Fujimori, el Emperador Equívoco

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Por: Richard Villa­lón

El tele­dia­rio trae imá­ge­nes del terre­moto en Ita­lia. Recuerdo varios terre­mo­tos en mi vida y me veo aga­za­pado en un par­que del Dis­trito Fede­ral en México, espe­rando reco­no­cer los cadá­ve­res de unos ami­gos en el Estadio Azteca. La con­fu­sión es una marca imbo­rra­ble. Estos días el terre­moto de Ita­lia me ha sobre­pa­sado. Tengo miedo que la tie­rra se vuelva a mover estre­pi­to­sa­mente, terri­ble­mente, con saña. De repente en la pan­ta­lla sale una mujer peruana gri­tando:” Lo que le están haciendo al “Chino” es una de esas cosas polí­ti­cas. Él es un buen hom­bre, ayudó al Perú a salir de su cri­sis”. Inme­dia­ta­mente me asal­tan los oji­tos fero­ces del “Chino Fuji­mori” casi pisando la cabeza de un gue­rri­llero, cuando liberó una serie de rehe­nes den­tro de la emba­jada de Japón en Lima. Esos años que­ría vol­ver al Perú, un amigo escri­tor me acon­sejó, si le caía bien al “Chino”, a lo mejor me ponía las botas como se la esta­ban poniendo Susana Baca y Eva Ayllón (esto real­mente espero sea otra leyenda). Refle­xioné muchas madru­ga­das insom­nes. En Lima, mi fami­lia escép­tica, me reco­mendó comiera un cebi­che y escu­chara a los Emba­ja­do­res Crio­llos, tres veces al día, pero de vol­ver “nanay”.

Años antes, repre­sen­tando a México en la Feria Uni­ver­sal Expo-Sevilla 92 unos “pitu­cos” perua­nos pre­gun­ta­ban por qué repre­sen­taba a otro país como can­tante y entu­sias­ma­dos ala­ba­ban al “Chino”, había mejo­rado el Perú. Incluso insi­nua­ban, cul­pando al Con­greso, que ponía impe­di­men­tos a la labor del señor Fuji­mori.

El día del ensayo gene­ral de mi con­cierto por México vinie­ron un grupo de perio­dis­tas pre­gun­tando si estaba de acuerdo con el “auto­golpe” .Esa tri­qui­ñuela sonó igual a un niño capri­choso pegán­dose en la cara hasta ponerse rojo y jus­ti­fi­car fie­bre. Auto inflin­girse algo es un arma peli­grosa, men­tal­mente desequilibrada.

Luego “El Chino” apa­re­cía en los perió­di­cos del mundo como una espe­cie de sas­tre­ci­llo valiente, duen­de­ci­llo excén­trico, leyendo mala­mente algo escrito por otra persona.

Releo noti­cias, con­je­tu­ras y ese raro pre­mio acerca de que si somos el pri­mer país Lati­noa­me­ri­cano haciendo cum­plir crí­me­nes a un dic­ta­dor. Suena ese triunfo como un gol de la Selec­ción Nacio­nal peruana “jugando como nunca, per­diendo como siem­pre”. Sos­pe­cho si los ciu­da­da­nos hace­mos el inven­ta­rio de por qué un señor así fue votado como pre­si­dente. Cómo lo ins­ta­la­mos en la silla de Piza­rro cuando su capri­cho nacio­na­lista que­ría eter­ni­zarse en el poder. Me vie­nen en pro­ce­sión Pino­chet, los Mili­ta­res Argen­ti­nos, Velasco Alva­rado, Hugo Stroess­ner, Mora­les Ber­mú­dez, Fidel Cas­tro…, tira­nue­los en un espa­cio deli­cado del tiempo, sin ir más lejos ahora mismo, Hugo Chá­vez a la pantalla.

Los que nos hemos ido tene­mos pocos dere­chos, en eso coin­ci­di­mos con los muer­tos. Las matan­zas y la vio­len­cia, Abi­mael Guz­mán y sus secua­ces, Laura Botto y su carroña… Ese circo espec­tral debiera ser ana­li­zado para evi­tar su sinies­tra repe­ti­ción. Ese seria un acto de con­tri­ción nacio­nal ¿Por qué existieron?

