supuse, querida Julia, que a usted, por razones distintas, le pasaba lo mismo y por eso decidí escribirle. Usted, como ex esposa de Mario, yo como su lectora, tenemos en este momento algo en común. Pero ya la he abrumado bastante. Le pido disculpas si en algo la ofendo, o si he sido imprudente. Le he escrito con la vehemencia de quien necesita compartir inquietudes. Si en algún momento decido brindar por Mario y por ese galardón que ha recibido, pensaré en usted, Julia, en esa mano de mujer sabia que lo ayudó a convertirse en el gran escritor que es.

Con profunda admiración,

Gabriela Polit Dueñas

* Universidad de Texas, Austin

Carta abierta de Hugo Blanco a Mario Vargas Llosa

EN POR

 

El líder cam­pe­sino no se calla nada y se enfrenta al Pre­mio Nobel

Noviem­bre del 2010

Señor MarioVar­gas Llosa:

El pre­mio Nóbel otor­gado a usted repre­senta un golpe más del neo­li­be­ra­lismo a las pobla­cio­nes indí­ge­nas, ya que difí­cil­mente podrá encon­trarse mayor enemigo de ellas que su persona.

Son dia­rios los gol­pes del sis­tema mun­dial gober­nado por las gran­des empre­sas mul­ti­na­cio­na­les con­tra dichas pobla­cio­nes, con­sis­tente en la depre­da­ción de la natu­ra­leza en sus zonas de vida, lo que sig­ni­fica la muerte para ellas.

Líder cam­pe­sino Hugo Blanco

El ata­que es múl­ti­ple, solo men­ciono algu­nos ejem­plos: La implan­ta­ción de minas a cielo abierto, que roban el agua de la agri­cul­tura y la enve­ne­nan, matando vege­ta­les, peces, suelo y seres huma­nos. La extrac­ción de hidro­car­bu­ros con pare­ci­dos efec­tos. La ins­ta­la­ción de fuen­tes hidro­eléc­tri­cas para la mine­ría, que roban el agua de la agri­cul­tura y pro­vo­can inun­da­cio­nes. La tala de la selva para extrac­ción de madera, para ins­ta­la­cio­nes gana­de­ras o para plan­ta­cio­nes de bio­com­bus­ti­bles, lo que debido a las inten­sas llu­vias de la zona pro­voca la deser­ti­fi­ca­ción. La agroin­dus­tria que debido al mono­cul­tivo y al uso inten­sivo de agro­quí­mi­cos, mata la tie­rra cul­ti­va­ble. El calen­ta­miento glo­bal pro­vo­cado por la emi­sión de gases de efecto inver­na­dero que asola con inun­da­cio­nes y des­li­za­mien­tos de cerros, mata arro­yos, dis­mi­nuye el volu­men de los ríos, diluye gla­cia­res, sumerge islas; pro­voca vera­nos muy calien­tes e invier­nos muy fríos.

Estos ata­ques no son sólo con­tra los pue­blos indí­ge­nas, sino con­tra toda la huma­ni­dad, pues todos vivi­mos de lo que la natu­ra­leza nos brinda; lo que sucede es que son las pobla­cio­nes indí­ge­nas las direc­ta­mente afec­ta­das por él y por eso son las pri­me­ras en reac­cio­nar, ofren­dando su vida ante la bru­tal arre­me­tida del sis­tema, lo que los con­vierte en héroes de la humanidad.

Usted, en más de una oca­sión ha defen­dido a las empre­sas depre­da­do­ras con­tra las pobla­cio­nes indígenas.

Vea­mos sólo dos ejemplos:

Medio Ambiente

El 5 de junio del 2009, día mun­dial de la defensa del medio ambiente fue esco­gido por el gobierno de Alan Gar­cía para masa­crar a trai­ción a más de 200 indí­ge­nas (no 10 que es la cifra ofi­cial repe­tida por usted) que defen­dían la selva ama­zó­nica, el pul­món del mundo.

Esta masa­cre, el encar­ce­la­miento y pro­ce­sa­miento de nume­ro­sas víc­ti­mas del ata­que, fue­ron res­pon­di­das con mul­ti­tu­di­na­rias pro­tes­tas en la capi­tal peruana y otras ciu­da­des, se levan­ta­ron voces de pro­testa en diver­sos luga­res del mundo (natu­ral­mente usted no estuvo entre quie­nes pro­tes­ta­ron), los her­ma­nos ama­zó­ni­cos no se rin­die­ron, había un pode­roso avance de los habi­tan­tes de la selva cen­tral hacia Lima.

Frente a eso, el gobierno se vio obli­gado a retro­ce­der y se dero­ga­ron dos de los más fero­ces Decre­tos Ley de depre­da­ción (que ade­más eran ile­ga­les pues van en con­tra del dere­cho a con­sulta de los pue­blos indí­ge­nas por cual­quier cosa que tenga que ver con su terri­to­rio, reco­no­cido por el con­ve­nio 169 de la OIT, que es ley peruana de carác­ter cons­ti­tu­cio­nal apro­bada por el Congreso).

¿Cuál fue la acti­tud de usted? Al con­tra­rio de la mayo­ría del pue­blo peruano, lamentó la dero­ga­to­ria, escri­bió “Vic­to­ria Pírrica”, mani­fes­tando que futu­ros gobier­nos perua­nos no osa­rán “vol­ver a meter la mano en la Ama­zo­nía para alen­tar la inver­sión pri­vada y el desa­rro­llo eco­nó­mico de esta región”, “los sata­ni­za­dos decre­tos esta­ban en el fondo bas­tante bien orien­ta­dos. Per­se­guían una nece­si­dad impe­riosa: atraer inver­sión pri­vada y tec­no­lo­gía de punta hacia una región que tiene gran­des reser­vas de gas, petró­leo y muchos mine­ra­les….” “A esto aca­ban de renun­ciar de manera sui­cida las comu­ni­da­des ama­zó­ni­cas que siguie­ron las con­sig­nas retró­gra­das de Alberto Pizango”. Fue al revés, ha sido Pizango quien obe­de­ció las con­sig­nas dadas por la pobla­ción ama­zó­nica, un estilo de demo­cra­cia que jamás enten­derá usted, “demó­crata” Var­gas Llosa.

Usted usa el mismo len­guaje que la gran prensa en manos de las empre­sas mul­ti­na­cio­na­les depredadoras.


El ver­ti­ca­lismo anti­de­mo­crá­tico y egoísta de las gran­des empre­sas mul­ti­na­cio­na­les a lo que usted no sé por qué llama “demo­cra­cia”, tiene cada vez menos admiradores.

Ade­más se lanza con­tra “las estú­pi­das men­ti­ras según las cua­les aque­llos decre­tos for­ma­ban parte del Tra­tado de Libre Comer­cio fir­mado entre el Perú y Esta­dos Uni­dos”. Esas “estú­pi­das men­ti­ras” están en los preám­bu­los de los decre­tos y fue­ron pre­go­na­das por la minis­tra Mer­ce­des Araoz.

No se detiene ahí, con­si­de­rando a los habi­tan­tes ama­zó­ni­cos retar­da­dos men­ta­les, no con­cibe que la resis­ten­cia pueda haber sido pen­sada por ellos, dice que fue­ron ins­ti­ga­dos por Hugo Chá­vez y Evo Morales.

No des­per­di­cia la opor­tu­ni­dad para ensal­zar a los dos gobier­nos más retró­gra­dos y ase­si­nos de indí­ge­nas de Suda­mé­rica: Perú y Colombia.

