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¿Por qué odian tanto a Chávez?

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Isaac Rosa:

De los muertos se habla bien, siempre que no se llamen Hugo Chávez. Intento recordar alguna muerte de las últimas décadas que haya merecido tanta mala baba como la que ayer chorreaba en la mayor parte de los medios españoles. Tirano, autócrata, caudillo, payaso, gorila, Hitler, Stalin, Kim Jong Il, demente, delincuente, zarrapastroso… Son términos leídos y oídos ayer para despedir al presidente venezolano.

Ni siquiera cuando murió Bin Laden hubo tanto ensañamiento. De verdad, repasen las hemerotecas y comprobarán cómo el líder de Al Qaeda mereció más respeto que Chávez por parte de la derecha mediática española.

Intento entender por qué odian tanto a Chávez, cómo han podido acumular todo ese odio. Qué había hecho Chávez que fuese tan imperdonable. Repaso todo lo dicho y escrito ayer, y junto al listado de insultos anoto también el listado de reproches: dio un golpe de Estado, era populista, se comportaba como un payaso, recortó las libertades, amordazó a la prensa, fue amigo de Cuba y de otros gobernantes “gamberros”, expropió empresas, dejó un país en crisis y no acabó con la pobreza y la corrupción.

Podría dedicarme a rebatir esos reproches, pero ya se han dedicado otros a hacerlo con buenos argumentos. Como mi propósito es averiguar por qué le odiaban tanto, voy a dar por buenas esas acusaciones: pongamos que todo ello fuese cierto (que no es el caso, pero déjenme que me haga el tonto un rato), y comprobemos si sería suficiente para explicar esa animadversión tan rabiosa. Venga, aceptamos pulpo como animal de compañía y Chávez como dictador: pongámonos en el lugar de sus detractores, a ver si así los entendemos.

Dar un golpe de Estado podría admitirse como motivo de odio, desde una defensa incondicional de la democracia. Pero sería válido si quienes nunca le han perdonado su golpismo hubiesen mostrado la misma inflexibilidad con los golpistas de 2002. Pero no ha sido así. Ni golpistas les llaman.

El golpismo sería aceptable como motivo de rechazo si se aplicase por igual a todos los golpistas que en el mundo hay.Pero no ocurre así con otros que no han ganado ni la mitad de elecciones que Chávez, y con los que no está mal visto firmar acuerdos, hacer negocios o compartir mesa. Lo mismo pasa con el populismo, el culto a la personalidad y las payasadas: podrían ser razón para rechazarlo si ese baremo de exquisitez se aplicase por igual a todos los gobernantes. Incluidos nuestros propios populismos y cultos personalistas.

El mismo razonamiento cabría hacer con el recorte a las libertades y la persecución de la prensa. Si damos por buenas ambas acusaciones (ven, pulpo, ven, bonito), el razonamiento se desmorona ante el silencio cómplice con que son tratados gobernantes que han practicado la guerra sucia, han ordenado asesinatos o han encarcelado periodistas. Nada de esto ha hecho Chávez, y sí otros dirigentes cuya muerte no merecería una mala palabra y sí más de un elogio.

Lo de que expropiaba empresas, casi mejor habría que preguntárselo a las propias empresas. Un caso claro de masoquismo, de maltratada que vuelve una y otra vez con su maltratador, pues pese a las expropiaciones las empresas seguían queriendo hacer negocios con Chávez. Muy buenos negocios, según reconocen. Lo mismo el gobierno español, que pese a quejarse de boquilla corría a venderle barcos con unos contratos históricos.

Lo de que deja un país en crisis, dicho desde un país quebrado e intervenido como el nuestro, casi mejor lo pasamos por alto. Y lo mismo con la corrupción, de la que pocas lecciones podemos dar desde lo alto de nuestra montaña de mierda. En cuanto a la pobreza, no llegó con Chávez, al contrario: bajo su mandato se redujo notablemente, algo que sus enemigos le reconocen aunque con la boca chica, como una minucia, nunca con la valoración que merece un éxito así.

¿Queda algo? Ah, sí: que era amigo de Castro y que se alió con los países más denostados. Nada, nada, calderilla comparado con todo lo anterior, no creo que unas buenas relaciones con Cuba (que son comunes a otros países), o una foto con el mismo Gadafi al que dimos la llave de oro de Madrid, justifiquen tanto rencor.

