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Problemas graves de conexión a Internet en páginas internacionales

EN POR

La información es reciente y ya que nos sentimos prácticamente incomunicados con el mundo, es importante saber que un accidente en las redes submarinas ha hecho que la conexión a Internet para clientes de Movistar  se haya restringido.

Por cierto este tema no tiene nada que ver con S.O.P.A. ni el hecho de que Megaupload haya sido suspendido y se hayan apresado a sus dueños.

La información actual es esta:

El Observador

La conexión a algunos portales de internet internacionales está caída por una falla técnica en uno de los servicios que opera en la región, explicaron a El Observador fuentes de ANTEL.

El operador internacional que vende los servicios de enlace internacional a ANTEL y a otras compañías de la región trabaja en la solución del problema, pero mientras, los usuarios se ven impedidos de acceder algunos portales del exterior.

El informante aseguró que las instalaciones de ANTEL “están funcionando perfectamente” y subrayó la dificultad se originó en el exterior.

Se desconoce el tiempo que puedan insumir los trabajos de restablecimiento de ese servicio.

Emol

La falla estaría en Telefónica International Wholesale Services (TIWS), empresa proveedora del servicio de datos internacionales, que habría tenido un problema en una de sus redes submarinas.

Consultados al respecto, en Movistar reconocieron a Emol que se trata de una baja de tráfico internacional, y no de un corte de fibra. La empresa está a la espera de un reporte que especifique claramente las razones de la caída.

VTR, en tanto, informó que el servicio estuvo con problemas por espacio de 20 minutos aproximadamente, ya que una vez detectada la falla en TIWS, cambiaron su enlace al proveedor Global Crossing.

Un experto en telecomunicaciones explicó a Emol que este tipo de problemas es poco frecuente, pero cuando ocurre y afecta a más de una compañía, se trata de un problema técnico de alguno de los proveedores internacionales que utilizan las empresas.

El problema de conexión se extiende a la banda ancha móvil, por lo que los servicios que requieren Internet en los celulares tampoco funcionan correctamente.

Un gran día para el Perú: Mario Vargas Llosa ganó el Premio Nobel de Literatura

EN POR

Saben, estoy tan emo­cio­nado por don Mario, por la cul­tura peruana, por la Lite­ra­tura de mi país, no lo puedo creer aún, abrí las noti­cias y me encon­tré con esto, don Mario es el Pre­mio Nobel de Lite­ra­tura, qui­siera feli­ci­tarlo y decirle que me ale­gró la mañana y que lo res­peto, no solo por su lite­ra­tura sino ade­más por su volun­tad de vida, por la dis­ci­plina que le puso a su pro­fe­sión, por su lucha con­tra las injus­ti­cias de los paí­ses y por toda su decen­cia. Gra­cias don Mario, aun­que ese día no alcancé a salu­darlo, le agra­dezco que Ud. sea peruano.

En comu­ni­ca­ción con RPP, el gana­dor del Pre­mio Nobel de Lite­ra­tura 2010, Mario Var­gas Llosa, expresó su gran emo­ción por reci­bir éste reconocimiento.

“Estoy muy con­tento y agra­de­cido a la Aca­de­mia Sueca y a todos los ami­gos que desde que se ente­ra­ron de la noti­cia me han dicho cosas simpáticas”,señaló el lite­rato a RPP.

Var­gas Llosa tam­bién afirmó que desde hace mucho tiempo pen­saba que no se encon­traba entre los can­di­da­tos al Pre­mio Nobel de Lite­ra­tura 2010. “Sin duda fue una sor­presa mayús­cula”, ase­guró con gran entusiasmo.

Según el pre­si­dente del jurado del Nobel de Lite­ra­tura, Peter Englund, el autor de “La ciu­dad de los perros” dijo sen­tirse “muy con­mo­vido y entu­sias­mado” por el galardón.

Vale recal­car que Var­gas Llosa está en Nueva York, donde da cla­ses en la Uni­ver­si­dad de Princeton.

“Se había levan­tado a las cinco de la mañana para pre­sen­tar una clase, cuando reci­bió nues­tra lla­mada a las siete menos cuarto, mien­tras tra­ba­jaba inten­sa­mente”, dijo Englund.

Cabe men­cio­nar que el escri­tor ” nacido en 1936 en Are­quipa (Perú) y que tam­bién tiene la nacio­na­li­dad espa­ñola, en las qui­nie­las de los favo­ri­tos de los Nobel desde hacía años, es el pri­mer escri­tor lati­noa­me­ri­cano gana­dor del Nobel de Lite­ra­tura desde el mexi­cano Octa­vio Paz, en 1990.