Orga­ni­za­ción colec­tiva democrática

Semi­na­rio Las ame­na­zas de la Demo­cra­cia en Amé­rica Latina: Terro­rismo, Debi­li­dad del Estado de Dere­chos y Neo­po­pu­lismo, evento rea­li­zado en Bogotá (tenía que ser Colom­bia) durante los días 19 y 22 de noviem­bre del 2009

Sus pala­bras:

“El desa­rro­llo y la civi­li­za­ción son incom­pa­ti­bles con cier­tos fenó­me­nos socia­les y el prin­ci­pal de ellos es el colec­ti­vismo. Nin­guna socie­dad colec­ti­vista o impreg­nada con esa cul­tura es una socie­dad que desa­rro­lla, moder­niza y alcanza la civi­li­za­ción… El socia­lismo, el nazismo y el fas­cismo son los fenó­me­nos colec­ti­vis­tas del pasado. Hoy se expresa mediante el nacio­na­lismo y los inte­gris­mos reli­gio­sos. El fenó­meno está bro­tando en Amé­rica Latina de una manera muy sinuosa y revis­tién­dose con unos ropa­jes que no pare­cen ofen­si­vos sino pres­ti­gio­sos… En Perú está bro­tando con dos o tres her­ma­ni­tos que en nom­bre de esa iden­ti­dad colec­tiva, la iden­ti­dad indí­gena, autóc­tona, genuina, la de la ver­da­dera perua­ni­dad, ha lan­zado una cam­paña que cuando uno la exa­mina racio­nal­mente parece que fuera tonta, casi cómica, pero que toca un cen­tro neu­ro­ló­gico lla­mado el espí­ritu de la tribu, que nunca des­pa­rece incluso en socie­da­des que han avan­zado más en el camino de la civi­li­za­ción… El indi­ge­nismo de los años 20 que pare­cía haberse reza­gado es hoy en día lo que está detrás de fenó­me­nos como el señor Evo Mora­les en Boli­via. En Ecua­dor hemos visto ope­rando y ade­más creando un ver­da­dero des­or­den polí­tico y social. El indi­ge­nismo en Ecua­dor, Perú y Boli­via está pro­vo­cando un ver­da­dero des­or­den polí­tico y social, y por eso hay que com­ba­tirlo… De Ecua­dor sé muy poco lo que está suce­diendo ahora… Si que­re­mos alcan­zar el desa­rro­llo y ele­gir la civi­li­za­ción y la mora­li­dad, tene­mos que com­ba­tir resuel­ta­mente esos bro­tes de colec­ti­vismo… Creo que en el movi­miento indí­gena hay un ele­mento pro­fun­da­mente per­tur­ba­dor que apela a los bajos ins­tin­tos, a los peo­res ins­tin­tos del indi­vi­duo como la des­con­fianza hacia el otro, al que es dis­tinto. Enton­ces se encie­rran en sí mismos”.

Usted entiende clara y correc­ta­mente que la comu­ni­dad indí­gena es la herra­mienta fun­da­men­tal para la defensa de la Madre Tie­rra. Por eso el sis­tema diri­gido por las empre­sas depre­da­do­ras mul­ti­na­cio­na­les com­prende que el ata­que a la natu­ra­leza debe ir acom­pa­ñado del ata­que a la comu­ni­dad indí­gena. Donde hay indí­ge­nas, en cual­quier con­ti­nente, hay comu­ni­dad indí­gena, orga­nismo ver­da­de­ra­mente demo­crá­tico donde manda la colec­ti­vi­dad, no el indi­vi­duo, como en la socie­dad “demo­crá­tica” actual, donde man­dan los intere­ses de las gran­des empresas.

Esa real demo­cra­cia se mani­fiesta en el acuerdo de accio­nes de pro­testa colec­ti­vas, en ple­bis­ci­tos como los de Tam­bo­grande, Aya­baca, Huan­ca­bamba e Islay en el Perú, Andal­galá en Argen­tina, donde más del 90% mani­fiesta demo­crá­ti­ca­mente “Vida sí, mina no”. Es a esa demo­cra­cia a la que tiene terror el sis­tema, por eso Fuji­mori en el Perú y Sali­nas en México casi simul­tá­nea­mente die­ron leyes con­tra la comu­ni­dad indí­gena, por eso de los Decre­tos Ley de Alan Gar­cía algu­nos van con­tra la natu­ra­leza y otros con­tra la comu­ni­dad indí­gena. Por eso usted habla con horror del “espí­ritu de tribu”, de “la col­mena”, “el hor­mi­guero”, com­pren­diendo que la fuerza del movi­miento indí­gena para defen­der la natu­ra­leza con­tra la depre­da­ción del gran capi­tal es la comu­ni­dad indígena.

Ese “des­or­den polí­tico y social” es la rup­tura del “orden” que nece­si­tan las com­pa­ñías depre­da­do­ras para aso­lar la natu­ra­leza con sus accio­nes hacia el “pro­greso”, que es por una parte el pro­greso de sus ingre­sos millo­na­rios y por otra el camino a la extin­ción de la espe­cie humana..

Usted ataca el colec­ti­vismo en nom­bre de la defensa del indi­vi­duo. El colec­ti­vismo no niega la indi­vi­dua­li­dad, que debe ser res­pe­tada. La indi­vi­dua­li­dad es aplas­tada por el fun­da­men­ta­lismo mer­can­til que implanta la “moda” obli­gando a todos a aca­tarla (McDonald’s, Coca Cola), los menos some­ti­dos a este aplas­ta­miento son los indí­ge­nas, entre los que cada pue­blo se viste diferente.

Es la socie­dad que usted defiende la que aplasta la indi­vi­dua­li­dad y exalta el indi­vi­dua­lismo que es el egoísmo supremo. La cul­tura colec­ti­vista es la de la soli­da­ri­dad humana, al con­tra­rio que la que usted defiende, extre­ma­da­mente egoísta. El mejor ejem­plo de esto es que las gran­des empre­sas mul­ti­na­cio­na­les están diri­gi­das por per­so­nas que saben que con la des­bo­cada emi­sión de gases de inver­na­dero están con­du­ciendo a la extin­ción de la espe­cie humana, pero ya no les importa sus nie­tos ni sus hijos, sino cum­plir con el sagrado man­da­miento neo­li­be­ral, ganar la mayor can­ti­dad de dinero posi­ble en el menor tiempo posible.

La con­dena que usted hace a la demo­cra­cia indí­gena ha sido sufi­cien­te­mente bien repli­cada por Sara­mago:

“Que alguien haya podido decir que el movi­miento indí­gena es un peli­gro para la demo­cra­cia me parece algo increí­ble. Cómo de una cabeza inte­li­gente puede salir una afir­ma­ción tan mons­truosa como esa”.

Para res­pon­der “a quien diga que el movi­miento indí­gena en Amé­rica es el enemigo más grande de la demo­cra­cia” “yo lo que les pro­pongo a voso­tros indí­ge­nas de esta Amé­rica, es que os con­vir­táis en heral­dos de la demo­cra­cia. Si voso­tros levan­táis la ban­dera de la demo­cra­cia, tal vez los demás aprendamos”.

La comu­ni­dad indí­gena, sin darle ese nom­bre, hace tiempo que está levan­tando la ban­dera de la autén­tica demo­cra­cia, ade­más la está lle­vando a nive­les supe­rio­res, con la comu­ni­dad de comu­ni­da­des en el Cauca, Colom­bia, en las islas Kuna de Panamá, y en mayor grado en la zona zapa­tista de Chia­pas, donde desde hace 16 años gobier­nan los indí­ge­nas mediante las “Jun­tas de Buen Gobierno” que son rota­ti­vas, cuyos miem­bros pue­den ser revo­ca­dos en cual­quier momento y no ganan ni un cen­tavo (como en las comu­ni­da­des indí­ge­nas) por ejer­cer esa fun­ción Por eso no es casual que usted haya escrito “La Otra Cara del Paraíso” desatando una cata­rata de calum­nias con­tra esos indí­ge­nas, com­prende muy bien el peli­gro que para las gran­des empre­sas sig­ni­fica su ejem­plo a los otros pueblos.

Las pala­bras de usted en el semi­na­rio tam­bién fue­ron refu­ta­das por diri­gen­tes indígenas.

Leo­ni­das Iza, pre­si­dente de la Con­fe­de­ra­ción de Nacio­na­li­da­des Indí­ge­nas del Ecua­dor: (CONAIE):

Var­gas Losa está pen­sando en el siglo ante­rior y cree que los indí­ge­nas tene­mos que con­ti­nuar mar­gi­na­dos. Si hay ham­bre, pobreza, iniqui­dad, no pode­mos estar tran­qui­los”. “Si la demo­cra­cia sig­ni­fica igual­dad y equi­dad, noso­tros per­se­gui­mos jus­ta­mente una ver­da­dera democracia”.

