Facundo Cabral: anécdotas, pensamientos y maravillosa vida

EN POR

El can­tante argen­tino Facundo Cabral fue ase­si­nado hoy en Gua­te­mala.
Obituario

El ase­si­nato del can­tau­tor argen­tino Facundo Cabral en Gua­te­mala fue una noti­cia que tomo a todos por sor­presa, gran defen­sor de la paz y que nos deja un legado inol­vi­da­ble de fe hacia la vida.

Pen­sa­mien­tos:

“ Cada mañana es una buena noti­cia, cada niño que nace es una buena noti­cia, cada hom­bre justo es una buena noti­cia, cada can­tor es una buena noti­cia, por­que cada can­tor, es un sol­dado menos.…“ Cuando me mar­ché de mi casa, niño aún, tenía siete años, mi madre me acom­pañó a la esta­ción, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el pri­mero fue darte la vida y, el segundo, la liber­tad para vivirla.”

 


“El ahi­jado”

El poeta indio Tagore, que bau­ti­zara “mahatma”, es decir, alma grande, a Ghandi, decía que cuando el hom­bre tra­baja, Dios lo res­peta, más cuando el hom­bre canta Dios lo ama.

Mi madre poco antes de morir, me dijo: muero con­tenta por­que cada vez te pare­ces más a lo que cantas.

Juan Fran­cisco, mi ahi­jado, dice, a sus dos años de edad, que soy artista por­que canto, y que canto para podercom­prarle cho­co­la­tes, que es lo más razo­na­ble que escu­ché sobre mi oficio.

Bor­ges

Cuando le pre­gunté a Bor­ges por­qué no había libros suyos en su biblio­teca, me dijo: por­que sigo teniendo el hábito de la buena lectura.

Cuando le pre­gunte qué le había pare­cido Arreola, que aca­baba de visi­tarlo, me dijo: es un ver­da­dero caba­llero, me dejó dos o tres silencios.

Cuando le pre­gunté por Cien años de sole­dad, que le habían leído, me dijo: los pri­me­ros cin­cuenta años son memorables…

Al verme asom­brado por su pre­sen­cia en mi con­cierto, Ray Brad­bury me dijo: me asom­bra que se asom­bre de encon­trar un Brad­bury viniendo de un país que tiene un Bor­ges que es asombroso.

La Madre Teresa de Calcuta

Pre­gunté a la Madre Teresa en Cal­cuta: ¿cuándo des­cansa? y me dijo: Des­canso en el amor. Le pre­gunté: ¿cuál es el lugar del hom­bre? y me dijo: Donde sus her­ma­nos lo nece­si­tan. Le dije: nunca la escu­che hablar de polí­tica, y me dijo: Yo no puedo darme el lujo de la polí­tica, una sola vez me detuve 5 minu­tos a escu­char un poli­tico, y en esos 5 minu­tos se me murió un vie­je­cito en Cal­cuta.
Cada vez que yo entraba a la casa de la Madre Teresa, sen­tía que Dios recién había salido.

Una señora, impre­sio­nada por verla bañar a un leproso, le dijo: yo no baña­ría a un leproso ni por un millón de dola­res, a lo que Teresa con­testó: Yo tam­poco por­que a un leproso solo se lo puede bañar por amor.

El viejo Tarahu­mara, el cam­pe­sino chino

Pre­gunté a un viejo Tarahu­mara por­qué no usa­ban armas para defen­derse de los cua­tre­ros, y me dijo: Si las armas fue­sen nece­sa­rias, habría­mos nacido con ellas.

Me dijo un cam­pe­sino chino: Si quie­res ser felíz un día embo­rra­chate, si quie­res ser felíz una semana cásate, si quie­res ser felíz toda la vida se jardinero.

El maes­tro Rubinstein

En el Campo di Fiore, en el tras­te­vere romano lo encon­tré, dán­dole miga­jas a las palo­mas. Le pre­gunté: ¿Usted es el que yo creo? y me dijo: Yo soy el que tú quie­ras. Le pre­gunté: ¿Usted es el maes­tro? Y me dijo: No, maes­tro es el que te puso delante de mi y a mi delante de ti. Yo soy Art­hur Rubinstein.

El regalo de la libertad

Cuando me fuí de mi casa, niño aún, mi madre me acom­pañó a la esta­ción, y cuando subí al tren me dijo: Este es el segundo y último regalo que puedo hacerte, el pri­mero fue darte la vida, el segundo la liber­tad para vivirla.

La ora­ción dilecta de mi madre decía: Señor, te pido per­dón por mis peca­dos, ante todo por haber pere­gri­nado a tus muchos san­tua­rios, olvi­dando que estás pre­sente en todas par­tes. En segundo lugar, te pido per­dón por haber implo­rado tan­tas veces tu ayuda, olvi­dando que mi bie­nes­tar te preo­cupa más a ti que a mi. Y por último te pido per­dón por estar aquí pidién­dote que me per­do­nes, cuando mi cora­zón sabe que mis peca­dos son per­do­na­dos antes que los cometa, ¡ tanta es tú mise­ri­cor­dia amado Señor!.

La mayo­ría es buena gente

Alguna vez me pre­guntó mi madre: ¿cuándo vas a dejar de pelear para comen­zar a vivir?, ¡por­que no se pue­den hacer las dos cosas a la vez!.
Mi madre creía que que el día del Jui­cio Final el Señor no nos juz­gará uno por uno –ardua tarea– sino el pro­me­dio, y si juzga el pro­me­dio esta­mos sal­va­dos por­que la mayo­ría es buena gente.
El bien es mayo­ría, pero no se nota por­que es silen­cioso –una bomba hace más ruido que una cari­cia, pero por cada bomba que des­truye, hay millo­nes de cari­cias que cons­tru­yen la vida-.
Diría mi madre: Si los malos supie­ran qué buen nego­cio es ser bueno, serían bue­nos aun­que sea por negocio.

1 Comment

  1. seras inmortal; todo arte o voz genial nace del puablo y va hacia el. gracial facundo cabral; tu vida nos sera guia; en las buanas y las malas. estes donde estes; seguiras sonriendo a la vida.

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