Entonces, si no parecen verosímiles todas esas razones para explicar el odio a Chávez, ¿por qué le odian tanto? Esperen, que devuelvo el pulpo al mar antes de contestar.

Le odian por todo aquello que no suelen nombrar, pero que se lee claramente subtitulado bajo las acusaciones de golpista, populista, liberticida o expropiador. Le odian porque con sus victorias electorales invalidó una y otra vez la etiqueta de dictador, y dio un mal ejemplo a otros pueblos: que la democracia podía ser una vía legitimadora de transformación social. Le odian porque no consiguieron derrotarlo en quince años, ni la oposición, ni los militares traidores, ni Estados Unidos, y ha tenido que ser un cáncer.

Le odian porque obligó a que respetasen el país quienes estaban acostumbrados a usarlo como un trapo. Le odian porque al hablar de tú a tú a Estados Unidos hizo más evidente la sumisión de otros. Le odian porque con su internacionalismo bolivariano sacudió una Latinoamérica que apenas se levantaba de décadas de dictaduras, CIA y neoliberalismo. Le odian, por último, por motivos ideológicos: porque hablaba de socialismo, con todas las letras, ese fantasma que algunos creían enterrado bajo los cascotes del muro de Berlín, y que Chávez ha mantenido como posibilidad durante una década, hasta llegar a este cambio de época en el que ya no vemos tan disparatado pensar en socialismo.

Otro día si quieren hablamos de sus errores, que no son pocos. Hoy no: yo sí respeto a los muertos, sobre todo cuando merecen tanto respeto como el que Chávez se ganó.

 

Este artículo fue tomado de: www.eldiario.es. Zonacritica

Profetas como Steve Jobs condenan a la humanidad a la más cruel de las esclavitudes

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Res­pecto de lo que se cree del CEO gurú Ste­ven Jobs, muchos de sus inven­tos han calado en el incon­ciente colec­tivo de la huma­ni­dad solo para retra­sar un poco más su inte­li­gen­cia, para hacerlo más super­fi­cial y menos activo hasta dis­traerlo del pen­sa­miento natu­ral y des­bor­darlo al con­su­mismo sal­vaje . No digo que esto nece­sa­ria­mente sea nega­tivo, cada uno es libre y tiene dere­cho de ele­gir su medio de entre­te­ni­miento, pero los que enten­de­mos un poco más de temas infor­má­ti­cos tene­mos con­cien­cia de que sus inven­tos de corta dura­ción, sus con­tri­bu­cio­nes tec­no­ló­gi­cas iban de acuerdo a sus férreos intere­ses económicos.

Jobs tenía la faci­li­dad de ir de empresa en empresa inno­vando el apa­rato que ayer había­mos adqui­rido, hasta dejarlo eco­nó­mi­ca­mente super­ren­ta­ble. Por supuesto que su muerte no deten­drá sus inven­tos crea­dos para hacer­nos más idiotas.

Al res­pecto un com­pleto y arrie­gado artículo extra­ido de La Haine de Car­los de Urabá:

Pro­fe­tas como Steve Jobs con­de­nan a la huma­ni­dad a la más cruel de las esclavitudes

Por culpa del mal tiempo tuve que espe­rar más de cinco horas la salida de mi vuelo a Madrid en el aero­puerto de Gua­rul­hos en Sao Paulo. Algo que he detes­tado siem­pre son esas salas ates­ta­das de pasa­je­ros som­no­lien­tos y abu­rri­dos que aguar­dan una lla­mada para embar­car. Enton­ces resig­nado a mi suerte me puse a pasear por la ter­mi­na­les de vue­los inter­na­cio­na­les. El aero­puerto de Gua­rul­hos es gigan­tesco y la gente viene y va apre­su­rada por los lar­gos pasi­llos empu­jando los carri­tos car­ga­dos de male­tas. Al obser­var el pano­rama durante algu­nos minu­tos me quedé total­mente per­plejo. pero, ¿qué es esto? los pasa­je­ros sen­ta­dos en las amplias salas como si fue­ran galli­nas pico­tea­ban ham­brien­tos el pienso vir­tual en sus compu­tado­res per­so­na­les, en su telé­fo­nos per­so­na­les, en su tableta iPod personal.

