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Hector Lavoe: El Cantante

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La salsa como se aprecia ahora la descubrí años después, pero entre tantos buenos cantantes me impacto uno; quizás no por su timbre de voz y menos aún por su precaria forma de bailar  (lo hacia deberás mal), sino más bien por el sentimiento que le impregnaba a sus ritmos, porque en muchas de sus letras identifique mi vida o la vida de los desprotegidos o de aquellos que ríen mientras su alma desfallece.

Héctor Pérez Martínez, “Héctor Lavoe”, no solo fue un cantante, fue –y és- “El Cantante de los Cantantes”, la voz mayor que te arranca suspiros y dolencias sobre la pista de baile, el hombre que vivió deprisa, porque quizá entendía que la muerte ya le andaba arañando el alma, el grosero y tardón, sonero de todas las calles,  la verdadera y única voz de Puerto Rico.

Lavoe odiaba el merengue por su carácter de improvisación musical; creo que si ahora escuchara reggaetón, se volvería a enterrar de tristeza.

El se fue  de este mundo en 1993 victima de una enfermedad que ya no vale la pena mencionar. A nosotros los que gozamos de su arte, solo nos queda decirle muchas gracias por tu talento “Loco”.

En palabras mayores de su entrañable amigo Willie Colón, este fue Héctor Lavoe:

El jíbaro de Machuelito, cerca de la cantera de Ponce. El espíritu de Borinquen y los barrios pobres de toda América. El aguacate de 90 libras que llegó a los nuevayores para fajarse con los bravos. Aquel muchacho que aplicó los cantos de Gardel, Felipe Pirela, Ramito, Odilio, con los rosarios de la cruz agregándole la malicia de Cheo y Maelo, dándole una voz a ese vacío de desolación enajenada que los de banda acá no podíamos cruzar. Héctor Juan Pérez fue ese puente entre el pasado y el futuro de nuestra cultura popular. Héctor Juan Pérez se transformó en una persona llamada Héctor Lavoe para poder cumplir una misión que poco a poco se convirtió de un crucero de placer a un desafío contra viento y marea.

Graduado en la Universidad del Refraneo con altos honores. Miembro del Gran Circulo de los Soneros, poeta de la calle, maleante honorario, héroe y mártir de las guerras cuchifriteras donde batalló valientemente por muchísimos años. Los ‘capitanes de la Mandinga’ lo respetaban. Por eso lo bautizaron ‘El Cantante de Los Cantantes’. Los ‘beginers’ le temían. Cuando se trataba de labia, Héctor Lavoe era bravo. En cuestiones de negocio, amor y amistad, no lo era. El pueblo fue cómplice de esta tragedia. Héctor le podía mentar la madre a todo el mundo y el público se reía. Lo malcriaron.

La historia de Héctor Lavoe está llena de traiciones y desengaños. El jibarito ‘good lookin’ que volvía a todas las mamis locas, quería también ser un malote de barrio. Con el tiempo, los ‘regalitos’ de sus ‘amigos’ del traqueteo se convirtieron en gruesas y pesadas cadenas. Este fallo repercutió en una serie fatal que al final nos llevó a ese muchacho que le cantó al Todopoderoso con todo su corazón.

También fue traicionado por el mundo del negocio; disqueros que siguen viviendo como jeques sauditas, vendiendo sus discos y revendiéndolos en CD sin pagar derechos de difusión, mientras Lavoe quedó lánguido en su pobreza; promotores que le ofrecían migajas para poder vender boletos a sus espectáculos donde exhibían a ‘El Cantante de los Cantantes’ en su agonía; impostores tratando de reclamar la carrera y la memoria de Héctor Lavoe como propiedad personal; la comunidad legal latina también le dio la espalda cuando reclamamos de su ayuda para defenderlo contra la explotación; y yo, que también lo traicionó al no tener el valor de verlo en esa condición.

La vida valía más que el dolor para Héctor y, al descubrir esto, se le acercaron los tiburones de agua sucia como si estuviera sangrando. Dios sabe que aquellos que se han ganado la vida devorando a otros y viviendo solamente por el billete tendrán pocos que les lloren y menos que los recuerden en sus rezos.

Pionero, maestro, compañero, hoy América Latina llora por ti. Héroe de la gente pobre, víctima de las amenazas que estan acabando con nuestro pueblo. Mártir de la salsa, el monstruo que ayudaste a crear.

Perdónanos Héctor.

Willie Colón.

1. Momento glorioso en la vida de Héctor Lavoe

2. Último  concierto para luego convertirse en leyenda.

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