Gustavo Cerati: VIDA (III parte)

EN POR

Mas atrás en el tiempo, durante el verano de 2003, Gustavo Cerati llegó por segunda vez a la tapa de ROLLING STONE, esta vez de la mano de Siempre es hoy. En aquella ocasión volvió a mos­trarse abierto en cuestiones de ego, inseguridad y proyecciones varias: “Proyecto a través del hoy, en realidad es una idea que está desde hace tiem­po en mis letras. Hay un tema que es «Ahora es nunca» (Amor amarillo) o «Aquí y ahora» (Boca­nada).

Generalmente, los títulos de mis discos provienen de frases que están dando vueltas por las canciones de ese momento. Esas frases resuel­ven situaciones:

«Te quiero para siempre, pero siempre es hoy». La sensación de una separación, de que algo se corte en cuanto a tener un tipo de familia, y así con todas las cosas. También porque a lo largo del proceso de composición del disco hubo momentos emocionalmente diferentes en los cuales escribí, y también hubo un momento final cuando terminé las letras con los diferentes matices y sensaciones de diferentes épocas, pero todas hoy. Es posible alterar el espacio temporal, rescatar un recuerdo ubicándolo en el momento presente. Al final siempre es hoy”.

Y otra vez volvía el tema de lo que se espera de él. “Cada uno se busca el lugar en que quiere estar. No estoy despotricando con que mi imagen es otra de la que quiero dar. Es la que estoy dando y se acabó; si la gente se sorprende viéndome fumar Jockey Suaves largos, probablemente haya un tema de comunicación mía que no permitió ver eso.

Es una de mis excentricidades. Diego Kaplan me decía que a los únicos que conocía que fumaban Jockey Suaves largos son Carlos Calvo y yo… A mí me hace mucha gracia cuando se habla de rock barrial, como si yo hubiese nacido en una cuna de oro; yo nací en Barracas, siempre viví en un ba­rrio. Ahora, naturalmente, hubo una intención de proyección, de imagen, y sigue siendo así, me gusta revestir lo que hago de una cosa glamorosa. Tengo que ser responsable de que eso que estoy mandando vuelva de determinada manera. Por ejemplo, esa típica situación de la chica que está con vos, ¿a quién quiere, al personaje o al tipo real? Me parece que es todo lo mismo. El hecho de que a uno le aparezcan particularidades que no imagina de esa persona no quiere decir que no las tenga o que no exista. La herencia que yo recibo viene de lo que hice con Soda Stereo; con la banda decidi­mos ser una especie de isla, cortamos amarras con el rock nacional. No sé por qué, por creernos que éramos únicos o no sé qué. La gente decía: «Este grupo no parece de acá», y a nosotros nos pare­cía buenísimo, y a lo mejor, ahora, el valor que le asignan a Soda es que sí parecemos de acá, y creo que es lo mejor que nos puede pasar.”

Nuevamente estamos ubicados en Ezeisa. Cerati se lleva un disco de regalo, la banda se llama Mostruo! y acaba de editar su disco debut. Gus­tavo agradece el obsequio y promete escucharlo; un año más tarde, una de las canciones incluidas en el disco sonará en la previa de los recitales de Soda en River e incluso los platenses recibirán una invitación para oficiar de teloneros en uno de los conciertos solistas de Cerati. Sí, Cerati es­cucha los discos que llegan a sus manos y hasta ofrece empujoncitos totales. En esa misma charla aparecen explicaciones sobre la ubicación, des­tino y relevancia del músico dentro del mapa del rock argentino, cada respuesta esconde niveles de sinceridad poco usuales en nuestros héroes de agendas restringidas: “Me parece que no he tenido desde el punto de vista de mi trayectoria altibajos tan potentes como han tenido otros músicos; me da la impresión que la sociedad en Argentina, sobre todo en Argentina, a veces ne­cesita que sus artistas lleguen a estados como de tortura o de degradación. Hay muchos ejemplos, ni siquiera tengo ganas de darlos, pero muchísi­mos ejemplos en que antes de su disco glorioso el pibe prácticamente era un paria en su propio lugar. Parecería como que a veces el público ar­gentino necesitara eso. A mí quizá se me pide mucho porque no he pasado por esa situación, no soy impune a que me pase, pero no he pasado por esa situación”.

El reflejo más nítido de Gustavo Cerati perma­nece en la sabiduría pop de sus canciones, casi treinta años preocupado por señalar el tempo exacto de una melodía que no tardará en insta­larse para siempre en la memoria colectiva. Hasta sus detractores conocen a la perfección esos temas imbatibles. “,Hay una sabiduría pop?”, se pregunta y responde casi al mismo tiempo: “Y sí, con el tiempo van cayendo fichas, pien­so que he ido mejorando la forma en que puedo componer”. Son esas canciones propias y ajenas que por ahora flotan en un largo sueño; quizás escapen del letargo para convertirse en peque­ñas plegarias, como esos mismos ruidos que des­pabilaron a un chico seducido por el rock: “Los que vivimos la década del 7o, íbamos a los bailes, a los asaltos, y sonaba Led Zeppelin, y sonaba Kraftwerk. Y aunque Led Zeppelin nunca tuvo hits bailables, sin embargo era pop. Para mí el pop es lo que logra el rock cuando se sensibiliza y adquiere esa especie de… yo le llamo doradez. Yen ese aspecto, todas esas grandes bandas con esos increíbles discos, eran pop. Vinieron de la cultura del rock. Ahí es donde me siento más cómodo, yo participo mucho de esa cultura. A mí el rock sin el pop no me sirve mucho, no me interesa tanto. Es una demostración de energía, es un sonido. Se me cae. A mí me gusta el rock cuando tiene esa parte pop, cuando te sale de la radio, te explota en el cuerpo”.

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Fuente: Rolling Stone

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