Claro, la clave de éxito es man­te­ner ocu­pada la mente y lle­nar el vacío que nos acon­goja. Los indi­vi­duos sin pes­ta­ñear con las pupi­las dila­ta­das ensi­mis­ma­dos nave­ga­ban en un reali­dad para­lela, por otros mun­dos qui­zás más atrac­ti­vos y emo­cio­nan­tes que este. Sus ros­tros no expre­sa­ban nin­gún sen­ti­miento ni ale­gría ni de tris­teza, nadie te saluda, no existe la comu­ni­ca­ción ni ver­bal ni cor­po­ral ni nada por el estilo, cada quien engor­dando su ego con­cen­tra­dos en sus mas­tur­ba­cio­nes men­ta­les. Silen­cio, por favor, que hay res­pe­tar pri­va­ci­dad de las coba­yas. Incluso algu­nos faná­ti­cos mane­ja­ban tres telé­fo­nos móvi­les; el del tra­bajo, el de la fami­lia y el de la amante. En el colmo de la gula varias pan­ta­llas gigan­tes de tele­vi­sión tras­mi­tían un variado menú vía saté­lite. Si supie­ran que yo ape­nas cargo en mi male­tín un lápiz y una libreta ¡que ver­güenza! ¿Qué dirán de mi? que soy un inadap­tado, un ser prehis­tó­rico de la edad de pie­dra. Cuando te pre­sen­tas a alguien ya no te pre­gun­tan por tu nom­bre sino cuál es el número de tu telé­fono móvil, cuál es tu email o si per­te­ne­ces a Face­book o a Mys­pace. Esa es tu identidad.

Todos los indi­vi­duos cor­ta­dos con la misma tijera y ves­ti­dos con los mis­mos tra­jes, la misma cor­bata, los mis­mos zapa­tos, comiendo lo mis­mos sand­wi­ches y ham­bur­gue­sas. Una exi­tosa clo­na­ción que envi­dia­rían los crea­do­res del la oveja Dolly. No con­ten­tos los pla­ni­fi­ca­do­res o gran­des her­ma­nos con­du­cen al redil por los pasi­llos hasta los esta­blos del duty free, las cafe­te­rías o res­tau­ran­tes. El bom­bar­deo de pro­pa­ganda no cesa ni un ins­tante: com­pra este, com­pra el otro; hoy esta­mos de reba­jas, ¡apro­ve­cha pen­dejo! más telé­fo­nos inte­li­gen­tes, PC mági­cos, cáma­ras foto­grá­fi­cas de alta defi­ni­ción, el último grito de la moda, per­fu­mes, des­odo­ran­tes, trago fino, whisky, vodka, tabaco. ¡Y yo con unos cuan­tos dóla­res mano­sea­dos en los bol­si­llos que no me alcan­zan ni para un perrito caliente!

Lo que más me impactó fue el com­por­ta­miento feme­nino. Que ale­gría se les marca en el ros­tro a ellas cuando des­cuel­gan sus telé­fo­nos móvi­les y vani­do­sas con­tes­tan ali­sán­dose el pelo. “¡Hello! ¡Hello! My dar­ling. Fine, thanks” –por­que en esta secta sólo se habla en inglés– Las urra­cas par­lan­chi­nas pue­den pasarse horas y horas de chá­chara. ¿qué estu­pi­de­ces habla­rán ? –no quiero ni saberlo. Con razón las gran­des mul­ti­na­cio­na­les de tele­fo­nía móvil dupli­can o tri­pli­can cada año sus ganan­cias. La psi­co­lo­gía feme­nina ha sido estu­diada a con­cien­cia por los exper­tos en un afán por des­ve­lar sus pun­tos fla­cos. Para la mujer – igual para los hombres-es fun­da­men­tal verse refle­jada en el espejo de Nar­ciso; el espe­jito mágico ante el que maqui­llarse, pei­narse, sen­tirse atrac­ti­vas, desea­das y reci­bir esos piro­pos ciber­né­ti­cos que les sublime el super ego. Te amo, te quiero –les susu­rra el androide con voz aca­ra­me­lada– pes­ta­ñea un cora­zon­cito en la pan­ta­lla HD del compu­tador, del telé­fono móvil o del iPod 4S y ellas sus­pi­ran exta­sia­das. Esto vale más que extraer millo­nes de barri­les de petróleo.