Fuente: RPP

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Cin­cuenta razo­nes para cele­brar a Mario

El Cul­tura. ES

Aso­cio el nom­bre de Mario Var­gas Llosa no sólo con unas cuan­tas nove­las memo­ra­bles, algu­nas de las cua­les figu­ran en lugar pre­fe­rente de mi his­to­ria par­ti­cu­lar del gozo esté­tico. Le tengo, ade­más, por un exce­lente pen­sa­dor del género nove­lesco. Creo que ha sabido razo­nar con hon­dura, con inge­nio, con pasión con­ta­giosa, por qué y para qué se escri­ben y se leen las nove­las. Recuerdo, agra­de­cido, que hace años un ensayo suyo me llevó a la expe­rien­cia inol­vi­da­ble de leer Tirante el Blanco. Fer­nando Aramburu

Siem­pre había que­rido pare­cerme a escri­to­res como Var­gas Llosa. Desde que leí La ciu­dad y los perros había que­rido pare­cerme al pro­pio Var­gas Llosa. Y con el paso del tiempo, me enteré de que los 2 somos lec­to­res apa­sio­na­dos de Los mise­ra­bles, de Víc­tor Hugo. Gra­cias, Mario, por haberme ayu­dado a cum­plir uno de mis sue­ños. Fer­nando Fernán-Gómez

La pri­mera razón para leer a Var­gas Llosa es Los Cacho­rros, Con­ver­sa­ción en la Cate­dral, la Ciu­dad y los perros, La casa Verde o La Gue­rra del Fin del mundo. Tan impre­sio­nante lis­tado obliga a no aña­dir más. La segunda razón es que tiene uno de los libros más des­ca­cha­rran­tes de la lite­ra­tura en espa­ñol: La Tía Julia y el escri­bi­dor. La ter­cera razón es que es uno de los más inte­li­gen­tes y ele­gan­tes crí­ti­cos lite­ra­rios, cuyas invi­ta­cio­nes a obras de otros abren exce­len­tes puer­tas para lle­gar a nove­las impres­cin­di­bles (La Ver­dad de las men­ti­ras). La cuarta es su obra perio­dís­tica. No hace nin­guna falta aña­dir una quinta razón. Juan Boni­lla

Con­fieso que aun­que es un com­pa­ñero estu­pendo de la Real Aca­de­mia, no he leído en pro­fun­di­dad su obra. Sí conozco más sus artícu­los, que siem­pre me han pare­cido valien­tes, muy per­ti­nen­tes y res­pe­ta­bles y, sobre todo, inde­pen­dien­tes. Y, desde luego, sus cono­ci­mien­tos esté­ti­cos sal­tan a la vista. Fran­cisco Nieva

El pri­mer libro que leí de él fue el ensayo La orgía per­pe­tua y el último La fiesta del chivo. Dicen que los poe­tas se divi­den en cele­bra­to­rios y ele­gía­cos. El autor de estas orgías y de estas fies­tas sería de los pri­me­ros. No digo que escriba siem­pre him­nos (el relato del dic­ta­dor san­gui­na­rio no lo es, cier­ta­mente), pero sí que trans­mite con ale­gría su amor. Esa es la esen­cia de los maestros¿Amor a qué? A la lite­ra­tura, pero tam­bién amor huma­nista al mundo, a pesar de sus des­ga­rra­mien­tos, de sus dile­mas y de toda su nega­ti­vi­dad. Javier Gomá

Como ocu­rría con Enri­que Jar­diel Pon­cela, a mí me pasa con la lite­ra­tura de Mario Var­gas Llosa que sus artícu­los perio­dís­ti­cos me pare­cen de dere­chas, pero sus nove­las son más bien de izquier­das. Esto sólo es posi­ble en un escri­tor com­plejo, inde­pen­diente y lleno de huma­ni­dad, como sin duda es el autor de La ciu­dad y los perros, novela inol­vi­da­ble que dis­fruté muchí­simo leyendo. Vicente Aranda