Luis Macas, fun­da­dor de la CONAIE:

Var­gas Llosa apoya un poder exclu­yente, seme­jante al que pro­pone el pre­si­dente esta­dou­ni­dense George Bush, con un mundo uni­po­lar. Los indí­ge­nas en cam­bio pro­po­ne­mos otro tipo de poder, que es el “ushay”, en kichua, que es per­fec­cio­nar las con­di­cio­nes de vida, la capa­ci­dad de desa­rro­llar­nos colec­ti­va­mente, desde el aporte de los dis­tin­tos espacios”.

El dipu­tado Ricardo Ulcuango:

“¿Civi­li­za­ción es dejar que tres o cua­tro lucren con el nego­cio del gas en Boli­via, con las pri­va­ti­za­cio­nes en Perú o con el petró­leo del Ecua­dor; es con­ta­mi­nar la natu­ra­leza hasta dejarla seca o ven­der el agua de los ríos al que pague mejor?”

Hum­berto Cho­lango de ECUARUNARI, la orga­ni­za­ción más grande de la CONAIE que agrupa a los indí­ge­nas de la sie­rra: Son pos­tu­ras como esa “las que no dejan avan­zar en la con­so­li­da­ción de una Lati­noa­mé­rica más demo­crá­tica, más tole­rante, más par­ti­ci­pa­tiva, y más inte­grada, reco­no­ciendo la diver­si­dad de cada país con todos los acto­res que cons­tru­yen este continente”.

Como se ve, ellos tie­nen un con­cepto dife­rente de la liber­tad y la demo­cra­cia que usted, que opina: “El com­bate por la liber­tad nos obliga a tomar par­tido resuel­ta­mente, sin sub­ter­fu­gios, por las socie­da­des abier­tas y demo­crá­ti­cas del mundo libre cuyo lide­razgo ejer­cen los Esta­dos Unidos”.

Racismo

Usted goza de un intenso racismo.

Se nota cuando reco­mienda a los indí­ge­nas que para superarse aban­do­nen su cultura.

Basta leer su novela “Lituma en los Andes”, un libro con­tra los “serra­nos” (en el Perú cos­teño hay un racismo regio­na­lista con­tra los indí­ge­nas iden­ti­fi­ca­dos regio­nal­mente como habi­tan­tes de la sie­rra).

Cuando el cabo cos­teño le dice al guar­dia serrano que “merece ser cos­teño”, éste le agra­dece. La cul­mi­na­ción de la novela es la cons­ta­ta­ción de que el cani­ba­lismo es un ritual serrano. Yo soy serrano y en toda mi exis­ten­cia no he visto nada seme­jante. Lo que sí veo es lo que dije más arriba, que la cul­tura que usted defiende está lle­vando al exter­mi­nio de la huma­ni­dad, no se la come, sim­ple­mente la está matando.

En mi libro “Noso­tros los Indios” dedico un capí­tulo (“La cul­tura india y el neo­li­be­ra­lismo” – José María Argue­das y MarioVar­gas Llosa) a la defensa de mi “tayta” José María con­tra los ata­ques suyos en su libro “La Uto­pía Arcaica”. No voy a repe­tir acá lo dicho allí, sólo men­ciono la pre­sen­ta­ción hecha para la segunda edición:

“Este artículo fue escrito en marzo de 1999. De enton­ces a ahora se ha desa­rro­llado una oleada de movi­mien­tos indí­ge­nas en el con­ti­nente y una desas­trosa cri­sis del neo­li­be­ra­lismo. Esto demues­tra que “la uto­pía arcaica” no es el “indi­ge­nismo de José María Argue­das” sino el bie­na­mado neo­li­be­ra­lismo de Var­gas Llosa, del cual con­ti­núa siendo uno de sus gurúes.”

Uchu­ra­qay

En enero del 83 fue­ron ase­si­na­dos 8 perio­dis­tas en la comu­ni­dad de Uchu­ra­qay, Ayacucho.

El gobierno repre­sor que entregó el poder polí­tico del depar­ta­mento al geno­cida gene­ral Cle­mente Noel (fui sus­pen­dido por 120 días de la Cámara de Dipu­tados por haber dicho esto y haberme negado a reti­rar ese cali­fi­ca­tivo), nom­bró una comi­sión pre­si­dida por usted para encu­brir la res­pon­sa­bi­li­dad del ejér­cito en el cri­men. Usted cum­plió per­fec­ta­mente ese come­tido, cul­pando a los comu­ne­ros en forma colec­tiva por las muer­tes, des­de­ñando infor­mes de antro­pó­lo­gos, juris­tas, lin­güis­tas y psicoanalistas.

La Comi­sión por la Ver­dad y Recon­ci­lia­ción y otras orga­ni­za­cio­nes de defensa de los dere­chos huma­nos denun­cian que usted se limitó a reco­ger los tes­ti­mo­nios y prue­bas que die­ron los mili­ta­res impli­ca­dos en el cri­men, las que natu­ral­mente excul­pa­ban al ejér­cito, eli­mi­nando el resto. Apli­cando el racismo mani­fes­tado en “Lituma en los Andes” dijo que habían sido los comu­ne­ros quie­nes mata­ron a los perio­dis­tas y pia­do­sa­mente afirmó que “todos éramos cul­pa­bles” por no “civilizarlos”.

Dicen que pasado un tiempo un tri­bu­nal encon­tró prue­bas de la impli­can­cia mili­tar, y que usted mani­festó que su con­clu­sión la había hecho por el “bien de la democracia”.

Men­ciono esto por­que hay quie­nes pre­sen­tan a usted como “defen­sor de los Dere­chos Humanos”.

Los fami­lia­res de los perio­dis­tas muer­tos sien­ten asco por usted debido a su labor de encu­bri­dor de geno­ci­das como Noel.

Con­clu­sión

Afor­tu­na­da­mente los pue­blos indí­ge­nas del mundo ins­pi­ran cada vez mayor res­peto de otros sec­to­res de la pobla­ción mun­dial por estar a la van­guar­dia de la defensa de la natu­ra­leza en favor de toda la huma­ni­dad y por prac­ti­car la ver­da­dera demo­cra­cia soli­da­ria en sus orga­ni­za­cio­nes, mos­trando el único camino posi­ble para ase­gu­rar la super­vi­ven­cia de la espe­cie: Que sea toda la socie­dad quien se gobierne a sí misma y sea la que deter­mine qué ins­ta­la­cio­nes indus­tria­les pue­den con­ti­nuar exis­tiendo sin poner en riesgo la super­vi­ven­cia de la especie.

Esto he podido cons­ta­tarlo en la gira que hice por Europa últi­ma­mente hablando pre­ci­sa­mente de ese tema.

El ver­ti­ca­lismo anti­de­mo­crá­tico y egoísta de las gran­des empre­sas mul­ti­na­cio­na­les a lo que usted no sé por qué llama “demo­cra­cia”, tiene cada vez menos admiradores.

No me extraña que usted haya reci­bido el Pre­mio Nobel, Tam­bién Obama reci­bió el pre­mio Nobel de la Paz por impul­sar la gue­rra de Afganistán.

Pienso que Alfred Nobel, quien se sen­tía cul­pa­ble por su res­pon­sa­bi­li­dad como empre­sa­rio enri­que­cido a tra­vés de la pro­duc­ción de dina­mita usada por la mine­ría y la gue­rra, no esta­ría satis­fe­cho con los dos premiados.

