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Consumismo y Manipulación Explícita

EN POR

Por Incardona Juan Ignacio.

El consumismo es uno de los pilares del sistema capitalista. A partir de allí se mueve toda la rueda productiva que genera al fin de cuentas, pobreza y exclusión.

No estoy diciendo nada nuevo claro esta, esto lo vemos en el día a día en el mercado que fomenta a través de las nuevas “ciencias” (la publicidad y el marketing), el consumo de cosas que nos hacen creer imprescindibles para nuestras vidas, como si fueran elementos de primera necesidad que de no tenerlos, “no somos nada”, o “no pertenecemos”, o directamente si no adquirimos tal o cual cosa, no seremos felices.

Si no tenes un Okm, no vas a conquistar a una “bella” mujer, si no te comprás el nuevo plasma gigante “no ves” televisión, si no tenés el nuevo celular con Internet “no estas conectado” en las redes sociales, y así se pueden enumerar miles de slogans de fantasía creados para generar nuevas necesidades en los consumidores.

Además de estas herramientas técnicas, el mercado ha desarrollado técnicas más sofisticadas y hasta podrías decirse culturales como “las modas”, que hacen seguir ciertos patrones de conducta consumista a la gente bajo falsas ideas impuestas en el imaginario colectivo de que eso es lo que se usa, o eso es lo que te hace pertenecer a un grupo.

Sin más preámbulos, sobre lo que quería compartirles una breve reflexión y punto de vista, es sobre la denominada “Noche de los shoppings” que se desarrolló antes de navidad y que aún hoy me hace ruido en la cabeza.

En dicho evento, los grandes centros de compras (la meca del consumismo), ofrecen a diversas horas de la madrugada (horarios en los que habitualmente están cerrados), distintas promociones en los locales de vestimenta que pueden llegar al 50% de descuento en las prendas.

Miles de personas concurren a este evento para realizar las compras navideñas, este festejo religioso devenido en un día consumista por excelencia por la “imperiosa” necesidad de tener que comprar regalos a nuestros seres queridos, como si este fuera el fin último de este día (que funcional resultan muchas veces las religiones con el sistema capitalista, ¿no?).

La gente entra al shopping y una sirena o alarma le indica en que local están haciendo descuentos importantes y se dirigen cual ganado hacia ese sector para disputarse el trofeo de un pantalón a mitad de precio, o una remera un 30% más barata, o un calzado con 40% de rebaja.

Esta práctica es doblemente perversa. Por un lado, exterioriza, hace visible y tangible el dominio que el mercado (personifico esta entidad dominada por un grupo de grandes empresarios para simplificar el relato) tiene sobre nosotros, y como nos lleva de las narices de una lado al otro para “luchar” por esa “oferta grandiosa” que nos ofrece y por la cual deberíamos estar “felices”, según la concepción consumista de la felicidad.

En ese día “festivo” podemos apreciar más que nunca esto que sucede todos los días del año, pero de manera más encubierta, más sofisticada, ya que nos van acorralando con nuevas necesidades permanentemente pero no de forma tan directa. En la noche de los shoppings esto es grotesco, animalesco, despiadado, al sistema y al mercado no le interesa pasar desapercibido, sus objetivos son cada vez más claros, y la gente ya no opone resistencia, se deja llevar.

El otro aspecto perverso que observo es de las mentiras de las “grandes ofertas” ofrecidas. A pesar de las rebajas, los negocios siguen ganando mucho dinero a costas de los consumistas compulsivos, y encima le dicen en la cara, “durante el resto de los 364 días que tiene el año te estuve cobrando mucho más de lo necesario y ni siquiera te das cuenta”.

Con el pretexto de que hay que liquidar el stock, te venden a mitad de precio cosas que antes te vendían al doble y así y todo siguen ganando dinero. O sea, la formula es: “te estuvimos robando durante todo el año, pero hoy tenés tu premio, llevate esta prenda o este calzado a lo que realmente vale” (a veces ni siquiera los descuentos reflejan el verdadero precio de las cosas). Es la zanahoria para el conejo, y el conejo somos nosotros.

¿Pensaron esto detenidamente, lo descarada que resulta ser toda la maquinaria consumista? ¿Pensaron en poner un freno a todo esto que sólo genera desigualdad y exclusión?

Sería bueno que así lo hagamos, como para empezar a gestar algún cambio en este sistema tan injusto, aunque sé que la comodidad que les brinda, esa zanahoria de las que les hablé, les impedirá ir más allá. Ahí radica el principal problema.

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