Leer a MVLL es una forma de con­ser­var la juven­tud: su obra está hecha en el pre­sente com­bus­ti­ble de la pasión. En sus nove­las alienta el clima fra­go­roso de la tem­po­ra­li­dad, donde lo vivo arde, pug­naz y fugaz. Sus per­so­na­jes sucum­ben poniendo a prueba sus fuer­zas, como ánge­les caí­dos que pagan el robo del fuego. Son nega­dos por un mundo mal hecho, incó­lume y cul­pa­ble. Pero, otra vez, la vida apuesta por ella misma y forja al héroe de una apa­sio­nada des­es­pe­ranza. Asi, la lec­tura nos reco­bra y la aven­tura reco­mienza. A los 70 años, MVLL sigue jugán­dolo todo a una página. Julio Ortega

A todos los gran­des nove­lis­tas hay que leer­los para saciar nues­tro innato deseo de escu­char his­to­rias. A Var­gas Llosa tam­bién, por­que es un inago­ta­ble con­ta­dor. Pero lo que más me impre­siona en él es su pasión por la lite­ra­tura. Es una pasión de ado­les­cente. Nos ha con­tado cómo des­cu­brió Madame Bovary, la exci­ta­ción, el entu­siasmo por leerla. Creo que con los años y las pági­nas se pierde esa vora­ci­dad entu­sia­mada pro­pia del lec­tor joven. Var­gas Llosa la ha con­ser­vado y, ade­más, intenta trans­mi­tir­nos esa pro­funda emo­ción. Me parece mag­ní­fico. José Anto­nio Marina

En los tiem­pos de la uni­ver­si­dad, todos mis ami­gos que hacían Filo­lo­gía y Filo­so­fía eran de los libros serios de Var­gas Llosa: La ciu­dad y los perros, Con­ver­sa­ción en la cate­dral, La casa verde. Pero yo siem­pre pre­ferí los otros, los supues­ta­mente frí­vo­los: sobre todo, La tía Julia y el escri­bi­dor. En ella encuen­tro, lle­vada al extremo, la mejor razón para leer a Var­gas Llosa: el gozo. La ale­gría de encon­trarse una his­to­ria bien con­tada, que rezuma inge­nio y pro­fun­di­dad. Lorenzo Silva

No hay mayor motivo para leer a un autor que el pla­cer que pro­duce. Yo recuerdo con pre­ci­sión el que me regaló la lec­tura de Los cacho­rros en mis pri­me­ros tiem­pos de estu­diante uni­ver­si­ta­rio, que se amplió y afianzó con sus ensa­yos sobre Flau­bert o el Tirant lo Blanch. Me gusta ver los lomos de La ciu­dad y los perros, La casa Verde, Con­ver­sa­ción en La Cate­dral o La Tía Julia… en mi biblio­teca mar­ca­dos por la lec­tura, que es siem­pre recuerdo y pro­mesa. Jaume Vallcorba

Recién acabo de des­per­tar de un sueño en el que me asom­braba todo el rato de lo fácil que me resul­taba el camino que me lle­vaba a vol­ver a leer las obras cum­bres de Var­gas Llosa. Y es que caía en picado por él, por ese camino. A quie­nes no le hayan leído, les reco­men­da­ría que toma­ran el camino con más calma. Es un sen­dero largo y atrac­tivo, lleno de gran­des hallaz­gos. Enri­que Vila-Matas.

Para mí, aun­que per­so­nal­mente lo conozco poco, es uno de mis mejo­res y más vie­jos ami­gos. He leído todos sus libros, y algu­nos más de tres y cua­tro veces. Y los he leído como lec­tor y como escri­tor. Para dis­fru­tar y para dis­fru­tar apren­diendo. Es un autor que se va engran­de­ciendo con el tiempo. La ciu­dad y los perros o Con­ver­sa­ción en La Cate­dral son nove­las que resul­tan mejo­res ahora que cuando apa­re­cie­ron. La Fiesta del Chivo será mejor den­tro de 20 años que ahora. ése es el pri­vi­le­gio de un crea­dor de mun­dos cuya riqueza y soli­dez parece cre­cer y cre­cer con los años, como si cada libro tuviera vida pro­pia. Luis Lan­dero.

