La Memoria Vetada

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El gobierno de Perú ha sido blanco de fuer­tes crí­ti­cas por recha­zar una dona­ción de US$2 millo­nes ofre­cida por Ale­ma­nia para cons­truir un museo en recuerdo de las víc­ti­mas de vio­len­cia armada que asoló el país en la década de los ’80 y ’90.”
Dan Collyns.
BBC

Por: Richard Villa­lón

Durante la fabri­ca­ción del Arca, Noé paseaba ner­vioso, horas con­fu­sas meditando.

“¿Y si olvi­dara a alguien? ¿Y si tanto árbol des­truido no sir­viera de nada? ¿Y si fuera una alu­ci­na­ción la voz escu­chada y no llo­viera nunca?”
Semana tras semana titu­beando, ela­bo­rando lis­tas, pidiendo noti­cias de ani­ma­les extra­ños, ase­gu­rán­dose de su exis­ten­cia por boca de otros. Una empresa gran­dí­sima a sus espal­das. Le que­daba la fe, allí flo­ta­ría en último caso.

Una madru­gada tras la deriva del insom­nio escu­chó al otro lado de su puerta una espe­cie de ras­gueo albo­ro­tado, cons­tante. Se acercó curioso, expec­tante, al abrir se encon­tró una ardi­lla gris y son­riente: “Noé, he venido por si te olvi­da­ras de mi. No quiero pere­cer, vie­nen tiem­pos difí­ci­les, estoy aquí para ayu­darte. Traigo un inven­ta­rio de ani­ma­li­llos poco visi­bles, con segu­ri­dad puede ser­virte de algo. Por ejem­plo: Las hor­mi­gas sol­dado, vis­tas solo cuando ata­can. La araña muse­lina habi­tante silen­ciosa en las copas de los árbo­les rojos. El ele­fante enano nunca se deja ver, vive lleno de ren­cor, aver­gon­zado por la minia­tura de su som­bra. El can­guro duplo bolsa, huye por temor a ser uti­li­zado como ani­mal de carga. Mi agenda par­ti­cu­lar tiene espe­cies raras que estoy segura no has visto, ni sos­pe­chado en tu vida de su existencia.”

 

Noé dio un salto de ale­gría, ase­gu­rando, la pro­vi­den­cia era acer­tada con él. Cargó a la ardi­lla, a sus pape­les infi­ni­tos, la puso en su des­pa­cho presa de una ale­gría ape­nas disimulada.

Con­tento, pro­si­guió la empresa de la cons­truc­ción del Arca. Con­forme pasa­ban los días advir­tió que la ardi­lla cam­biaba de colo­res, de hábi­tos ali­men­ti­cios, de voz, de olor.

No enten­día la causa de sus muta­cio­nes. Ella enlo­que­cida con­taba his­to­rias cre­ciendo en deta­lles y gran­di­lo­cuen­cia. Sus entra­ma­das narra­cio­nes con­fun­dían for­mas y espa­cios ocu­pa­dos por ani­ma­les cada vez más increíbles.

Una paloma agra­de­cida con Noé, con­ver­sando sose­gada le contó:”El pro­blema sur­gió cuando se creó a las ardi­llas, un Dios des­preo­cu­pado les dio ale­gría, humil­dad, acti­tud tra­ba­ja­dora, adap­ta­ción a cual­quier medio.

Ter­mi­nando su tarea, al com­pa­rarse con este sim­pá­tico ani­ma­lito, reco­no­ció que sus vir­tu­des supe­ra­ban a cual­quier Dios. Para ven­garse de esos atri­bu­tos la cas­tigó con la pér­dida de la memoria.”

Noé con­fuso son­rió y supuso que la paloma, chis­mosa por natu­ra­leza, había inven­tado esta his­to­ria para des­pres­ti­giar a la pobre ardi­lla. Con la cara hecha una noche, Dios habló por quinta vez con Noé. Bebie­ron varias cer­ve­zas y hablando de muje­res rubias pro­puso man­te­ner­las como un género dis­tinto al resto de lasmuje­res .Noé tímido entre bro­mas pre­guntó: “¿Es cierto que la ardi­lla no tiene memoria?”

Dios serio y cir­cuns­pecto, aver­gon­zado de su mala obra, dejó la bebida dando un dis­curso vacuo acerca de la incon­sis­ten­cia de la memo­ria. Luego de escu­char a Dios, Noé res­pon­dió:” Será lo que digas pero en reali­dad es una tre­menda putada. ¿Quién le dirá a la ardi­lla el lugar donde esconde su des­pensa para sopor­tar el invierno? Dios repuso: “Los cli­mas y las premoniciones”.