Me fui al baño a ori­nar y ¡adi­vi­nen lo que me encon­tré en el retrete! a un japo­nes jugando al poker en su tableta iPod !no puede ser! todo esto supe­raba cual­quier pelí­cula de cien­cia fic­ción. Vaya mierda en lo que ha con­ver­tido al mundo nues­tra civi­li­za­ción super­in­dus­tria­li­zada. Se me revol­vie­ron las tri­pas, que­ría salir corriendo y esca­par a algún paraíso per­dido. Pero, ¿adónde? tan sólo tenía un billete para ir a Madrid donde el guión de la come­dia se repite al pie de la letra.

El espí­ritu comu­ni­ta­rio y tri­bal que es uno de los ras­gos carac­te­rís­ti­cos del ser humano inexo­ra­ble­mente se extin­gue. Los autis­tas cual esta­tuas de pie­dra con el culo ator­ni­llado a los asien­tos siguen des­ci­frando los jero­glí­fi­cos en sus compu­tado­res. Otros enchu­fa­dos a sus auri­cu­la­res y micró­fo­nos ultra­sen­si­bles hablan con las pare­des en un des­qui­ciado soli­lo­quio. La pala­bra carece de valor, el con­ver­sar, el inter­cam­biar ideas y opi­nio­nes es una debi­li­dad humana caduca y retró­grada. Para estos autó­ma­tas no existe otro len­guaje que el de los íconos, las imá­ge­nes reto­ca­das en pho­tos­hop, los códi­gos y nue­vos géne­ros dis­cur­si­vos donde se uti­li­zan los emo­ti­co­nes que dan expre­sión facial y ges­tual a la per­so­na­li­dad virtual.

A los pocos días de regre­sar a mi casa los noti­cie­ros tras­mi­tie­ron una noti­cia urgente: Steve Jobs, el super­hé­roe ciber­né­tico, ha muerto. ¡oh, una tra­ge­dia griega de dimen­sio­nes pla­ne­ta­rias! Los chi­nos llo­ran, los indios llo­ran, los negros llo­ran, los cara­pá­li­das llo­ran. Tre­mendo bata­cazo para sus incon­di­cio­na­les. Se murió el mago de los ton­tos y todos sus deu­dos repar­ti­dos por los cinco con­ti­nen­tes se sien­ten unos pobres huer­fa­ni­tos. Claro, Steve era un ejem­plo a seguir, un triun­fa­dor nato salido de la nada. Un empre­sa­rio frío y cal­cu­la­dor que revo­lu­cionó el mundo de la infor­má­tica junto Billy Gates y demás lum­bre­ras del Sili­con Valley.

Los titu­la­res de la prensa son más que elo­cuen­tes: « Murió Steve Jobs, el Leo­nardo da Vinci del siglo XXI » « Duelo por el genio inno­va­dor » « Adiós al gurú de la era ciber­né­tica » Este meque­trefe, que amasó una for­tuna astro­nó­mica ven­diendo pienso vir­tual a las coba­yas, no es más que un burdo ladrón que nos roba el tesoro más pre­ciado: el tiempo. Aun­que nos cueste acep­tarlo somos efí­me­ros y nos pasa­mos horas, días, años, déca­das rela­cio­nán­do­nos por entero con las maqui­ni­tas y arti­lu­gios infor­má­ti­cos. Uno de sus lemas pre­fe­ri­dos es « si quie­res pue­des volar sólo hace falta volun­tad » Papá Steve estoy abu­rrido ¿qué hago? Las mari­po­si­tas revo­lo­tean alre­de­dor de una luce­sita, dan­zan exta­sia­das dis­fru­tando de los orgas­mos múl­ti­ples marca Apple o Micro­soft. « Gra­cias a Jobs soy más inte­li­gente » « mi Mac es inmor­tal » « Soy pobre pero voy a aho­rrar para com­prarme un Mac » Ni siquiera los niños se sal­van de la peste digi­tal pues desde muy tem­prana edad domi­nan los orde­na­do­res, el inter­net, el chat o los telé­fo­nos móvi­les, adic­tos a los jue­gue­ci­tos de Atari, al brea­ckout, la Play Sta­tion, el Nin­tendo. La buena crianza de los cacho­rros es vital para ase­gu­rar la super­vi­ven­cia de la especie.