Hay que leerlo por­que es un escri­tor que jamás se separa de la reali­dad, pero la uti­liza para tras­cen­derla, para uni­ver­sa­li­zar cues­tio­nes que pare­cían con­cre­tas y limi­ta­das, sea la edu­ca­ción en un cole­gio para­mi­li­tar o la vida bajo una dic­ta­dura deter­mi­nada. Ha enten­dido como pocos la capa­ci­dad omní­moda de la novela para crear mun­dos autó­no­mos en los que lo “real” no es la corres­pon­den­cia con una reali­dad exte­rior, sino la cohe­sión interna y la armo­ni­za­ción de ele­men­tos que, fuera de esa uni­dad narra­tiva, serían tal vez incom­pa­ti­bles. Ricardo Sena­bre

Var­gas Llosa es un escri­tor que con­si­gue, en sus nove­las y en sus ensa­yos, dar pasos ade­lante, y sor­pren­der o cau­ti­var nue­va­mente. Es una prueba inequí­voca de su enorme talento y de su papel en la evo­lu­ción de la lite­ra­tura en espa­ñol. Leerlo siem­pre aporta algo, tanto a lec­to­res como a escri­to­res, y éstos aca­ban entre­ga­dos al reno­vado poderío de su lite­ra­tura. Adolfo Gar­cía Ortega

¿Cuán­tos gran­des libros tiene que escri­bir un nove­lista para que se le con­si­dere un gran escri­tor? Yo creo que basta con uno. Pues bien, Mario Var­gas Llosa es autor, no de uno, sino de varios libros ver­da­de­ra­mente gran­des, razón más que sufi­ciente para que se deci­dan de una vez a leerle todos aque­llos que toda­vía no lo hayan hecho. Igna­cio Mar­tí­nez de Pisón

Mario Var­gas Llosa es un escri­bi­dor, nove­lista, ensa­yista, arti­cu­lista, que ha hecho bueno el afo­rismo clá­sico de delei­tar apro­ve­chando. Todas sus nove­las son nove­las de tesis y en ellas está siem­pre pre­sente ese inte­lec­tual euro­peo tras­la­dado a His­pa­noa­mé­rica. Es posi­ble afir­mar que Mario Var­gas Llosa ha reju­ve­ne­cido la novela, sin per­der una cierta fide­li­dad a la novela del siglo XIX, a la que alude con fre­cuen­cia en sus exce­len­tes artícu­los. Car­los Bousoño

Ahora que las últi­mas hor­na­das de narra­do­res his­pa­noa­me­ri­ca­nos abo­mi­nan de sus padres lite­ra­rios, no está de más insis­tir en la gran­deza de los escri­to­res del boom. Yo, como tan­tos, he cre­cido, des­lum­brado, con ellos. La mejor razón para leer a Var­gas Llosa con­siste en la razón única de que dis­po­ne­mos para leer a cual­quier gran autor: aspira siem­pre a la gran lite­ra­tura. Car­los Marzal

Una razón para leer a Var­gas Llosa es por ser un extra­or­di­na­rio expo­nente de la ori­gi­na­li­dad narra­tiva y de la belleza esti­lís­tica de la lite­ra­tura his­pa­noa­me­ri­cana de nues­tros días. Anto­nio García-Bellido

Mario Var­gas Llosa es un maes­tro de ese modo de nove­lar que, en un lugar de la Man­cha, derrotó a los malos libros de caba­lle­rías, por más que estos se empe­ñen en regre­sar. Tra­mas de la his­to­ria ver­da­dera, con­duc­tas y atmós­fe­ras sor­pren­den­tes pero reco­no­ci­bles, y un len­guaje con­ciso y pre­ciso. Un clá­sico vivo de la len­gua espa­ñola. José María Merino

Var­gas Llosa es un experto en crear estruc­tu­ras narra­ti­vas com­ple­jas, diná­mi­cas y efi­ca­ces, al dotar­las de una mirada en zig-zag que per­mite una doble visión de las esce­nas cru­za­das, de cuyo movi­miento emerge un con­cepto de “des­tino” ple­na­mente moderno. A menudo lo leo para apren­der. Jesús Ferrero

Por­que es un maes­tro de la nove­lís­tica con­tem­po­rá­nea, por­que eso lo hace al mismo tiempo uno de los nove­lis­tas más impor­tante del mundo, y por­que es, para cono­cer el mundo his­pá­nico, abso­lu­ta­mente impres­cin­di­ble leerlo. J. J. Armas Marcelo

Hay escri­tu­ras adic­ti­vas, lees una sola línea y ya estás engan­chado. La de Var­gas Llosa es una de ellas: con unas pocas pala­bras te coloca en la espe­ranza de estar en el umbral de una reve­la­ción: la de que leer, nos trans­forma. Por­que todo lo que nos rodea des­a­pa­rece y la página, nues­tros ojos, el cere­bro y el pecho comien­zan a res­pi­rar en el modo que quiera pro­vo­car­nos. La última cosa que he leído suya estaba estam­pada en una deli­cada cabeza de bronce de Manolo Val­dés. No pude dejar de dar vuel­tas alre­de­dor de ella. Alberto Cora­zón