Si, lo han juz­gado. Él, “cho­cho” sigue escri­biendo en su pape­lito de estu­diante “chan­cón”. Mañana usara eso mismo para defen­derse, eso es lo sim­bó­lico de su exis­ten­cia, su cer­ti­dum­bre de no haber hecho nada malo. Él sabe, hay alguien que gri­tará su nom­bre en las calles de Lima. Las mani­fes­ta­cio­nes popu­la­res y orques­ta­das lo defen­de­rán del curso de la his­to­ria. Él que­ría solo el bien en su Perú ima­gi­nado. En el con­greso ha dejado una hija como una mal­di­ción futura para los pobres perua­nos.
¿Quie­nes pusie­ron “Al Chino” a diri­gir todo eso? ¿Quién le rió sus pri­me­ros chis­tes, sus pri­me­ros ras­gos de dic­ta­dor­zuelo? La señora exal­tada y furi­bunda segu­ra­mente es una de las que creen que el “Chino” nos salvó de algo.

¿No sería bueno jun­tar al “Chino” y Abi­mael frente a frente, dejar­los solos hablando de sus cui­tas y las trai­cio­nes que los han empu­jado al cala­bozo?
¿Sería de jus­ti­cia revi­sar for­tu­nas de los ahora jus­ti­cie­ros? ¿Ana­li­zar el bri­llo en sus ojos ven­ga­ti­vos? Los patrio­tas esos exi­gen desde los juz­ga­dos una jus­ti­cia ejem­pla­ri­zante. ¿Revan­cha camuflada?

¿Sería bueno incul­par a los artis­tas títe­res del régi­men? ¿A los bene­fi­cia­rios indi­rec­tos?, ¿A los cón­su­les de las emba­ja­das? ¿A los seño­res narcotraficantes?.

¿A los medios de comu­ni­ca­ción peruana durante su man­dato?. “El Chino” es la cabeza del ice­berg, ¿Y el resto? ¿Hay más nom­bres para ser juz­ga­dos? ¿Hay soli­dez moral para ase­gu­rar lim­pieza y santidad?

Me estoy poniendo de “pin­cha­glo­bos”, recon­forta saber que la jus­ti­cia aun­que tarde ha llegado.

Fuji­mori, que gobernó auto­ri­ta­ria­mente Perú durante una década (1990–2000), fue acu­sado de homi­ci­dio, desa­pa­ri­ción for­zada y lesio­nes gra­ves por las matan­zas de Barrios Altos (1991) y La Can­tuta (1992), come­ti­das por un escua­drón de ani­qui­la­miento del ejér­cito, quién acusó a las víc­ti­mas de ser terro­ris­tas. Ade­más fue acu­sado por los secues­tros del perio­dista Gus­tavo Gorriti, y del empre­sa­rio Samuel Dyer, en 1992.”

Es un triunfo ético hallar jus­ti­cia y equi­dad. Nin­guna muerte tiene jus­ti­fi­cante antes o des­pués, nadie devuelve nada .Lo impor­tante es que nunca vuelva a suceder.

¿Y la muerte inte­rior, el exi­lio for­zado de tan­tos perua­nos vagando por las calles euro­peas? ¿Y la muerte civil de des­a­pa­re­cer tras el espe­jismo de mejo­rar? Salir del país empu­jado por la bar­ba­rie ende­mo­niada gra­cias a la ambi­ción per­so­nal de nues­tros líde­res ¿Quién juz­gara todo aque­llo? ¿A quién sen­ta­re­mos en el banquillo?

Nos han qui­tado los panes coti­dia­nos, la cer­ca­nía de la amis­tad, los perió­di­cos .Nos han matado sue­ños esos seño­res cuyo popu­lismo los hace ama­dos e ido­la­tra­dos por cier­tos sec­to­res pau­pe­ri­za­dos. Nos han robado la cer­ti­dum­bre de ser perua­nos. Han sem­brado la duda nefasta si vale la pena repre­sen­tar a un país lleno de tanto sátrapa, tanto arri­bista, tanto blan­qui­ñoso crio­llo. Tanto zambo dis­fra­zado, tanto cholo enaje­nado, tanto negro sen­sua­li­zado, tanto chino ama­ble e invi­si­ble, tanto nisei subli­mado.
Nos han con­de­nado a ser fan­tas­mi­tas. A revi­sar desorien­ta­dos nues­tro curri­cu­lum per­so­nal, sen­tir­nos hijos rene­ga­dos y mal­di­tos por su pro­pia madre.

El terre­moto Alberto Fuji­mori del Perú lle­vara años en ave­ri­guar la can­ti­dad exacta de muer­tos bajo sus rui­nas .Lo siento, no me recrea ver a un señor con ante­oji­tos, senil y des­ba­ra­tado como blanco de un escar­nio edul­co­lo­rado e hipó­crita. No me devuelve nada saber que la jus­ti­cia ha lle­gado por fin. Mi parte íntima de peruano se pre­gunta si esto mismo no será otra cor­tina de humo y en reali­dad, lo peor aun no ha llegado.

Richard Villa­lón
Sevi­lla, Vier­nes Santo, 10 de abril de 2009
www.richardvillalon.com

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