Apple no ha inven­tado nin­gún soft­ware ni nin­gún hard­ware sino que ha pira­teado o com­prado las paten­tes. Ipod ya exis­tía con el nom­bre de Mp3 pero el diseño del objeto es el que marca la dife­ren­cia. Los inge­nie­ros de Apple diri­gi­dos por Jobs le da un toque espe­cial, un diseño sen­sual y una esté­tica mini­ma­lista a cada uno de sus pro­duc­tos. Cuando los aca­ri­cia­mos son ter­sos y sua­ves y nos pro­voca un impulso irre­fre­na­ble poseer­los. El secreto está en esti­mu­lar el sen­tido del tacto, el de la vista y del oído; que suene la musi­quita celes­tial, que titi­len las luce­si­tas en la pan­ta­lla HD y la yema de los dedos con un « one touch » nos con­duzca al país de las maravillas.

Los con­su­mi­do­res del mundo espe­ra­ban ansio­sos nove­da­des que Jobs les tenía reser­va­das. El sumo pon­tí­fice en el altar mayor pre­sen­taba los nue­vos pro­duc­tos Apple en medio mon­taje inter­ga­lác­tico de rayos láser y fue­gos arti­fi­cia­les. Los fie­les aplau­dían his­té­ri­cos al hijo de Dios ¡hosana hosana! ya ha caído el ben­dito maná del cielo: el iPod, el Mac­Book, el Nano, el Mac­book Air, el Shuf­fle, el iPhone, el iPhad. más LSD, más opio, más cocaína. Steve Jobs esta­ble­ció una depen­den­cia afec­tiva con sus clien­tes que lo con­si­de­ra­ban el guía, el padre o el maestro.

Hoy la tec­no­lo­gía se erige como el único Dios ver­da­dero. De nada valen las abs­trac­cio­nes mís­ti­cas o espe­cu­la­cio­nes meta­fí­si­cas. El mate­ria­lismo ha ganado la bata­lla. Las máqui­nas, la robó­tica y la inte­li­gen­cia arti­fi­cial nos hacen la vida más sen­ci­lla pues nos libe­ran de los tra­ba­jos más pesa­dos y nos brinda más tiempo de ocio. Tiempo que pasa­mos atra­pa­dos en esa tela­raña del Inter­net, en el Twit­ter, el chat, la tele­fo­nía móvil o la tele­vi­sión digital.

El estado poli­cial al ser­vi­cio de la demo­cra­cia gra­cias a los ade­lan­tos tec­no­ló­gi­cos con­tro­lan nues­tras vidas. Los agen­tes de « inte­li­gen­cia » son capa­ces de inda­gar y escru­tar lo más pro­fundo de nues­tro ser; cada correo, cada lla­mada tele­fó­nica, las cuen­tas ban­ca­rias, nues­tros vicios y debi­li­da­des. Todos esta­mos bajo sos­pe­cha. Los perros sabue­sos hus­mean ras­treando nues­tras hue­llas, nos tie­nen ficha­dos, nos obser­van con sus saté­li­tes y las cáma­ras de segu­ri­dad. Nues­tro his­to­rial está escrito con letras mayús­cu­las en los archi­vos infor­ma­ti­za­dos de la cen­tral de datos. The big brot­her wat­ching you

La infor­ma­ción es poder. las gran­des mul­ti­na­cio­na­les de EEUU, Europa o el Japón mono­po­li­zan el sec­tor de las comu­ni­ca­cio­nes e impo­nen la dic­ta­dura tec­no­ló­gica. Ellos son los due­ños de los paten­tes y los dere­chos de tras­mi­sión, ellos son los patro­nes de la aldea glo­bal y noso­tros los sier­vos que aca­ta­mos las órde­nes. No se lucha por una socie­dad más justa y equi­ta­tiva sino por eter­ni­zar el impe­rio capi­ta­lista a nivel planetario.

¿Quién se atreve a cri­ti­car la socie­dad del bie­nes­tar? no pode­mos que­dar­nos rele­ga­dos a un pasado caver­na­rio pues per­te­ne­ce­mos a la civi­li­za­ción del futuro. Los avan­ces cien­tí­fi­cos nos hacen más inte­li­gen­tes y más com­pe­ti­ti­vos al aumen­tar la capa­ci­dad de alma­ce­na­miento de nues­tra mente. De esta forma somos capa­ces de con­tras­tar los datos, abrir infi­ni­dad de docu­men­tos y archi­vos que engran­de­cen nues­tra memo­ria indi­vi­dual y colec­tiva. Las per­so­nas tras­fie­ren toda su memo­ria vital a un disco duro donde los chips micro­pro­ce­sa­do­res son una exten­sión más de nues­tro cerebro.