Oye”, pre­gunto a una amiga con la que he salido a cenar, “¿tú sabrías decirme una razón por la que leer a Var­gas Llosa?” “¿Una razón? ¿¡Sólo una!?” Deja el tene­dor, se le agran­dan los ojos, intenta hablar sin con­se­guirlo, hace un gesto con las manos como para abar­car un objeto inasi­ble y mara­vi­lloso, son­ríe, recor­dando sin duda alguno de sus libros, sacude la cabeza per­pleja e impo­tente. Vale. Para qué más razo­nes. José Ovejero

A Mario Var­gas Llosa le agra­de­ceré siem­pre las her­mo­sas, inten­sas e impa­ga­bles horas que he pasado con sus nove­las, sedu­cida por el pla­cer inago­ta­ble de esa “orgía per­pe­tua” que él tan bien conoce y por su asom­brosa capa­ci­dad de con­ver­tir las men­ti­ras de la fic­ción lite­ra­ria en las ver­da­des más autén­ti­cas y per­tur­ba­do­ras, tan lejos de lo que un comen­ta­rista polí­tico de la reali­dad podría con­se­guir jamás. Mer­ce­des Sampietro

Siem­pre vale la pena leer a Var­gas Llosa, inclui­dos sus artícu­los con los que muchos no esta­mos de acuerdo y en los que es impo­si­ble dejar de reco­no­cer su inte­li­gen­cia, rigor y cla­ri­dad. Siem­pre vale la pena leer a Var­gas Llosa, por­que su pulso narra­tivo ape­nas tiene paran­gón, por­que en su obra la com­ple­ji­dad for­mal, la refle­xión his­tó­rica y el sen­tido del humor se con­ju­gan admi­ra­ble­mente, y por muchos otros moti­vos que inclu­yen, por supuesto, el pla­cer de dis­cre­par de él. Andrés Neuman

La razón prin­ci­pal para leer a Mario Var­gas Llosa es la deli­cia que sig­ni­fica leerlo, sim­ple­mente. La prosa de Var­gas Llosa des­tila lo que yo lla­ma­ría cono­ci­miento pla­cen­tero o lo que es lo mismo, belleza. Pero esa belleza en Var­gas Llosa se acre­cienta con su estilo, que es inte­li­gente. La estruc­tura de su len­guaje es firme y pre­cisa. Todo ello hace que trans­mita el men­saje con “segu­ri­dad” y de una manera única creando la sen­sa­cion de un tiempo pla­cen­tero. Me encan­ta­ría hablar con él sobre Neu­ro­es­té­tica o neu­roarte. Fran­cisco Mora

Cre­ci­mos lite­ra­ria­mente con los rela­tos de Var­gas Llosa. En una época de magias difu­sas, mos­tró que el rea­lismo tam­bién tiene mil y una noches. Creo que el que Mario sea un polí­tico laico, tam­bién en lo polí­tico, le da una curiosa dis­tan­cia res­pecto a la reela­bo­ra­ción de la reali­dad, en un sen­tido dis­tinto al de los “cre­yen­tes”. Y resiste muy bien el paso del tiempo, como toda buena lite­ra­tura. Manuel Gutié­rrez Aragón

Recuerdo el impacto que tuve cuando leí La ciu­dad y los perros recién publi­cada, ¡qué pri­mera novela y qué escri­tor excep­cio­nal! Y lo dis­fru­ta­mos desde enton­ces. Por otra parte siem­pre es esti­mu­lante leer sus ensa­yos polí­ti­cos (para a menudo dis­cre­par) y lite­ra­rios (para aplau­dir­los sin excep­ción). Jorge Herralde

Siem­pre reco­miendo a la gente que empieza en el cine que en lugar de infil­trarse en un rodaje donde no se aprende nada, vayan a la sala de mon­taje de una pelí­cula. Eso, y que lean Con­ver­sa­ción en la Cate­dral, poque es una mues­tra de cómo se puede mon­tar bien un relato. David Trueba

Supongo que exis­ten miles de razo­nes para leer las nove­las de Var­gas Llosa. A mi me ocu­rre algo leve­mente dis­tinto: no lo leo, sino que lo re-leo. Y lo hago, jus­ta­mente, cuando estoy a punto de empe­zar a escri­bir una de mis nove­las. Enton­ces busco mi ejem­plar de Con­ver­sa­ción en la cate­dral y, sin impor­tarme ya dema­siado cuándo se jodió el Perú, trato de cap­tar la res­pi­ra­ción, el tejido, la mali­cia narra­tiva y apunto mis armas hacia esa altura inal­can­za­ble pero ten­ta­dora: Var­gas Llosa es la meta, el reto, la “ima­gen y la posi­bi­li­dad”, como dijera Lezama. Leo­nardo Padura.