Hugo Blanco

Vease pasaje de Var­gas Llosa Un peán a la revolución

Carta de Mario Vargas Llosa a Julia Urquidi

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Paris, 7 de junio de 1964

Querida Julia:

Estoy en Paris desde ayer; anoche leí varias veces tus cartas y esta mañana, antes de sentarme a la máquina para escribirte estas líneas, volví a leerlas y a sentir la misma sensación de amargura, de pesar. En Lima, vi la carta que le enviaste a Patricia por intermedio de Bertha; es una bella carta, llena de generosidad y nobleza, que me avergonzó pues yo temía encontrar en ellas palabras de rencor. Créeme que me duele profundamente haber actuado contigo esta vez de manera destemplada y brutal. No soy ciego ni ingrato, Julia, y sé muy bien todo lo que te debo. Dudo que otra mujer hubiera soportado tanto tiempo y con tanta abnegación mis neurosis y mi egoísmo. Sé también, y lo diré siempre, que si, a diferencia de mis amigos, no traicioné mi vocación y soy hoy día un escritor, se debe a ti en gran parte, ya que nunca trataste de apartarme de la literatura y, al contrario, me ayudaste siempre a ser fiel a ella, sabiendo lo que eso sólo me traería a mí y a ti, en cambio, la estrechez material, una vida mediocre. Hubiera dado cualquier cosa por separarme de ti de buena manera, explicándolo todo, rogándote que comprendieras. Pero tú sabes tan bien como yo, Julia, que eso hubiera significado un drama terrible. Te juro que no te hago reproches, sé de sobra que el único que los merece soy yo. Pero recuerda ese clima de violencia, de tensión, en el que hemos vivido todos estos años. Yo debí decírtelo desde un comienzo y ha sido un error imperdonable de mi parte disimular, mentir, negar lo que dentro de mí era la evidencia misma. Creía que así sufrirías menos y no fue así; al contrario, el infierno que llevaba dentro te lo he hecho vivir a ti, que no tenias ninguna culpa. Yo sé muy bien, Julia, que tus celos ytu amargura todo este tiempo se justifican ampliamente.

No como creías -ame creerás esta vez diere Julia?- porque yo te engañase cada vez que volvías la espalda, como hacen todos los buenos maridos respetables una vez transcurrida la luna de miel. Yo no soy bueno ni respetable yen nueve años de matrimonio no he practicado nunca cierta sólidas costumbres burguesas. No sé, y probablemente no sabré nunca, lo que es tener una amante y la única vez que traté de engañarte, por snobismo adolescente, con una puta elegante del hotel Napoleón, la experiencia fue tan lamentable que se me enciende la cara al recordarlo. No debo haber superado ciertos prejuicios burgueses todavía cuando me avergüenza un poco todavía decirte que en nueve años, y con esa lastimosa excepción, nunca he hecho el amor fuera del matrimonio, aunque no lo creas (pero ahora deberías creerme). Nunca toqué un cabello a Pilar, de quien jamás estuve enamorado, y supongo que no has imaginado que he violado a Patricia. Como dices en una de tus cartas, en el dominio sentimental aún sigo en los quince años. Dicho esto, y perdóname que te hiera de nuevo, es cierto y justo que tuvieras razón para acusarme de ser frío contigo, injusto y a veces cruel. No quiero hacerte daño, Negrita, por lo que más quieras perdóname, pero tú sabes lo que es el amor, y cómo lo avasalla todo y destruye los propósitos y las convicciones como un gran ventarrón. He vivido todos estos años con el corazón devorado por el recuerdo de Patricia, sufriendo mucho yo también y esto puede explicarte muchas cosas. No deberia hablarte de ella, pero tus cartas me han partido el alma y creo que, aunque tarde, es preferible la sinceridad. Es probable que haya mucho de cierto en estos sombríos augurios que aparecen en tu carta del día 27; yo me conozco bastante bien y sé que no puedo hacer feliz a nadie. Pero no voy a renunciar a ese amor, a pesar las y que conozco tanto como tú. Has hecho mal en pensar que podía valerme de malas artes y procedimientos sórdidos para obtener el divorcio. Lo último que se me podía ocurrir es acusarte de algo ante un tribunal y me ha apenado que me amenazaras con mostrar cartas “comprometedoras”: El único que está comprometido en esto soy yo,querida Julia, y no me atemoriza en absoluto que sepa todo el mundo que quiero a Patricia. Te pedi que evitaras revelárselo a tus papás, por ellos y no por mí. Pero desde luego que no es un escándalo familiar lo que pueda asustarme, mucho menos modificar mis sentimientos. No quiero hacerte la infamia de imaginar que pudieras intentar algo contra Patricia, sobre todo después de leer la bella, hermosa carta que le escribiste. Ella no tiene la culpa de que la quiera, ¿no es cierto?, y mucho menos que yo te haya hecho sufrir. Me dices que ahora necesitas un tiempo de reflexión de seis meses para decidir si consientes el divorcio. Está bien, Julia.Te sientes lastimada ahora, y con razón. incluso si, como puede ocurrir, pasado ese plazo me dijeras que necesitas otro más largo, no podría sentir ningún rencor hacia ti. No voy a intentar conseguir el divorcio si tú te opones a él, a pesar de lo que esto significa. Tienes todo el derecho de impedir que me case con Patricia, y después de todo con esto tal vez le harías un buen servicio a tu sobrina, pero no puedo creer que esta actitud te sea dictada por un deseo de compensación por el daño que te he causado. Menos todavía que creas que después de un tiempo volveré a la razón. A mí también me cuesta hablarte de problemas materiales, pero es urgente, indispensable. Tienes que estar sin un centavo y yo sé muy bien que la situación de tu familia es dificil y que ellos no podrán ayudarte. Por este mismo correo le escribo a Carlos Barral diciéndole que te envie todo lo que hay y pueda haber en el futuro de derechos de “La ciudad y los perros’: Es algo que te corresponde en legítima justicia y no tienes derecho a rechazarlo. Yo no tengo ahora nada de plata, sino te mandaría algo para ayudarte a hacerfrente a algunas necesidades menudas. Pero en Barcelona debe haber en mi cuenta unas cien mil pesetas yeso te puede servir durante algún tiempo. (re finando copia de la carta). La próxima semana te despacharé las maletas. ¿Cómo debo hacer para enviarte el pic-up y los discos y las otras cosas de Bretaña y Holanda? Todo es tuyo y te lo mandaré de todos modos.

Mario.

Discurso de Mario Vargas Llosa en el brindis

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Discurso pronunciado por nuestro Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, en el brindis posterior a la entrega del Premio. Nobel Mario Vargas Llosa BRINDIS DEL NOBEL Majestades, altezas, excelencias, señores, señoras:

“Soy un contador de historias y, por lo tanto, antes de proponerles un brindis, voy a contarles una historia.

Érase una vez un niño que a los cinco años aprendió a leer. Eso le cambió la vida. Gracias a los libros de aventuras que leía, descubrió una manera de escapar de la pobre casa, del pobre país y de la pobre realidad en que vivía, y de trasladarse a lugares maravillosos, espléndidos, con seres bellísimos y cosas sorprendentes donde cada día, cada noche, significaba una manera más intensa, aventurera y novedosa de gozar.

Gozaba tanto leyendo historias que, un día, este niño, que ya era un joven, se dedicó también a inventarlas y escribirlas. Lo hacía con dificultad pero, al mismo tiempo, con felicidad y gozando cuando escribía tanto como cuando leía.

Sin embargo, el personaje de mi historia era muy consciente de que una cosa era el mundo de la realidad y otra, muy distinta, el mundo del sueño y la literatura y que éste ultimo sólo existía cuando él leía y escribía. El resto de tiempo, se eclipsaba.

Hasta que en un amanecer neoyorquino el protagonista de mi cuento recibió una sorpresiva llamada en la que un señor de apellido impronunciable le anunció que había recibido un premio y que tendría que ir a recibirlo a una ciudad llamada Estocolmo, capital de un país llamado Suecia (o algo así).

Mi personaje comenzó entonces, maravillado, a vivir, en la vida real, una de esas experiencias que, hasta entonces, sólo existían para él en el dominio ideal e irreal de la literatura. Se sintió de pronto como debió sentirse el mendigo cuando fue confundido con el príncipe en la novela de Mark Twain. Todavía sigue allí, desconcertado, sin saber si sueña o está despierto, si aquello que vive lo vive de verdad o de mentiras, si esto que le pasa es la vida o es la literatura, porque los límites entre ambas parecen haberse eclipsado por completo.

Queridos amigos, ahora ya puedo proponerles el brindis prometido.

Brindemos por Suecia, ese curioso país que parece haber conseguido, para ciertos privilegiados, el milagro de que la vida sea literatura y la literatura vida.

¡Salud (skål) y muchas gracias¡”

Con Vargas Llosa, solo otros dos laureados se dirigieron a los casi 1.500 invitados —incluida la realeza sueca— en la fastuosa ceremonia.