El cere­bro de los homí­ni­dos supe­rio­res es muy malea­ble. Hay razo­nes neu­ro­psi­co­ló­gi­cas que demues­tran la vul­ne­ra­bi­li­dad de la mente humana y lo deli­cada que es la con­quista de nues­tra auto­no­mía y liber­tad personal.

El impe­ria­lismo no con­tento con con­quis­tar la tie­rra, la luna o marte ahora quiere domi­nar nues­tro sub­cons­ciente, lobo­ti­zar nues­tro cere­bro y poseer hasta nues­tra alma. Igual que hacen los bru­jos en los ritua­les de vudú o magia negra, somos los muñe­qui­tos a los que les cla­van alfi­le­res mani­pu­lando nues­tra capa­ci­dad de dis­cer­nir y tomar decisiones.

La gente se cree impor­tante cuando opri­men una tecla y ¡hágase la luz y la luz fue hecha! se enciende el tele­vi­sor, la compu­tadora o el telé­fono móvil, sale el sol y de repente una voz ange­li­cal anun­cia que nos han man­dado un email, que hemos reci­bido SMS, que alguien nos está twi­teando o cha­teando y nos sen­ti­mos feli­ces pues no estoy solo, luego existo. Ese simio que lle­va­mos den­tro se merece un cacahuete.

La era digi­tal ha supuesto una de las fases más alie­nan­tes de evo­lu­ción humana. La depen­den­cia tec­no­ló­gica es bru­tal y des­pia­dada hasta el punto que tene­mos que des­ti­nar buena parte de nues­tros ingre­sos a pagar las fac­tu­ras del telé­fono, inter­net y demás ser­vi­cios tele­má­ti­cos.. Sen­ten­cia­dos a tra­ba­jar más horas extras, a pedir un cré­dito o ven­derle el alma al dia­blo si que­re­mos seguir chu­pando de la teta de la madre: una nueva pan­ta­lla gigante de tele­vi­sión extra­plana y de plasma Lsd Thos­hiba full HD 4 Hdmi, un compu­tador de la última gene­ra­ción el desk­top board Intel DX58SO 7 extreme edi­tion de 32 nm con pura poten­cia de pro­ce­sa­miento, la tableta iPod con una pan­ta­lla sen­si­ble al tacto y una capa­ci­dad de memo­ria flash de 64 gigby­tes mucho más íntima y efi­ciente que cual­quier PC o el telé­fono android Sam­sung Galaxy Mini que cuenta con GPS, WiFi y Blue­tooth. En este juego de las apa­rien­cias es nece­sa­rio demos­trar el esta­tus social al que per­te­ne­ces y ya han sur­gido dis­tin­tas cas­tas como: la chica Nokia, el chico Sam­sumg, el niñato Bla­ck­Be­rry, la niñata Sony Erics­son, el eje­cu­tivo Goo­gle o Ama­zon. Si mi vecino lo com­pró ¿ por qué yo no?

En nues­tro pla­neta toda­vía exis­ten pue­blos y etnias que per­ma­ne­cen en un esta­dio pri­mi­tivo y arte­sa­nal; indí­ge­nas, cam­pe­si­nos, cuyo medio de super­vi­ven­cia es el tra­bajo de la tie­rra. Ha lle­gado la hora de redi­mir a esa gran huma­ni­dad mar­gi­nada de la gran baca­nal capi­ta­lista. Todos esos parias hay que inte­grar­los en el sis­tema para que gene­ren rédi­tos y ganan­cias a las com­pa­ñías trans­na­cio­na­les. La pri­mera etapa ha sido la con­quista tele­vi­siva, el siguiente paso dotar­los de equi­pos infor­má­ti­cos obso­le­tos, popu­la­ri­zar el inter­net en las salas públi­cas o envi­ciar­los a los telé­fo­nos móvi­les de bajo coste. Lo prio­ri­ta­rio en los pla­nes de edu­ca­ción o alfa­be­ti­za­ción es cimen­tar el mito de la tecnología.