Le vimos cre­cer lite­ra­ria­mente en la Bar­ce­lona del boom, entre cenas jocun­das y lar­guí­si­mas sobre­me­sas, deli­be­ran­tes o reñi­do­ras. Nos enseñó que ser un nove­lista lati­noa­me­ri­cano autén­tico no sig­ni­fica ser pin­to­resco. El más euro­peo de los nove­lis­tas de las Indias Occi­den­ta­les –cos­mo­po­lita pro­fe­sio­nal– se reveló ade­más como un agu­dí­simo ensa­yista y arti­cu­lista. La última vez que le vi fue en un fes­ti­val de cine en Ber­lín y me pare­ció que el tiempo no había pasado desde los “happy six­ties”. Le segui­mos echando de menos en Bar­ce­lona. Román Gubern

Un escri­tor for­mi­da­ble que aparte de su éxito como nove­lista es un mag­ní­fico exé­geta. Es un gran con­ta­dor de his­to­rias, a las que trata con extra­or­di­na­rio sosiego, aca­ri­ciando las pala­bras. Es una for­tuna que exista, y que escriba así. En los 70 tuvi­mos una rela­ción bas­tante intensa. Informe para una Aca­de­mia causó impacto en Bar­ce­lona, donde vivía. Me con­fió La seño­rita de Tacn’ para que la mon­tara, pero no tenía medios para pro­du­cirla. Recu­rrí a un cono­cido pro­duc­tor de Madrid. Me dijo: “Yo te la pro­duzco, pero con acto­res espa­ño­les”, cuando yo que­ría con acto­res argen­ti­nos exi­lia­dos en España, entre ellos Norma Alean­dro. No la pude mon­tar. Luego, Norma la hizo en Bue­nos Aires con un gran éxito. José Luis Gómez

El con­junto de la obra narra­tiva de Var­gas Llosa es, apli­cán­dole lo que dijo él a pro­pó­sito de Flau­bert, una orgía per­pe­tua. Su nómina de nove­las magis­tra­les es asom­brosa. Algu­nos dirán que nin­guna de sus nove­las ha bri­llado a la altura de Para­diso o Cien años de sole­dad, pero hay algo en lo que nadie lo supera y es que cada década vuelve a escri­bir una obra maes­tra. Lleva medio siglo hacién­dolo. Des­pués de cum­plir setenta años, nos dará alguna más, estoy seguro. Eduardo Lago

Por pla­cer. Esa es mi razón. Por­que más allá de su valen­tía; de su capa­ci­dad para levan­tar ban­de­ras; de su len­guaje mara­vi­lloso, pre­ciso y soña­dor; de sus his­to­rias fabu­lo­sas; de su capa­ci­dad para meter el dedo en la llaga; de su liber­tad de espí­ritu; de su pasión incon­tra­lada, de su pro­fun­di­dad, de su her­mo­sura… leer a Var­gas Llosa me pro­duce pla­cer. Alberto Anaut

Pocos artis­tas poseen la pasión y la luci­dez de Var­gas Llosa. Uno puede estar en desacuerdo con sus pun­tos de vista, pero jamás que­dará decep­cio­nado frente a su ardor y su bri­llante intran­si­gen­cia. En una época domi­nada por la fatui­dad y el espec­táculo, sigue siendo uno de los gran­des defen­so­res de la liber­tad crí­tica. Jorge Volpi

Cuando uno comienza un libro de Var­gas Llosa lo más pro­ba­ble es que se quede al momento engan­chado a su lec­tura y no tenga más reme­dio que ter­mi­narlo pronto. De hecho, a mí me ha qui­tado horas de sueño y estu­dio. Admiro su narra­tiva a cuen­ta­go­tas, la manera en la que va pre­sen­tando al lec­tor la trama donde alterna, sin que uno se de ape­nas cuenta y sin revio aviso, espa­cios y tiem­pos. Te trans­porta con una maes­tría impre­sio­nante. Joa­quín Achúcarro