¿Quién le dirá a la ardi­lla si es hem­bra o macho? “Los ins­tin­tos y los calo­res” res­pon­dió Dios ¿Quién le dirá su misión vital? Dios reco­gió su atado y salió sin des­pe­dirse, indignado.”

Noé, quieto y taci­turno, no sabía real­mente con­tes­tarse a si mismo.
¿De qué ser­vi­ría sal­var a la huma­ni­dad, al total de sus espe­cies, si alguno no tuviera recuer­dos? Los recuer­dos son el com­bus­ti­ble para avan­zar en los cami­nos difí­ci­les y sinuo­sos. Las nos­tal­gias son una llama alum­brando la oscu­ri­dad del miedo. La hoguera que abriga cuando el dolor espanta.

Noé llevó a la ardi­lla en su viaje .En el trans­curso de las tor­men­tas la ardi­lla no dejó de inven­tar his­to­rias sobre su ori­gen y su vida Noé la amó calla­da­mente. Un ser des­me­mo­riado está con­de­nado a vivir la mitad de su destino.

Los demás ani­ma­les com­pa­de­ci­dos, dis­tra­je­ron sus mie­dos a los rayos, los true­nos, las olas altí­si­mas, vio­len­tas y sal­va­jes. Ensi­mis­ma­dos atra­ve­sa­ron un dilu­vio para sal­varse y lo terri­ble fue via­jar junto a un ser des­ti­nado a olvidar.

Lo que nunca fue posi­ble olvi­dar para ellos, fue­ron los cinco minu­tos antes que la pri­mera gota comen­zara a caer. Apa­re­ció Dios agi­tado y odioso metiendo de manera pre­po­tente a varios enchu­fa­dos al Arca. A los obis­pos los cali­ficó de ani­ma­les pas­to­res, a los pre­si­den­tes, de aves migratorias.

Puso a los ban­que­ros en una jaula dorada y adujo que su exis­ten­cia con­tro­la­ría la pobla­ción exce­siva de la raza eterna de los pobres. A los mili­ta­res los cali­ficó de osos cen­ti­ne­las de lo correcto. Tam­bién dejó una caja lumi­nosa de madera emi­tiendo luz azul res­plan­de­ciente. Sería la nodriza del futuro, lle­na­ría de deseo con­su­mista a la huma­ni­dad, extir­pa­ría nues­tro afán de rebel­día cuando empa­cha­dos de reli­gión y siglos qui­sié­ra­mos cam­biar los órde­nes estric­tos. La llamó tele­vi­sión, ella des­via­ría los impul­sos de la memo­ria. Col­mán­do­nos de des­in­for­ma­ción cons­tante. Quien lleva dos relo­jes se arriesga a no saber la hora exacta.

La rabia de esa injus­ti­cia, más la his­to­ria triste de la ardi­lla con­ven­ció a los ani­ma­les de adqui­rir la cos­tum­bre de estar des­pier­tos a horas dife­ren­tes de los hom­bres, evi­tando enfren­tarse y recor­dar rabio­sos ese terri­ble alter­cado. Indig­na­dos cor­ta­ron el len­guaje uni­ver­sal con el que se habían comu­ni­cado hasta enton­ces con los seres humanos.

La ardi­lla dejó un silen­cio pre­mo­ni­to­rio. Lle­gada a la tie­rra seca se ins­taló y reaco­modó ciega en manos de su suerte. Sabe­mos su lucha coti­diana por recor­dar algo suyo. La falta de recuer­dos des­mo­rona cual­quier sueño. Su vacío inte­rior a veces la ha trans­for­mado en plaga, en inmi­grante, en terro­rista, en faná­tica reli­giosa, en delin­cuente común. Otras veces, en lámina colo­rida para ser estu­diada como ani­ma­lito extin­guido. Muchos seres huma­nos nos nega­mos a ser esa ardi­lla cas­ti­gada, des­me­mo­riada. Dios nunca ha dado expli­ca­cio­nes caba­les de por­qué el olvido domes­tica cual­quier acto progresista.

Ahora recuerdo el Holo­causto judío, Aya­cu­cho, el man­dato de Allende, la san­gría de Ruanda, la matanza de Gaza, la ope­ra­ción Cón­dor .Las Torres Geme­las des­ma­yán­dose, el tren de cer­ca­nías del Madrid 11M, lo inau­dito de Ciu­dad Juárez…

Car­ni­ce­rías con­fir­mando que el olvido solo es intere­sante para los ver­du­gos.
Jamás tre­paré a los árbo­les para olvi­dar la tierra.


www.richardvillalon.com
Sábado, 14 de marzo de 2009

 

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