Un gran día para el Perú: Mario Vargas Llosa ganó el Premio Nobel de Literatura

EN POR

Saben, estoy tan emo­cio­nado por don Mario, por la cul­tura peruana, por la Lite­ra­tura de mi país, no lo puedo creer aún, abrí las noti­cias y me encon­tré con esto, don Mario es el Pre­mio Nobel de Lite­ra­tura, qui­siera feli­ci­tarlo y decirle que me ale­gró la mañana y que lo res­peto, no solo por su lite­ra­tura sino ade­más por su volun­tad de vida, por la dis­ci­plina que le puso a su pro­fe­sión, por su lucha con­tra las injus­ti­cias de los paí­ses y por toda su decen­cia. Gra­cias don Mario, aun­que ese día no alcancé a salu­darlo, le agra­dezco que Ud. sea peruano.

En comu­ni­ca­ción con RPP, el gana­dor del Pre­mio Nobel de Lite­ra­tura 2010, Mario Var­gas Llosa, expresó su gran emo­ción por reci­bir éste reconocimiento.

“Estoy muy con­tento y agra­de­cido a la Aca­de­mia Sueca y a todos los ami­gos que desde que se ente­ra­ron de la noti­cia me han dicho cosas simpáticas”,señaló el lite­rato a RPP.

Var­gas Llosa tam­bién afirmó que desde hace mucho tiempo pen­saba que no se encon­traba entre los can­di­da­tos al Pre­mio Nobel de Lite­ra­tura 2010. “Sin duda fue una sor­presa mayús­cula”, ase­guró con gran entusiasmo.

Según el pre­si­dente del jurado del Nobel de Lite­ra­tura, Peter Englund, el autor de “La ciu­dad de los perros” dijo sen­tirse “muy con­mo­vido y entu­sias­mado” por el galardón.

Vale recal­car que Var­gas Llosa está en Nueva York, donde da cla­ses en la Uni­ver­si­dad de Princeton.

“Se había levan­tado a las cinco de la mañana para pre­sen­tar una clase, cuando reci­bió nues­tra lla­mada a las siete menos cuarto, mien­tras tra­ba­jaba inten­sa­mente”, dijo Englund.

Cabe men­cio­nar que el escri­tor ” nacido en 1936 en Are­quipa (Perú) y que tam­bién tiene la nacio­na­li­dad espa­ñola, en las qui­nie­las de los favo­ri­tos de los Nobel desde hacía años, es el pri­mer escri­tor lati­noa­me­ri­cano gana­dor del Nobel de Lite­ra­tura desde el mexi­cano Octa­vio Paz, en 1990.

Fuente: RPP

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Cin­cuenta razo­nes para cele­brar a Mario

El Cul­tura. ES

Aso­cio el nom­bre de Mario Var­gas Llosa no sólo con unas cuan­tas nove­las memo­ra­bles, algu­nas de las cua­les figu­ran en lugar pre­fe­rente de mi his­to­ria par­ti­cu­lar del gozo esté­tico. Le tengo, ade­más, por un exce­lente pen­sa­dor del género nove­lesco. Creo que ha sabido razo­nar con hon­dura, con inge­nio, con pasión con­ta­giosa, por qué y para qué se escri­ben y se leen las nove­las. Recuerdo, agra­de­cido, que hace años un ensayo suyo me llevó a la expe­rien­cia inol­vi­da­ble de leer Tirante el Blanco. Fer­nando Aramburu

Siem­pre había que­rido pare­cerme a escri­to­res como Var­gas Llosa. Desde que leí La ciu­dad y los perros había que­rido pare­cerme al pro­pio Var­gas Llosa. Y con el paso del tiempo, me enteré de que los 2 somos lec­to­res apa­sio­na­dos de Los mise­ra­bles, de Víc­tor Hugo. Gra­cias, Mario, por haberme ayu­dado a cum­plir uno de mis sue­ños. Fer­nando Fernán-Gómez

La pri­mera razón para leer a Var­gas Llosa es Los Cacho­rros, Con­ver­sa­ción en la Cate­dral, la Ciu­dad y los perros, La casa Verde o La Gue­rra del Fin del mundo. Tan impre­sio­nante lis­tado obliga a no aña­dir más. La segunda razón es que tiene uno de los libros más des­ca­cha­rran­tes de la lite­ra­tura en espa­ñol: La Tía Julia y el escri­bi­dor. La ter­cera razón es que es uno de los más inte­li­gen­tes y ele­gan­tes crí­ti­cos lite­ra­rios, cuyas invi­ta­cio­nes a obras de otros abren exce­len­tes puer­tas para lle­gar a nove­las impres­cin­di­bles (La Ver­dad de las men­ti­ras). La cuarta es su obra perio­dís­tica. No hace nin­guna falta aña­dir una quinta razón. Juan Boni­lla

Con­fieso que aun­que es un com­pa­ñero estu­pendo de la Real Aca­de­mia, no he leído en pro­fun­di­dad su obra. Sí conozco más sus artícu­los, que siem­pre me han pare­cido valien­tes, muy per­ti­nen­tes y res­pe­ta­bles y, sobre todo, inde­pen­dien­tes. Y, desde luego, sus cono­ci­mien­tos esté­ti­cos sal­tan a la vista. Fran­cisco Nieva

El pri­mer libro que leí de él fue el ensayo La orgía per­pe­tua y el último La fiesta del chivo. Dicen que los poe­tas se divi­den en cele­bra­to­rios y ele­gía­cos. El autor de estas orgías y de estas fies­tas sería de los pri­me­ros. No digo que escriba siem­pre him­nos (el relato del dic­ta­dor san­gui­na­rio no lo es, cier­ta­mente), pero sí que trans­mite con ale­gría su amor. Esa es la esen­cia de los maestros¿Amor a qué? A la lite­ra­tura, pero tam­bién amor huma­nista al mundo, a pesar de sus des­ga­rra­mien­tos, de sus dile­mas y de toda su nega­ti­vi­dad. Javier Gomá

Como ocu­rría con Enri­que Jar­diel Pon­cela, a mí me pasa con la lite­ra­tura de Mario Var­gas Llosa que sus artícu­los perio­dís­ti­cos me pare­cen de dere­chas, pero sus nove­las son más bien de izquier­das. Esto sólo es posi­ble en un escri­tor com­plejo, inde­pen­diente y lleno de huma­ni­dad, como sin duda es el autor de La ciu­dad y los perros, novela inol­vi­da­ble que dis­fruté muchí­simo leyendo. Vicente Aranda

Leer a MVLL es una forma de con­ser­var la juven­tud: su obra está hecha en el pre­sente com­bus­ti­ble de la pasión. En sus nove­las alienta el clima fra­go­roso de la tem­po­ra­li­dad, donde lo vivo arde, pug­naz y fugaz. Sus per­so­na­jes sucum­ben poniendo a prueba sus fuer­zas, como ánge­les caí­dos que pagan el robo del fuego. Son nega­dos por un mundo mal hecho, incó­lume y cul­pa­ble. Pero, otra vez, la vida apuesta por ella misma y forja al héroe de una apa­sio­nada des­es­pe­ranza. Asi, la lec­tura nos reco­bra y la aven­tura reco­mienza. A los 70 años, MVLL sigue jugán­dolo todo a una página. Julio Ortega

A todos los gran­des nove­lis­tas hay que leer­los para saciar nues­tro innato deseo de escu­char his­to­rias. A Var­gas Llosa tam­bién, por­que es un inago­ta­ble con­ta­dor. Pero lo que más me impre­siona en él es su pasión por la lite­ra­tura. Es una pasión de ado­les­cente. Nos ha con­tado cómo des­cu­brió Madame Bovary, la exci­ta­ción, el entu­siasmo por leerla. Creo que con los años y las pági­nas se pierde esa vora­ci­dad entu­sia­mada pro­pia del lec­tor joven. Var­gas Llosa la ha con­ser­vado y, ade­más, intenta trans­mi­tir­nos esa pro­funda emo­ción. Me parece mag­ní­fico. José Anto­nio Marina

En los tiem­pos de la uni­ver­si­dad, todos mis ami­gos que hacían Filo­lo­gía y Filo­so­fía eran de los libros serios de Var­gas Llosa: La ciu­dad y los perros, Con­ver­sa­ción en la cate­dral, La casa verde. Pero yo siem­pre pre­ferí los otros, los supues­ta­mente frí­vo­los: sobre todo, La tía Julia y el escri­bi­dor. En ella encuen­tro, lle­vada al extremo, la mejor razón para leer a Var­gas Llosa: el gozo. La ale­gría de encon­trarse una his­to­ria bien con­tada, que rezuma inge­nio y pro­fun­di­dad. Lorenzo Silva