Para empe­zar, la poli­fo­nía de Los cacho­rros. Mirar una ave­nida sin amor. Gober­nar la maqui­na­ria y el ritmo del len­guaje –culto, arra­ba­lero, de donde toque-. Ser dueño de cinco o seis títu­los ya fun­da­men­ta­les en la his­to­ria de la novela en cas­te­llano. Ser un bri­llante teó­rico de la lite­ra­tura. Capa­ci­dad para crear per­so­na­jes en tres dimen­sio­nes. Y, quizá por encima de todo, el gran arqui­tecto, el pode­roso cons­truc­tor de estruc­tu­ras narra­ti­vas. Anto­nio Soler

Por­que es un autor inno­va­dor en la forma y valiente en los con­te­ni­dos, y nos per­mite cono­cer la reali­dad peruana desde una pers­pec­tiva de pri­vi­le­gio: la de un artista que al hablar de la corrup­cion y exce­sos de poder de su pais defiende la inte­gri­dad inte­lec­tual y rechaza la reto­rica vacia. Uno puede estar de acuerdo o no con sus opi­nio­nes polí­ti­cas, pero es indu­da­ble que son fruto de una ética medi­tada y cons­ciente. Es un clá­sico en su tiempo. Enri­que Marty

Hay que leer a Var­gas Llosa por una razón muy sim­ple: es el mejor escri­tor vivo que hay ahora mismo en len­gua espa­ñola. El más amplio, el más com­pleto, el más pode­roso. Rosa Mon­tero.

Tengo que reco­no­cer que no sabía nada de Var­gas Llosa cuando, allá por los años 60, un amigo me reco­mendó La ciu­dad y los perros. La manera de meterte en las situa­cio­nes que narra, su tre­menda ima­gi­na­ción y el modo de retra­tar a sus per­so­na­jes, es sen­ci­lla­mente fan­tás­tico. Desde enton­ces no he dejado de leer todo lo que he podido de Var­gas Llosa, obras ante­rio­res y pos­te­rio­res a La ciu­dad y los perros, como Los jefes, La casa verde, Pan­ta­león y las visi­ta­do­ras, y una de sus últi­mas y para mí mejo­res, La fiesta del chivo. Fer­nando Argenta

Lle­gué tarde a la obra de Var­gas Llosa. Fué en Nueva York a prin­ci­pios de los 80, cuando par­ti­cipé con Intar — un cen­tro tea­tral off — off Broad­way — en la adap­ta­ción a la escena de La seño­rita de Tacna al inglés. La obra fué un éxito y era extra­or­di­na­rio ver cómo el público neo­yor­quino hacía suya una his­to­ria que suce­día en un remoto lugar y en un ambien­te­que poco tenía que ver con el de Nueva York. Esta puede ser una buena razón para aven­tu­rarse en el riquí­simo uni­verso de Var­gas Llosa. Gui­llermo de Osma

En la obra de Var­gas Llosa están pre­sen­tes los cua­tro ele­men­tos, pero creo que el domi­nante es el agua. Es una escri­tura que va fecun­dando la his­to­ria a medida que avanza. Esa escri­tura tiene bri­llo y pro­fun­di­dad, es vigo­rosa y sen­sual, y se mueve con valen­tía y jui­cio. Es una lite­ra­tura sen­ti­pen­sante. Te agita. Te hace sen­tir libre, en un hogar nómada, donde pue­des vivir a con­tra­co­rriente. Manuel Rivas

Le conocí antes de diri­gir su obra Pan­ta­león y las visi­ta­do­ras, pero durante los ensa­yos tuvismo oca­sión de pro­fun­di­zar en nues­tra amis­tad. Aparte de ser una per­sona encan­ta­dora y gene­rosa, me parece un nove­lista impre­sio­nante, si no el más grande del momento. Un hom­bre de una gran cul­tura que se des­pa­rrama en todo lo que escribe y que tiene talento para cual­quier género lite­ra­rio. Domina el idioma de un modo magis­tral y esta muy inte­grado en las cos­tum­bres his­pa­nas y la prueba es su enorme afi­ción al mundo de los toros. Gus­tavo Pérez Puig

La más impor­tante se llama pla­cer de leer, y cada vez que abro uno de sus libros siem­pre jóve­nes regreso a ese pla­cer des­bor­dante de mi ado­les­cen­cia, cuando La Ciu­dad y los perros era el libro que des­cu­bría­mos lle­nos de asom­bro, por­que hablaba de noso­tros. Var­gas Llosa fue un cóm­plice, un amigo escri­tor cuyas obras iban de mano en mano, de café en café, y al que mi gene­ra­ción debe las con­ver­sa­cio­nes lite­ra­rias más ani­ma­das. Tene­mos una gran deuda con él, y al pla­cer de leer y vol­ver a leer sus nove­las, se agrega el de desearle un Feliz Cum­plea­ños y larga vida, por­que aún nos debe muchí­si­mas nove­las. Luis Sepúlveda