La revo­lu­ción digi­tal es una arma de doble filo ya que se con­vierte en la alter­na­tiva más efec­tiva a los gran­des mono­po­lios de la infor­ma­ción. Aflo­ran miles y miles de pági­nas webs inde­pen­dien­tes, la prensa on line, las radios libres, la lite­ra­tura, el arte, el vídeo, los docu­men­ta­les y pelí­cu­las under­ground. El cibe­res­pa­cio es el sitio ideal para publi­car todas esas obras y crea­cio­nes que de otra manera per­ma­ne­ce­rían en el ano­ni­mato. La con­tra­in­for­ma­ción es el reto. Pero lamen­ta­ble­mente pre­va­lece la idio­tez mediá­tica, la más gro­tesca zafie­dad, la char­la­ta­ne­ría barata, la pro­pa­ganda o el comer­cio más des­afo­rado. No somos per­so­nas sino con­su­mi­do­res y los con­su­mi­do­res pre­fie­ren enaje­narse con los temas más tri­via­les, el chis­mo­rreo, los jue­gui­tos on line, los pro­gra­mas o la por­no­gra­fía que cul­ti­var el inte­lecto y tomar conciencia.

La filo­so­fía racio­na­lista y el pen­sa­miento car­te­siano domi­nan la socie­dad con­tem­po­rá­nea. Los poe­tas y los román­ti­cos ya pue­den sui­ci­darse. Es nece­sa­rio adap­tar­nos al signo de los tiem­pos y pre­fe­ri­mos com­par­tir nues­tro tiempo libre con los jugue­tes tec­no­ló­gi­cos antes que con la fami­lia o los ami­gos. Esta­mos ansio­sos por devo­rar el pienso vir­tual y ¡straw­be­rry fields fore­ver! mi compu­tador, mi telé­fono, mi tableta, mi tele­vi­sor extra­plano es lo prio­ri­ta­rio. El modelo indi­vi­dua­lista y el ego­cen­trista va incre­men­tán­dose a pasos agigantados.

Ven­der, ven­der y ven­der más pro­duc­tos Apple, Micro­soft, Intel, Goo­gle e inun­dar el mer­cado con más telé­fo­nos móvi­les Nokia, Sam­sumg, Sony Smartp­hone. La oferta se queda corta y la demanda obliga a dupli­car la pro­duc­ción. Las mul­ti­na­cio­na­les para aho­rrar cos­tes y aumen­tar las ganan­cias fabri­can sus artícu­los en China o en la India explo­tando la mano de obra barata. Mate­rias pri­mas como el col­tan que es una mez­cla de mine­ra­les impres­cin­di­ble para la fabri­ca­ción de con­den­sa­do­res de los com­po­nen­tes digi­ta­les, ha ser­vido para finan­ciar a varios ban­dos en la segunda gue­rra del Congo, un con­flicto que ha pro­vo­cado más de 5.000.000 de muer­tos. Cuando los compu­tado­res, los telé­fo­nos, las tele­vi­sio­nes, los elec­tro­do­més­ti­cos en gene­ral se ave­rían o pasan de moda toda esa basura y esa cha­ta­rra muy con­ta­mi­nante crea un grave pro­blema ambien­tal en los paí­ses desa­rro­lla­dos. No hay mejor solu­ción que expor­tarla a Ghana, Kenia, Nige­ria, China o la India donde millo­nes de parias de se encar­ga­rán del pro­ceso de reci­clado. Esta tam­bién puede con­si­de­rarse parte de la « ayuda huma­ni­ta­ria » y no hay más que agra­de­cer a los « ami­tos blan­cos » su buen corazón.

Apple cie­rra su ejer­ci­cio del 2011 con un bene­fi­cio neto de 25 920 millo­nes de dóla­res. Una cifra record pero que no colma sus expec­ta­ti­vas. Steve Jobs, que se sabía mori­bundo, dejó bien tra­zado en su tes­ta­mento los pla­nes pre­vis­tos para los pró­xi­mos años. Aun­que físi­ca­mente haya des­a­pa­re­cido ahora comienza una vida vir­tual que lo pro­yecta a la inmor­ta­li­dad. Los pro­duc­tos digi­ta­les ya son con­si­de­ra­dos artícu­los de pri­mera nece­si­dad igual que el pan, el agua o la leche. La fina­li­dad es que estén pre­sen­tes en cada puesto de tra­bajo, en cada escuela, en la uni­ver­si­dad, en el hogar y hasta en la sopa. La alie­na­ción impe­rial y sus cade­nas invi­si­bles cum­ple a la per­fec­ción con su obje­tivo glo­ba­li­za­dor, sus leyes fas­cis­tas no tie­nen otro pro­pó­sito que en el nom­bre de la « liber­tad y la demo­cra­cia » escla­vi­zar a la gran humanidad.

Mar Muerto

La Haine

 

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