No hay mayor motivo para leer a un autor que el pla­cer que pro­duce. Yo recuerdo con pre­ci­sión el que me regaló la lec­tura de Los cacho­rros en mis pri­me­ros tiem­pos de estu­diante uni­ver­si­ta­rio, que se amplió y afianzó con sus ensa­yos sobre Flau­bert o el Tirant lo Blanch. Me gusta ver los lomos de La ciu­dad y los perros, La casa Verde, Con­ver­sa­ción en La Cate­dral o La Tía Julia… en mi biblio­teca mar­ca­dos por la lec­tura, que es siem­pre recuerdo y pro­mesa. Jaume Vallcorba

Recién acabo de des­per­tar de un sueño en el que me asom­braba todo el rato de lo fácil que me resul­taba el camino que me lle­vaba a vol­ver a leer las obras cum­bres de Var­gas Llosa. Y es que caía en picado por él, por ese camino. A quie­nes no le hayan leído, les reco­men­da­ría que toma­ran el camino con más calma. Es un sen­dero largo y atrac­tivo, lleno de gran­des hallaz­gos. Enri­que Vila-Matas.

Para mí, aun­que per­so­nal­mente lo conozco poco, es uno de mis mejo­res y más vie­jos ami­gos. He leído todos sus libros, y algu­nos más de tres y cua­tro veces. Y los he leído como lec­tor y como escri­tor. Para dis­fru­tar y para dis­fru­tar apren­diendo. Es un autor que se va engran­de­ciendo con el tiempo. La ciu­dad y los perros o Con­ver­sa­ción en La Cate­dral son nove­las que resul­tan mejo­res ahora que cuando apa­re­cie­ron. La Fiesta del Chivo será mejor den­tro de 20 años que ahora. ése es el pri­vi­le­gio de un crea­dor de mun­dos cuya riqueza y soli­dez parece cre­cer y cre­cer con los años, como si cada libro tuviera vida pro­pia. Luis Lan­dero.

Hay que leerlo por­que es un escri­tor que jamás se separa de la reali­dad, pero la uti­liza para tras­cen­derla, para uni­ver­sa­li­zar cues­tio­nes que pare­cían con­cre­tas y limi­ta­das, sea la edu­ca­ción en un cole­gio para­mi­li­tar o la vida bajo una dic­ta­dura deter­mi­nada. Ha enten­dido como pocos la capa­ci­dad omní­moda de la novela para crear mun­dos autó­no­mos en los que lo “real” no es la corres­pon­den­cia con una reali­dad exte­rior, sino la cohe­sión interna y la armo­ni­za­ción de ele­men­tos que, fuera de esa uni­dad narra­tiva, serían tal vez incom­pa­ti­bles. Ricardo Sena­bre

Var­gas Llosa es un escri­tor que con­si­gue, en sus nove­las y en sus ensa­yos, dar pasos ade­lante, y sor­pren­der o cau­ti­var nue­va­mente. Es una prueba inequí­voca de su enorme talento y de su papel en la evo­lu­ción de la lite­ra­tura en espa­ñol. Leerlo siem­pre aporta algo, tanto a lec­to­res como a escri­to­res, y éstos aca­ban entre­ga­dos al reno­vado poderío de su lite­ra­tura. Adolfo Gar­cía Ortega

¿Cuán­tos gran­des libros tiene que escri­bir un nove­lista para que se le con­si­dere un gran escri­tor? Yo creo que basta con uno. Pues bien, Mario Var­gas Llosa es autor, no de uno, sino de varios libros ver­da­de­ra­mente gran­des, razón más que sufi­ciente para que se deci­dan de una vez a leerle todos aque­llos que toda­vía no lo hayan hecho. Igna­cio Mar­tí­nez de Pisón

Mario Var­gas Llosa es un escri­bi­dor, nove­lista, ensa­yista, arti­cu­lista, que ha hecho bueno el afo­rismo clá­sico de delei­tar apro­ve­chando. Todas sus nove­las son nove­las de tesis y en ellas está siem­pre pre­sente ese inte­lec­tual euro­peo tras­la­dado a His­pa­noa­mé­rica. Es posi­ble afir­mar que Mario Var­gas Llosa ha reju­ve­ne­cido la novela, sin per­der una cierta fide­li­dad a la novela del siglo XIX, a la que alude con fre­cuen­cia en sus exce­len­tes artícu­los. Car­los Bousoño

Ahora que las últi­mas hor­na­das de narra­do­res his­pa­noa­me­ri­ca­nos abo­mi­nan de sus padres lite­ra­rios, no está de más insis­tir en la gran­deza de los escri­to­res del boom. Yo, como tan­tos, he cre­cido, des­lum­brado, con ellos. La mejor razón para leer a Var­gas Llosa con­siste en la razón única de que dis­po­ne­mos para leer a cual­quier gran autor: aspira siem­pre a la gran lite­ra­tura. Car­los Marzal

Una razón para leer a Var­gas Llosa es por ser un extra­or­di­na­rio expo­nente de la ori­gi­na­li­dad narra­tiva y de la belleza esti­lís­tica de la lite­ra­tura his­pa­noa­me­ri­cana de nues­tros días. Anto­nio García-Bellido

Mario Var­gas Llosa es un maes­tro de ese modo de nove­lar que, en un lugar de la Man­cha, derrotó a los malos libros de caba­lle­rías, por más que estos se empe­ñen en regre­sar. Tra­mas de la his­to­ria ver­da­dera, con­duc­tas y atmós­fe­ras sor­pren­den­tes pero reco­no­ci­bles, y un len­guaje con­ciso y pre­ciso. Un clá­sico vivo de la len­gua espa­ñola. José María Merino

Var­gas Llosa es un experto en crear estruc­tu­ras narra­ti­vas com­ple­jas, diná­mi­cas y efi­ca­ces, al dotar­las de una mirada en zig-zag que per­mite una doble visión de las esce­nas cru­za­das, de cuyo movi­miento emerge un con­cepto de “des­tino” ple­na­mente moderno. A menudo lo leo para apren­der. Jesús Ferrero

Por­que es un maes­tro de la nove­lís­tica con­tem­po­rá­nea, por­que eso lo hace al mismo tiempo uno de los nove­lis­tas más impor­tante del mundo, y por­que es, para cono­cer el mundo his­pá­nico, abso­lu­ta­mente impres­cin­di­ble leerlo. J. J. Armas Marcelo

Hay escri­tu­ras adic­ti­vas, lees una sola línea y ya estás engan­chado. La de Var­gas Llosa es una de ellas: con unas pocas pala­bras te coloca en la espe­ranza de estar en el umbral de una reve­la­ción: la de que leer, nos trans­forma. Por­que todo lo que nos rodea des­a­pa­rece y la página, nues­tros ojos, el cere­bro y el pecho comien­zan a res­pi­rar en el modo que quiera pro­vo­car­nos. La última cosa que he leído suya estaba estam­pada en una deli­cada cabeza de bronce de Manolo Val­dés. No pude dejar de dar vuel­tas alre­de­dor de ella. Alberto Cora­zón

Oye”, pre­gunto a una amiga con la que he salido a cenar, “¿tú sabrías decirme una razón por la que leer a Var­gas Llosa?” “¿Una razón? ¿¡Sólo una!?” Deja el tene­dor, se le agran­dan los ojos, intenta hablar sin con­se­guirlo, hace un gesto con las manos como para abar­car un objeto inasi­ble y mara­vi­lloso, son­ríe, recor­dando sin duda alguno de sus libros, sacude la cabeza per­pleja e impo­tente. Vale. Para qué más razo­nes. José Ovejero

A Mario Var­gas Llosa le agra­de­ceré siem­pre las her­mo­sas, inten­sas e impa­ga­bles horas que he pasado con sus nove­las, sedu­cida por el pla­cer inago­ta­ble de esa “orgía per­pe­tua” que él tan bien conoce y por su asom­brosa capa­ci­dad de con­ver­tir las men­ti­ras de la fic­ción lite­ra­ria en las ver­da­des más autén­ti­cas y per­tur­ba­do­ras, tan lejos de lo que un comen­ta­rista polí­tico de la reali­dad podría con­se­guir jamás. Mer­ce­des Sampietro