Ade­más de una vieja amis­tad, Mario Var­gas Llosa y yo com­par­ti­mos el calen­da­rio: ¡los dos aca­ba­mos de cum­plir setenta! él mismo ha escrito que las bue­nas his­to­rias “aumen­tan nues­tra vida” y nos “des­cu­bren los alcan­ces de la liber­tad”. Y así son sus libros. Su lec­tura nos dan ánimo para esas empre­sas en las que el ser humano tiene que dar lo mejor de sí mismo. Paloma O ’ Shea

Leer bue­nas nove­las nos brinda una posi­bi­li­dad ines­ti­ma­ble: la de mul­ti­pli­car nues­tra alma y expe­ri­men­tar sen­ti­mien­tos e ideas que sin ellas nos esta­rían veda­das. Pocos auto­res actua­les nos garan­ti­zan este pri­vi­le­gio de modo tan seguro e inte­li­gente como Mario Var­gas Llosa. Su obra es ya una nueva Come­dia Humana de nues­tra moder­ni­dad. Si hubiera que resu­mir su arte en una pala­bra, yo ele­gi­ría: cau­ti­va­dor. Aun­que en este caso lo que nos cau­tiva es lo mismo que nos hace más libres. Fer­nando Savater

La lec­tura de los libros de Var­gas Llosa es, como dijo el escri­tor acerca de la lite­ra­tura citando a Flau­bert, una orgía per­pe­tua, una orgía del len­guaje, una orgía de his­to­rias y sen­sac iones, una orgía para todos los sen­ti­dos. Guillermo Solana

Var­gas Llosa es un mara­vi­lloso nove­lista. De él se puede decir que es capaz de con­mo­ver­nos con las his­to­rias que inventa, de hacer­nos con ellas más cons­cien­tes, de una forma pri­mi­tiva, inme­diata, de nues­tra com­pleja y a menudo dolo­rosa con­di­ción humana. Pero tam­bién se debe decir de él que es un inte­lec­tual, en el más noble sen­tido de la pala­bra, entre los narra­do­res; que leyendo no sólo sus ensa­yos sino tam­bién sus nove­las apren­de­mos a cono­cer mejor el mundo y su his­to­ria, algo que cons­ti­tuye la mejor for­ma­ción para sopor­tar el pre­sente y afron­tar el futuro. Pocos son los narra­do­res que poseen seme­jante don, el de cabal­gar con igual gra­cia entre lo ima­gi­nado y lo real. José Manuel Sánchez-Ron

Admiro en Var­gas Llosa la cohe­rente con­ti­nui­dad en su tra­yec­to­ria, tanto como poeta, dra­ma­turgo, nove­lista o ensa­yista. Su espí­ritu de hom­bre joven y preo­cu­pado por los temas socia­les le con­fiere una per­so­na­li­dad extra­or­di­na­ria­mente intere­sante. Por otro lado, su acer­ca­miento a mani­fes­ta­cio­nes escul­tó­ri­cas ha dado fru­tos tan per­so­na­les e intere­san­tes como su con­ver­sa­ción poé­tica, escul­pida por la mano sen­si­ble y maes­tra de Manolo Val­dés, en la obra monu­men­tal de las Tres Damas. Antón Gar­cía Abril

Afir­maba Henry James que la única obli­ga­ción que se puede exi­gir cabal­mente a una novela es que cuente cosas intere­san­tes, y Var­gas Llosa nunca ha defrau­dado en este terreno. El regreso a la más pura narra­ti­vi­dad es una de las cla­ves de su éxito, pero esto no sig­ni­fica faci­li­dad aco­mo­da­ti­cia en lo tocante a la estruc­tu­ra­ción del dis­curso nove­lís­tico, sino una pro­puesta que reclama del lec­tor una acti­tud coope­rante. Su téc­nica narra­tiva es rica en insó­li­tos recur­sos para acti­var la res­puesta cóm­plice de los que lo lee­mos, y nues­tra recom­pensa nace de su capa­ci­dad para fun­dir reali­dad y fan­ta­sía. Darío Villanueva.

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