Siem­pre vale la pena leer a Var­gas Llosa, inclui­dos sus artícu­los con los que muchos no esta­mos de acuerdo y en los que es impo­si­ble dejar de reco­no­cer su inte­li­gen­cia, rigor y cla­ri­dad. Siem­pre vale la pena leer a Var­gas Llosa, por­que su pulso narra­tivo ape­nas tiene paran­gón, por­que en su obra la com­ple­ji­dad for­mal, la refle­xión his­tó­rica y el sen­tido del humor se con­ju­gan admi­ra­ble­mente, y por muchos otros moti­vos que inclu­yen, por supuesto, el pla­cer de dis­cre­par de él. Andrés Neuman

La razón prin­ci­pal para leer a Mario Var­gas Llosa es la deli­cia que sig­ni­fica leerlo, sim­ple­mente. La prosa de Var­gas Llosa des­tila lo que yo lla­ma­ría cono­ci­miento pla­cen­tero o lo que es lo mismo, belleza. Pero esa belleza en Var­gas Llosa se acre­cienta con su estilo, que es inte­li­gente. La estruc­tura de su len­guaje es firme y pre­cisa. Todo ello hace que trans­mita el men­saje con “segu­ri­dad” y de una manera única creando la sen­sa­cion de un tiempo pla­cen­tero. Me encan­ta­ría hablar con él sobre Neu­ro­es­té­tica o neu­roarte. Fran­cisco Mora

Cre­ci­mos lite­ra­ria­mente con los rela­tos de Var­gas Llosa. En una época de magias difu­sas, mos­tró que el rea­lismo tam­bién tiene mil y una noches. Creo que el que Mario sea un polí­tico laico, tam­bién en lo polí­tico, le da una curiosa dis­tan­cia res­pecto a la reela­bo­ra­ción de la reali­dad, en un sen­tido dis­tinto al de los “cre­yen­tes”. Y resiste muy bien el paso del tiempo, como toda buena lite­ra­tura. Manuel Gutié­rrez Aragón

Recuerdo el impacto que tuve cuando leí La ciu­dad y los perros recién publi­cada, ¡qué pri­mera novela y qué escri­tor excep­cio­nal! Y lo dis­fru­ta­mos desde enton­ces. Por otra parte siem­pre es esti­mu­lante leer sus ensa­yos polí­ti­cos (para a menudo dis­cre­par) y lite­ra­rios (para aplau­dir­los sin excep­ción). Jorge Herralde

Siem­pre reco­miendo a la gente que empieza en el cine que en lugar de infil­trarse en un rodaje donde no se aprende nada, vayan a la sala de mon­taje de una pelí­cula. Eso, y que lean Con­ver­sa­ción en la Cate­dral, poque es una mues­tra de cómo se puede mon­tar bien un relato. David Trueba

Supongo que exis­ten miles de razo­nes para leer las nove­las de Var­gas Llosa. A mi me ocu­rre algo leve­mente dis­tinto: no lo leo, sino que lo re-leo. Y lo hago, jus­ta­mente, cuando estoy a punto de empe­zar a escri­bir una de mis nove­las. Enton­ces busco mi ejem­plar de Con­ver­sa­ción en la cate­dral y, sin impor­tarme ya dema­siado cuándo se jodió el Perú, trato de cap­tar la res­pi­ra­ción, el tejido, la mali­cia narra­tiva y apunto mis armas hacia esa altura inal­can­za­ble pero ten­ta­dora: Var­gas Llosa es la meta, el reto, la “ima­gen y la posi­bi­li­dad”, como dijera Lezama. Leo­nardo Padura.

Le vimos cre­cer lite­ra­ria­mente en la Bar­ce­lona del boom, entre cenas jocun­das y lar­guí­si­mas sobre­me­sas, deli­be­ran­tes o reñi­do­ras. Nos enseñó que ser un nove­lista lati­noa­me­ri­cano autén­tico no sig­ni­fica ser pin­to­resco. El más euro­peo de los nove­lis­tas de las Indias Occi­den­ta­les –cos­mo­po­lita pro­fe­sio­nal– se reveló ade­más como un agu­dí­simo ensa­yista y arti­cu­lista. La última vez que le vi fue en un fes­ti­val de cine en Ber­lín y me pare­ció que el tiempo no había pasado desde los “happy six­ties”. Le segui­mos echando de menos en Bar­ce­lona. Román Gubern

Un escri­tor for­mi­da­ble que aparte de su éxito como nove­lista es un mag­ní­fico exé­geta. Es un gran con­ta­dor de his­to­rias, a las que trata con extra­or­di­na­rio sosiego, aca­ri­ciando las pala­bras. Es una for­tuna que exista, y que escriba así. En los 70 tuvi­mos una rela­ción bas­tante intensa. Informe para una Aca­de­mia causó impacto en Bar­ce­lona, donde vivía. Me con­fió La seño­rita de Tacn’ para que la mon­tara, pero no tenía medios para pro­du­cirla. Recu­rrí a un cono­cido pro­duc­tor de Madrid. Me dijo: “Yo te la pro­duzco, pero con acto­res espa­ño­les”, cuando yo que­ría con acto­res argen­ti­nos exi­lia­dos en España, entre ellos Norma Alean­dro. No la pude mon­tar. Luego, Norma la hizo en Bue­nos Aires con un gran éxito. José Luis Gómez

El con­junto de la obra narra­tiva de Var­gas Llosa es, apli­cán­dole lo que dijo él a pro­pó­sito de Flau­bert, una orgía per­pe­tua. Su nómina de nove­las magis­tra­les es asom­brosa. Algu­nos dirán que nin­guna de sus nove­las ha bri­llado a la altura de Para­diso o Cien años de sole­dad, pero hay algo en lo que nadie lo supera y es que cada década vuelve a escri­bir una obra maes­tra. Lleva medio siglo hacién­dolo. Des­pués de cum­plir setenta años, nos dará alguna más, estoy seguro. Eduardo Lago

Por pla­cer. Esa es mi razón. Por­que más allá de su valen­tía; de su capa­ci­dad para levan­tar ban­de­ras; de su len­guaje mara­vi­lloso, pre­ciso y soña­dor; de sus his­to­rias fabu­lo­sas; de su capa­ci­dad para meter el dedo en la llaga; de su liber­tad de espí­ritu; de su pasión incon­tra­lada, de su pro­fun­di­dad, de su her­mo­sura… leer a Var­gas Llosa me pro­duce pla­cer. Alberto Anaut

Pocos artis­tas poseen la pasión y la luci­dez de Var­gas Llosa. Uno puede estar en desacuerdo con sus pun­tos de vista, pero jamás que­dará decep­cio­nado frente a su ardor y su bri­llante intran­si­gen­cia. En una época domi­nada por la fatui­dad y el espec­táculo, sigue siendo uno de los gran­des defen­so­res de la liber­tad crí­tica. Jorge Volpi

Cuando uno comienza un libro de Var­gas Llosa lo más pro­ba­ble es que se quede al momento engan­chado a su lec­tura y no tenga más reme­dio que ter­mi­narlo pronto. De hecho, a mí me ha qui­tado horas de sueño y estu­dio. Admiro su narra­tiva a cuen­ta­go­tas, la manera en la que va pre­sen­tando al lec­tor la trama donde alterna, sin que uno se de ape­nas cuenta y sin revio aviso, espa­cios y tiem­pos. Te trans­porta con una maes­tría impre­sio­nante. Joa­quín Achúcarro

Para empe­zar, la poli­fo­nía de Los cacho­rros. Mirar una ave­nida sin amor. Gober­nar la maqui­na­ria y el ritmo del len­guaje –culto, arra­ba­lero, de donde toque-. Ser dueño de cinco o seis títu­los ya fun­da­men­ta­les en la his­to­ria de la novela en cas­te­llano. Ser un bri­llante teó­rico de la lite­ra­tura. Capa­ci­dad para crear per­so­na­jes en tres dimen­sio­nes. Y, quizá por encima de todo, el gran arqui­tecto, el pode­roso cons­truc­tor de estruc­tu­ras narra­ti­vas. Anto­nio Soler

Por­que es un autor inno­va­dor en la forma y valiente en los con­te­ni­dos, y nos per­mite cono­cer la reali­dad peruana desde una pers­pec­tiva de pri­vi­le­gio: la de un artista que al hablar de la corrup­cion y exce­sos de poder de su pais defiende la inte­gri­dad inte­lec­tual y rechaza la reto­rica vacia. Uno puede estar de acuerdo o no con sus opi­nio­nes polí­ti­cas, pero es indu­da­ble que son fruto de una ética medi­tada y cons­ciente. Es un clá­sico en su tiempo. Enri­que Marty

Hay que leer a Var­gas Llosa por una razón muy sim­ple: es el mejor escri­tor vivo que hay ahora mismo en len­gua espa­ñola. El más amplio, el más com­pleto, el más pode­roso. Rosa Mon­tero.

Tengo que reco­no­cer que no sabía nada de Var­gas Llosa cuando, allá por los años 60, un amigo me reco­mendó La ciu­dad y los perros. La manera de meterte en las situa­cio­nes que narra, su tre­menda ima­gi­na­ción y el modo de retra­tar a sus per­so­na­jes, es sen­ci­lla­mente fan­tás­tico. Desde enton­ces no he dejado de leer todo lo que he podido de Var­gas Llosa, obras ante­rio­res y pos­te­rio­res a La ciu­dad y los perros, como Los jefes, La casa verde, Pan­ta­león y las visi­ta­do­ras, y una de sus últi­mas y para mí mejo­res, La fiesta del chivo. Fer­nando Argenta

Lle­gué tarde a la obra de Var­gas Llosa. Fué en Nueva York a prin­ci­pios de los 80, cuando par­ti­cipé con Intar — un cen­tro tea­tral off — off Broad­way — en la adap­ta­ción a la escena de La seño­rita de Tacna al inglés. La obra fué un éxito y era extra­or­di­na­rio ver cómo el público neo­yor­quino hacía suya una his­to­ria que suce­día en un remoto lugar y en un ambien­te­que poco tenía que ver con el de Nueva York. Esta puede ser una buena razón para aven­tu­rarse en el riquí­simo uni­verso de Var­gas Llosa. Gui­llermo de Osma

En la obra de Var­gas Llosa están pre­sen­tes los cua­tro ele­men­tos, pero creo que el domi­nante es el agua. Es una escri­tura que va fecun­dando la his­to­ria a medida que avanza. Esa escri­tura tiene bri­llo y pro­fun­di­dad, es vigo­rosa y sen­sual, y se mueve con valen­tía y jui­cio. Es una lite­ra­tura sen­ti­pen­sante. Te agita. Te hace sen­tir libre, en un hogar nómada, donde pue­des vivir a con­tra­co­rriente. Manuel Rivas

Le conocí antes de diri­gir su obra Pan­ta­león y las visi­ta­do­ras, pero durante los ensa­yos tuvismo oca­sión de pro­fun­di­zar en nues­tra amis­tad. Aparte de ser una per­sona encan­ta­dora y gene­rosa, me parece un nove­lista impre­sio­nante, si no el más grande del momento. Un hom­bre de una gran cul­tura que se des­pa­rrama en todo lo que escribe y que tiene talento para cual­quier género lite­ra­rio. Domina el idioma de un modo magis­tral y esta muy inte­grado en las cos­tum­bres his­pa­nas y la prueba es su enorme afi­ción al mundo de los toros. Gus­tavo Pérez Puig

La más impor­tante se llama pla­cer de leer, y cada vez que abro uno de sus libros siem­pre jóve­nes regreso a ese pla­cer des­bor­dante de mi ado­les­cen­cia, cuando La Ciu­dad y los perros era el libro que des­cu­bría­mos lle­nos de asom­bro, por­que hablaba de noso­tros. Var­gas Llosa fue un cóm­plice, un amigo escri­tor cuyas obras iban de mano en mano, de café en café, y al que mi gene­ra­ción debe las con­ver­sa­cio­nes lite­ra­rias más ani­ma­das. Tene­mos una gran deuda con él, y al pla­cer de leer y vol­ver a leer sus nove­las, se agrega el de desearle un Feliz Cum­plea­ños y larga vida, por­que aún nos debe muchí­si­mas nove­las. Luis Sepúlveda

Ade­más de una vieja amis­tad, Mario Var­gas Llosa y yo com­par­ti­mos el calen­da­rio: ¡los dos aca­ba­mos de cum­plir setenta! él mismo ha escrito que las bue­nas his­to­rias “aumen­tan nues­tra vida” y nos “des­cu­bren los alcan­ces de la liber­tad”. Y así son sus libros. Su lec­tura nos dan ánimo para esas empre­sas en las que el ser humano tiene que dar lo mejor de sí mismo. Paloma O ’ Shea

Leer bue­nas nove­las nos brinda una posi­bi­li­dad ines­ti­ma­ble: la de mul­ti­pli­car nues­tra alma y expe­ri­men­tar sen­ti­mien­tos e ideas que sin ellas nos esta­rían veda­das. Pocos auto­res actua­les nos garan­ti­zan este pri­vi­le­gio de modo tan seguro e inte­li­gente como Mario Var­gas Llosa. Su obra es ya una nueva Come­dia Humana de nues­tra moder­ni­dad. Si hubiera que resu­mir su arte en una pala­bra, yo ele­gi­ría: cau­ti­va­dor. Aun­que en este caso lo que nos cau­tiva es lo mismo que nos hace más libres. Fer­nando Savater

La lec­tura de los libros de Var­gas Llosa es, como dijo el escri­tor acerca de la lite­ra­tura citando a Flau­bert, una orgía per­pe­tua, una orgía del len­guaje, una orgía de his­to­rias y sen­sac iones, una orgía para todos los sen­ti­dos. Guillermo Solana

Var­gas Llosa es un mara­vi­lloso nove­lista. De él se puede decir que es capaz de con­mo­ver­nos con las his­to­rias que inventa, de hacer­nos con ellas más cons­cien­tes, de una forma pri­mi­tiva, inme­diata, de nues­tra com­pleja y a menudo dolo­rosa con­di­ción humana. Pero tam­bién se debe decir de él que es un inte­lec­tual, en el más noble sen­tido de la pala­bra, entre los narra­do­res; que leyendo no sólo sus ensa­yos sino tam­bién sus nove­las apren­de­mos a cono­cer mejor el mundo y su his­to­ria, algo que cons­ti­tuye la mejor for­ma­ción para sopor­tar el pre­sente y afron­tar el futuro. Pocos son los narra­do­res que poseen seme­jante don, el de cabal­gar con igual gra­cia entre lo ima­gi­nado y lo real. José Manuel Sánchez-Ron

Admiro en Var­gas Llosa la cohe­rente con­ti­nui­dad en su tra­yec­to­ria, tanto como poeta, dra­ma­turgo, nove­lista o ensa­yista. Su espí­ritu de hom­bre joven y preo­cu­pado por los temas socia­les le con­fiere una per­so­na­li­dad extra­or­di­na­ria­mente intere­sante. Por otro lado, su acer­ca­miento a mani­fes­ta­cio­nes escul­tó­ri­cas ha dado fru­tos tan per­so­na­les e intere­san­tes como su con­ver­sa­ción poé­tica, escul­pida por la mano sen­si­ble y maes­tra de Manolo Val­dés, en la obra monu­men­tal de las Tres Damas. Antón Gar­cía Abril

Afir­maba Henry James que la única obli­ga­ción que se puede exi­gir cabal­mente a una novela es que cuente cosas intere­san­tes, y Var­gas Llosa nunca ha defrau­dado en este terreno. El regreso a la más pura narra­ti­vi­dad es una de las cla­ves de su éxito, pero esto no sig­ni­fica faci­li­dad aco­mo­da­ti­cia en lo tocante a la estruc­tu­ra­ción del dis­curso nove­lís­tico, sino una pro­puesta que reclama del lec­tor una acti­tud coope­rante. Su téc­nica narra­tiva es rica en insó­li­tos recur­sos para acti­var la res­puesta cóm­plice de los que lo lee­mos, y nues­tra recom­pensa nace de su capa­ci­dad para fun­dir reali­dad y fan­ta­sía. Darío Villanueva.

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